Luna de enfrente

Luna de enfrente Resumen y Análisis "Amorosa anticipación"

Resumen

En este poema, el yo lírico le habla a una persona amada, quien puede dormir en sus brazos y darle amor y felicidad, a pesar de que esa persona se muestra inescrutable para el yo lírico. La única manera de disolver el misterio, pareciera, sería la separación.

Análisis

En este poema, como el título anticipa, la voz poética se dirige a una segunda persona; en este caso, a una persona amada. El poema, que no cuenta con ninguna división en estrofas, se dirige a la amada y le habla de sus misterios y de las posibilidades de verla íntimamente. Se anticipa a una separación que plantea como inexorable y arroja la posibilidad de que es solo a partir de esa distancia que podrá verla realmente "como Dios ha de ver[la]" (p. 59), sin ficciones.

El poema comienza describiendo, por medio de una enumeración que construye una comparación en su resolución final, distintos aspectos de la persona amada que son misteriosos para el amante, es decir, el yo poético, y que sin embargo no lo son tanto como el que planteará al final de esta comparación, que podría resultar, en cierta medida, hiperbólica: "Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta/ ni la costumbre de tu cuerpo aun misterioso y tácito y de niña, / ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios/ serán favor tan misterioso/ como mirar tu sueño implicado/ en la vigilia de mis brazos" (p. 59).

Aquí, además, la voz poética plantea una construcción en la que el misterio mayor, la del "sueño implicado/ en la vigilia de [los] brazos" (p. 59) se produce en una situación asimétrica, en la que la persona amada duerme, sueña, y la voz amante, es decir, el yo poético, observa, vigila. Así, es desde esta posición de testigo, de aquel que mira algo de lo que no es parte —en este caso, los "sueño[s]" (p. 59) de la amante"— que el amante contempla el verdadero misterio.

Se trata, a su vez, de una posición que podría considerarse voyeurística, en tanto la persona amada se vuelve objeto de admiración, en los dos sentidos de la palabra: se la admira y se la enaltece, como se verá en los versos inmediatamente posteriores, y se la admira en el sentido de que nunca se le quita la mirada de encima: también en el final del poema lo más importante se jugará en la mirada.

Con relación a los versos inmediatamente posteriores a los citados arriba, se trata de los siguientes: "Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, / quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, / me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes" (p. 59). De este modo, la persona amada parece capaz de darle al amante todo, aun aquello que no tiene, y aun cuando ni siquiera la oímos hablar —en el poema, no es más que un objeto admirado—.

En cuanto al final del poema, pareciera que el misterio solo podría disiparse con la separación; separación que, por otra parte, se presenta como inevitable. La única manera de ver a la persona amada ya no como un misterio o una idealización es a la distancia. Quizás, incluso, esta sea la primera vez que el amante vea a la persona amada: "Arrojado a quietud, / divisaré esa playa última de tu ser/ y te veré por vez primera, quizá, / como Dios ha de verte" (p. 59). Esto podrá suceder con una sola condición: "sin el amor, sin mí" (p. 59).