"(...) un sabio mago es un semidiós" (1.1. 60) (Metáfora)
Al principio de la obra, Fausto rechaza el conocimiento de las autoridades clásicas y el de la Biblia, para abordar el estudio de la magia. Fausto utiliza esta metáfora para enfatizar el gran poder que cree que la magia le otorga a quien la practica: un poder sobrenatural, que excede los alcances de las disciplinas tradicionales. La metáfora sirve para mostrar que Fausto desea alcanzar un poder sobrehumano.
"El Dios que tú sirves es tu propio apetito" (1.5.1) (Metáfora)
Antes de firmar el pacto con el diablo, Fausto vacila, intentando decidir si es necesario hacerlo y, dirigiéndose a sí mismo en segunda persona, utiliza esta metáfora para mostrar su inclinación a satisfacer sus deseos mundanos. La metáfora pone a su apetito mundano en el lugar de Dios, dado que Fausto ha rechazado a Dios para satisfacer deseos como el de poseer riquezas y poder.
"Soy como la pulga de Ovidio" (2.1. 6-7) (Símil)
Cuando la Soberbia ingresa en el desfile de los Siete Pecados Capitales, dice: "Soy como la pulga de Ovidio. Puedo deslizarme hasta los últimos recovecos de las muchachas" (2.1.6-8). Aquí, la Soberbia utiliza un símil para compararse con una pulga, que podemos imaginar pequeña y, a menudo, imperceptible, para referirse a que puede acceder a cualquier lugar. El símil enfatiza la idea de que la soberbia es un pecado sutil y por tanto, a veces, difícil de percibir.
"Él crece demasiado alto en su autoridad, / levantando su altiva cabeza por sobre las nubes / y como un campanario sobrepasa la Iglesia" (3.1. 131-133) (Metáfora y símil)
Cuando Bruno le recuerda al papa Adriano que fue elegido por el emperador de Alemania, este utiliza esta metáfora, que contiene a su vez un símil, para desprestigiar al gobernante. La metáfora asocia el aumento de la autoridad del personaje con su crecimiento físico, vinculándolo a un gigante que llega hasta las nubes. Por su parte, el símil, "como un campanario sobrepasa la Iglesia", sugiere la idea de que el emperador está adquiriendo una autoridad superior a la de la Iglesia, a la que representa el papa.
"Fausto, deja que tus ojos contemplen con horror / esa vasta y perpetua mansión de torturas" (5.2. 122-123) (Metáfora)
El último día de la vida de Fausto, el ángel malo se dirige a él invitándolo a ver anticipadamente el infierno. El ángel se refiere a este lugar como una "vasta y perpetua mansión de torturas". La metáfora sirve para exaltar el horror del infierno, subrayando su amplia extensión y la perpetuidad de las torturas que allí se ejecutan, algunas de las cuales el ángel describe a continuación.