Los chicanos son tratados como migrantes ilegales (Ironía situacional)
En el primer capítulo, Anzaldúa establece que las tierras hoy conocidas como el sudoeste de Estados Unidos han sido robadas a México a mediados del siglo XIX y que, además, han pertenecido a los pueblos indígenas de Mesoamérica durante milenios. Sin embargo, irónicamente, Estados Unidos clasifica a los chicanos, descendientes de aquellos indígenas que siempre han vivido en estas tierras, como migrantes ilegales que representan una amenaza para su seguridad nacional. La ironía reside en que, en realidad, son los estadounidenses quienes han ocupado y conservan para sí estas tierras de manera ilegítima, mediante el uso de la violencia.
Entregada como esclava a los conquistadores, Malinche es luego culpabilizada por la conquista (Ironía situacional)
En la reconstrucción de la historia propuesta por Anzaldúa, La Chingada —también llamada Malinche— es una mujer que los aztecas entregan a los conquistadores como esclava. Sin embargo, irónicamente, la mitología patriarcal la ha convertido en una traidora que trabaja de manera voluntaria para los conquistadores, se acuesta con Hernán Cortés y hasta tiene un hijo con él. Así, es vista como colaboradora que facilita la conquista del territorio mexicano. La ironía radica en el hecho de que, tras haber sido violentada tanto por los aztecas como por los conquistadores españoles, Malinche sea recordada como traidora.
El terrateniente que explota migrantes indocumentados de forma ilegal acusa a estos de ilegales (Ironía situacional)
En "el sonavabitche", un terrateniente blanco estadounidense, explota migrantes y abusa de ellos de diversas maneras. Dado que esos migrantes no cuentan con documentos en Estados Unidos, el hombre cree que puede ejercer tales violencias sin consecuencia alguna, y los trata de "ilegales". Sin embargo, irónicamente, es él mismo quien ejerce una actividad ilegal y corre el riesgo de ser castigado.