Enero

Enero Resumen y Análisis Capítulos 10-11

Resumen

Capítulo 10

Por la tarde, de vuelta en el campo, Nefer ya no se siente igual que en el bar. Se sorprende por haberse alegrado y se da cuenta de que no hay ningún amigo secreto en su panza. Por el contrario, lo considera una "Semilla triste que crece y crece sin piedad" (70). Recuerda que su madre le ha ofrecido la posibilidad de ponerle fin al embarazo. Arrepentida, va a hablar con Doña María, pero la mujer le dice que eso no es posible, pues se la llevaría la policía. Nefer se sorprende, porque conoce a otras mujeres que han abortado y no han tenido problemas con la ley. Insiste, pero la madre le recuerda de manera agresiva que ella misma se ha negado, y repite que ya no es posible. Agrega: "Bueno, ahora arreglate. El que se anda divirtiendo, que la pague..." (71). Enojada, Nefer le dice que irá a resolver el asunto con la vieja curandera, y luego asegura que se suicidará. La madre le grita que se calle, que no sea "estúpida" (72), y asegura que todo se solucionará.

La chica sale del cuarto de la madre y conversa con Juan, que cose un botón de plata a su cinturón. Él le cuenta que ha oído una conversación entre don Pedro y doña María: la mujer le ha hablado del problema de Nefer a la patrona, es decir, a doña Mercedes, y esta se encargará de encontrar una solución. A la protagonista le da vergüenza que Juan sepa que está embarazada. Se da cuenta de que es eso lo que su madre le ha contado a Mercedes en el bar. Siente enojo porque doña María no ha guardado el secreto.

Más tarde, Nefer conversa con su padre. El hombre está peinando las crines de un caballo, le habla al animal y lo trata con dulzura. Don Pedro le dice a su hija que a veces suceden cosas malas apenas por mala suerte. A la chica se le llenan los ojos de lágrimas. El hombre la tranquiliza con su ternura: le asegura que las cosas no son tan terribles y que se acomodarán en el futuro. De pronto sale doña María y le ordena a Nefer que se vista bien para la tarde, pues recibirán una visita. Aunque no quiere hacerlo, después de dormir diez minutos de siesta, termina por ponerse un buen traje. Piensa que esas visitas serán la patrona con algún médico o enfermera. Los espera sentada afuera de la casa. La idea de ponerle fin al embarazo vuelve a entristecerla, pero cree que pensar en el feto como un amigo no tiene sentido. Es una carga. Enseguida, recuerda que la patrona ha dicho que "abortar" (75) es un crimen terrible, peor que un asesinato, "porque es matar a uno que no puede defenderse" (75). Darse cuenta de que no la ayudarán a abortar le provoca decepción.

Después, imagina que traerán al cura para que se confiese, pero se equivoca: doña Mercedes llega a la casa con un hombre con voz de fumador. Nefer está en el patio y los escucha conversar en la cocina, pero no logra identificar al hombre. Luego, este sale de la casa y la saluda. Ella tarda un instante en reconocerlo. Es Nicolás, el que trabaja en las vías del tren.

Nicolás le dice a Nefer que este embarazo es un milagro y le mira la panza. Ella revive imágenes y sensaciones de la noche en que la violó. Nicolás le pregunta si está segura de que él es el padre; ella se encoge de hombros. Entonces, él le dice que el plan de la patrona es que se casen. Nefer no reacciona. El hombre agrega que, siempre y cuando ella sea buena y trabajadora, no le importa casarse, aunque nunca se ha imaginado con una chica pequeña y morocha, porque siempre le han gustado las mujeres rubias y grandes. También le dice que debe perdonarlo por aquella noche, y agrega: "el vino es el vino... Y al final, al final, tan mal no lo habrás pasado, ¿eh?, digo yo..." (78). En este punto, Mercedes sale de la casa y le dice a Nefer que busque a su padre, porque la patrona quiere hablarle.

Capítulo 11

Nefer observa el vestido de novia que le ha dado Luisa. Es blanco, pero está usado y desgastado. Doña María prepara una valija con ropa nueva y vieja. Al ponerse el vestido, la protagonista no quiere mirarse en el espejo. Sale de la casa y camina sin rumbo bajo el sol. Juan llega hasta ella montando a caballo, le regala un botón de plata en forma de margarita, le desea buena suerte y se va.

La protagonista y su familia se suben a un carro tirado por caballos y luego toman un tren hacia el pueblo, donde ella y Nicolás se casarán. Mientras avanzan, el padre conversa con otro hombre sobre la cosecha y Nefer piensa que, a partir de ese momento, a todas las cosechas la verán casada. Su madre se ha quedado dormida.

Análisis

A lo largo del capítulo 10 se intensifica la complejidad emocional que experimenta la protagonista, que desea interrumpir su embarazo, pero también siente tristeza al imaginar un posible aborto. Por un lado, en el bar se arrepiente de haber considerado el feto un amigo y vuelve a entenderlo como una carga, como un problema. Leemos: "¿Cómo pudo alegrarse en el baño sucio del bar? Amigo secreto no hay ninguno. Semilla triste que crece y crece sin piedad es lo que lleva, no amigo secreto" (70). La metáfora de la semilla enfatiza la angustia de la protagonista y el comienzo de la vida de un futuro hijo. Además, resalta el hecho de que, muy a pesar de Nefer, el embarazo sigue desarrollándose, el feto sigue creciendo. Pero, por otro lado, cuando sospecha que la patrona puede llegar con un médico o una enfermera para practicarle un aborto, eso también le provoca a la protagonista tristeza y miedo: "La idea de verse libre vuelve a entristecerla. No la alegran ellos con sus manos ajenas que vienen a inmiscuirse y a manipular al silencioso que ocupa sus días" (75). Si bien quisiera interrumpir el embarazo, las intervenciones médicas son invasivas y manejan su cuerpo de manera deshumanizante, lo que le resulta angustiante.

De todos modos, Nefer no accede a un aborto, sino que es obligada a casarse con el hombre que la ha violado. Doña Mercedes vuelve a aparecer como la figura poderosa que ordena los vínculos sociales del pueblo y sus alrededores. Es así que el destino de la protagonista, en tanto que joven de clase baja, es determinado por una mujer poderosa de clase alta. Este aspecto del relato puede leerse como una crítica social, ya que pone el énfasis en la desigualdad de poder entre las diferentes clases sociales. Curiosamente, también representa una inversión de género en la tradición de la novela rural argentina. Si en la mayor parte de los textos literarios sobre el campo el foco está puesto sobre personajes masculinos, tanto ricos y poderosos (estancieros) como pobres y marginalizados (peones y gauchos), en esta novela, la protagonista y su antagonista más poderosa son personajes femeninos.

Al ser forzada a casarse con el hombre que la ha violado y a tener a su hijo, Nefer es revictimizada. Al interior del relato, la violación no es entendida como tal, y Nicolás no es castigado por haber ejercido un acto de violencia sexual. Por el contrario, todo el peso de las consecuencias recae sobre la joven protagonista. Además, tanto doña María como Nicolás hablan de la violación como si hubiese sido algo placentero o divertido para Nefer. Tras negarse a ayudarla a abortar, la madre le dice: "El que se anda divirtiendo, que la pague" (71), como si Nefer hubiese tenido sexo con consentimiento, para el disfrute y de manera irresponsable, y como si eso significara que está condenada a sufrir. Por su parte, al contarle que se van a casar, Nicolás minimiza la violación: "tan mal no lo habrás pasado, ¿eh?" (78), desligándose él mismo de toda responsabilidad como agente de violencia y colocándola a ella, de nuevo, en una postura de disfrute. Ambos comentarios son extremadamente violentos: Nefer no solo ha sido violada, sino que además se le niega la posibilidad de entender lo que ha ocurrido como acto de violencia sexual; su contexto social la responsabiliza y le imprime a la experiencia valores opuestos a los que ella ha vivido.

Cabe destacar que es en estos capítulos finales cuando la novela menciona por única vez la palabra "abortar" (75) de manera explícita. Mientras especula con posibles visitas que llegarán a la casa con la patrona para resolver su situación, Nefer recuerda que doña Mercedes ha usado ese término para referirse a la interrupción del embarazo. Sin embargo, en sintonía con su moral católica, la mujer condena esta práctica; cree que es un crimen peor que el asesinato. A pesar de que la novela es pionera en la tradición literaria argentina por tematizar el aborto como una práctica real, posible e incluso deseable, que las chicas y mujeres eligen en diferentes circunstancias, en su desenlace termina pesando más el poder que controla los cuerpos y las decisiones de esas mujeres obligándolas a gestar y parir incluso cuando no lo desean. Este es otro aspecto de la crítica social planteada en Enero. Es importante notar, en ese sentido, que diferentes agentes sociales se encargan de imponer la prohibición del aborto: la poderosa estanciera, la iglesia católica y la policía se alinean en la condena de la interrupción del embarazo.

Por último, es preciso destacar el uso de la cosecha como motivo y su mención en las líneas finales de la novela. En el tren, de camino hacia el pueblo para concretar el casamiento, don Pedro conversa con otro hombre –probablemente miembro de la familia de Nicolás– sobre los trabajos y la producción del campo, y sobre las posibles ganancias del próximo período. Al escucharlos, Nefer piensa: "La cosecha. Todas las cosechas las veré casada" (81). Esta referencia es fundamental, ya que nos permite conectar el desenlace de la novela con su inicio. En las primeras líneas del primer capítulo, Nefer también escucha a su padre hablar con otro hombre al respecto y piensa la temporalidad, y sobre todo el futuro, a partir de los tiempos de la cosecha: "Hablan de la cosecha y no saben que para entonces ya no habrá remedio" (8).

El hecho de que la cosecha sea el motivo que da inicio y cierre de la narración ilumina varias cuestiones. Primero, destaca su dimensión rural, ya que los personajes del campo miden el tiempo a partir de la agricultura y sus etapas. Segundo, permite entender esta obra como "novela cíclica" (De Leone 2012, 168), pues el tiempo parece repetirse de manera circular: se siembra, se cosecha, se vuelve a sembrar, se vuelve a cosechar. Tercero, la circularidad también enfatiza la crítica social de la novela: Nefer, como otras mujeres antes y después, están obligadas a sufrir cíclicamente diferentes formas de la violencia y de opresión. En ese sentido, la cosecha también puede pensarse en paralelo con el futuro parto de la protagonista, quien desde el comienzo sabe que "no habrá remedio", porque se verá obligada a darle continuidad al embarazo y a tener ese hijo, y quien reconoce también que, a partir de ese momento, será una mujer casada –contra su voluntad– para siempre.