La serpiente (Símbolo)
La serpiente es un elemento fundamental en el análisis de Anzaldúa, y funciona como símbolo de diversas cuestiones. En primer lugar, la autora comenta que la serpiente simboliza las fuerzas femeninas de la tierra y de las madres en la mitología azteca. En esta tradición, la serpiente es vencida por un águila, que representa las fuerzas masculinas, por lo que, comenta Anzaldúa, la relación entre ambos animales da cuenta de que "el orden patriarcal ya había derrotado al matriarcado en la América precolombina" (45).
En segundo lugar, se retoma otra cultura indígena mesoamericana: para los olmecas, la serpiente también representa la tierra, pero su poder no es oprimido por otras fuerzas.
En tercer lugar, la autora declara que la serpiente representa su propio cuerpo y los cuerpos de las mujeres en general, resaltando las tradiciones indígenas que durante siglos han conectado este animal con lo femenino. Lo femenino es entendido aquí como energía sagrada y transformadora, que tiene la capacidad de cuidar, amparar y proteger, pero también se trata de una energía sexual plena, relacionada con el placer, y no únicamente con la maternidad.
La Virgen de Guadalupe (Símbolo)
La Virgen de Guadalupe es un símbolo del sincretismo, el mestizaje y la mezcla, características de lo latinoamericano, en general, y de lo mexicano, en particular. Esta figura resulta de una síntesis de las tradiciones cristianas impuestas por los conquistadores y las matrices indígenas propias de los pueblos precolombinos. Cabe recordar que, en el relato histórico propuesto por Anzaldúa, la Virgen se presenta como María Coatlalopeuh, nombre que los europeos asocian con 'Guadalupe' por semejanza fonética (72). En sintonía con su defensa de un mestizaje que siempre resalte y rescate la ancestralidad indígena, la autora asegura que
Como símbolo de fe y esperanza, ella sostiene y asegura nuestra supervivencia. El indio ha sobrevivido, a pesar de la desesperación y el sufrimiento extremos y del casi genocidio. Para los mexicanos de ambos lados de la frontera, Guadalupe representa nuestra rebelión contra los ricos, las clases medias y altas; contra su opresión de los indios y los pobres (74).
Así, Guadalupe es símbolo del mestizaje como potencia rebelde y creativa que puede crear un mundo más justo.
Malinche (Símbolo)
Malinali Tenépat, también conocida como Malinche o Malintzín, es una mujer indígena que, tras la conquista de México, es entregada, junto con otras diecinueve mujeres indígenas, como esclava a los españoles. Malinche se convierte en traductora de Hernán Cortés, el conquistador de México, con quien también llega a tener un hijo. Mitologizada como La Chingada, es decir, 'aquella que ha sido violada', la lógica patriarcal de culpabilizar a la víctima la considera una puta y una traidora que facilita la victoria colonial española. Para revertir esta concepción machista del pasado, Anzaldúa propone honrar a Malinche como símbolo de la sexualidad femenina, y sostiene que la derrota y la decadencia del pueblo azteca ante los invasores españoles no es culpa de mujeres que fueron violadas, sino que se produce "porque la élite gobernante había subvertido la solidaridad entre hombres y mujeres y entre la nobleza y el pueblo llano" (79).
La partida de la casa familiar (Motivo)
Borderlands / La Frontera se concentra en la frontera entre México y Estados Unidos. Se describe su naturaleza, su cultura y el paisaje de la zona donde crece la autora. De todos modos, el libro también destaca la partida de la casa familiar, el abandono de esa tierra natal, motivo recurrente en las memorias, biografías y autobiografías. Anzaldúa presenta esta partida como una decisión, motivada en gran medida por el hecho de que la cultura chicana rechaza su identidad como lesbiana. Desde su perspectiva adulta, la autora no se arrepiente de la decisión, sino que la piensa como estrategia y como oportunidad para construir cambios positivos.
A pesar de todo, Anzaldúa afirma que la cultura chicana la sigue acompañando y nutriendo. La partida de la casa familiar no significa el abandono total de su identidad étnico-racial de origen. Por el contrario, la autora busca contribuir a la eliminación de los aspectos violentos e injustos de la cultura chicana con el objetivo de defenderla.
La historia de Coatlicue (Alegoría)
En el capítulo 3, Anzaldúa relata la historia de la diosa azteca Coatlicue. Esta divinidad, en sus orígenes, contiene y abraza ambivalencias y dicotomías; es diosa de la luz y la sombra, de la ternura y la violencia, del cuidado y de la sexualidad.
El avance de la dominación patriarcal, desarrollado primero entre los aztecas e impuesto después por los conquistadores españoles, genera una división entre características deseables e indeseables en torno a lo femenino. Así, Coatlicue comienza a ser entendida como monstruo que debe ser controlado, oprimido, aplacado. Su poder es peligroso para el patriarcado. Así, comienza a operar la dicotomía entre vírgenes y putas que pretende clasificar a las mujeres en buenas o malas. En esta lógica quedan divididas las cuatro figuras femeninas principales de la cultura mexicana: Coatlicue, la Virgen de Guadalupe, la Chingada (Malinche) y La Llorona, que, de acuerdo con Anzaldúa, son cuatro aspectos de la misma divinidad.
Así, la historia de Coatlicue funciona como explicación alegórica de la situación de todas las mujeres, de acuerdo con Anzaldúa: como la diosa, todas las mujeres son oprimidas, y la cultura patriarcal busca aplacar el poder de la energía femenina porque los hombres "tienen miedo de nosotras y de nuestro poder" (141).