Borderlands / La frontera

Borderlands / La frontera Resumen y Análisis Atravesando fronteras / Crossing borders, Capítulos 3-4

3. Penetrar en la serpiente

Resumen

Ella tiene su tono

El este capítulo se narra la presencia histórica del patriarcado en las culturas indígena y mexicana. También comenta diversas prácticas espirituales. Al comienzo del capítulo, Anzaldúa recuerda el encuentro con una serpiente que tiene una mañana. Su madre siempre le ha advertido que debe tener cuidado con estos animales porque son peligrosos. En esta secuencia, las serpientes representan una amenaza contra la virginidad de la protagonista y de las niñas en general. Se dice que se meten entre las piernas de las chicas. Luego se cuenta que matan a la víbora y Gloria, sin que la vean, bebe su sangre. Esa noche sueña con diferentes partes del cuerpo de la serpiente y, por la mañana, puede ver a través de los ojos del animal y siente su sangre fluir en las venas.

Coatlalopeuh, la que Reina sobre las Serpientes

Tras narrar esa historia personal, Anzaldúa pasa a discutir la historia de la espiritualidad mexicana y los cambios en el protagonismo de las deidades femeninas a lo largo del tiempo. La autora destaca la influencia de las prácticas religiosas indígenas en las creencias chicanas contemporarias, fundamentalmente cristianas. Entonces, se concentra en la figura de la Virgen de Guadalupe, generalmente entendida como manifestación católica de la Virgen María. Anzaldúa sostiene que la Virgen es en realidad una forma de la deidad indígena Coatlalopeuh. Coatlalopeuh es, además, un aspecto de la gran diosa Coatlicue, cuyo nombre se traduce de manera literal como "Falda de Serpientes", y que reúne la luz y la oscuridad, lo positivo y lo negativo en una misma figura. En determinado momento, la cultura azteca-mexica patriarcal, dominada por los intereses de los hombres, desmonta el poder de esta figura femenina y pasa a representar el poder únicamente a través de dioses masculinos. En esta secuencia, Coatlicue es limitada a la maternidad y los cuidados.

Esta tradición del desempoderamiento de lo femenino continúa y se potencia con la colonización española, que desprecia las religiones indígenas como demoníacas y redefine a Coatlicue como una manifestación de la Virgen María. La inherente sexualidad de la diosa de las serpientes es eliminada en esta versión sincretista (esto es, que integra elementos europeos y originarios), y se resalta su figura como madre, virgen y santa. Los españoles, pues, definen la sexualidad femenina como algo bestial o diabólico, y buscan retratar a la Virgen de Guadalupe como su opuesto. De todos modos, a pesar de la fuerza de la imposición católica colonial, los orígenes indígenas de esta figura siguen presentes. Anzaldúa asegura que es, aún hoy, un símbolo de la mujer chicana que se mantiene fiel a sus valores indígenas porque es una figura que existe en la intersección de distintas tradiciones, sin dejarse absorber por completo por el cristianismo. Esta figura de referencia femenina integra dos aspectos que las culturas patriarcales intentan separar bajo la forma de la dicotomía virgen/puta. En la cultura mexicana y chicana, estos aspectos se encarnan, respectivamente, en la Llorona, una madre que ha perdido a sus hijos y los busca sin cesar, y la Chingada, una mujer que ha sido violada por los colonizadores y acusada de traidora por los indígenas.

Pues hacer la guerra es mi deber cósmico

Anzaldúa destaca una vez más que la problemática dominación masculina de la cultura y la sociedad se ha enraízado en el imperio azteca, y no debe entenderse apenas como producto de la colonización española. Al desempoderar a Coatlicue, los aztecas les quitan el poder a todas las mujeres y generan una sociedad en extremo desigual. Esta desigualdad provoca la emigración de muchos aztecas al tiempo que el imperio crece como tal a través de violentas guerras y sacrificios humanos. En esos contextos de brutalidad, las mujeres indígenas pasaron a vivir sufriendo, siempre de duelo por la muerte de sus hijos, hermanos y maridos. Esta imagen del sufrimiendo abnegado femenino se consolida en la figura de la Llorona, y persiste en las quejas y denuncias de las mujeres indígenas, mexicanas y chicanas a quienes se les han bloqueado otras alternativas para la resistencia.

En este punto, la autora propone un contrapunto a la historia oficial, de acuerdo con la cual Malinche, una mujer indígena entregada como esclava a los conquistadores españoles, que se vuelve traductora de Hernán Cortés y llega a tener un hijo con él, es una "puta" (64) y una traidora. De acuerdo con este entendimiento de la historia, Malinche ofrece una colaboración fundamental para que los colonizadores tengan éxito al invadir las Américas. Este es el pensamiento generalizado entre los chicanos, los mexicanos y muchos latinoamericanos, pero Anzaldúa demuestra que Malinche es una víctima de la violencia patriarcal, y que la victoria de los españoles se debe a las falencias en la administración azteca del imperio: "De este modo cayó la nación azteca, no porque Malinali (la Chingada) actuara como traductora de Cortés y se acostara con él, sino porque la élite gobernante había subvertido la solidaridad entre hombres y mujeres y entre la nobleza y el pueblo llano" (74).

Las presencias

Anzaldúa defiende la importancia del conocimiento basado en la mitología y la imaginación. La cultura occidental traza límites estrictos entre la racionalidad y la ficción, distinción que lleva a desacreditar las creencias y formas de la creatividad indígenas, que suelen dar valor a los sueños y la imaginación. Además, la cultura occidental considera, hace siglos, que la racionalidad es el modo más elevado de conocer el mundo, y asume que los pueblos indígenas son irracionales. Por lo tanto, desprecia estas otras formas del conocimiento. Aprovechando estas conceptualizaciones, los colonizadores occidentales deshumanizan a las poblaciones indígenas y las tratan de "salvajes" (83).

La facultad

Aquí se enfatiza la importancia de la "facultad", esto es, "la capacidad para distinguir en los fenómenos superficiales el significado de realidades más profundas, percibir la estructura profunda bajo la superficie precisamente como modo no occidental de producir conocimeitnos. Se trata de un "sentir" instantáneo, una percepción rápida a la que se llega sin razonamiento consciente" (85).

Análisis

"Penetrar la serpiente" es un modo diferente de hacer historia. Tal como explica Sonia Saldívar Hull en su introducción a Borderlands / La Frontera, "Usando un nuevo género que Anzaldúa denomina 'autohistoria', la autora presenta la historia como un ciclo serpentino más que como una narrativa lineal" (13). Así, plantea el entendimiento del tiempo como circular, propio de las culturas indígenas de mesoamérica: el pasado se recrea en el presente y en el futuro; estas dimensiones no están separadas como en el pensamiento occidental, sino integradas en espirales o círculos en los que el tiempo vuelve sobre sí mismo. Asimismo, la autora integra su historia personal con la historia indígena y la historia colonial para ofrecer un relato diferente sobre lo americano, lo mexicano y lo chicano.

Del mismo modo, la autora suma una perspectiva feminista al análisis histórico y cultural. La reelaboración que propone de las figuras espirituales femeninas sirve para destacar el poder femenino y su relevancia para los pueblos de la frontera, a pesar de siglos de violencia y silenciamiento. También sirve para proponer posibilidades de liberación para las mujeres chicanas. De este modo, "Anzaldúa no solo trastorna las versiones históricas nacionalistas anglocéntricas, también perturba los planes de los nacionalistas chicanos al introducir análisis y temas feministas. Apoyadas en ideologías feministas, las historias de las mujeres amplían sin cesar el territorio cubierto por anteriores textos históricos androcéntricos" (Saldívar Hull, 16).

Es importante observar que la autora presenta como personajes de esta historia a cuatro figuras mitológicas femeninas sumamente importantes para el pueblo mexicano: Coatlicue, la Virgen de Guadalupe, La Llorona y la Malinche son cuatro aspectos diferentes de una misma feminidad. Lo femenino, en las culturas patriarcales, es dividido a través de la oposición virgen/puta para determinar reglas de comportamiento que limitan el poder de las mujeres. Por el contrario, este libro sugiere integrar la maternidad con la sexualidad, la vida y la muerte, la luz y la oscuridad. La conjunción de los cuatro aspectos de la deidad femenina permite tal integración. De todos modos, a pesar de agruparlas, Anzaldúa también distingue estas cuatro figuras: cuenta la historia individual de cada una, las describe físicamente y destaca la relevancia histórica que tienen. Cabe resaltar la reelaboración histórica que esta autora propone con respecto a la Malinche, tradicionalmente considerada como una traidora que facilita la victoria de los colonizadores españoles. Aquí se la defiende, destacando que ha sido una entre muchas mujeres víctimas de la violencia sexual que acompaña la colonización de las Américas.

El resultado final de esta línea de reflexión es la reconfiguración del entendimiento histórico fijado en las Américas: la victoria de los conquistadores españoles en México se debe al ejercicio violento y asesino del poder por parte de los colonizadores, y al hecho de que la lógica imperial azteca genera una desintegración del pueblo indígena hacia el siglo XVI. Anzaldúa no solo hace una crítica al poder patriarcal azteca, sino que también propone una defensa fundamental: Malinche es víctima de la violación y no una traidora. Este punto resulta muy relevante y actual para los feminismos, que aún deben denunciar cómo la cultura patriarcal culpabiliza a las mujeres cuando son violentadas. En esta versión de la historia, no son las mujeres ni es la sexualidad femenina, sino el ejercicio del poder patriarcal, lo que destruye la soberanía indígena.

En efecto, la sexualidad femenina es otra cuestión fundamental en estos capítulos. Al comienzo de "Penetrar la serpiente", se narra una anécdota de la infancia de la autora: la madre repite que las serpientes son peligrosas para las jovencitas. Así, la serpiente tiene un primer nivel simbólico como representación del pene y de la sexualidad masculina en tanto peligros para las mujeres jóvenes. El texto resalta la corporalidad de esta historia: "Que no se te meta una culebra entre las nalgas, que te deje pregnant. Con el frío buscan lo cálido. Dicen que a las culebras les gusta lamer chiches, que pueden sacar leche de ti" (67). El mito, pues, dice que las serpientes se meten entre las piernas de las chicas y les lamen los pechos. Estas historias aterrorizan a las niñas, que deben tomar cuidados constantes. Así, la sexualidad femenina es entendida como pasiva, y las mujeres, en estas narrativas, son víctimas.

4. La herencia de Coatlicue / The Coatlicue State

Resumen

Enfrentamientos con el alma

Esta sección del capítulo 4 presenta la relación personal de la autora con Coatlicue. Esta divinidad le da acceso a un nivel más profundo de la percepción, a través del cual logra conocer el mundo de un modo diferente. El capítulo comienza con un poema que describe un descenso hacia la oscuridad marcado por transformaciones corporales y descripciones de serpientes. De ahí, Anzaldúa pasa a la prosa y comienza a examinar su autopercepción. Comenta la importancia de los espejos, que, paradójicamente, nos permiten objetificarnos a nosotros mismos como imágenes, y también habilitan una percepción más profunda del mundo. La autora narra que, desde pequeña, al mirarse al espejo, se ve diferente. Se siente habitada por Coatlicue, y también identifica en su interior una rebeldía a la que llama la "Bestia de la Sombra" (61).

El secreto terrible y la rajadura

Como mecanismo de defensa, Gloria crece rechazando partes de sí misma que otros odian o temen. Como teórica, conecta esta acción individual autobiográfica con ciertos comportamientos del pueblo chicano.

Nopal de Castilla

Los chicanos se violentan a sí mismos porque son víctimas de una cultura colonial hostil que los rechaza, los maltrata y los invisibiliza. Uno de los resultados de este odio internalizado es la adopción de rutinas brutales de trabajo y de adicciones para crear la ilusión de que la vida es estable y soportable. Aunque estos mecanismos parecen ofrecer cierta protección, también complican más la activación de cambios.

El Estado de Coatlicue

Para generar otros modos más justos de la cultura, Anzaldúa asegura que es preciso volver a Coatlicue, abrazar el poder disruptivo de la oscuridad y las profundidades de la conciencia.

El Estado de Coatlicue es un preludio para el cruce

La herencia de Coatlicue y el estado espiritual que de ella proviene es la entrada a la propia conciencia y la aceptación de lo confuso y lo contradictorio. Para la autora, Coatlicue simboliza este espacio ambivalente porque encarna la contradicción, la fusión de opuestos. Gracias a este estado de la conciencia, Anzaldúa empieza a verse de otro modo ante el espejo. Se celebra a sí misma como "Bestia de Sombra", identifica en sí la presencia de la diosa y evita, en tanto que mujer, caer en la cosificación del propio cuerpo. Esta confrontación le resulta aterrorizante: la deja inactiva, debe lidiar con las ideas peyorativas que los colonizadores imponen al pueblo mexicano. Como los blancos estadounidenses suelen creer que los mexicanos son vagos, la narradora debe esforzarse el doble para desafiar los estereotipos.

Eso que permanece

En cierto punto, se da cuenta de que, para avanzar, debe transitar estas dificultades adentrándose en la oscuridad y enfrentándose a su ser interior. Una vez terminada esa transición, se siente presente de nuevo, en conexión con su cuerpo y lista para percibir el mundo de manera completa y honesta.

Análisis

En el capítulo 4, la narradora cuenta que crece odiando los aspectos de sí misma que la cultura chicana niega o reprime. Por ejemplo, tiene miedo de que los demás se den cuenta de que es lesbiana: "Me daba miedo que fuera evidente a los ojos de todo el mundo. El secreto que procuraba esconder era que yo no era normal, que yo no era como las demás personas" (91). También crece rodeada por ideas negativas sobre su propia piel oscura. A partir de su experiencia personal, Anzaldúa entiende que los chicanos, en general, suelen odiarse a sí mismos, influenciados por las ideas violentas del colonialismo racista:

Como persona, yo; como pueblo, nosotros, los Chicanos, nos culpamos a nosotros mismos, nos odiamos, nos infundimos terror a nosotros mismos. Casi todo esto sucede de manera inconsciente, solo sabemos que estamos sufriendo, sospechamos que en nosotros hay «algo que no va», algo que está tremendamente «mal» (94)

Este entendimiento permite comprender ciertas actitudes autodestructivas frecuentes entre las personas chicanas, como el consumo excesivo de alcohol. Aunque la autora entiende el origen de las adicciones, deja en claro que son muy dañinas, ya que dejan a las personas sedadas y, por lo tanto, les impiden activar la rebeldía.

Por su parte, ella decide abrazar la rebeldía. Para ello, se vale de su relación con Coatlicue, la divinidad femenina indígena. De acuerdo con Anzaldúa, Coatlicue, como referente de las mujeres, es contradictoria; abraza energías masculinas y femeninas, luces y sombras, vida y muerte. Es decir, Coatlicue es una figura de la frontera, pues existe en el seno de las ambivalencias. De la mano de esta diosa, por lo tanto, la autora accede a niveles más profundos de la percepción, en lugar de reproducir ideas patriarcales y coloniales. Así, se asume a sí misma como una rebelde y defiende, una vez más, a su Bestia de Sombra interior.