Cuentos de Edgar Allan Poe

Cuentos de Edgar Allan Poe Resumen y Análisis "El escarabajo de oro"

Resumen

Un día frío de octubre, el narrador se dirige a la casa de su amigo William Legrand después de varias semanas sin verlo. Su amigo es descendiente de una familia rica de Nueva Orleans y se trasladó a la isla de Sullivan luego de caer en la pobreza. Allí, en un extremo apartado de la isla, construyó una cabaña, ya que es un hombre misántropo a quien le gusta la naturaleza, la pesca y las exploraciones. Por estos motivos, Legrand tiene poco contacto con la gente y, salvo su criado Júpiter, un inmenso perro, el propio narrador y otros pocos conocidos, permanece en tranquila soledad. Desde que lo conoció, el narrador está fascinado por su inteligencia y extraños intereses, y por eso se hicieron buenos amigos.

Al llegar a la casa de Legrand, el narrador se encuentra con que la cabaña está vacía, pero ingresa de todos modos y espera a que su amigo llegue mientras permanece junto al fuego de la chimenea. Finalmente se presentan Legrand y Júpiter, y el primero le cuenta, entusiasmado, que capturó una nueva especie de escarabajo. Pese a ello, no se lo puede mostrar, porque en el camino se encontró con el teniente G. y se lo prestó por esa noche. El escarabajo, le comenta, es todo dorado, salvo tres manchas negras que forman un triángulo, y tan pesado que Júpiter insiste en que es de oro macizo, idea que Legrand encuentra ridícula.

Para completar la descripción, Legrand toma un papel de su abrigo y bosqueja la criatura. Cuando el narrador toma el papel, le comenta a Legrand que, si se trata de una representación precisa, el escarabajo se parece más a una calavera que a otra cosa, pues ni siquiera le encuentra las antenas. Legrand insiste en que lo dibujó con gran claridad pero, cuando recupera el dibujo, su rostro empalidece instantáneamente. A partir de entonces, permanece un largo tiempo ensimismado, examinando minuciosamente el papel, y finalmente lo guarda con llave en un cajón. Como la actitud de su amigo cambió repentinamente y se mantiene callado el resto de la noche, el narrador decide marcharse.

Un mes después, el narrador recibe la visita de Júpiter, quien le comenta, angustiado, que Legrand se está comportando muy raro: parece nervioso, enfermo, y no deja de escribir cosas en una pizarra. En una ocasión, prosigue, salió solo por la mañana y no volvió sino hasta la noche. Aunque Júpiter estaba tan enojado que quería golpearlo, se contuvo cuando vio el mal aspecto que tenía. Su sospecha es que el comportamiento extraño de su amo se debe a una picadura que el escarabajo de oro le hizo cuando lo encontraron en la arena. En ese momento, y para que no se repita la picadura del insecto, Júpiter debió envolverlo en un pergamino viejo que encontró tirado en las proximidades. Desde entonces, Legrand no para de soñar con oro.

Luego de la explicación, Júpiter le extiende al narrador una nota de Legrand en la que este le solicita que lo vaya a visitar cuanto antes, porque debe contarle algo importante. Preocupado, el narrador parte hacia la cabaña en compañía de Júpiter. Al llegar, ambos encuentran a Legrand visiblemente nervioso. El hombre explica que, desde que recuperó el escarabajo del teniente G., ya no se desprende de él, pues cree que en verdad está hecho de oro y puede ser el instrumento para conseguir una fortuna inconmensurable. Le pide ayuda al narrador para ir de expedición a las colinas en ese mismo momento. Aunque el narrador se resiste, porque cree que su amigo está enfermo y necesita descansar, termina por acceder bajo la condición de que, luego, Legrand vaya a ver a un médico. Una vez listos, los tres hombres, junto al perro, parten a las colinas con palas, una linterna y el escarabajo. Horas más tarde, llegan a una cima donde encuentran, entre unos pocos árboles, un enorme tulipero. En ese momento, Legrand le ordena a Júpiter que trepe al árbol, con el escarabajo atado a un cordel, y siga exactamente sus indicaciones.

Bajo las órdenes de Legrand, Júpiter sube hasta la séptima rama, donde encuentra una calavera sujeta por un clavo grande. Luego, le pide que pase el escarabajo por el ojo izquierdo y lo haga bajar hacia el piso con el cordel. Cuando Júpiter lo hace, su amo marca el lugar del aterrizaje con una estaca y, luego de realizar una serie de mediciones, les indica a los hombres que excaven en un sitio determinado. Tras intenso trabajo, Legrand advierte que Júpiter confundió izquierda con derecha y, debido a eso, estropeó la medición. Pese a la resistencia del narrador, insiste en volver a probar, corrige la posición de la estaca y repite el cálculo, obteniendo así una nueva ubicación, donde los tres hombres excavan nuevamente. Pasado un tiempo, el perro se sobresalta y comienza a excavar junto a ellos hasta que alcanza un par de esqueletos, un sable español y algunas monedas sueltas. El grupo continúa, ahora entusiasmado, hasta alcanzar un cofre de madera lleno de oro y joyas que trasladan juntos hacia la cabaña.

Una vez en la casa, revisan el contenido del cofre y se dan cuenta que están ante una verdadera fortuna. Entonces, Legrand les explica cómo descubrió la ubicación del tesoro: la noche en la que el narrador le devolvió el trozo de papel con el dibujo del escarabajo, se dio cuenta de que no se trataba de un papel ordinario sino de un pergamino, y notó que, pese a estar seguro de que la hoja se encontraba limpia antes de dibujarla, ahora tenía una nueva imagen en su superficie. En ese momento, recordó que ese pergamino lo había tomado Júpiter de la arena, cerca de los restos de un viejo naufragio, y lo utilizó para envolver al escarabajo cuando el insecto lo atacó. El hecho de que haya encontrado un pergamino tirado -considerando que son tan costosos y duraderos- le llamó poderosamente la atención. Además, como estaba seguro de que el papel estaba limpio en el momento de tomarlo, dedujo que la nueva imagen podría haber surgido por la proximidad del fuego de la chimenea, cuando el narrador observaba el dibujo del escarabajo junto a ella. Esta idea se le ocurrió porque sabía de ciertas tintas especiales usadas para redactar mensajes secretos que se vuelven visibles con el calor. A continuación, experimentó él mismo con el pergamino junto al fuego y de la superficie emergió la figura de un cabrito, símbolo de famoso pirata Capitán Kidd. Más aún, encontró que también llevaba un mensaje escrito en código.

Luego de dedicarse durante semanas a la traducción de los símbolos, finalmente logró descifrar el mensaje: se trataba de un conjunto de instrucciones que lo condujeron por varios lugares de la isla hasta que, finalmente, encontró el árbol de la calavera. A esta altura, la presencia del escarabajo era irrelevante, pero como estaba enfadado con sus amigos porque lo creían loco, lo utilizó para fastidiarlos. Al finalizar el relato, el narrador le pregunta a Legrand por la presencia de los esqueletos. Frente a ello, su amigo le responde que seguramente Kidd debió haberlos asesinado luego de que lo ayudaran para mantener, de ese modo, la ubicación del tesoro en secreto.


Análisis

“El escarabajo de oro” debe ser considerado como uno más dentro del conjunto de relatos de raciocinio de Edgar Allan Poe. Pese a no ser un policial, su estructura narrativa, organizada en torno a la resolución de un misterio en apariencia irresoluble, así como la elección de los personajes y los temas desarrollados, coinciden en varios sentidos con historias como “Los asesinatos en la Rue Morgue” y “La carta sustraída”.

Tal como analizamos en “El poder analítico” (presente en la sección "Temas"), este tipo de relatos presenta una fórmula fija en la elección de los personajes que, a partir de Poe, será repetida en innumerables ocasiones en la tradición de policiales. Esta estructura implica tres tipos de personajes a través de los que Poe representa distintos estereotipos de inteligencia.

William Legrand es la versión estadounidense del protagonista de “Los asesinatos de la Rue Morgue” y “La carta sustraída”: el detective Dupin. Al igual que su contraparte francesa, Legrand es el descendiente pobre de una familia antigua que disfruta los desafíos intelectuales y mantiene un ojo atento para cualquier oportunidad de recuperar su antigua fortuna. La explicación que Legrand ofrece sobre el uso del poder analítico para descubrir el secreto del tesoro del Capitán Kidd muestra también similitudes con el método de raciocinio de Dupin: se presenta como la revelación de un detective, escena típica de los relatos policiales. Además, ambos muestran la misma afición por burlarse con sutileza de la falta de perspicacia de los demás.

A esta versión idealizada del personaje analítico se le opone otra que cumple el rol de contraste para realzar sus virtudes, al tiempo que es motivo de burla con el objeto de dar un efecto de humor al relato. El lugar que ocupa el Prefecto de Policía en los relatos policiales aquí lo ocupará Júpiter, el ex esclavo moreno de la familia de Legrand. Este personaje se caracteriza por su acento estereotipado (visible en la versión original del cuento) y por ser un tanto bruto: no sabe distinguir izquierda de derecha y cree que el escarabajo es de oro macizo. En ese entonces, su presencia habría servido como una figura de alivio cómico, cuyos juegos de palabras involuntarios y malentendidos añadirían un elemento liviano y alegre a la historia. No obstante, la caracterización que hace Poe de él nos puede parecer hoy cruda y ofensiva, y tiene un componente importante de racismo que no puede ser ignorado en el abordaje actual del cuento.

Finalmente tenemos al narrador, quien, al igual que en los policiales, es amigo y admirador del protagonista, al tiempo que su principal interlocutor. La fórmula tripartita de los personajes busca que los lectores comunes nos identifiquemos con el tipo de inteligencia del narrador, admiremos el poder analítico superior de Legrand, y nos riamos, junto a los dos anteriores, de la torpeza del criado, Júpiter.

Ahora bien, la primera mitad de este cuento crea lo que en retrospectiva es una atmósfera completamente engañosa, en la que los temas de lo sobrenatural y la locura ocupan un rol fundamental. El narrador no da crédito a las afirmaciones que hace Júpiter sobre el escarabajo, pero tampoco encuentra en Legrand elementos que contradigan la hipótesis de la locura antes del descubrimiento del tesoro y las explicaciones subsiguientes. Hasta entonces, la relación entre el escarabajo dorado y la imagen de la calavera parece más bien algo siniestro y sobrenatural. Sin embargo, Legrand desafía las expectativas y ofrece una descripción relativamente ordinaria. A pesar del título de la historia, el escarabajo dorado es esencialmente irrelevante para la búsqueda del tesoro y resulta no ser más que una coincidencia.

La muestra más obvia del uso del escarabajo como una pista falsa se encuentra en el epígrafe del cuento: “¿Qué hay? ¿Qué hay? ¡Este tipo baila como un loco! Lo ha picado la Tarántula!” (p. 712). La cita refiere a viejas historias del sur de Italia en las que gente, ante la mordedura de una araña, bailaban la danza folklórica conocida como la tarantela para curarse del veneno. En el cuento, el epígrafe esta atribuido a una fuente llamada All in the Wrong (en inglés, “Todo Equivocado”). Sin esta atribución, la cita referiría a la enfermedad de Legrand y el extraño comportamiento que supuestamente resulta de la mordedura del escarabajo. Sin embargo, la supuesta fuente anticipa lo insignificante que resultará la mordida una vez resuelto el misterio: a Legrand parece, más bien, haberlo picado el bicho de la avaricia.

Por último, cabe mencionar el carácter alegórico que el proceso investigativo presenta en este tipo de relatos, en los que el proceso de develar el enigmas le sirve a Poe para representar batalla entre lo racional y lo irracional. En este caso, tanto el narrador como Júpiter creen que Legrand se ha vuelto loco cuando lo ven ensimismado haciendo cuentas y tomando apuntes. Lejos de eso, el hombre les demuestra su gran equivocación al hacerse de un gran tesoro.