Mi nombre era Eileen

Mi nombre era Eileen Metáforas y Símiles

“Todo lo que podía ofrecer era mi competencia como (...) una pared en blanco, alguien lo bastante desesperado para hacer cualquier cosa (…) con tal de conseguir gustarle a alguien” (65) (Metáfora)

La narradora representa metafóricamente a Eileen como una pared en blanco, una imagen que expresa su falta de atributos y de carácter fuerte. Frente a las actrices que ve en las películas, Eileen considera que ella no tiene cualidades destacables que puedan despertar el amor en los demás. Al contrario, es un trozo inanimado y blanco de pared, aburrido, poco interesante, invisible. Esa condición la hace vulnerable a los maltratos ajenos; sobre ella solo se proyectan las bofetadas y la indiferencia de quienes la rodean.

“(...) los ojos [de Rebecca] como dagas que después de atravesarme el corazón me llegaran a las entrañas” (132) (Símil)

Eileen describe el impacto de la mirada de Rebecca sobre ella comparando sus ojos con dagas. El símil transmite con gran dramatismo los efectos que Rebecca tiene sobre la protagonista. Sus ojos son como dagas, es decir, penetran de manera intensa y dolorosa; atraviesan las defensas emocionales de Eileen e ingresan a lo más profundo de su ser, representado en las entrañas. La mirada de Rebecca, por lo tanto, tiene efectos violentos sobre Eileen.

“Cada una de esas madres llevaba una especie de cicatriz: una insignia del dolor que daba fe de que tenía el corazón roto” (141) (Metáfora)

La memoria de estas madres del sufrimiento vivido es metaforizada como una cicatriz. Una cicatriz es una marca visible, una huella imborrable que queda luego de una herida. Para las madres que tienen a sus hijos internados en Moorehead, el dolor es una marca indeleble y corpórea que cargan toda la vida como evocación de ese sufrimiento no del todo superado. La metáfora resalta que ese sufrimiento no es emocional únicamente, sino que se manifiesta en el cuerpo y se hace visible también para las miradas externas.

“Rebecca era (…) mi billete de salida” (148) (Metáfora)

Eileen destaca la importancia que tiene Rebecca para ella cuando la describe a través de la metáfora del billete hacia una nueva vida. El lector advierte aquí la necesidad de cambio y salvación que siente la protagonista. Rebecca, con su belleza impactante y su carácter inédito para X-Ville, le muestra a Eileen que otra realidad es posible, lejos de la soledad y el sufrimiento de su propia vida. Por eso Eileen proyecta sobre su nueva amiga la expectativa de salir de su vida triste en X-Ville.

“Había despertado en mi corazón un dragón que llevaba mucho tiempo dormido” (207) (Metáfora)

Con esta metáfora, la narradora describe la fuerza de los sentimientos que siente por Rebecca y lo que ella significa en su vida. Ilustra de manera poderosa la intensidad y la ambivalencia de los sentimientos de Eileen hacia Rebecca, que se comparan con la naturaleza dual del dragón: por un lado, es una figura fascinante, poderosa y fuerte; por el otro, también es feroz, violento, peligroso. El dragón encarna el fuego de la pasión de Eileen, así como el peligro que ese fuego puede generar, es decir, el peligro que conlleva un amor tan desmesurado. Con esta metáfora, la novela anticipa la amenaza que esas emociones significan para Eileen y para su entorno, y la transformación que le deparará su vínculo con Rebecca.