"Los ojos eran dos manchas, dos moscas verdes dando vueltas en un cuarto que apestaba a vino" (22) (Metáfora)
A través de esta metáfora, la narradora describe cómo son los ojos de Isora cuando está triste. Es un ejemplo claro del estilo crudo de la prosa de la novela, en el que se suele recurrir a elementos relacionados con la suciedad y lo putrefacto. Los ojos tristes de Isora no son dos estrellas apagadas, sino dos moscas verdes, terrenales y miserables que dan vueltas en un cuarto que apesta a vino.
"Azul marino, rosado, amarillo, más amarillo, amarillo quemado, amarillo güevo frito, rojo. Así eran las casas del barrio, de muchos colores, como las casillas del ludo" (26) (Símil)
Este símil inscribe el espacio en que se desarrolla la novela en un universo lúdico e infantil. La comparación de las casas y las casillas de ludo revela cómo el relato nace de la percepción propia de una niña (la narradora) que organiza sus experiencias en términos que le resultan significativos desde su mirada infantil.
"Yo era eso, un pájaro despelujado y lleno de pulgas, un pájaro con el corazón cansado y el pico abierto" (89) (Metáfora)
Los animales son un motivo recurrente dentro de la novela. La narradora es una niña que suele explicar lo que le pasa a través de sus conocimientos y aquello que pertenece a su cosmovisión, y los animales son un elemento fundamental. En esta metáfora, pronunciada tras la pelea con Isora, la narradora se compara a sí misma con un pájaro abandonado y miserable que espera que alguien lo rescate de ese estado lamentable.
"Lo dejó caer como en el jocico de un cochino, como cuando atontaban a un cochino pa después matarlo" (93) (Símil)
En esta comparación también aparecen los animales. La narradora compara el golpe que le da Isora con el que alguien le da a un cerdo antes de matarlo. Las niñas viven en un ambiente rural, en el que golpear y matar a un animal para comerlo es algo común. Esta comparación da cuenta de cómo la violencia de su entorno les afecta y guía también sus acciones.
"Isora era una perra escondida en los cuartos cerrados" (104) (Metáfora)
Esta metáfora aparece cuando la narradora se pelea con Isora y no puede dejar de pensar en ella. Isora se le vuelve una presencia salvaje e inaccesible. Está allí, llamándola desde un lugar instintivo, y la única manera que tiene la narradora de sentir que está con ella es recordándola y masturbándose violentamente.