Los miserables

Los miserables Resumen y Análisis Cuarta parte: El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle San Dionisio (Libros XIII a XV)

Resumen

Libro XIII: Mario entra en la sombra (Capítulo 1 “Desde la calle Plumet al barrio de San Dionisio” a Capítulo 3 “La orilla extrema”)

Mario deambula por la ciudad, sin prestar atención al peligro, pensando en cuál será su próximo paso. Ya no quiere vivir y cree que la voz que escuchó en el jardín era una voz divina diciéndole que se reuniera con sus amigos en la calle de la Chanvrerie. Sin embargo, no sabe si unirse a la revolución es lo correcto. Piensa en su padre, que luchó en tantas guerras para defender el país, y se pregunta qué pensaría él si supiera que Mario se está uniendo a una guerra civil francesa. Pero Mario también sabe que ser parte de un levantamiento es la única forma de marcar el comienzo de una nueva era, una de la que su padre probablemente se habría sentido orgulloso. Mario se encuentra en la calle Mondetour, tan cerca de la barricada donde luchan sus amigos, que se sienta y sigue pensando qué hacer.

De repente, Mario llega a la conclusión de que toda guerra es una guerra civil, porque todos los hombres son hermanos. La guerra siempre es cruel y espantosa, pero su justificación está en los ideales que se defienden. Mario se da cuenta de que debe luchar, porque esta guerra se trata de los ideales de la libertad y la igualdad.

Mientras tanto, en toda la ciudad de París, los pobres se levantan y luchan. La revolución se está extendiendo.

Libro XIV: La sublimidad de la desesperación (Capítulo 1 “La bandera roja derribada” a Capítulo 7 “Donde se ve que Gavroche era un profundo calculador de distancias”)

Los rebeldes se sientan inquietos a la sombra de la barricada, esperando. La voz juguetona de Gavroche se eleva en el aire, cantando una pequeña canción, alegrando sus ánimos. El pequeño pilluelo está encantado porque ahora tiene su propio mosquete. De repente, su voz se vuelve seria y grita una advertencia a los defensores: la Guardia Nacional y el ejército vienen para enfrentar a los rebeldes en la barricada.

Los rebeldes asumen sus posiciones en la barricada. Pronto se oyen pasos de botas y una voz grita: "¿Quién está ahí?". Enjolras responde: "¡La Revolución Francesa!".

El ejército dispara sobre la barricada, que es sacudida por una fuerte descarga de artillería. Cuando el polvo se aclara y los heridos son retirados, los rebeldes notan que la bandera roja de lo alto de la barricada (símbolo de la causa rebelde) ha sido derribada. Están consternados por este simbolismo. Enjolras pide voluntarios para volver a poner la bandera en la parte superior de la barricada, una misión suicida. Sin embargo, nadie da un paso al frente. De repente, la voz de un anciano grita: es el señor Mabeuf que se ofrece como voluntario para devolver la bandera a su lugar. El grupo de rebeldes se aparta para dejar pasar a Mabeuf, atónitos por su coraje. En un silencio sobrecogedor, el anciano sube a la barricada; parece la encarnación de la Revolución Francesa. Vuelve a colocar la bandera en la barricada y grita "¡Viva la República!" antes de ser derribado por una lluvia de balas.

Los rebeldes llevan el cuerpo del señor Mabeuf a la taberna, tratándolo como el cuerpo de un mártir. Sin embargo, el ejército aprovecha esta distracción momentánea para trepar por la barricada y atacar a los rebeldes. Gavroche y Courfeyrac son amenazados por soldados enemigos y les parece imposible salir con vida de la situación. De repente, el asaltante de Gavroche es alcanzado por una bala y el de Courfeyrac recibe un impacto en el pecho. Es Mario que viene a unirse a sus amigos en su última batalla.

Mario descuida su propia seguridad, y un soldado le apunta por la espalda. Sin embargo, alguien coloca una mano sobre la boca del arma del soldado, desviando la bala pero sufriendo una herida mortal.

Mario, enfurecido, sostiene una antorcha contra un barril de pólvora y amenaza con volar toda la barricada, tanto rebeldes como militares. Conmocionados y aterrorizados, los soldados emprenden una rápida retirada. Los rebeldes celebran el coraje de Mario.

La alegría se apaga con un sonido terrible. Los rebeldes se dan cuenta de que Juan Prouvaire, miembro de la sociedad ABC y poeta, está desaparecido, y se dan cuenta de que ha sido capturado por el ejército. En la oscuridad, le oyen gritar "¡Viva Francia! ¡Viva el futuro!" antes de que una bala lo silencie para siempre.

Después de un momento de dolor, Mario decide inspeccionar la barricada más pequeña a lo largo de la calle Mondetour, temiendo que pueda usarse para un ataque sorpresa. Una voz débil lo llama: es el joven que le preguntó a Courfeyrac dónde estaba Mario esa mañana. Es Eponina disfrazada; está agonizando.

Fue ella quien puso su mano delante del arma del soldado para salvar la vida de Mario. La bala no solo le destrozó la mano, sino que también la golpeó en el vientre. Mario toma su cabeza en su regazo, y ella le confiesa que fue ella quien lo llamó en el jardín, atrayéndolo a la barricada. Ella también le dice que es la hermana de Gavroche y que tiene una carta para Mario de Cosette. Con su último aliento, sonríe y le dice a Mario en broma que podría estar un poco enamorada de él.

Mario la deja descansar y lee la carta que ella le ha dado cuando regresa a la taberna. Es una nota de Cosette, informándole de la inminente mudanza de la calle Plumet. Mario está encantado de que Cosette todavía lo ame, pero se desespera por no volver a verla nunca más.

Libro XV: La calle del hombre-armado (Capítulo 1 “Carta canta” a Capítulo 4 “El exceso de celo de Gavroche”)

Juan Valjean se ha trasladado a su segundo piso en la calle del Hombre-armado, un barrio aislado y sin importancia. Cosette, lánguida de desesperación, acepta con tristeza esto, aunque rechaza toda comida y busca refugio solo en su habitación.

Aunque está preocupado por el comportamiento inusual de Cosette, Valjean es optimista sobre su traslado a Inglaterra; finalmente, estará fuera del alcance de las autoridades francesas y su pasado como exconvicto ya no importará. Sin embargo, por casualidad, ve el secante de Cosette, parte de su equipo de escritura, junto a su espejo. El secante registra el mensaje al revés, pero reflejado en el espejo, el mensaje se lee de la manera normal. Horrorizado, Valjean lee la declaración de amor eterno de Cosette a Mario. Al principio, Valjean niega lo que está viendo, luego acepta que es un hecho.

Valjean ha sufrido muchos tormentos en su vida, pero este es el peor: la pérdida de la amada. Ya es bastante difícil cuando el amor de uno se divide entre varias personas, pero en toda su vida Valjean solo ha tenido a Cosette para amar, todo su afecto se concentra en ella. La perspectiva de que un extraño ocupe su afecto y se la lleve casi enloquece a Valjean por la desesperación y los celos. Aturdido, se sienta en su puerta para reflexionar sobre esta pérdida.

Es aquí donde Gavroche lo encuentra. A Valjean le cae bien el pilluelo al instante, y Gavroche lo quiere a partir de que Valjean le da un poco de dinero y le dice que puede romper tantas farolas como quiera. Gavroche dice que tiene una carta para Cosette, y Valjean dice que se la pasará. Ansioso por volver a la barricada, el pilluelo le entrega la carta a Valjean.

Valjean lee la carta de Mario a Cosette, que dice: "Muero, cuando leas esto, mi alma estará a tu lado " (p.734). Valjean está atrapado en un vórtice de emociones confusas. El primero es un feo sentimiento de placer, una exaltación de que este extraño morirá en lugar de llevarse a Cosette. Sin embargo, Valjean ha llegado demasiado lejos en el viaje de su vida para sucumbir a emociones tan perversas. Una hora después, sale del apartamento vestido con su uniforme de la Guardia Nacional.

Análisis

La última acción del señor Mabeuf es conmovedora. Cada uno participa en la revolución a su manera, aunque sea devolviendo la bandera a su lugar. Mario le escribe una carta a Cosette y le pide a Gavroche que se la entregue. De esta manera, Mario está cumpliendo dos tareas importantes al mismo tiempo: comunicarle su amor a Cosette y proteger al hijo de Thenardier (que salvó al padre de Mario en la guerra) de la muerte en las barricadas. Mario también solicita que su cuerpo sea entregado a su abuelo.

Gavroche, no dispuesto a perderse la acción en las barricadas, acepta esta misión a regañadientes. Planea entregar la carta rápidamente y luego regresar. Sin embargo, su deseo de regresar lo más rápido posible choca con el deseo de Valjean de leer la carta dirigida a Cosette. Hay ejemplos frecuentes de tal alineación (o contradicción) de las motivaciones de los personajes en Los miserables. Con frecuencia podemos ver que la evolución de la historia de un personaje se altera a partir de la interacción con otro, y la resultante de esa alteración contribuye a dotar de intensidad dramática la novela. De esta forma, varios personajes coinciden en la barricada, aunque motivados por cosas diferentes, y varias de esas motivos fueron causados por otros personajes como, por ejemplo, en el caso de Mario que recibió el aviso de una voz misteriosa, que luego nos enteramos que era de Eponina.

Esta sección también describe la muerte de Eponina. Es un personaje complejo, y sus motivaciones no siempre son desinteresadas o están orientadas a proteger a su amado de cualquier daño. Descubrimos que fue ella quien visitó a Mario en el jardín durante su profunda desesperación, diciéndole que sus amigos lo esperaban en la calle de la Chanvrerie; sabía que Mario estaría tan devastado por la pérdida de Cosette que querría morir, y así Eponina finalmente tendría la oportunidad de separarlo de su rival Cosette para siempre. Sin embargo, ella cambia de opinión en las barricadas y decide dar su vida para protegerlo. Aquí aparece otra vez el tema del amor no solo como ese sentimiento puro e idealizado al que toda persona debería aspirar, sino como una fuerza redentora. Eponina, que en un principio adopta una actitud egoísta al querer que Mario vaya a las barricadas a morir y así arrebatárselo a Cosette para siempre, luego se redime salvándole la vida. Ella muere por amor, y esa muerte heroica de alguna manera acaba expiando toda su culpa. Eponina, sin duda, es uno de los personajes más complejos y profundos de Los miserables no solo por su evolución psicológica a lo largo de la novela, sino también por sacrificar su vida por su amado, aun sin que ese amor fuera correspondido.

La verdadera prueba de moralidad en Los miserables es qué se hace con la desesperación y la pérdida, y cómo se maneja el egoísmo. Eponina cede a su deseo egoísta de poseer a Mario. Thenardier, en cambio, da rienda suelta a su egoísmo, mintiendo y engañando todo lo que pueda. Valjean afronta la gran prueba de su brújula moral cuando se da cuenta de que Cosette está enamorada y podría dejarlo. El lector no está muy seguro de cuál es su intención cuando se pone el uniforme y sale por la puerta. ¿Va a matar a Mario o a salvarlo?

Una característica intrigante de los libros que componen esta cuarta parte de la novela es su énfasis en lo que podríamos denominar "las voces en las sombras". Los ejemplos incluyen el mensaje de Eponina a Mario diciéndole que sus amigos lo están esperando; la cuestión planteada por el sargento del ejército a la barricada; el canto de Gavroche; y el último grito de Juan Prouvaire. Este énfasis en las voces en las sombras ilustra la experiencia sensorial de la vida en las barricadas. También evoca incidentes de la Biblia, en los que la voz de Dios es la forma en que lo divino se comunica con los seres humanos. Estas voces en las sombras por momentos guían a distintos personajes hacia su destino trágico o su salvación, pero, al mismo tiempo, reflejan parte de la atmósfera tensa y confusa de la revolución.