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Ficciones Resumen y Análisis "La biblioteca de Babel"

Resumen

"La biblioteca de Babel" es un relato que equipara el universo a una infinita biblioteca. El texto comienza con la descripción de la Biblioteca: se compone de un número indefinido, quizás infinito, de galerías hexagonales con pozos de ventilación en el centro. Cada hexágono contiene 4 pasillos con 5 anaqueles cada uno, largos hasta el techo, y dos pasillos vacíos que conectan con otros hexágonos. En esos pasillos vacíos, a izquierda y derecha, hay dos pequeños cubículos; uno cumple la función de baño y el otro se utiliza para satisfacer las necesidades humanas. En el centro de esos pasillos hay una escalera angosta que conecta con los pisos superiores e inferiores, en los que se repite indefinidamente la misma estructura hexagonal.

Tras esta descripción, el narrador cuenta que, como todos los hombres, en su juventud ha viajado en busca de un libro que sea el catálogo de todos los catálogos que hay en la Biblioteca. Ahora, ya viejo, se prepara a morir a unas leguas del hexágono en el que nació. Para el narrador, la Biblioteca es interminable, y afirma que es una esfera cuyo centro es cualquier hexágono y cuya circunferencia es inaccesible.

En cada muro de cada hexágono hay 5 anaqueles que contienen 32 libros cada uno, de formato uniforme, con 410 páginas de cuarenta líneas cada una. Cada renglón, a su vez, contiene unas ochenta letras. Los libros tienen letras en el dorso, pero estas no guardan ninguna relación con su contenido.

Tras las descripciones, el narrador expone sus reflexiones: la Biblioteca existe eternamente (ab aeterno) y es obra de algún dios. Los símbolos ortográficos que se utilizan para componer la Biblioteca son veinticinco: veintidós letras, el punto, la coma y el espacio. La combinación infinita de estos símbolos se extiende en los libros infinitos de la biblioteca, cuya ordenación aparece, a los hombres, como totalmente caótica. En esta disposición, se pueden encontrar libros escritos en todas las lenguas, incluso las protolenguas del pasado, las variaciones menos esperadas (como el mencionado dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico) y las variaciones que indican las lenguas del futuro.

Todo lo que entra dentro de la posibilidad de la expresión está en la Biblioteca, como la genealogía de los arcángeles, las biografías de cada persona con sus infinitas variaciones y refutaciones, los hechos futuros. Todo puede encontrarse en aquellos libros, en todas las lenguas. También está expresado allí el origen de la biblioteca y del tiempo mismo, aunque dar con ellos en el caos es una tarea imposible. Hay, también, buscadores oficiales de esos libros, los inquisidores. Para lograr con su objetivo imposible, estos inquisidores arrojan la vacío miles de libros que parecen inútiles. Esto no preocupa a nadie, puesto que aunque cada libro sea único, existen infinitas variaciones de cada uno de ellos, por lo que arrojar uno al vacío no pierde su contenido irremisiblemente, sino que este podría ser encontrado, con la variación de una letra o un punto.

Por otra parte, existe la superstición de que un anaquel esconde libros preciosos cuyo contenido es mágico. Muchos hombres se han pasado la vida tratando de dar con estos libros, pero nadie lo ha conseguido. Otra superstición es que existe un hombre, al que todos llaman "El Hombre del Libro", que ha contemplado el Catálogo de Catálogos. El bibliotecario que se ha asomado a este catálogo es como un Dios, y posee el conocimiento absoluto del orden de la Biblioteca. Sin embargo, nadie se ha topado jamás con este hombre, ni con el Catálogo.

Al concluir el relato, el narrador expone una situación terrible: la certidumbre de que todo está dicho, de que todo está prefigurado en la Biblioteca, anula y afantasma a los hombres. Hay jóvenes que se arrodillan y besan las páginas de los libros sin comprender ni una sola palabra de lo que está escritos en ellos. Las pestes, las discordias intelectuales y las peregrinaciones en busca de libros que degeneran en robos y asesinatos han diezmado a la población. En su vejez, el narrador sospecha que la especie humana podría extinguirse, pero la biblioteca seguirá existiendo.

Una última reflexión cierra el relato: la Biblioteca es ilimitada y periódica. Si alguien pudiera recorrerla por completo, encontraría, hacia el pasado o el futuro, que al cabo de los siglos los volúmenes se repetirían en el mismo desorden, creando así un orden final e infinito. El Orden. Antes de morir, el narrador se alegra con esta idea.

Análisis:

En "La biblioteca de Babel", uno de los relatos más conocidos y estudiados a nivel mundial, Borges se propone la metaforización del universo bajo la especie de una biblioteca. Un movimiento análogo ha sido identificado ya en el relato que abre su serie de Ficciones, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Allí, como ya se ha explicado, Borges establece un juego a partir de la Enciclopedia Anglo Americana: en un tomo singular se dedican cuatro páginas a la descripción de Uqbar, una geografía imaginada y ubicada en alguna parte de Asia Menor. A partir de ese disparador, el narrador encuentra un tomo de la Enciclopedia de Tlön. Luego, se explica al lector que la enciclopedia completa ha sido hallada en una biblioteca en Estados Unidos y, finalmente, Tlön termina invadiendo, lenta, silenciosamente, todos los espacios cotidianos de la realidad.

La naturaleza de “La biblioteca de Babel” es diferente: el relato no se construye como un cuento fantástico donde la duda genera un vaivén entre lo que el lector considera posible y los elementos que rompen con esa posibilidad, sino que desde la primera frase el panorama se revela al lector como una invención no realista, incluso como una especulación: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísima” (p. 86). El narrador decide comenzar su relato desde la metáfora: el universo, que otros llaman la Biblioteca. Una vez que ese primer movimiento entre sentidos está hecho, no se volverá a hablar del universo, sino simplemente de la Biblioteca. Como es sabido, Borges profesaba un amor profundo a las bibliotecas (no solo había trabajado toda su vida en ellas, sino que, a partir de 1955, fue director de la Biblioteca Nacional); para él, estas eran la manifestación de la felicidad. En el conocido “Poema de los dones” (por citar uno de tantos ejemplos), Borges ilustra este amor en su famoso verso: “yo, que me figuraba el Paraíso/ bajo la especie de una biblioteca” ("El Hacedor", p. 222).

La Biblioteca como mundo hipotético se presenta, desde el comienzo, como tema y organización espacial del cuento. Su estructura de hexágonos que se extienden infinitamente es, al mismo tiempo, regular y laberíntica. Su trampa es, justamente, esa repetición de elementos idénticos, los hexágonos, formas geométricas armónicas y simétricas que guardan una afinidad perceptiva con el círculo. La Biblioteca es interminable; su estructura se expande sin límites conocidos, y el narrador nos dice que una persona podría pasar siglos y siglos recorriéndolos, y nunca encontraría el fin. Sin embargo, todos los hexágonos son iguales, con el mismo número de estantes, la misma cantidad de libros (cada uno con la misma cantidad de páginas, líneas y caracteres). Así, dentro de esa expansión infinita se construye la idea de un orden universal que nace a partir de la multiplicación infinita de su unidad. A su vez, el narrador menciona que en el pasillo vacío de estantes de cada hexágono se colocan espejos que multiplican –innecesariamente –la percepción de los pasillos. En verdad, no es posible para ningún hombre corroborar la expansión infinita de la Biblioteca (una vida no alcanzaría), pero esa multiplicación que hace el espejo puede leerse como una advertencia de infinitud.

Al respecto, el narrador afirma que la Biblioteca es interminable. Acto seguido, menciona las tesis de los idealistas (quienes indican que los hexágonos son la forma necesaria de la intuición humana del espacio absoluto, como no lo pueden ser, por ejemplo, triángulos o pentágonos) y de los místicos, que hablan de cámaras circulares que contienen un solo libro circular cuyo lomo da toda la vuelta a las paredes. A estas ideas opone la suya, que es en verdad una cita implícita del físico y filósofo Pascal: "La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible" (p. 88).

Otro elemento de la estructura física de la Biblioteca llama la atención: los hexágonos tienen en su centro un pozo de ventilación que los conecta. Así, “desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente” (p. 86). Esta cualidad abre la reflexión sobre la organización social de los humanos que conviven allí. La estructura de la Biblioteca, esa capacidad de poder ver desde cualquiera de sus niveles los inferiores y superiores, se asemeja a la idea de panóptico diseñado para las prisiones a fines del siglo XVIII, que Foucault analiza como la espacialización predilecta para la vigilancia autoritaria, y que se transforma en la imagen de una sociedad que no admite los espacios privados, en la que todo el mundo queda expuesto a la mirada del resto. En "La biblioteca de Babel", la vida se desarrolla en el ámbito de lo público, y los únicos espacios privados son dos pequeñas salas, una para dormir y otra que se utiliza como baño. La única actividad posible en ese universo es la búsqueda de algún signo entre los tomos infinitos.

Una de las tesis principales del cuento es que esa biblioteca-universo contiene en sus libros absolutamente todo, y en todas las lenguas posibles. Para ilustrarlo, el narrador realiza una enumeración totalmente heterogénea de los elementos más dispares y disparatados. Entre ellos, incluye también al propio lector, al mencionarlo con un “tu muerte”:

Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito. (p. 92)

Este elemento abre la narración a la noción de predestinación: si los libros contienen todas las posibilidades del universo, en ellos están escritas las vidas de todas las personas, incluso con infinitas variaciones. Esto elimina entonces la idea de libre albedrío, y construye la noción de que todos los hechos están determinados en las páginas de los libros. Los hombres saben que su destino está escrito en esos libros, y que sus vidas han sido organizadas para una búsqueda de sentidos que es en verdad inútil. La vida, en verdad, aparece como una repetición burda de lo que contienen los libros, porque todo lo que puede hacerse, decirse e incluso pensarse ya está expresado en alguno de los tomos de la Biblioteca.

Esta intuición de que la vida y la muerte de cada persona está escrita ha empujado –nos cuenta el narrador –a muchos bibliotecarios a pasarse la vida buscando sus libros. Pero esa búsqueda no puede organizarse de ninguna manera en un espacio infinito con libros infinitos. De la misma manera, el narrador menciona la existencia de un libro que contiene la solución a todos los misterios humanos, incluso al origen de la Biblioteca y del tiempo. Para hallarlo, se han ensayado muchísimos métodos de búsqueda, pero aquello también es imposible: ¿cómo sostener un método en un espacio que se revela como infinito e inabarcable? No hay lógica que pueda organizarlo, y de allí se desprende una noción contundente: a ese universo que es una biblioteca infinita, no hay lógica humana que pueda aplicársele.

En conclusión, como menciona Beatriz Sarlo (1995), "La Biblioteca de Babel" ofrece un dilema filosófico-narrativo en el que el universo está ordenado según un azar que termina transformándose en una organización absoluta. Al final del relato, el narrador indica que, "Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)" (p.99). El azar repetido infinitamente termina produciendo una estructura de orden que, para el ser humano, es imposible de abarcar e, incluso, de imaginar. En este sentido final, “La Biblioteca de Babel” es un cuento que acompaña en su sentido a “La lotería en Babilonia”.