La trágica historia del doctor Fausto

La trágica historia del doctor Fausto Resumen y Análisis Acto II: Escenas 1-2

Resumen

Acto II, Escena 1

Fausto se encuentra en su estudio con Mefisto y lo maldice por haberlo privado del cielo. Este intenta demostrar, entonces, con un argumento poco sólido, que el hombre es superior al cielo. Cuando Fausto sugiere que abandonará la magia, ingresan el ángel bueno y el malo: el primero le aconseja arrepentirse, mientras que el segundo afirma que Dios no se apiadará de él. Luego, ambos se retiran.

Fausto se muestra convencido de que no puede arrepentirse y se refiere a los pensamientos suicidas que evoca en su imaginación la idea de la condena. Afirma que ya se habría suicidado, si los placeres que experimentó no superaran a la desesperación que siente, y recuerda que Homero cantó para él, y que Anfión (“aquel que construyó los muros de Tebas”, v. 29) interpretó su música. Luego, se dispone a razonar con Mefisto sobre la “astrología” (v. 35) y formula preguntas sobre la estructura del cielo y la Tierra. Tras obtener sus respuestas, le pregunta a Mefisto quién creó el mundo, pero este se niega a responder. Finalmente, cuando Fausto habla de Dios, el diablo huye.

Entonces el ángel bueno y el malo ingresan nuevamente y repiten sus opiniones sobre el arrepentimiento de Fausto. Cuando se retiran, él invoca a Cristo para que lo salve e, inmediatamente, se presentan Lucifer, Belcebú y Mefistófeles para intimidarlo. Los diablos se sienten injuriados y exhortan a Fausto a dejar de pensar en Dios. Él accede y, luego, para entretenerlo, los diablos hacen desfilar ante él a las personificaciones de los siete pecados capitales. Cuando estos se retiran, Fausto se siente reconfortado. Luego, Lucifer le promete mostrarle el infierno esa noche, y le da un libro para que aprenda a tomar cualquier forma que desee.

Acto II, Escena 2

Un payaso llamado Robin consigue un libro de conjuros de Fausto y bromea con Dick, su criado. El primero pronuncia palabras sin sentido y Dick se sorprende al ver que sostiene un libro en sus manos, porque, según afirma, Robin es incapaz de leer. Ambos continúan bromeando hasta que deciden dirigirse a una taberna.

Análisis

Al comienzo del segundo acto, Fausto se muestra atormentado por la idea de su condena. El ángel bueno y el malo, que pueden interpretarse como personificaciones de la conciencia dividida del personaje, intervienen, mostrando las inclinaciones opuestas de Fausto, que tiende alternativamente hacia el deseo de salvarse y el de permanecer sujeto al pacto con el demonio, gozando de los beneficios temporales que le otorga.

Por otro lado, en la primera escena también observamos que el ángel malo insiste en dos oportunidades intentando convencer a Fausto de que no puede arrepentirse y, luego, se presenta Lucifer para reforzar esta postura, señalando: “Cristo no puede salvar tu alma porque es justo” (2.1. 90). El espectador puede advertir que la preocupación del demonio por la condena de Fausto demuestra que aún no es tarde para que él pueda arrepentirse y salvarse. En otras obras de teatro de las llamadas “moralidad”, como en El Castillo de la perseverancia (ca. 1425) o en Everyman (ca. 1530), el pecador arrepentido se salva, pero en esta obra, Fausto, en cambio, parece condenarse porque no comprende la naturaleza de la redención cristiana, y la condena resulta de su incredulidad en la misericordia de Dios.

Asimismo, a pesar de ser un gran erudito, y de haberse destacado en la argumentación (en las aulas solía resonar su “sic probo” 1.2. 2), Fausto acepta con desconcertante convicción los argumentos del ángel malo o los demonios. Además, otro rasgo de su carácter proporciona un indicio de su degradación intelectual: constantemente se distrae con espectáculos que le presentan los diablos. En la escena quinta del primer acto, cuando la inscripción en su brazo lo perturba, Mefisto hace que se presenten ante él demonios que lo cautivan, y el personaje olvida rápidamente su preocupación. Acá, en la primera escena del acto segundo, Lucifer lo censura y lo distrae con el desfile de los pecados capitales personificados: “No hables del Paraíso y la Creación, sólo observa este espectáculo” (2.1. 111-112). El protagonista cede y responde al espectáculo con deleite acrítico: “Lucifer: -Y bien, Fausto. ¿Qué te parece esto? / Fausto: Esto reconforta mi alma” (2.1. 173-174). Aunque algunos estudios sostienen que Marlowe no escribió el segmento donde se exponen los siete pecados capitales, el final de la escena muestra, de todos modos, la facilidad con la que Fausto acepta pensar en el diablo y se entrega a la condena en el infierno.

Por otro lado, podemos observar que Fausto se propone indagar a Mefisto sobre temas de “astrología” (v. 35), cuando en realidad hace preguntas concernientes a la astronomía. Esto se debe a que, hasta finales del siglo XVII, los límites entre astronomía y astrología eran difusos, así como también la línea divisoria entre especulación científica y los conjuros mágicos.

La escena segunda ofrece un nuevo alivio cómico. Las escenas cómicas en esta obra muestran en general qué efectos produce el acercamiento a la magia en las clases más bajas de la sociedad. Algunos críticos sostienen, además, que estas escenas y su significado habrían servido como una broma interna o, incluso, una broma privada.