La herida en el rostro de Eileen (Símbolo)
Al cerrar la puerta de su casa de X-ville por última vez, un carámbano de los que cuelga del umbral cae y le hace un tajo en el rostro a Eileen. Cada vez que Eileen salía de su casa, temía que uno de esos picos de hielo le cayera encima, pero eso no sucede sino hasta su última vez allí. En este sentido, la herida funciona como un símbolo de la violencia y el drama que marcaron su partida, la huella física que marca la transición de una vida triste a una vida elegida y una nueva identidad. La herida simboliza la ruptura de Eileen con su mundo anterior y la transformación, pero también un recordatorio de lo que dejó atrás.
El coche (Símbolo)
En la vida monótona y sumisa de Eileen, el auto de su padre adquiere un valor especial porque simboliza la posibilidad de escape de un mundo opresivo e infeliz. El auto no es solo un medio de transporte, sino un símbolo de libertad y esperanza, la promesa de una vida diferente y la herramienta concreta con la que Eileen podrá llevar a cabo ese escape. Efectivamente, el coche facilita que Eileen salga de X-ville, llevándose en secreto el cuerpo de Rita Polk.
La pistola del padre de Eileen (Símbolo)
A lo largo de la novela, la pistola del padre de Eileen simboliza un poder. Al comienzo, Eileen evoca su infancia y el miedo que le generaba esa pistola, que su padre limpiaba y ostentaba a la vista de toda su familia. Eileen sentía esa exhibición como una demostración de poder y una amenaza de su padre. Pero durante su última semana en X-ville, la policía le encomienda a Eileen que cuide el arma para que su padre no la use indebidamente. Entonces Eileen la lleva a todos lados. La noche antes de Nochebuena, recuerda que cuando era niña guardaba bajo la almohada los dientes que perdía, pero ahora guarda la pistola. En este sentido, el arma simboliza el poder que pasa de su padre a Eileen. Hacia el final del libro, mientras su padre permanece inconsciente en la casa, Eileen sale con la pistola a ganarse su libertad.
El robo de la manta del belén (Símbolo)
En la Nochebuena, Eileen decide robar la manta del belén navideño que cubre la figura del Niño Jesús. El acto representa la profanación de un símbolo religioso asociado a la humildad, el amor y la familia. Al tomar la manta y usarla para algo mundano, como envolver un vino para una cena, Eileen desafía las normas y los valores de su pueblo, y se burla de la solemnidad religiosa. La muchacha no siente ningún remordimiento por su accionar, sino satisfacción, lo cual refuerza su insubordinación y su rechazo a las reglas que se le imponen. Por lo tanto, el robo de la manta simboliza la rebelión de Eileen contra su comunidad y contra su idea de familia. Ese gesto irreverente anticipa la acción criminal que vendrá a continuación.
El color rojo de la piel de Eileen (Símbolo)
La piel de Eileen está marcada por el color rojo, lo cual es motivo de rechazo y vergüenza para ella. Según la narradora, ese rojo es señal de su adicción al alcohol, pero también funciona, simbólicamente, como un estigma social y personal. Señala que su piel roja era como “una cruz que tengo que cargar, una especie de indicador, una penitencia” (112). En este sentido, el rojo de la piel es mucho más que una cualidad física: es una manifestación externa de su sufrimiento interno y de la culpa que le reporta esa adicción. Además, simboliza su lugar marginal en esa sociedad, su diferencia inconciliable con los demás y su desviación respecto de lo esperable para una muchacha de su edad.