Enero

Enero Resumen y Análisis Capítulos 5-6

Resumen

Capítulo 5

Nefer despierta. Alcira acaba de salir del cuarto y entra una corriente de aire frío. Es de madrugada y todavía está oscuro, pero cantan los gallos. Es el día de la misión. La protagonista se levanta y, al notarlo, la madre la llama. Doña María, todavía acostada en la cama, le pregunta de manera agresiva por qué ha cabalgado hasta la casa de los parientes a escondidas, sin pedir permiso, la tarde anterior, mientras todos dormían la siesta. Nefer responde que fue a dar aviso sobre la misión, pero la madre no le cree y sigue maltratándola. La llama "atorranta" (41).

Nefer sale de la casa, se dirige al tambo y comienza a ordeñar. Quiere llorar, pero se controla y se dice a sí misma que no debe sorprenderse: ella sabía que se metería en problemas. De pronto, ve caer sobre la tierra un chorro de leche y la angustia se apodera de ella: solloza y siente un doloroso nudo en la garganta. Entonces aparece Juan y le dice que es su amigo, que puede ayudarla. Ella llora más intensamente y le dice que no. Él le da un pañuelo y se va. Nefer piensa en el Negro.

Capítulo 6

Nefer y su familia van en carro al pueblo para participar de la misión, que se lleva a cabo en la capilla. Allí se reúne mucha gente. Alcira es la chica más linda de la zona y don Pedro la mira con admiración. Nefer va distraída: mira hacia el boliche buscando reconocer al Negro, pero no lo ve. Tiene miedo de la confesión porque, si cuenta la verdad sobre su embarazo, todo el pueblo se enterará. Piensa sin cesar, buscando una solución para su problema. Antes disfrutaba de las misiones, pero ahora quiere desaparecer, hacer un pozo en la tierra y enterrarse entera. Sabe que, con el tiempo, su situación será evidente. Fantasea con clavarse un cuchillo en la barriga para detener el paso del tiempo, y sabe que eso implicaría terminar con su propia vida. También fantasea con la posibilidad de que el cura esté enfermo y no haya llegado al pueblo, que la misión se cancele. Sabe que la gente le dirá que está flaca y pálida.

Rápidamente, Nefer se encuentra dentro de la capilla, cerca del confesionario. Se acerca su turno y piensa en simular que se siente mal para evitar la confesión, pero no llega a hacerlo y debe conversar con el cura, que le pregunta si ha pecado. Ella responde que ha dicho mentiras. De inmediato, el sacerdote le pregunta si "ha pecado contra la pureza" (59) y Nefer dice que no sabe. Luego, el cura pregunta si ha tenido malos pensamientos y la protagonista, recordando sus deseos de dañar a Delia, responde que sí. El hombre sigue hablando, pero ella ya no entiende sus palabras. Responde de manera automática y luego repite rezos que sabe de memoria. Por último, el cura la deja ir con una bendición. Ella se sorprende.

Nefer ve a Delia en la capilla. La joven deja una ofrenda de flores en el comulgatorio. Luego ve al Negro, que se apoya contra una pared al fondo de la iglesia junto a otros hombres. Comienza la misa. Doña Mercedes participa de la ceremonia con solemnidad: conoce muy bien qué movimientos hacer, y los demás la copian. El cura avanza con su sermón. Por primera vez en la novela, la narración relata los pensamientos del Negro, que se distrae pensando en una chica muy linda, en un hombre que toca bien el vals y en la vestimenta del cura. Nefer tiene dificultades para concentrarse en el sermón porque muchas de las palabras que pronuncia el cura son demasiado desconocidas para ella. Sigue pensando en el Negro: se imagina en situaciones románticas junto a él.

La misa avanza y Nefer vuelve a preocuparse por su situación. Sabe que pronto llegará el momento de la comunión, pero ella no se ha liberado del pecado porque no le ha confesado la verdad al cura. Cree que, si comulga, se le meterá el diablo en el cuerpo y quedará maldita para siempre. Finalmente, sin que Nefer entienda bien por qué, la misa llega a su fin y todos comienzan a salir de la capilla. Piensa que su madre tal vez la rete por no haber comulgado.

Afuera ve que el Negro conversa con una señora. De pronto, doña Mercedes toma a Nefer por el brazo y le dice a doña María que la chica tiene que engordar. La protagonista se siente molesta: lo único que le interesa es seguir mirando al Negro. Lo ve irse montando a caballo. Cuando su madre la llama para volver al carro, la chica vuelve a sumirse en la angustia.

Análisis

En estos capítulos se pone de manifiesto cuán controlada está la protagonista en su contexto social. En primer lugar, como se ha mencionado, su madre se entera de que se ha ido lejos de la casa a la hora de la siesta el día anterior y la reta con violencia. Doña María se muestra cruel con la hija y la trata de "atorranta" (41). Este término quiere decir "sinvergüenza", pero en femenino también tiene una connotación sexual. Es decir, el solo hecho de haber cabalgado sin permiso es motivo suficiente para que la acusen de inmoral y de mujer poco decente, lo cual enfatiza cuán problemático será que se enteren de su embarazo. Se ilumina así el alto contraste que existe entre la falta de libertad y de poder de la joven, que no puede tomar decisiones sin ser castigada, y las enormes violencias y responsabilidades que recaen sobre ella, dado que trabaja todo el día, que ha sido víctima de una violación, que está embarazada y que debe lidiar sola con la situación. Se refuerzan, pues, la soledad y el desamparo que la rodean. Si bien Juan, con ternura, se identifica como su amigo y le ofrece ayuda, ella sabe que no hay nada que él pueda hacer.

En segundo lugar, el control y la represión de la sexualidad se despliegan también en el capítulo 6, donde se explora la temática del poder de la iglesia católica en el ámbito rural argentino. Doña Mercedes organiza una misión anual para que un sacerdote visite la capilla del pueblo y se lleve a cabo el culto con la participación de todos los habitantes de la región, que no tiene un cura propio. En este momento, como el cura explicará, se realizan misas, confesiones, bautismos, comuniones y casamientos, de manera tal que la iglesia regula y ordena todos los vínculos sociales y familiares de la zona. Nefer sabe cuán poderoso es este dispositivo de control, y por eso tiene miedo de confesarse esta vez. Conoce los principios de la moral cristiana y sabe que debería confesar que ha pecado y que está embarazada, pero también sabe que, de hacerlo, todos en el pueblo se enterarían de su situación, y se metería en problemas: "Teme tanto esta capilla donde cada paso es una señal (...) me acerco al confesonario, me arrodillo, atención. La gente pone atención. Cuando el confesonario cruje al final, miran qué cara tiene; ¿mucha penitencia?, ¿mucho pecado?" (47).

De todos modos, la predominancia del pensamiento cristiano también hace que Nefer tenga miedo de no confesarse, porque sabe que el paso siguiente es comulgar y "Hay que tener el alma limpia para la comunión; si no, el infierno entero se mete en uno, los diablos vienen y si uno tiene un accidente y se muere, se quema para siempre" (48). Estas ideas que pasan por la cabeza de la protagonista a medida que transcurre la misa dan cuenta del poder del catolicismo como formador del pensamiento en el ámbito rural argentino de la época. Se trata del único marco interpretativo a través del cual Nefer puede entender el mundo, a sí misma y las nociones del bien y del mal, dado que ha recibido poca escolarización. Toda su educación, así, está dominada por el catolicismo.

Otro aspecto que se pone de manifiesto en las escenas de la misión es el tema de las clases sociales. Dentro de la capilla, la desigualdad entre ricos y pobres queda graficada por las diferentes posiciones que asume cada individuo durante la misa. Los ricos se sientan en las primeras filas, mientras que los pobres se ubican por detrás. Algunos, incluso, como el Negro, no se sientan, sino que permanecen parados al fondo de la iglesia. Doña Mercedes, por otro lado, tiene una posición destacada en la parte delantera junto a otras dueñas de estancias de la zona. Además, ella conoce muy bien los pasos a seguir durante la misa: sabe qué movimientos hacer y qué comportamiento es el adecuado en cada etapa, lo cual destaca su posición privilegiada dentro de esa institución poderosa.

Por último, es preciso señalar que en el interior de Nefer continúan y se potencian tanto sus impulsos de enamorada como sus pensamientos suicidas. Al igual que en otras ocasiones, al llegar al pueblo para la misión, toda su energía está puesta en observar los movimientos del Negro. Esto continúa hasta el final del capítulo: lo busca con la mirada dentro y fuera de la capilla. No obstante, su atención se pierde intermitentemente en su propia interioridad y entra en contacto con la angustia, el miedo y la preocupación, y vuelve a fantasear con su propia muerte. Por ejemplo, en el capítulo 6 leemos: "hoy Nefer quiere cavar un pozo en la tierra, aunque fuese con las uñas, aunque sangraran, con los dedos si las uñas se rompían, con los brazos si los dedos se gastaban, y en el pozo profundo enterrarse, cubrir de tierra los ojos cerrados y volverse poco a poco raíz, o pasto, o barro, sin sueños, sola, olvidada del miedo" (45). El terror que siente y la necesidad de interrumpir su embarazo son tales que incluso piensa en clavarse un cuchillazo en la panza, sabiendo que eso implicaría terminar con su vida.