Mi nombre era Eileen

Mi nombre era Eileen Resumen y Análisis Viernes

Resumen

El viernes de esa semana, Eileen va a trabajar, como todos los días. Ella trabaja desde los veintiún años haciendo tareas administrativas en Moorehead, el reformatorio para jóvenes de su pueblo, al que la narradora elige llamar “X-ville”. Su padre le advirtió siempre de cómo los sujetos más peligrosos de una cárcel nunca son los delincuentes, sino quienes trabajan en ella. En efecto, Moorehead busca reformar a los jóvenes residentes con castigos violentos.

Eileen tiene algunas compañeras de trabajo, la señora Stephens y la señora Murray, mujeres de mediana edad que la tratan con indiferencia y le hacen comentarios negativos sobre su aspecto. Entre sus compañeros también están los guardias, James y Randy. Eileen está obsesionada con Randy: se queda observándolo y fantaseando con que él se fija en ella, si bien, en la vida diaria, el hombre parece no notarla.

Eileen sabe que está obsesionada con su aspecto y su personalidad, y se lamenta por sentirse fea y por ser tan sensible y tímida. Su pudor extremo la hace sentir una mojigata, indeseable para cualquier hombre, y envidia por ello a su hermana Joanie, una muchacha juvenil y optimista con una vida sexual activa. A pesar de los dramas que ve a su alrededor, Eileen vive enfrascada en sus asuntos y en su propia desdicha. Desconoce que hay gente en el mundo que, como ella, siente que no encaja.

Para poder soportar la realidad violenta de Moorehead y no dejar en evidencia su debilidad, ensaya e imposta gestos específicos, que ella denomina “máscara mortuoria”. Así, este viernes, Eileen se cruza con un agente del reformatorio que está castigando a un joven: mientras lo hace agacharse, le dice que vale menos que el polvo del suelo, y luego lo obliga a lamerle las botas. Eileen se alegra de poder ocultar su impresión gracias a su máscara mortuoria. También se jacta de usar su máscara mortuoria cuando va a robar a las tiendas, tarea que, a su juicio, le sale muy bien.

La narradora siente un escalofrío cada vez que piensa en Moorehead y se burla de su lema de protección, parens patriae, porque la institución es todo lo contrario: un espacio donde los jóvenes reclusos corren peligro. De hecho, en Moorehead los chicos tienen prohibido hacer cosas de niños, como jugar, hablar en voz alta, escuchar música. Eileen repudia interiormente esa violencia, y cree que los chicos son buenas personas, pero como intuye que ellos también la ignoran y no la consideran atractiva, ella reacciona con furia y rechazo ante ellos. Pero, en el fondo, Eileen siente atracción por ellos y fascinación por los crímenes que han cometido.

Este viernes hay una fiesta en la cárcel porque el doctor Frye, psiquiatra de la prisión, se jubila. Eileen comenta que el trabajo de aquel consistía en administrar enormes cantidades de sedantes a los jóvenes. Como él siempre se ha comportado con ella como si fuera invisible, Eileen decide no participar del festejo.

En X-ville Eileen se siente muy sola y desdichada. No tiene amigos y no sabe relacionarse con gente. Una vez fue a Boston y sintió que allí estaba la libertad, fuera del agobio y la soledad del pueblo. Otra vez fue a la costa y conoció a una mujer mayor que viajaba sola, y entonces empezó a fantasear con desaparecer y huir hacia Nueva York, llevándose el dinero y el auto del padre.

Su tarea en la cárcel es recibir a los visitantes y cachear sus cuerpos como medida de seguridad. Para evadir la atmósfera de sufrimiento que dan las madres que visitan a sus hijos, Eileen inventa encuestas para aquellas. El viernes en cuestión, Eileen recibe a una joven que va a visitar a su agresor. Fingiendo preguntas de rutina, le pregunta si pretende casarse con ese muchacho, y la muchacha se va, horrorizada. Eileen reconoce para sí que obró cruelmente movida por la envidia, ya que a ella nunca nadie quiso violarla. Entonces, fantasea con que su primera vez será a la fuerza, pero su violador será un hombre secretamente enamorado de ella. En efecto, una de sus fantasías con Randy es que él la toma sin su consentimiento al salir del trabajo.

La narradora anticipa a sus lectores que Randy es el centro de su atención previo a la aparición de la verdadera estrella del relato, Rebecca. De hecho, durante los fines de semana, Eileen pasa con el auto por la casa de Randy y lo espía por la ventana, tratando de ver si está en casa y si está solo. Sin embargo, Eileen sabe que a sus veinticuatro años no tiene el carácter para estar con un hombre, algo que adquirirá más adelante. Además, en varias oportunidades se cruza a Randy en la calle pero este no la reconoce, haciendo que ella se sienta invisible.

Ese viernes, Eileen sale del trabajo y, al llegar a su casa, se encuentra con un policía, que le da una carta de apercibimiento y le cuenta que la escuela de al lado de su casa llamó para quejarse de que su padre estaba arrojando bolas de nieve a los niños que pasaban por su puerta. Al entrar a su casa, su padre le pregunta por el chico de los Polk, un muchacho internado en Moorehead por haber matado a su padre, un policía que fue colega de él. Ella le responde que está pagando por sus pecados. Al contarle sobre la carta de apercibimiento, su padre lo atribuye a una serie de conspiraciones. El hombre sufre alucinaciones y cree que dentro de la casa hay fantasmas que lo acechan. Cuando Eileen le dice que es un delirio de borrachera, el padre responde que hace años que él está borracho para calmar sus nervios. Entonces, su padre comienza a reírse y le dice a Eileen que, con una cara como la de ella, nunca nadie se le acercará. Eileen no reacciona, pero se retira a su habitación, pensando que ya es adulta y que su padre no tiene derecho a intimidarla así.

Análisis

En este capítulo, la narradora presenta su pueblo y elige deliberadamente llamarlo “X-ville”. Esa voluntad de la narradora por ocultar el verdadero nombre del lugar da un halo de misterio al relato y expone la necesidad de aquella de mantener su verdadera identidad como una incógnita.

Moorehead es descrito como un lugar sórdido y desagradable. El padre de Eileen advierte sobre la peligrosidad de quienes trabajan allí. En efecto, Eileen comenta que los guardias son como “sargentos de ejército” (22) que se comportan violentamente con los jóvenes. La narradora señala la ironía detrás del lema de la institución, parens patriae, que significa “padre de la patria”, en alusión a la visión de un Estado presente y protector de los más débiles. La narradora se burla de ese lema, confirmando que la institución es todo lo contrario: un espacio de exclusión y violencia. Si bien la información llega dosificada y cargada de eufemismos, es evidente que se trata de un espacio cruel, donde se llevan adelante prácticas desmesuradas sobre los jóvenes. Ella dice: “Cuando las cosas se ponían feas, yo procuraba mirar hacia otro lado” (22). Efectivamente, la Eileen de veinticuatro años desarrolla la capacidad de mostrarse indiferente e insensible a lo que ocurre a su alrededor, cualidad que será muy relevante para lo que va a venir.

En este capítulo se desarrolla mejor el perfil de la protagonista. Vemos que su mirada es discriminatoria y está cargada de prejuicios y simplificaciones burdas. Por ejemplo, mira con desdén a sus compañeras de trabajo e intuye que, por el trato amable que se dan, deben ser homosexuales. Reconoce en ese punto que esa era una obsesión de la época: “la gente del pueblo siempre andaba con ojo por si algún ‘homosexual latente’ descarriado estaba al acecho” (23). Eileen está completamente capturada por esas ideas negativas sobre la homosexualidad, y si bien admite que muchas de estas cosas escapan a su entendimiento, reproduce esas ideas agresivas: “imaginarlas con la blusa desabrochada o sobándose (...) me provocaba ganas de vomitar” (24).

Eileen también despliega esa mirada crítica sobre ella misma: está obsesionada con su aspecto y su personalidad, y con la imagen de sí que tienen los demás. En realidad, su imagen de sí misma es tan negativa que, a pesar de algunos cuidados que toma, asume que nadie se fijará en ella porque no es suficiente. Eso no impide que constantemente esté impostando sus gestos para dar cierta imagen. En ese punto, utiliza el tópico de la “máscara mortuoria” (24), nombre con el que llama a la cara impostada que ensaya en el espejo. La narradora admite que usa esa "máscara mortuoria" por protección: “Aun siendo tan joven, era terriblemente sensible, y estaba decidida a no mostrarlo nunca. Me endurecía para soportar la realidad de aquel lugar, Moorehead” (24). También confiesa que siente atracción y compasión por los jóvenes del reformatorio, pero, como ellos la ignoran, ella los trata con desprecio, movida por la furia y el enojo. Así, Eileen viste su máscara con tal de que su vulnerabilidad no quede al descubierto. La figura de la máscara es otra de las estrategias con las que la novela trata el problema de la identidad de Eileen, tensionada siempre entre la apariencia y la realidad.

Su padre es cruel con la joven, y ella cuenta, al pasar, que él jamás le pregunta cómo está. Al final del capítulo él se ríe de ella, se burla de su apariencia, y sugiere que nunca nadie se le acercará por ser tan fea. Estos indicios ayudan a explicar la personalidad insegura de Eileen. Vemos cómo sus cualidades tienen una raíz familiar. El tema de la familia como forjadora de valores y principios será clave en la novela: todo de lo que Eileen carece se debe en gran medida a las carencias y los sufrimientos vividos en su casa. El abandono de su padre, la muerte de su madre y la indiferencia de su hermana parecen hacer de Eileen una muchacha temerosa y egoísta, que nunca aprendió a ponerse en el lugar de nadie. Asimismo, esas carencias son las que la llevarán a añorar más que nada la atención de los demás, rasgo que será determinante en el desarrollo subsiguiente de los acontecimientos.

Eileen dice ser una mojigata, muy pudorosa con su cuerpo (“Siempre me mostré muy protectora con mis pliegues y cavernas. Naturalmente, todavía era virgen”, 26), algo que contrasta con su obsesión con Randy. Porque a pesar de ese pudor, desliza muchas veces ese deseo sexual reprimido que la embarga. Incluso se imagina que Randy la toma por la fuerza y despliega cierta fantasía de la violación que no solo habla de la imagen distorsionada que Eileen tiene del buen trato y el amor, sino que demuestra su falta de entendimiento y madurez en muchos asuntos de la adultez. Además, Eileen sufre por sentir que nadie repara en su existencia: “Yo era invisible. Yo era un mueble” (27). Esta frustración por sentirse invisible e insignificante son rasgos importantes en Eileen, que acentúan sus carencias familiares constitutivas.

Para evadirse de su monotonía y de sus frustraciones, Eileen encuentra un escape en su imaginación. En este capítulo asistimos a su obsesión con Randy y los sueños que se hace en relación con él, así como a su sueño de viajar a Nueva York, o incluso las encuestas que inventa para las madres de los internos con el fin de “protegerme de mis propios sentimientos” (33).