Fausto cree firmar un pacto beneficioso, pero los espectadores sabemos que se está condenando (Ironía dramática)
La ironía central de la obra reside en que Fausto deposita su confianza en un pacto con Lucifer, figura notablemente engañosa y manipuladora. Desde el comienzo de la obra, el público advierte que los propósitos de Fausto no lo conducirán a un buen final. De hecho, el coro anuncia su fracaso desde el prólogo. Sin embargo, en las escenas iniciales, Fausto niega la existencia del infierno burlona y obstinadamente. Es evidente que Fausto está cegado por su orgullo y por su afán de poder, y eso le impide ponderar el precio exorbitante que el pacto le exige pagar.
Valdés asegura que la magia los canonizará, pero luego se compara con conquistadores (Ironía situacional)
Cuando Valdés le asegura a Fausto que el camino de la magia solo los beneficiará, afirma que serán "canonizados": “Fausto, estos libros, tu ingenio y mi experiencia / harán que todas las naciones nos canonicen" (1.1. 117-118). Es decir, sugiere que serán reconocidos como santos. Sin embargo, inmediatamente después, añade: "Tal como los indios obedecen a sus amos españoles, / así los espíritus de cada elemento / Nos servirán siempre a los tres” (Ídem. 119-121). Irónicamente, la imagen que presenta de ellos a continuación, no es la de santos, sino la de invasores. Esto permite ver la comprensión distorsionada que Valdés tiene de lo que significa ostentar el poder y de cómo usarlo.