Luna de enfrente

Luna de enfrente Resumen y Análisis "Una despedida"

Resumen

Dos personas amadas se despiden una tarde en el mar, y hacia el final el yo lírico regresa a experimentar en soledad tardes y noches.

Análisis

En este poema, se produce lo que el título anticipa: una despedida. Se trata de una despedida entre el yo lírico y una persona amada, acaso la despedida que plantea como inexorable el poema anterior, "Amorosa anticipación". En "Una despedida", imágenes que juegan con la luz y la oscuridad, así como con el paso del tiempo, y que confluyen en la idea de la tarde que cae con el atardecer, acompañan la despedida y la separación entre el yo lírico y la persona que ama.

El poema, que no está dividido en distintas estrofas, comienza con una descripción que se plantea desde una voz poética que acoge, al principio, el uso de la primera persona del plural. Así, describe a la tarde y al tiempo, pero lo hace desde un "nosotros". Estos primeros versos son, en general, versos cortos, que generan un efecto tajante, como de ruptura inminente, con un punto final que viene demasiado pronto. El primer verso lo muestra claramente: "Tarde que socavó nuestro adiós" (p. 60).

Esta primera persona del plural se sostiene durante los primeros 8 versos; se rompe en los últimos 4. Pareciera que incluso desde lo matemático, desde lo formal, al principio hay dos, y luego solo uno (consideremos 8 como el doble de 4). En estos primeros 8 versos, el yo lírico no deja de ser un yo singular, pero incluye en su modo de enunciar a la persona amada; la incorpora a su propio ser y a su propia escritura.

Al principio del poema ya se plantea, de todas maneras, que la despedida y la ruptura son inevitables: en el primer verso está la palabra "adiós" (p. 60); en el segundo aparece la noción de "oscuridad" para acompañar a la "tarde... monstruosa" (p. 60): una tarde oscura es una tarde que está llegando a su fin.

En el cuarto verso aparece una nueva noción estrechamente vinculada con el fin de la esta relación y con el fin de esta tarde: el paso del tiempo, que se describe, además, como "inevitable" (p. 60), tan inevitable como la ruptura que se presagiaba en "Amorosa anticipación" (p. 59). Ante la inevitabilidad, el abrazo que los enamorados se dan es "inútil" (p. 60).

En los versos 6, 7 y 8 se produce, finalmente, la situación que se venía anticipando: "Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya cercana. / Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia. / Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra" (p. 60). Luego, el yo lírico queda solo ("la soledad ya cercana", había dicho) y vuelve del abrazo entre dos "como quien vuelve de un perdido prado", "de un país de espadas" (p. 60). Queda, solo, "rebasando noches y singladuras" (p. 60).