Variaciones en rojo

Variaciones en rojo Resumen y Análisis Noticia

Resumen

El texto titulado “Noticia” funciona como prólogo o introducción al libro, con comentarios del propio autor, que incluyen algunas indicaciones precisas de lectura. Menciona, en primer lugar, el deseo de relatar algunas de las numerosas intervenciones del personaje Daniel Hernández, a pesar de reconocer que arrancarlo de la realidad y convertirlo en un personaje de ficción podría ser un error o una injusticia. El primer relato que menciona Walsh es "La aventura de las pruebas de imprenta", sobre el cual dice que carece de “elementos dramáticos”, pero lo considera el caso más estrictamente policial en el que Daniel Hernández se involucra. El texto también destaca las habilidades desarrolladas por Hernández gracias a su oficio como corrector de pruebas, que le sirven como conocimiento específico para resolver casos criminales. Por último, señala la inclusión de diagramas y la idea de desafiar al lector ―lo que considera como la convención más profunda del policial― a resolver el problema antes que el protagonista en las tres narraciones del libro. Para estos lectores “activos” añade la indicación exacta de las páginas donde pueden encontrar todos los elementos necesarios para resolver el problema.

Análisis

En este apartado, Rodolfo Walsh incluye un prólogo sobre los tres relatos que componen Variaciones en rojo (1954), donde adelanta algunas de sus características esenciales y los inscribe en el género policial, haciendo referencia a varias convenciones y debates en torno al tema vigentes en ese momento.

También presenta a Daniel Hernández (D.H.) como un personaje de la realidad que él lleva a la ficción. El nombre de este aficionado (no es detective ni policía) será utilizado en numerosos relatos policiales de Walsh y es el protagonista de todas las piezas que componen esta obra. La elección de su nombre hace alusión, como señala el propio autor, a un personaje bíblico de El Libro de Daniel: “Secuaz y homónimo de aquel otro Daniel que escrituras antiguas ―parcialmente apócrifas― registran como el primer detective de la historia o de la literatura” (p. 6).

Al mismo tiempo, refiere a un famoso escrito publicado por el mismo Walsh en el periódico argentino “La Nación”, donde propone buscar los orígenes del policial más allá del siglo XIX y la obra de Edgar Allan Poe, como sostiene, por ejemplo, Jorge Luis Borges, máximo exponente en la divulgación del género en Argentina. En dicho artículo, titulado “Dos mil quinientos años de literatura policial”, Walsh postula justamente que las características del policial pueden encontrarse mucho antes. Así, postula que en La Odisea, el Quijote y los relatos de Voltaire pueden identificarse historias y personajes arquetípicos del relato policial. Incluso, según su lectura, Sancho Panza sería un precursor de Sherlock Holmes, el famoso detective de Arthur Conan Doyle.

Más aún, el autor se remonta a la Biblia y halla en el Libro de Daniel un prototipo de detective y de relato policial. En uno de estos capítulos, el judío Daniel prueba la inocencia de una mujer acusada de adulterio interrogando a los acusadores de manera separada y encontrando las contradicciones en sus testimonios. En otro, demuestra que unos sacerdotes roban las ofrendas por la noche esparciendo cenizas sobre el piso del templo y descubriendo las huellas al otro día. Para Walsh, ya están ahí configurados los rasgos de la novela policial moderna: la confrontación de testigos, el uso del ingenio para engañar y atrapar al delincuente, la interpretación de los indicios materiales.

Por lo tanto, Daniel Hernández no es un simple personaje, sino un guiño a la tesis de Walsh en relación con la historia del policial y su desarrollo como género. Esto está reforzado además en la inclusión de los epígrafes correspondientes a dichos relatos bíblicos al comienzo de “La aventura de las pruebas de imprenta” y “Variaciones en rojo”.

Además, en este prólogo, el autor ofrece una noción acerca de la estructura del policial: cuánto más “ortodoxo” es, más fiel al género, pero pierde “interés humano”. Así, anticipa que el primer relato ―que coincide, en la ficción, con la primera incursión de Daniel como detective aficionado― es el más “estrictamente policial”, pero el que menos emocionalidad tiene.

De este modo, Walsh introduce otra de las disyuntivas características del género: la oposición entre racionalidad y pasión. En este sentido, advierte que los lectores no hallarán contenido dramático en el primer relato, pero que sí podrán deleitarse con “la fascinante cadena de razonamientos que sirvió a D.H. para esclarecerlos [los hechos]” (p. 7). Estas ideas resuenan también en el pensamiento borgeano que defendía un tipo de policial clásico, puramente racional, sin la intervención de los sentimientos “patéticos” del humano común y corriente (el arquetipo de este tipo de detective puramente intelectual sería Charles Auguste Dupin, el detective de Poe y, más tarde, Sherlock Holmes, el de Conan Doyle).

Por otro parte, Walsh anticipa algunos de los tópicos clásicos del género que aparecerán, ya que, como él mismo sostiene, el policial clásico cuenta con “dos ―o quizás tres― situaciones o problemas específicos susceptibles de distintas soluciones” (p. 7). Es decir, que la originalidad de este género reside, paradójicamente, en el seguimiento de ciertas normas. No se trata de inventar problemas nuevos, sino soluciones ingeniosas a los mismos planteos. Así, por ejemplo, Borges rechazará de lleno las innovaciones propuestas por el policial negro, donde se quiebran varias de estas convenciones. Uno de esos tópicos es el problema del cuarto cerrado (un asesinato que ocurre en un cuarto cerrado donde es aparentemente imposible que haya entrado o salido alguien), que aparece en "Variaciones en rojo".

También postula otro de los pilares del género: el lugar del lector. Refiere aquí al carácter convencional que la crítica ha construido en torno a la figura de este: “Tampoco he renunciado a otra convención que hunde su raíz en la esencia misma de la novela policial: el desafío al lector” (p. 8). En su famoso ensayo “El cuento policial”, Borges plantea que uno de los rasgos definitorios del género es la invención de un tipo especial de lector. Walsh retoma este principio y se dirige explícitamente a sus lectores, diferenciando dos tipos: el activo y el pasivo. El primero, sería el lector de policiales avezado que toma el rol del detective e intenta, a la par del personaje, interpretar las pistas, elaborar hipótesis y encontrar la resolución del problema. Es un tipo de lectura más lúdica, donde no importa tanto el estilo, la psicología de los personajes ni las tramas subyacentes, sino la concatenación de hechos, indicios y pruebas (como los horarios y las pruebas de imprenta en el primer caso). El segundo tipo de lector, el pasivo, puede, sin embargo, leer los relatos sin prestar atención al rompecabezas y disfrutando sencillamente del desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, Walsh parece él mismo identificarse con los lectores activos, puede decirse, los verdaderos lectores de policial. Así, les facilita indicaciones precisas para que puedan resolver, junto al investigador, el enigma propuesto, incluyendo las páginas exactas donde pueden encontrar las pistas que llevan a la solución del enigma.