El Diario de Ana Frank

El Diario de Ana Frank Resumen y Análisis del 7 de diciembre de 1942 al 13 de junio de 1943

Resumen:

Falta un día para Janucá y San Nicolás, que ese año coinciden, y es entonces que los residentes del escondite tienen dos pequeñas celebraciones. Para Janucá deciden hacerse pequeños regalos y después, debido a la escasez, encienden velas por solo diez minutos. San Nicolás es mas festivo: Miep y Bep conspiran con el señor Frank para la ocasión. Por la noche, todos los residentes salen del escondite y descubren una cesta cubierta con una máscara de Pedro el negro y llena de regalos.

Los residentes ordenan mucha carne, con la que el señor Van Daan cocina unas salchichas. El señor Dussel abre una “clínica” dental en el ático. Sucede un divertido episodio en el que intenta tratar los dolores dentales de la señora Van Daan. Aunque Ana cree que el señor Dussel es algo divertido, también le molestan sus quejas y su hábito de silenciarla por las noches. Ana habla sobre la gente del vecindario en el que vive ahora: menciona que los niños “están tan sucios que da asco tocarlos”. Se queja del terrible estado del mundo allá afuera: los niños son separados de sus familias, los alemanes están quitándoles los hijos a los holandeses, y los judíos están siendo perseguidos para ser llevados lejos. Los judíos (mujeres, hombres y niños) están esperando miserablemente el fin.

Aun así, todo esto parece estar muy lejos de lo que está pasando en el escondite. Ana cree que es maltratada e incomprendida por todos la que la rodean. Se queja porque le ponen apodos y nadie la respeta. Nota que al señor Dussel le tomó tiempo acostumbrarse a las peleas del hogar. El padre de Ana está esperando la invasión en cualquier momento. Churchill se está recuperando en Inglaterra y Gandhi está ayunando en India. Mientras tanto, el dueño del edificio lo ha vendido sin informarles a Kleiman y a Kugler. Cuando los nuevos dueños van a ver al edificio, Kleiman tiene que hacer de cuenta que ha olvidado la llave del anexo. Esto trae nuevos temores a sus residentes. Hay escasez de mantequilla, lo que provoca un racionamiento en las comidas.

Por la noche, los residentes sienten miedo por los disparos. No pueden encender velas ni prender la luz. Ana se mete a la cama con su padre buscando consuelo. Las ratas han infestado el ático. Una noche, una muerde a Peter. Ana está creciendo: no puede encontrar un par de zapatos que le dure más de una semana. Hay gran emoción en Ámsterdam cuando se anuncia que Turquía ha decidido unirse a la guerra del lado de Inglaterra. Todo el anexo se lleva un susto cuando escuchan a alguien hurgando abajo, imaginando que es un robo. Afortunadamente, solo terminan asustándose unos a otros y encuentran poca evidencia de un ladrón.

El señor Frank está tan angustiado que no puede participar en las discusiones de negocios que tienen lugar abajo. Les pide a Ana y a Margot que le ayuden a escuchar. Las peleas continúan entre todos, y Ana lamenta que estén viviendo en mejores circunstancias que otros judíos y, aún así, no puedan llevarse bien. Hay un anuncio en la radio que dice que todos los judíos tienen que abandonar el territorio alemán para el primero de julio. A los estudiantes que no simpaticen con los alemanes no se les permitirá continuar sus estudios por un año. El ochenta por ciento se niega a firmar, a riesgo de ser enviados a un campo de trabajo forzado. Lo único bueno es que el sabotaje y las huelgas han comenzado a afectar a los alemanes en Holanda.

Otra vez llega el cumpleaños de Ana: las festividades son mucho más sencillas que el año anterior. Sin embargo, ella está feliz y es consentida con dulces. Su padre le escribe un poema en alemán que Margot traduce al holandés.

Análisis:

Ana continua batallando con los residentes adultos del escondite. Es importante notar que las reacciones de Ana a las discusiones de la casa van tomando un tono diferente. No intenta justificar su comportamiento, ni quejarse simplemente sobre el trato injusto que recibe. En cambio, Ana compara su comportamiento con el de los adultos, y se da cuenta de que es injusto compararse con Margot porque son muy diferentes. Ana comienza a aprender a controlar su ira y a mostrar su enojo solo en ocasiones muy necesarias. Todos estos acontecimientos son señal de madurez. Los sutiles cambios por los que pasa Ana también muestran que está definiendo su identidad.

Las festividades proveen un poco de alegría al hogar. Es importante que la familia de Ana celebre San Nicolás, ya que tradicionalmente es una fiesta pagana y, después, una celebración Cristiana. El hecho de que celebren San Nicolás aún más que Janucá, por lo menos ese año, muestra lo acostumbrados que están los Frank a la sociedad holandesa. A pesar de que esto explica por qué Ana no se identifica mucho con otros judíos (a excepción de la persecución que sufren, claro), es este mismo aspecto de su diario el que confunde a algunos críticos judíos. David B. Green nota que “el ser judía pareciera haber sido un hecho tangencial a la opinión de Ana de sí misma, aun cuando la creciente ocupación nazi le recordara a diario su destino por ser judía”. Green también se queja de que, si Ana no hubiese sufrido de “una falta de etnicidad”, su diario no habría sido el clásico que es ahora.

Los comentarios de Green son dignos de discusión, ya que Ana no se ve a sí misma solamente en términos de su etnicidad, por lo menos en su diario (¿Quién sabe qué habría llegado a comprender si hubiese seguido viva?). En cambio, ella se ve a sí misma como una joven atrapada en circunstancias más allá de su control, esperando impacientemente que todo se solucione para que ella y su familia puedan volver a vivir tranquilamente.