Borderlands / La frontera

Borderlands / La frontera Resumen y Análisis Atravesando fronteras / Crossing borders, Capítulo 7

7. La conciencia de la mestiza / Hacia una nueva conciencia

Resumen

El séptimo capítulo concluye la parte inicial de Borderlands / La Frontera, es decir, la serie de capítulos escritos fundamentalmente en prosa. Aquí se describe la conciencia de la nueva mestiza, es decir, un modo de ver el mundo anclado en la filosofía mexicana, que valora la mezcla, la hibridez y la ambivalencia étnico-racial y cultural, y que está también atravesado por una perspectiva feminista.

Una lucha de fronteras / A Struggle of Borders

Se analiza el estado de "perplejidad" (134) emocional y mental que deriva de la posición de las personas mestizas por habitar las fronteras y la ambivalencia identitaria. Atravesadas por múltiples culturas, espiritualidades y lenguajes, se ven constantemente forzadas a elegir qué voz escuchar y qué reglas seguir. De acuerdo con esta propuesta, estas personas deben rechazar la cultura dominante y repudiar el sistema que invalida sus propias vidas, pensamientos, conocimientos y creaciones. Sin embargo, en última instacia, se busca la superación de ese estado de rechazo para crear una nueva cultura que ofrezca posibilidades de un futuro mejor, habitando la frontera como espacio de la mezcla en un sentido positivo.

Tolerancia hacia la ambigüedad

Inicia afirmado que este flujo de nuevas posibilidades "dejan a la mestiza debatiéndose en mares inexplorados" (135). La mestiza, entonces, debe entender los límites que establece alrededor de sus propias ideas, desechar las líneas de pensamiento indeseables, limitar el punto de vista dominante y evitar replicar las lógicas lineales y racionales defendidas por occidente. Debe comenzar a aceptar la contradicción y la ambigüedad. Con tiempo, podrá formar una síntesis de esas ideas a priori contradictorias, no secuenciándolas o encontrando un equilibro entre ellas, sino aprovechando su conciencia de nueva mestiza para formar algo mayor que la suma de las dos partes. Este trabajo puede deconstruir la dualidad sujeto/objeto que Anzaldúa describe como la causa primera de toda forma de opresión.

La encrucijada / The Crossroads

La autora comenta nuevas experiencias personales en torno a la vida en la frontera. Como mestiza, no tiene país. Como lesbiana y feminista, se siente en conexión con todas las mujeres, con las que puede relacionarse como hermana o como amante. Entonces, se define a sí misma: "Soy un amasamiento, soy un acto de amasar, de unir y juntar que no solo ha creado una criatura de oscuridad y una criatura de luz, sino también una criatura que cuestiona las definiciones de luz y de oscuridad y les asigna nuevos significados" (138). Es decir, se piensa a sí misma como un ser hecho de contradicciones que también cuestiona los límites que producen tal contradicción. Para completar esta conceptualización, se compara a la mestiza con el maíz: "es el producto de la hibridación, diseñada para sobrevivir en condiciones variadas" (138).

El camino de la mestiza / The Mestiza Way

Comienza con un breve relato en el que una mujer de piel oscura se prepara para un viaje. Anzaldúa analiza esta escena como representación del primer paso que debe dar la mestiza para comenzar a construir una nueva cultura; debe hacer un inventorio de aquello que sus ancestros le han legado y decidir con qué quedarse y qué deshechar. Cuando las personas mestizas revisan su historia, ganan el poder de reinterpretarla, para darle forma con nuevos mitos. Así, ganan nuevas capacidades para aceptar y para rechazar, para construir y para deconstruir; en suma, para transformarse.

Que no se nos olvide los hombres

Aquí se estudian las relaciones entre la misoginia en México y el colonialismo. Anzaldúa sostiene que el concepto de "machismo" y la masculinidad caracterizada por el ejercicio de la violencia hacia las mujeres son formas de adaptación que resultan de la pobreza, la opresión y la baja autoestima impuestas por el supremacismo blanco. Los varones chicanos son marcados como inferiores a los hombres blancos, ya que estos últimos tienden a proyectar su propio sentimiento de inferioridad en diferentes grupos, a los que racializan como inferiores. En consecuencia, los hombres chicanos sienten vergüenza y, para lidiar con ello, acaban por violentar a las mujeres que los rodean, y que tienen todavía menos poder. Aunque las feministas chicanas entienden la causa del machismo de su propia cultura, no lo tolerarán más. Claman que los hombres deben comprometerse a cambiar en este sentido y eliminar sus propios comportamientos violentos. Anzaldúa afirma que "La lucha de la mestiza es, por encima de todo, una lucha feminista" (142). Las conexiones entre el supremacismo blanco y el patriarcado crean el machismo y operan de manera tal que la opresión de las mujeres parece ser un problema racial, como si el origen de esa violencia no fuera responsabilidad de los hombres blancos. Anzaldúa, entonces, enfatiza que los hombres chicanos no deben ser entendidos como enemigos, porque tienen la capacidad de desafiar la masculinidad violenta encontrando, en sus propios interiores, una dimensión femenina. Muchas personas queer hacen exactamente eso, de acuerdo con la autora, y así superan las lógicas de la violencia. Las personas queer, al igual que las personas mestizas, pueden moverse a través de fronteras y crear relaciones sociales más sanas.

Somos una gente

En esta sección se estudia el papel de las personas blancas en los movimientos que buscan la justicia racial. La sección parte de la base de que muchas personas de color no quieren trabajar con personas blancas porque desarmar el odio y el miedo que estas últimas tienen, basándose en prejuicios raciales, lleva demasiado tiempo y energía. Sin embargo, siente que es importante dedicar un poco de energía a las tareas de mediación, con el objetivo de "permitir que los blancos sean nuestros aliados" (144). Las personas blancas pueden aprender la historia de otras maneras y vincularse con el mundo de modos no violentos. Anzaldúa remata esta sección afirmando que las personas chicanas deben expresar sus necesidades, y decirle a la sociedad blanca que debe hacerse cargo de la deshumanización impuesta por años a los chicanos. Son necesarias políticas de reparación, y es preciso que las personas estadounidenses dejen de pensar en México como un espacio de la alteridad marcado como amenaza.

Por sus verdaderas caras los conoceremos

Se resalta la importancia vigente de la identidad y la historia indígena para el pueblo chicano. A pesar de que la cultura de Estados Unidos dice reconocerse como el encuentro de personas de diversos orígenes étnicos y culturales, Anzaldúa asegura que, en realidad, el supremacismo blanco domina, y que las personas blancas, de un modo u otro, se adaptan a sus reglas. La ignorancia blanca mata otras culturas y les quita a los pueblos indígenas su derecho a la autodeterminación. De ese modo, evitan que estos pueblos se desarrollen plenamente. La autora propone que los chicanos deben trabajar en unidad con los pueblos indígenas del territorio estadounidense (nativos americanos) y con otros grupos pasa aprender más historias sobre la ancestralidad de los originarios y sus luchas por la supervivencia. La conciencia debe llevar a una transformación de la vida interna, de la psiquis, y esta, a su vez, dirigirnos hacia nuevas formas de imaginar el mundo, la historia y la identidad, con el objetivo de crear sociedades mejores.

El día de la chicana

Esta sección muestra las esperanzas de Anzaldúa: la autora sueña con un mundo donde las personas chicanas puedan mostrar sus rostros y recuperar su dignidad y el respeto por sí mismos. Los estereotipos raciales y patriarcales del pasado destrozan los cuerpos y las mentes de estas personas. Entonces, se propone la celebración de una nueva festividad. Anzaldúa determina que el día 2 de diciembre sea el Día de la Chicana, con la intención de afirmarse a sí misma y a su pueblo a través de la honestidad, la expresión de necesidades individuales y colectivas, y la incorporación de todos los aspectos contradictorios del ser.

El retorno

La autora narra su propio regreso a la frontera, aquel espacio de la mezcla descrito al comienzo de Borderland / La Frontera: "Estoy junto al río, observando la serpiente que se curva y se retuerce, una serpiente amarrada a la valla donde la desembocadura del río Grande se vacía en el golfo. He regresado" (148). Gloria siente una conexión física con esta tierra, y casi puede visualizar a los españoles entrando al valle, en esas instancias de conquista y colonización que dan inicio a la mezcla de culturas que hoy la identifica a ella misma. Esta tierra, con sus granjas, su pobreza, su brillante arquitectura y su música, todavía es su hogar. Aún debe luchar para sobrevivir allí, como cuando era niña. Lo mismo ocurre con su familia. Por ejemplo, su hermano debe pagar muchísimo dinero para regar sus cosechas y corre el riesgo de fundirse, al igual que muchas otras plantaciones pequeñas en el país. Por su parte, la madre de Gloria se dedica a plantar y cosechar rosas. Tal como asegura la autora, "el Chicano y la Chicana siempre han cuidado de la tierra y de las cosas que cultivaban" (151). Para darle fin a esta sección del capítulo y de toda la primera parte en prosa de su libro, Anzaldúa repite los versos "Esta tierra fue mexicana una vez / fue india siempre / y lo sigue siendo. / Y lo volverá a ser" (151).

Análisis

“La conciencia de la mestiza / Hacia una nueva conciencia” puede leerse como una síntesis de las ideas y estrategias propuestas a lo largo de todo el libro. Se trata, a su vez, de un planteo político completo. El comienzo del capítulo define el concepto de "conciencia de la mestiza" acuñado por la autora. Esta idea se basa en las propuestas de José Vasconcelos, un intelectual mexicano que, a principios del siglo XX, defiende el ascenso de una raza mestiza, propia de América Latina. El pensamiento de Vasconcellos se alinea con el esencialismo racial, es decir, la noción de que la raza es una categoría biológica y no una construcción social. Desde esta perspectiva, el intelectual sostiene que la mezcla de sangres de distinta procedencia crearían una raza mestiza que, gracias a la selección natural, heredaría solo las "mejores" cualidades de cada raza.

Al citar a José Vasconcelos, Anzaldúa se apropia de su idea de la raza mestiza, pero la reimagina sin tal marco esencialista. Para la autora, la nueva conciencia mestiza no se sostiene en una racialización de los cuerpos sino en la experiencia social y cultural de habitar las fronteras. Ambos pensadores ofrecen visiones diferentes de lo indígena. Para el primero, los pueblos indígenas son inferiores y primitivos, y es deseable que desaparezcan a través del mestizaje. En cambio, para la segunda, es necesario continuar rescatando siempre los elementos indígenas de la identidad y la conciencia mestizas. De hecho, afirma sobre sí misma: "Yo soy visible —vean esta cara india—" (145), destacando su rostro, la parte del cuerpo más relacionada con la identidad individual, como un rostro indígena. La nueva conciencia mestiza implica, pues, abrazar la mezcla, resaltando siempre la ancestralidad indígena.

Otro aspecto importante de este planteo es la construcción de alianzas entre diferentes grupos racializados y oprimidos para combatir el supremacismo blanco: "Los blancos en el poder quieren que nosotros, las gentes de color, nos quedemos tras las barricadas de nuestros respectivos muros tribales, para poder atacarnos uno a uno con sus armas ocultas; para poder blanquear y distorsionar la historia. La ignorancia separa a las personas, genera prejuicios. Un pueblo mal informado es un pueblo sometido" (145). Aquí, Anzaldúa presenta la unidad como un objetivo político importante. Diferenciándose del concepto de mestizaje de Vascocelos, que asume que la unidad puede lograrse a través de la mezcla racial, Anzaldúa cree que tal unidad debe basarse en modos de ver el mundo y abrazar las diferencias. Es importante destacar que la autora equipara las diferencias raciales, como la que existe entre los chicanos y los nativos americanos, con las diferencias económicas. Las categorías étnico-raciales, de clase social y de género y orientación sexual no son pensadas como entidades biológicas fijas, sino como fronteras construidas socialmente en cada cultura. Como la frontera entre Estados Unidos y México es una línea artificial que convierte a ciertas personas en ciudadanos y a otras en inmigrantes, son también artificiales las delimitaciones que establecen diferencias entre chicanos, por un lado, y nativos americanos, por el otro.

La potencia positiva de las mujeres y de las personas queer es otra dimensión crucial de este argumento antiesencialista. Anzaldúa dice de sí misma: "Como mestiza, no tengo país, mi patria me expulsó; sin embargo, todos los países son míos porque yo soy la hermana o la amante en potencia de toda mujer". Como feminista, se siente en conexión directa con todas las mujeres. Cabe recordar que la autora es lesbiana y dedica parte de su obra a reflexionar sobre el género, la sexualidad y la orientación sexual. Para Anzaldúa, lo queer aparece como forma de habitar la frontera y vincularse de modos sanos con otros y con el mundo. También sostiene que categorías como "mujer" y "queer" unen a personas de diversos orígenes étnico-raciales. Asimismo, la autora cree que las personas queer ofrecen un potencial político fundamental y que, por ejemplo, los varones homosexuales son los que más se han atrevido a desafiar la masculindad violenta, desarmado formas del machismo y la violencia contra las mujeres. Para Anzaldúa, esto se debe a que los homosexuales entran en contacto con su feminidad interior. Más allá de que, hoy en día, este entendimiento de las identidades no-heterosexuales pueda parecer poco riguroso, lo que importa es destacar que Anzaldúa se interesa especialmente por los "cruzadores de culturas" (142), es decir, aquellas personas que habitan y atraviesan las fronteras, integrando contradicciones. Así, en palabras de la autora, es importante que las personas mestizas y de las fronteras establezcan vínculos positivos con "los queers blancos, negros, asiáticos, nativos americanos, latinos y con los de Italia, Australia y el resto del planeta. Somos de todos los colores, de todas las clases, de todas las razas y de todos los periodos históricos. Nuestro papel es unir a las gentes unas con otras— a los negros con los judíos con los indios con los asiáticos con los blancos con los extraterrestres—. Es transmitir ideas e información de una cultura a otra" (141-142).

En última instancia, Anzaldúa no está argumentando que la raza mestiza se convertirá en dominante, sino, más bien, que una nueva forma de pensar, vinculada a la experiencia chicana, así como a la homosexualidad y a un marco feminista, tiene el poder de transformar el mundo. La última parte del capítulo es uno de los pasajes más hermosos y poéticos del libro. En él, se imagina una tierra atormentada por el pasado. La narradora casi puede vislumbrar el pasado en el presente, ver a los conquistadores españoles llegando al valle donde ha nacido y, así, ver el origen de la conciencia mestiza. Cuando Anzaldúa regresa a su tierra natal, no ve cómo esta ha cambiado, sino, por el contrario, cómo viene permaneciendo igual, integrando una vez más el pasado histórico con sus memorias personales. Al centrarse en estas similitudes, Anzaldúa vuelve a exponer su entendimiento circular de la historia, rechazando el modelo lineal occidental del paso del tiempo y entendiendo el pasado, en cambio, como una parte tangible del presente. También sugiere que la transformación no se producirá paso a paso sino radicalmente, en confrontación con las raíces históricas de la injusticia, así como con el presente.