... y no se lo tragó la tierra

... y no se lo tragó la tierra Resumen y Análisis Viñeta 8, Los quemaditos, Viñeta 9, La noche que se apagaron las luces

Resumen

Viñeta 8

La profesora se asombra ante la acción de uno de sus estudiantes: el niño escucha que necesitan un botón para colocar en una lámina escolar, se arranca uno de la camisa y se lo entrega. Lo que sorprende a la docente es la disposición del muchacho que lo hace aunque, probablemente, sea la única camisa que tenga. No sabe si lo hace para ayudar, por ansias de pertenencia o por amor a ella.

Los quemaditos

Este relato está narrado en tercera persona y la acción transcurre en la casa de la familia García, conformada por don Efraín, doña Chona y tres niños llamados Raulito, Juan y María, de siete, seis y cinco años respectivamente.

Un domingo por la noche llegan al hogar entusiasmados, tras haber visto en el cine una película de boxeo. El padre hace que los dos varones se queden en calzoncillos, les unta el pecho con alcohol y les entrega guantes de boxear para que peleen. A doña Chona esto le disgusta, porque siempre alguno termina llorando o lastimado. Además, en su casa no hay lugar para tanto despliegue. Efraín le dice que si alguno de los niños llega a tener aptitudes para el boxeo, pueden llegar a ganar mucho dinero.

A la mañana siguiente, los padres dejan a los niños durmiendo y se van, como siempre, a trabajar. No los llevan con ellos para que no los distraigan en el trabajo y porque una vez los llevaron y dejaron en el carro y, como era un día caluroso, se enfermaron. Por lo general, regresan al mediodía para comer con ellos y ver cómo están, antes de volver a la actividad laboral. A las diez de la mañana, desde su lugar de trabajo, divisan una humareda en el rancho. Los García y sus compañeros corren hacia los carros y se dirigen a toda velocidad hacia allí. Al llegar, el único con vida es el mayor de los niños, los otros han muerto quemados.

Gracias al diálogo entre dos vecinos, se puede saber qué ha pasado. El más grande les ha puesto los guantes, los ha untado con alcohol y los ha hecho jugar al boxeo. Mientras los menores boxeaban, Raulito guisaba huevos. El fuego de la estufa de la cocina y el alcohol sobre los cuerpos inició el incendio. Lo único que no se quemó fueron los guantes, que, al parecer, son de muy buena calidad.

Viñeta 9

Hay un casamiento en la iglesia del pueblo. Después de la ceremonia se dirigen los novios, seguidos por las madrinas, los padrinos y un montón de niños que gritan detrás hacia la casa de la novia. Toda la semana, el novio y su padre han estado preparando el lugar con la colocación de una carpa de lona, decorando con ramas de nogal y flores de campo, y regando el terreno para que no se levante polvo con el baile.

La noche que se apagaron las luces

Este relato cuenta un trágico hecho acontecido una noche en la que se produce un corte de luz en el pueblo. Algunos de los habitantes notan el corte porque están en un baile; otros no se dan cuenta de nada porque ya están en sus casas durmiendo. Los sucesos se van descubriendo para el lector a través de fragmentos de lo que testigos y protagonistas cuentan.

Ramón es un muchacho que está de novio con Juanita desde hace un año, a quien no ve desde hace cuatro meses. La distancia entre ellos se debe a que ella debe viajar con su padre. Antes de irse, Ramón le dice que, si ella quiere, pueden irse juntos y él la puede mantener, pero ella se niega: su padre quiere que termine la escuela antes de casarse. Él le promete amor y fidelidad, y ella a él.

A pesar de las promesas, se comenta que durante esos meses separados ella lo engaña con un muchacho de Minnesota y otro de San Antonio, un joven de vestimenta moderna y llamativa llamado Ramiro. Ramón, que está profundamente enamorado, se pasa el tiempo viendo el retrato de Juanita. De tanto mirarlo, le parece que ya no recuerda cómo es su rostro verdadero, y se promete a sí mismo llevársela consigo cuando llegue a Texas. Luego se entera de los rumores sobre su novia, por lo que empieza a emborracharse seguido.

La chica dice que no quiere separarse de Ramón, aunque también expresa que le gusta hablar con el otro muchacho y sentir que todas la miran cuando está con él. Dice que no tiene nada de malo hablarle. Ramiro parece estar muy interesado: le envía cartas en las que le confiesa que le gusta estar con ella y la invita a bailar. Ella acepta y, a pesar de las advertencias de sus amigas, se pasa toda la noche bailando con él.

Pasados los cuatro meses, Ramón se alegra de volver a ver a su amada, pero rápidamente recuerda los rumores, se enoja y le hace recriminaciones. En una breve conversación, ella le pregunta si van a separarse. Él le dice que sí y le advierte que esa noche, si va al baile, no baile con nadie. Ante estas palabras, la joven se irrita y le dice que él no puede darle órdenes, dado que ya no son novios. Tras ello, él la amenaza.

Esa noche, en el baile, Ramón llega y la ve bailando con un joven; se presenta y le dice que baile con él. Ella se niega y, tras una discusión, le pega una cachetada ante la vista de todos. Ramón sale corriendo y gritando del lugar. Cuando ella está por sentarse en una banca, las luces se apagan repentinamente.

Al otro día, los trabajadores de la compañía de luz encuentran el cuerpo de Ramón dentro de la planta de luz que se halla a una cuadra del baile. La noche anterior fueron varios los que lo oyeron amenazarla con matarse por ella durante la discusión.

Análisis

La viñeta que abre esta serie se da en el ámbito escolar, pero el comportamiento que tiene el estudiante es digno de los vínculos y relaciones que establece entre sí las familias chicanas, siempre dispuestas a ayudarse mutuamente. En “Es que duele”, ya se anticipa la mirada de los méxico-americanos sobre sus docentes: “Me han dicho muchas veces que los maestros de uno son los segundos padres” (90). En el caso de esta viñeta, la acción sorprende a la maestra, criada en una cultura materialista, por el despojo que supone es para el niño desprenderse de ese botón.

Los vínculos familiares también son trabajados, ahora de forma directa, en “Los quemaditos”. En esta historia, como en otras de la novela, se aprecian las ganas de lograr el progreso familiar a través del ascenso social de los hijos. A la vez, se ve también de forma reiterada en la novela el modo en que la cultura del espectáculo —en este caso, el cine— transmite valores y deseos de ascenso social en los padres de familia: mientras en “Es que duele”, el padre quiere que su hijo sea operador telefónico porque ha visto una película protagonizada por uno; en “Los quemaditos”, quiere que alguno de sus hijos sea boxeador como en la película que acaban de ver en el cine.

Es el padre, don Efraín, el que compra los guantes con el afán de que alguno de sus hijos saque a la familia de la miseria mediante el éxito en la práctica del boxeo. La lucha por la supervivencia que implica este deporte parece generar mayores rentas que la lucha por la supervivencia que día a día hacen los trabajadores agrícolas chicanos, quienes no pelean contra contrincantes semejantes, sino contra el clima y las decisiones autoritarias de sus patrones, y que muchas veces perecen en ello, como se ha visto en los otros relatos. Los integrantes de esta familia viven en una casa a la que se llaman “gallinero”, metáfora que da cuenta del poco lugar que tienen para moverse, pero, además, podría hacer referencia a las actitudes familiares: el padre quiere que alguno de ellos pelee, como los gallos de riña; la madre, doña Chona, en cambio, es allí como una gallina que protege a sus pollitos, no quiere que peleen y se preocupa si les sangra la nariz o no duermen bien. De todas formas, su protección no alcanza, porque el fuego mata a dos de sus hijos cuando imitan la enseñanza paterna mientras los dejan solos, a pesar de su corta edad, para ir a trabajar.

En este relato, como en otros, después de que la voz narradora dé cuenta de los hechos, aparece un diálogo entre vecinos que, con un procedimiento muy utilizado en la novela a partir del uso de la expresión “dicen que”, introduce enunciados ajenos y anónimos. Este procedimiento da cuenta de la multiplicidad de voces que construyen la trama de estas historias y las dota de la fuerza de la tradición oral, como si fueran relatos compartidos por la comunidad, que todos conocen y comentan: “Dicen que a la niñita la hallaron toda quemadita con los guantes puestos” (123). A su vez, esta voz colectiva señala el motivo por el cual son los guantes lo único que queda tras el incendio: “Es que esta gente sabe hacer las cosas muy bien y no les entra ni la lumbre” (ibid.). Esos guantes, obtenidos en un comercio inmerso en una sociedad de consumo capitalista, logran salvarse del fuego porque son de buena calidad; la frágil niña, en cambio, muere calcinada.

La Viñeta 9 y “La noche que se apagaron las luces” abordan las relaciones amorosas. En la primera, asistimos a una breve ilustración de un casamiento, a través de un narrador testigo que no tiene protagonismo, pero es evidente su presencia en el acontecimiento por el uso de los verbos de movimiento como “venir” y “traer”, cuyo sentido de ubicación depende del lugar en el que se halle el enunciador. En este breve texto, los recién casados festejan su unión con amigos y familiares en casa de la familia de la novia. En cambio, en “La noche que se apagaron las luces”, el punto de vista narrativo es múltiple: hay un narrador en tercera persona al inicio y hacia el final del texto, y se intercalan dichos de los protagonistas y los conocidos de estos que van armando la historia como si fuera un rompecabezas. Aquí el desenlace es trágico y, en relación con la trama, la pareja no cumple con el sacramento del casamiento porque, a pesar de estar comprometidos, como dan cuenta de ello los anillos que comparten, se separan antes.

Ramón representa la tradición patriarcal: propone casamiento, promete y pide fidelidad, ofrece manutención económica. Además, en cuanto comienzan los rumores sobre una supuesta infidelidad de ella, se pone nervioso y pronuncia en contra de que sea cortejada o baile con otros muchachos. Su actitud machista se evidencia en frases en las que objetiviza a la muchacha, como “Cuando regrese a Tejas me la robo” (127). Pero llega al colmo cuando, iracundo, y después de haber terminado su relación, le prohíbe que baile con otro y le dice: “Me las vas a pagar. Ahora vas a hacer lo que yo te diga cuando yo quiero hasta que yo quiera” (129).

Juanita, en cambio, muestra una actitud diferente, que busca distanciarse o resistirse a la tradición: decide terminar de estudiar antes de casarse y, a pesar de que le promete fidelidad, se siente atraída y se muestra con otros jóvenes. Le atrae uno, sobre todo, por su vestimenta y actitud, dado que representa la modernidad y se diferencia de los muchachos del pueblo a los que está acostumbrada: “Andaba con un pelado de San Antonio. Era puro recargue y se vestía muy moneneque. Dicen que se ponía zapatos anaranjados y unos sacos bien largos, y siempre con el cuello levantado” (126). Ramiro, el joven con el que baila, le escribe cartas en las que no le pide una relación de fidelidad ni de exclusividad: “Ya sé que andas con otro pero me gusta hablar contigo” (128). Esta actitud contrasta con la de Ramón. Ante los pedidos violentos de este, Juanita espeta: “Tú no me mandas” (129), haciendo valer su derecho a decidir qué hacer con su vida.

Sin embargo, la mirada patriarcal y juzgadora recae sobre Juanita: todos en el pueblo hablan sobre sus actitudes y comportamientos. Esto aparece ilustrado, nuevamente, a través del reiterado “dicen que”, o variantes con igual significado y función: “Dicen que empezó a bailar todo el baile con Ramiro solamente” (128); “A mí me platicaron otra cosa. A mí me dijeron que había andado con un pelado allá en Minesota” (126); y, más aún,

Fíjate, dicen que Juanita le pidió permiso a sus papás muy temprano de ir al baile. Fue con unas amigas suyas y todavía no empezaba a tocar la orquesta y ya estaban allí en el salón cerca de la puerta para que las vieran los muchachos que estaban entrando al baile y para que las sacaran a bailar luego luego (129).

Esos comentarios denotan las habladurías del pueblo que luego se trasladan hacia el desenlace trágico para noticiar sobre el suicidio de Ramón: “Dicen que estaba bien achicharrado y cogido de uno de los transformadores” (130). Ahora, Juanita es, para la gente del pueblo, la causante de la muerte del enamorado: “También los que habían estado cerca de Ramón y Juanita oyeron que le dijo que se iba a matar por ella” (ibid.). La conducta que aparece siempre puesta en tela de juicio por los pobladores es la de Juanita, a quien se la condena por la deshonra pública del muchacho, pero no se cuestiona el accionar de Ramón. Este relato tejido a partir de diferentes voces permite conocer cuál es la mirada de la comunidad chicana relativa a estos aspectos y constituye, por lo tanto, una crítica a ese machismo imperante en la sociedad.