El zoo de cristal

El zoo de cristal Resumen y Análisis Acto I Escena 6

Resumen

Tom, desde la escalera de incendios, fuma y le dedica al público un discurso sobre el Salón de Baile El Paraíso, que se encuentra al otro lado de la calle, frente al departamento de los Wingfield. Describe la música y las luces de colores que se oyen y ven desde allí. Tom habla sobre el mundo despreocupado de los que allí bailan swing y beben mientras la atrocidad del Guernica azota a Europa. Aquellos chiquilines que bailan, dice Tom, no podrían saber que el mundo cambiaría para ellos también poco después.

Amanda aparece en la escalera de incendios, le pregunta a su hijo qué está haciendo y él responde que salió a fumar. Ella se queja del dinero que gasta en cigarrillos, le dice que podría guardarlo para asistir a algún curso nocturno de contabilidad. Tom le responde que prefiere fumar. Luego, él le revela que tiene un candidato para Laura. Amanda se entusiasma, pero Tom pronto le dice que el muchacho vendrá la noche siguiente y Amanda, nerviosa, no cree tener suficiente tiempo para poner la casa en estado presentable para la ocasión. Para ella, se trata de un evento importante: planea pulir la vajilla de plata y empezar con los preparativos. Le pregunta a su hijo sobre el muchacho, su carácter, y si tiene problemas con la bebida.

El nombre del candidato es Jim O’Connor. Tom no lo conoce demasiado, pero trabaja con él en la zapatería y no cree que sea bebedor. Amanda le pregunta cuánto gana y Tom le dice que apenas unos dólares más que él, pero que estudia por las noches y tiene ambiciones de ascenso social. De todos modos, le advierte a Amanda que no le ha hablado a Jim de Laura; simplemente lo ha invitado a comer. Amanda tiene fe en las habilidades de Laura para seducirlo, pero Tom no está tan seguro, y le pide a su madre que no espere mucho de la muchacha: le dice que tanto ella como él la ven bella porque la conocen y la quieren, pero Laura es tullida. Amanda le pide que no mencione esa palabra. Tom habla de los hábitos particulares de Laura, una muchacha tímida que vive cuidando sus animalitos de cristal y sus viejos discos, por lo que ciertas personas podrían considerarla algo rara. Luego, el joven anuncia que irá al cine. Amanda parece de algún modo sacudida por las advertencias de Tom, pero vuelve a sobreponerse con optimismo ante la situación y le pide a Laura que salga con ellos a la escalera de incendios. Cuando la muchacha llega, su madre, conmovida, le dice a su hija que pida un deseo ante la luna. Laura le pregunta a su madre qué deseo pedir, y Amanda le dice que pida por la dicha y la buena suerte.

Análisis

"¡En España, estaba Guernica! Aquí, sólo había frenética música de jazz y licor y salones de baile y bares y películas, y el sexo suspendido en la sombra como un candelabro y que anegaba al mundo con breves y engañosos arco iris… Mientras tanto, aquellos confiados chiquillos bailaban al compás de “Querido, el Mundo Espera el Amanecer”. En realidad, el mundo esperaba los bombardeos" (p.167). Así cierra Tom el monólogo que abre la escena 6, reforzando el clima de tensión y de expectativa. Desde la escalera de incendios, describe a público la vida nocturna que ofrecía el Salón de Baile El Paraíso, visible al otro lado de la calle, y a las parejitas que caminaban por las calles al salir. El nombre simbólico del salón de baile, "El Paraíso", puede ser leído de varias maneras. El paraíso es una alusión bíblica al Jardín del Edén, ese universo previo al pecado original que se ha perdido para la humanidad. En boca de Tom, la alusión pinta a los Estados Unidos de los años 30’ como un período de inocencia previo al horror de la Segunda Guerra Mundial. El salón de baile, al ser presentado como un recuerdo, adquiere el sentido de lo que se ha perdido con el paso del tiempo. Esa pérdida de la inocencia es lo que sufre la nación: Tom dice que los jóvenes bailarines no podrían haber adivinado lo que estaba por venir, y luego vuelve a aludir a la carnicería de Guernica, que para el momento en que la obra se estrena es un evento que se ha convertido en un símbolo de la violencia de la que pronto sería víctima el mundo entero. Por otra parte, en un nivel personal, el salón de baile El Paraíso puede simbolizar una pérdida más específica, es decir, la que experimenta Tom. Para el Tom mayor, que narra como presentador, el frágil mundo de su familia se ha perdido para siempre.

En este sentido, en relación al desconocimiento que del futuro se tiene en el presente, es interesante la conversación que Amanda y Tom mantienen poco después. Ante la excitación de su madre por la próxima visita del candidato, Tom intenta calmar sus expectativas:

TOM: Mamá, quiero decirte algo y te hablaré con toda sinceridad, con el corazón en la mano. ¡Hay muchos jóvenes que conocen muchachas con quienes no se casan!

AMANDA: Bien sabes que siempre me inquietó el hecho de que no pudieras atenerte a un tema. Lo que quiero saber es cuál es su empleo en la zapatería.

(p.171)

Conociendo el desenlace de la obra sabemos que la advertencia de Tom es, aunque él no lo sepa con certeza, bastante acertada: Jim no se casará con Laura, ni mucho menos. Pero en el momento, Amanda no puede reparar en el grado de realidad o irrealidad de sus esperanzas. En una línea similar, durante su conversación sobre Jim, Tom intenta que la ilusión no enceguezca a su madre:

TOM: Mamá, una sola cosa. No esperarás demasiado de Laura… ¿verdad?

AMANDA: No sé qué quieres decir.

TOM: Bueno, Laura nos parece dotada de todas esas virtudes porque es nuestra y la queremos. Ni siquiera adviertes ya que está tullida.

AMANDA: No uses esa palabra.

TOM: Mamá, hay que afrontar los hechos: lo es, y eso no es todo. (...) Es espantosamente tímida. Vive en un mundo propio y por eso la gente la considera algo rara.

AMANDA: No uses la palabra “rara”.

TOM: Tienes que afrontar los hechos. Lo es. (p.174)

El tema de la ilusión y la realidad se presenta como conflicto en el personaje de Amanda. Las esperanzas que ella guarda para su hija distan en gran medida de las condiciones reales de posibilidad, y es lo que Tom intenta explicarle. Pero Amanda se niega a aceptar la realidad que Tom insiste en mostrarle. Ella está atrapada en la ilusión, en parte, debido a su antigua y gentil educación de pueblo sureño de Estados Unidos, anclada en estrictos roles de género, según los cuales un hombre sostiene a una mujer y hay ciertos métodos infalibles para que una muchacha consiga a un hombre con quien casarse. Su experiencia real, sin embargo, prueba lo contrario. El primero de los dos supuestos albergados en la mentalidad de Amanda se destruye específicamente cuando su propio marido abandona la familia y se fuga para encontrarse a sí mismo; el segundo, cuando la timidez extrema de Laura le impide a la muchacha socializar normalmente. A pesar de todo, Amanda nunca deja de creer en que cuando un candidato se presente ante su hija, todo marchará bien. Amanda traslada esta lógica a sus hijos cuando, por ejemplo, le pide a Tom que consiga un marido para Laura antes de irse, como si eso fuera a resolver todos los problemas. La idea de que Tom puede brindar una solución mágica trayendo a un hombre que lo sustituya como soporte es, en sí misma, una ilusión, y esa ilusión se ve completamente destruida por la realidad cuando Tom trae a la casa a un candidato para Laura.

Hay también, sin embargo, un parlamento que Amanda dirige a su hijo, en el que parece exponer una lógica que veremos manifestada, después, en los monólogos de Tom como presentador. Ella advierte: “Eres el único joven de los que conozco que ignora que el futuro se convierte en el presente, el presente en el pasado y el pasado en un remordimiento eterno si uno no hace planes con antelación” (p.172). En el momento de la acción, Tom no le da demasiada importancia a las palabras de su madre, que bien pueden atribuirse al remordimiento de la mujer en relación a las propias decisiones que han direccionado su vida hasta su situación actual. Pero, en efecto, en el monólogo final de Tom, estará muy presente esta cuestión del pasado como remordimiento eterno, de la memoria que trae a colación, constantemente, el recuerdo de lo que se dejó atrás.

El Salón de Baile El Paraíso constituye, para el Tom presentador, el símbolo de lo que se perdió. Sin embargo, para los personajes que viven durante la acción de la obra, el salón de baile El Paraíso simboliza esperanza. El final de esta escena, con Amanda, Laura y Tom en la escalera de incendios, pidiendo deseos a la luna, rodeados de la música y las luces provenientes del salón de baile, adquiere belleza poética. Los colores de arcoiris en las luces y la música liviana pintan un mundo de placeres, tranquilidad y buenos tiempos.

El paraíso, desde esta perspectiva, no es algo perdido y remoto en el pasado, sino algo que incluso podría alcanzarse en el futuro. La historia de vida de Amanda, tal como la cuenta, incluye ambos tipos de paraíso: ella anhela el universo idílico de su juventud, con sus diecisiete candidatos, y anhela un futuro de cuento de hadas, feliz, para su hija. Justamente, la expresión con la que describe en dos ocasiones a la luna alude al universo de fantasía de los cuentos de princesas. “Una luna que parece una pequeña chinela de plata” (p.175), dice Amanda, lo cual parece referir al zapato de Cenicienta, aquella plebeya que fue convertida en princesa por el amor de un príncipe. Jim O’Connor, descrito en el primer monólogo de Tom como el símbolo de aquel “demorado pero siempre esperado algo por el cual vivimos” (p.141), sería el supuesto príncipe, en los sueños de Amanda, que rescataría a Laura y le regalaría un final feliz.

En cuanto a las convenciones escénicas, el salón de baile siempre está fuera del alcance de la vista. El público puede escuchar la música, posiblemente ver las luces, y oír las descripciones que los personajes hacen del espacio, pero el salón de baile El Paraíso solo puede ser sugerido indirectamente. De un modo similar, el paraíso resulta fuera de alcance real para Tom, Amanda y Laura. Si a esto se agrega la perspectiva que el tiempo le da al narrador, y sus comentarios sobre el conflicto que luego enturbió al mundo, el público llega a percibir la naturaleza ilusoria y perecedera de este paraíso representado por el salón de baile.