Enero

Enero Metáforas y Símiles

"La angustia le nubla los ojos y lentamente dobla su cabeza, mientras con la mano arrea modestos rebaños de miguitas por el hule gastado de la mesa" (Narrador, 8) (Metáfora)

Estas palabras corresponden a la segunda frase de la novela. Como identifica Lucía de Leone (2012, 170), el movimiento de las manos de Nefer es presentado a través de metáforas rurales, introduciéndonos de lleno en el escenario de campo donde tendrá lugar toda la narración: 'arrear' es estimular el movimiento de un conjunto de animales, es decir, del 'rebaño'. En este caso, la protagonista mueve las migas de pan para retirarlas del mantel, pero la acción es narrada metafóricamente como el arreo de un rebaño. Las acciones de Nefer, así, son presentadas dentro del marco de los trabajos propios de los peones y puesteros rurales.

"Pero ella, ella, Dios, ella, ¿qué había hecho? Nada, no se acordaba, no importaba, era como un sueño..." (Narrador, 10) (Símil)

Antes de narrar la escena de la violación, el relato da cuenta de la confusión que tiene Nefer respecto del hecho. Ella no recuerda cómo ha quedado embarazada, ya que la violencia sexual es tan brutal que ella se disocia durante el episodio, y luego no tiene una memoria clara al respecto. Esto se expresa a través del símil que compara el hecho con un sueño, tal como puede leerse en esta cita.

"Ya nada le interesa más que esto que llena sus días y sus noches como un hongo negro y creciente..." (Narrador, 17) (Símil)

Como se ha mencionado, la novela hace un abundante uso de elipsis y eufemismos para referirse al embarazo y al aborto sin usar tales términos de manera explícita. En esta cita se usa el símil de un modo semejante, ya que el embarazo, o más específicamente, el feto, es comparado con un hongo, es decir, como un ser no humano (ni animal) cuya reproducción y crecimiento no dependen de la protagonista. La negrura denota, en este caso, la angustia y el terror que este embarazo provoca en Nefer.

"Ahora no, los ojos se han vuelto pesados como el alma..." (Narrador, 20) (Metáfora y símil)

Cabalgando después de visitar a doña Mercedes, Nefer se da cuenta de que antes era feliz y disfrutaba de contemplar el paisaje rural. Ahora, por el contrario, está embarazada sin desearlo, por lo que se siente angustiada, preocupada y asustada. Estas emociones son descritas con la metáfora de la pesadez en el alma, que a su vez se compara con la mirada, que también se ha vuelto pesada. De este modo, la novela expresa la conexión entre las emociones, la expresión corporal y la capacidad de percibir el mundo: la tristeza inunda el alma de Nefer, marca el aspecto de sus ojos y condiciona su capacidad de ver el mundo, ya que no disfruta del paisaje como antes.

"Semilla triste que crece y crece sin piedad es lo que lleva, no amigo secreto" (Narrador, 70) (Metáfora)

Tras haber pensado en el feto como un aliado por un instante, Nefer vuelve a angustiarse y a considerarlo una carga. Entonces se refiere a él, metafóricamente, como una "semilla triste que crece". Esta metáfora condensa dos cuestiones: por un lado, da cuenta de la angustia que implica toda esta experiencia para la protagonista, y, por el otro, resalta el hecho de que, contra su voluntad, el embarazo sigue desarrollándose.