La panza de burro (Símbolo)
La "panza de burro" es un fenómeno meteorológico que afecta al norte de Tenerife, donde se desarrolla la novela. El barrio de la narradora está siempre cubierto por una capa de nubes bajas, grises y densas. Este clima opresivo se fusiona con el estado emocional de los personajes, convirtiendo a la "panza de burro" en un símbolo de la angustia.
El volcán (Símbolo)
El volcán es más que un elemento del paisaje: es un símbolo de la violencia y la destrucción que acecha en las vidas de las niñas a cada instante. La amenaza de que el volcán entre en erupción y arrase con todo convive con la de que algo trágico ocurra en la vida de las niñas, como ser violadas o morir ahogadas en el mar. Isora y la narradora viven con la inminencia de la erupción en la sangre.
La escena en la que, luego de masturbarse violentamente, la narradora se imagina que el volcán va a arrasar con todo demuestra hasta qué punto el accidente geográfico está fusionado con la intimidad de las niñas.
Lo escatológico (Motivo)
Excrementos, orina, vómitos, saliva, sangre, sudor, mocos... Durante toda la novela se habla constantemente de los diferentes fluidos corporales. Lo escatológico es un motivo literario recurrente que lleva al lector a una experiencia de lectura hiperrealista, además de dar cuenta de la precariedad en la que viven las niñas, la obsesión que tienen por el cuerpo y la extrema intimidad que existe entre la narradora e Isora.
La comida (Motivo)
La comida de las niñas es un potente motivo literario. La precisión con que se detalla qué comen en cada caso le es útil a la autora para dar cuenta, entre otras cosas, de la clase social a la que pertenecen los personajes y de la escasez que las rodea. Los platos suelen ser simples, baratos y reiterativos: siempre hay en la mesa coles, cebollas y una pasta hecha de harina llamada "gofio".
La comida, además, está relacionada íntimamente con los conflictos que tienen las niñas con sus cuerpos. De hecho, Isora vomita constantemente lo que come para ser flaca, e incluso come nísperos con la esperanza de que le den diarrea y expulsar todo lo que ha ingerido.
Los animales (Motivo)
Los animales son un motivo literario recurrente. Desde el título y hasta el punto final, Panza de burro está llena de perros, conejos, pájaros, gatos, gallinas, cabras... Muchos de estos animales son parte del escenario en el que las niñas viven, y otros son mencionados por la narradora en comparaciones o metáforas.
Este motivo literario le sirve a la autora para dar cuenta del paisaje humilde en el que viven las protagonistas (con perros pulgosos y callejeros como el Sinson o Gaspa) y de las rudas costumbres de la gente (como degollar a las gallinas o sacarles la piel a los conejos para comerlos), así como para construir la cosmovisión y el lenguaje infantil de la narradora, que, pese a todo lo que vive, es simplemente una niña. La narradora dice, por ejemplo, que Isora vomita "como un gato", que ellas corren por el monte "como cabras", o que ella es un pájaro "despelujado" que se cayó del nido y está esperando a que Isora vuelva para alimentarla.