Luna de enfrente

Luna de enfrente Resumen y Análisis "Casi juicio final"

Resumen

Este poema, como su título lo indica, es una suerte de juicio final al que el yo lírico se somete a sí mismo. Examina frente a su conciencia su vida entera y, finalmente, parece absolverse a sí mismo.

Análisis

Tanto en este poema como en el siguiente, "Mi vida entera", se agrega un tono piadoso, tierno inclusive, al tono nostálgico que recorre todo el poemario. En este poema, desde el principio se presenta como escenario la calle nocturna (la calle es uno de los motivos que recorre muchos de los poemas de este libro). En "la variedad de la noche" (p. 69), que "es una fiesta larga y sola" (p. 69), el yo lírico se permite la confesión "en su secreto corazón" (p. 69). Así, es a partir de este verso que enumera una serie de hechos y acciones que lo han atravesado a lo largo de su vida, desde "atestigua[r] el mundo" y "confesa[r]" su "rareza" (p. 69) hasta "canta[r] lo eterno" (p. 69). También, como en otros poemas, crea un otro antagonista del que se diferencia: "He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre" (p. 69); "Frente a la canción de los tibios, encendí mi voz en ponientes" (p. 69).

Luego de esta sucesión de hechos narrados, resume en un verso corto todo eso como: "He sido y soy" (p. 69). A partir de allí, enumera algunos momentos o sensaciones con un tono en el que se deja entrever cierto autorreproche o cierta nostalgia: "He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura"; "El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón" (p. 69). De a ratos, estos recuerdos, con las sensaciones de pesadumbre y arrepentimiento que los acompañan, parecen abrumar al yo lírico por su persistencia: "Como el caballo muerto que la marea inflige a la playa, vuelve a mi corazón" (p. 69).

Sin embargo, la esperanza aparece aquí por medio de la dulzura, la gracia y la belleza, que aún lo acompañan. Todo esto hace de este un casi juicio final y no un juicio final, o al menos un juicio final donde el yo lírico se ve absuelto y, como decía hacia el principio del poema, puede "justific[arse] y ensalz[arse]" (p. 69). Los últimos versos, de una belleza especial, reflejan exactamente esa sensación del yo lírico: "Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna. / El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia. / Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme, si esta gran luna de mi soledad me perdona?" (p. 69).