Los miserables

Los miserables Resumen y Análisis Cuarta parte: El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle San Dionisio (Libros IX a XII)

Resumen

Libro IX: ¿A dónde van? (Capítulo 1 “Juan Valjean” a Capítulo 3 “El señor Mabeuf”)

Valjean reflexiona respecto de su seguridad y de cuál va a ser su próximo movimiento. Ha visto a Thenardier deambulando por el barrio. Irónicamente, Valjean se ve más amenazado por la ley que por los criminales: los disturbios políticos han provocado una mayor presencia policial y Valjean teme que la policía pueda identificarlo. También ha descubierto una nota misteriosa en la pared de su jardín: "Calle de la Verrerie, 16".

El lector sabe que esta es la dirección de Mario, que el muchacho la ha escrito para que Cosette pueda encontrarlo. Pero para Valjean es una nota amenazante. Mientras Valjean se sienta y reflexiona sobre estas cuestiones, una nota de Eponina cae en su regazo. "Mudaos" (p.660), está escrito en lápiz. Valjean, profundamente tocado por el mensaje, decide que debe hacer precisamente eso.

Mario deambula desesperado por las calles después de salir de la casa de su abuelo. Ha agotado todas sus posibilidades. Va a perder el amor de su vida; Cosette se mudará a Inglaterra y nunca la volverá a ver. Distraídamente, se lleva la pistola de Javert (que le dio el policía durante los sucesos en lo de Thenardier). A su alrededor, comienzan los rumores de un gran levantamiento; la gente corre, se construyen barricadas, se gritan consignas. Mario es apenas consciente de todo esto.

Mario llega al jardín de Cosette para despedirse, pero la casa ya está vacía. Se queda atónito y se deja caer en el banco como un hombre que ha recibido un golpe mortal. Luego, una figura borrosa susurra: "Señor Mario, vuestros amigos os esperaban en la barricada de la calle de la Chanvrerie" (p.661). Al no tener nada más por lo que vivir, Mario decide responder a este mensaje.

El señor Mabeuf también está desesperado. No tiene nada para comer, ni tampoco ninguna razón para vivir. Lleva la billetera de Valjean (la que arrojó Gavroche en su jardín) a la policía como tratándose de un objeto perdido, por preocupación y bondad. No ha tenido éxito en sus esfuerzos por producir una nueva cepa de índigo, y poco a poco está vendiendo cada uno de sus amados libros. Como si esto fuera poco, también debe vender las planchas ilustradas de su propio volumen publicado. Por último, cuando su amado sirviente se enferma, el señor Mabeuf debe vender su libro más raro y preciado (un volumen de Diógenes Laercio) para comprarle medicinas. Cuando escucha el sonido de los disparos el día del levantamiento, sin pensarlo toma su sombrero y camina hacia ellos.

Libro X: El 5 de junio de 1832 (Capítulo 1 “La superficie de la cuestión” a Capítulo 5 “Originalidad de París”)

Este capítulo es una reflexión sobre el significado de una revolución. Víctor Hugo utiliza una serie de metáforas para describir revoluciones. Las compara con un incendio, una chispa que cae sobre la hierba seca y recorre la ciudad con intensidad. Como un incendio, Víctor Hugo admite que las revoluciones pueden ser brutalmente destructivas, arrasar ciudades, costar millones de francos y acabar con cientos de vidas, pero también sugiere que hay revoluciones dignas que aceleran el progreso. La revolución, señala, también puede ser resurrección.

Víctor Hugo considera otras revoluciones a lo largo de la historia, tanto en Francia como en el resto del mundo. En este contexto, el autor caracteriza la revolución fallida (en el sentido de que no logró sus objetivos de redistribución de la riqueza y el poder) de 1832 como una revolución justificada. Fue una revuelta de los estudiantes, de los trabajadores y marginados sociales contra la burguesía; se hizo en nombre del progreso.

La revolución de 1832 fue provocada por el funeral de Lamarque, uno de los generales de Napoleón y un héroe amado de Francia. Su cortejo fúnebre atrajo multitudes, haciendo que varios sectores de la población que estaban en conflicto coincidieran en el mismo lugar. Se puede escuchar a los revolucionarios hablar en voz baja y pelearse con los oficiales de policía.

De repente, un joven cabalga frente al cortejo fúnebre ondeando una bandera roja (símbolo de la revolución), y se desata la furia del pueblo. Un grupo de hombres intenta robar el ataúd de Lamarque, y las fuerzas de la ley avanzan para detenerlos, encontrándose con una fuerte resistencia por parte de la multitud. Alguien, nadie está seguro de quién fue, dispara tres tiros, uno de los cuales mata a un comandante de escuadrón. Ha comenzado la revolución.

Los rebeldes construyen barricadas para defenderse de la policía y la Guardia Nacional. Los líderes militares dudan en atacar, y los rebeldes se preparan para la guerra detrás de sus barricadas. Las campanas de San Merry suenan en una ciudad que se prepara para lo peor.

Libro XI: El átomo fraterniza con el huracán (Capítulo 1 “Algunas aclaraciones sobre la poesía de Gravoche. Influencia de un académico en esta poesía” a Capítulo 6 “Reclutas”)

Gavroche se prepara para la guerra. Salta por la calle cantando y roba una pistola del escaparate de una tienda. Ha perdido el rastro de los dos niños pequeños que acogió antes; es posible que hayan sido secuestrados por un circo, recogidos por la policía o que todavía estén vagando por las calles. Gavroche se preocupa por ellos, pero no puede encontrarlos.

Gavroche está atrapado en el fervor revolucionario, soñando con un nuevo orden mundial. Intercambia insultos con un trío de mujeres y lanza un ladrillo por la ventana del peluquero que previamente lo acosó a él y a los dos niños perdidos. Cuando Gavroche se encuentra con Enjolras y el resto de la Sociedad ABC, que buscan un lugar para plantar una barricada y organizar un levantamiento, queda encantado. Feliz, Gavorche se une a ellos.

Artistas, estudiantes, trabajadores y marginados sociales se unen a la Sociedad ABC, aumentando sus filas. Una de estas nuevas incorporaciones es el señor Mabeuf, cuya aparición provoca algunas especulaciones entre los rebeldes. Courfeyrac pasa por su casa para tomar dinero y objetos, y se encuentra con un joven misterioso que es tan delgado y delicado como una mujer joven. El joven le pregunta a Courfeyrac dónde está Mario, pero Courfeyrac no lo sabe. Muchos jóvenes también se unen a la Sociedad ABC.

Libro XII: Corinto (Capítulo 1 “Historia de Corinto desde su fundación” a Capítulo 8 “Varias preguntas con motivo de un tal Le Cabuc que probablemente no se llamaba Le Cabuc”)

En la calle de la Chanvrerie, hay un pequeño restaurante llamado “A las pasas de Corinto”, a menudo llamado simplemente Corinto. Este establecimiento está ubicado en medio de un barrio de calles particularmente chicas y sinuosas; el Corinto está ubicado en un área bloqueada por una hilera de casas altas. Solo un pequeño callejón, llamado calle Mondetour, sale de él.

Este establecimiento bastante destartalado se ha hecho popular entre algunos miembros de la Sociedad ABC, y en la mañana del levantamiento, Joly, Laigle y Grantaire están desayunando allí. A pesar de que es bastante temprano, los tres están bebiendo mucho alcohol. Grantaire está particularmente borracho: se lanza a una perorata exagerada sobre la inconstancia de las mujeres, los fracasos de Dios y la imposibilidad de un verdadero cambio.

De repente, aparece un joven pilluelo de la calle con un breve mensaje de Enjolras: "ABC". Joly y Laigle reconocen esto como un llamado a las armas; el levantamiento ha comenzado y deben unirse a sus camaradas. Grantaire pasa de beber vino a beber una potente mezcla de brandy, cerveza negra y absenta. A través de la ventana, Laigle y Joly ven a Enjolras, y sugieren construir la barricada en esta calle: es estrecha y fácil de defender (y también ofrece fácil acceso a la taberna y todo su alcohol.

Los rebeldes rápidamente comienzan a prepararse para la guerra: distribuyendo cartuchos, preparando vendajes, etc. Grantaire sigue bebiendo y divagando a su manera nihilista y prolija. El puritano Enjolras se siente frustrado por la falta de respeto de Grantaire por la revolución y le pide que se vaya a dormir para que se le pase la borrachera. Grantaire está atónito ante esta dura reprimenda; implora a Enjolras que lo deje dormir aquí junto a la barricada y que muera aquí si es necesario. Enjolras responde con desdén que Grantaire es incapaz de creer, pensar o incluso vivir o morir. Afligido por las crueles palabras de su amigo y profundamente borracho, Grantaire se desmaya.

Más de cincuenta hombres controlan la barricada, que está reforzada con adoquines, un carruaje requisado y otros detritos. Gavroche revolotea, canta y anima a los defensores con su estilo lúdico. De repente, ve a un hombre acechando detrás del grupo. Inmediatamente acude a Enjolras y le dice que este hombre es un espía: Gavroche lo reconoce porque este hombre a menudo arresta a los pilluelos de la calle de París. Enfurecido, Enjolras interroga al hombre. Su identificación policial se descubre rápidamente, y Enjolras lo mantiene atado a un poste; el espía será fusilado más tarde. Como una ocurrencia tardía, Enjolras le pregunta al espía su nombre. El espía responde que se llama Javert.

Los rebeldes no carecen de un código de honor (ni todos tienen espíritu noble). Uno de los revolucionarios, Le Cabuc, decide que un edificio alto sería un excelente punto de observación para los francotiradores; sin embargo, el dueño del edificio se niega a dejarlo entrar. Le Cabuc derriba la puerta y mata al anciano. Furioso, Enjolras obliga a Le Cabuc a arrodillarse y le apunta con una pistola a la cabeza. Enjolras explica que están luchando por un mundo mejor y más justo, y que lamenta lo que debe hacer pero que es necesario. Luego dispara a Le Cabuc. Los rebeldes, atónitos, se recuperan de este giro de los acontecimientos justo cuando Courfeyrac se da cuenta del regreso del misterioso joven que le preguntó por Mario esa mañana.

Análisis

Las experiencias del señor Mabeuf son paralelas a las de Fantina: al igual que ella, se ve obligado a vender sus posesiones más preciadas para sobrevivir. Estas amadas posesiones (para Fantina, su hija, dientes, cabello y, luego, todo su cuerpo; para el señor Mabeuf, su casa, sus plantas y libros) se separan una a una, como las capas de una cebolla. Finalmente, cuando esto se vuelve insoportable, sus vidas estallan en violencia. Fantina agrede a un hombre que le arroja una bola de nieve por la espalda, y el señor Mabeuf se une a las fuerzas en la barricada. La pobreza y la injusticia social han empujado a dos almas nobles a transformarse en la versión más violenta y desesperada de sí mismas.

Los rebeldes operan de acuerdo con un estándar de conducta relativo. No dudan en encarcelar a un espía y hacer planes para ejecutarlo, pero tampoco toleran el asesinato de civiles. Más allá de este criterio inestable, los rebeldes tienen en claro que buscan un mundo nuevo en el que todos somos iguales. Queda claro que Enjolras como líder de la barricada representa el marco moral de la revolución, en donde cada muerte tiene que estar justificada por los ideales y no hay margen para los excesos. Esto, por su puesto, desde un punto de vista ideal. Víctor Hugo en la sección donde reflexiona sobre las revoluciones en general, entiende que es imposible hacer una revolución sin excesos, sin daños colaterales, y concluye que esos excesos son parte de la resurrección de la sociedad en un mundo más justo. Así y todo, la reacción de Enjolras al ejecutar a su compañero de causa por el exceso de matar a un civil nos da la pauta de que aun en las revoluciones tiene que haber conciencia de moral, y que más allá de que esos excesos sean inevitables, no significa que estén justificados.

Los rebeldes no son optimistas sobre sus posibilidades de éxito. Enjolras y los demás entienden desde el principio que no van a derrocar al gobierno con sus acciones. La orden de Enjolras para la ejecución de Javert justo antes de la caída de la barricada indica este hecho. Sin embargo, creen que sus acciones serán parte de un cambio radical, que marcará el comienzo de una nueva forma democrática de gobernanza en la que todas las personas sean iguales y libres. Este es un claro ejemplo de la creencia de los revolucionarios: morir por los ideales, es morir con dignidad. En cierta medida, creen que su muerte reforzará la causa. Esta cuestión de morir por los ideales podemos decir que se enmarca dentro de la órbita narrativa del Romanticismo, movimiento literario surgido en Europa durante el siglo XVIII y de gran aceptación en Francia durante el siglo XIX.

Gavroche, por su parte, está encantado con la revolución. Se alinea con la Sociedad ABC, dispuesto a participar del levantamiento. Gavroche funciona como un ejemplo de cómo la juventud, a pesar de su corta edad, a pesar de la pobreza en la que está sumida, también estaba involucrada con la necesidad de un cambio de paradigma socio-político. Al mismo tiempo, tenemos al señor Mabeuf, un hombre anciano ya, que lo ha perdido todo y que también decide sumarse a la revolución. Esto da cuenta del amplio nivel de adhesión que tuvo el levantamiento y, fundamentalmente, expresa que la pobreza no discrimina edad. Víctor Hugo parece decirnos que todos somos hermanos de causa cuando compartimos la misma adversidad.