Al filo del agua

Al filo del agua Citas y Análisis

Al filo del agua es una expresión campesina que significa el momento de iniciarse la lluvia, y —en sentido figurado, muy común— la inminencia o el principio de un suceso.

Quienes prefieran, pueden intitular este libro En un lugar del Arzobispado, El antiguo régimen, o de cualquier modo semejante. Sus páginas no tienen argumento previo; se trata de vidas —canicas las llama uno de los protagonistas— que ruedan, que son dejadas rodar en estrecho límite de tiempo y espacio, en un lugar de Arzobispado, cuyo nombre no importa recordar.

Autor, 16

Esta cita es una suerte de epígrafe, advertencia o nota introductoria que encontramos en la página inmediatamente anterior al comienzo del "Acto Preparatorio". Con estas líneas, el propio autor explica, justo antes de que comience la novela, el significado de su título. Literalmente, la expresión "al filo del agua" se refiere al instante previo al comienzo de la lluvia. De modo general, se usa para referirse a algo que es inminente, algo que inevitablemente está por suceder. Así, la novela narra el momento previo a la Revolución mexicana y crea una atmósfera de tensión, semejante al aire que se siente antes de que estalle una lluvia, dado que se avecinan cambios que resultan amenazantes para las tradiciones conservadoras del pueblo protagónico.

Es importante señalar que, tal como aclara Yáñez, "al filo del agua" es una expresión campesina, con lo cual se subraya el contexto rural de toda la novela. Además, se mencionan otros títulos posibles, de manera tal que ya podemos vislumbrar algunos de los elementos fundamentales de la obra: En un lugar del Arzobispado da cuenta de la centralidad y del poder de la religión católica en el relato, mientras que El antiguo régimen hace referencia a un tiempo histórico que termina para siempre con la llegada de la Revolución, las modernizaciones y el progreso que se suceden a lo largo del siglo XX. Por último, este pequeño fragmento inicial también anticipa y destaca la importancia de la metáfora de las canicas, que representan a los personajes, y que será explicada más adelante.

Los pecados en desfile se parecían unos a otros y la experiencia de los confesores no se sorprendía. Pero esta noche las orejas eclesiásticas escucharon cosas extrañas, alarmantes:

—Acúsome de recibir y propagar periódicos que hablan mal de Dios Nuestro Señor, de la Virgen, del Santo Padre y del clero; también novelas que hablan de amores, que se las he prestado a una prima...

El padre que oyó esto remitió el caso al señor cura. Otro se acusó de haber traído al pueblo una colección de fotografías inmorales, que había enseñado a algunos amigos. Otro dijo que cuando la última vez fue a Guadalajara estuvo en una reunión de masones, que trajo unos libros de masonería y que aquí, en el pueblo, había platicado algunas dudas que tiene sobre religión, dejando pensativos a muchos. Casi todos los padres supieron, por distintos penitentes, que la otra semana hubo una reunión de espiritistas, que hizo en el pueblo un agente viajero y los había dejado sorprendidos. También era evidente la infición liberal y socialista; uno, en el Norte, había estado en una huelga; dos o tres confesaron rencores contra los ricos; aquél manifestó su connivencia con gentes de Teocaltiche para venir a fundar un club juarista, y el otro declaró estar comprometido en una conjura para levantarse en armas, "caso que don Porfirio se reeligiera", y que acabarían con los ricos.

Narrador, Ejercicios de Encierro, 74

En el capítulo "Ejercicios de Encierro", se presenta con detenimiento la rutina de ejercicios espirituales a la que se someten los hombres casados del pueblo. En el día dedicado a reflexionar sobre la lujuria, los sacerdotes están preparados para escuchar muchas confesiones relacionadas con la inmoralidad sexual. Sin embargo, se sorprenden porque casi todos los hombres confiesan otras actividades que resultan amenazantes para la Iglesia: el contacto con otras religiones (como el espiritismo) y con corrientes políticas que pretenden limitar el poder religioso (como el liberalismo y el socialismo). Curiosamente, los libros, los periódicos y las expresiones artísticas también aparecen relacionadas con el pecado. Las reflexiones en torno a la desigualdad de clases y la posibilidad de hacer huelgas o levantamientos también espanta a los sacerdotes, porque ellos se proponen mantener el estado de las cosas tal cual es. Así, la novela pone de manifiesto que la iglesia como institución en ese período histórico, directa o indirectamente, protege a los ricos.

Desde este momento, la sexualidad y la política quedan entrelazadas en el desarrollo narrativo como las dos grandes amenazas contra el catolicismo estricto y tradicional del pueblo. En efecto, cuando termina la semana de ejercicios espirituales, el cura Martínez no puede dormir, preocupado "por los peligros inminentes de la grey: liberalismo, libertinaje de costumbres, masonería, espiritismo, socialismo, lecturas impías, ¡revolución!" (77).

Muchos tienen la devoción de estar tan prevenidos para la muerte, que en vida se mandan hacer el féretro y labrar los cirios con que han de ser velados, y esto les sirve de tema para sus meditaciones y espiritual aprovechamiento; hay quienes guardan su cajón, ceras y mortajas desde quince o veinte años, y algunos en lugar ostensible de sus casas, aun en sus recámaras.

Narrador, El viejo Lucas Macías, 134

Esta cita destaca la omnipresencia de la muerte en el pueblo. Los habitantes se preparan para morir con mucha anticipación y dedican una buena parte de sus pensamientos y emociones a lo mortuorio. Algunos incluso guardan los ataúdes con los que planean ser enterrados en las mismas habitaciones donde duermen, como si todas las noches descansaran en sus tumbas. Como se ha mencionado, en el "Acto Preparatorio" se dice que este es un "pueblo de ánimas" (22), es decir, un pueblo de fantasmas, y en esta cita resuena la misma noción.

—No, padrecito, dispénseme mucho: lo que sucede es que al volver nos damos cuenta de las injusticias y mala vida que acá sufre la gente. ¿Por qué un cristiano ha de sudar todo el día para que le den unos cuantos cobres?, y ni eso, que los ricos se la barajan bien y bonito, le hacen las cuentas alegres, lo contentan con maíz y frijol para que no se muera de hambre, y "allí veremos, allí veremos, para las cosechas, para el otro año"; después de mucho batallar le van saliendo con unos metros de manta y otros de percal, y las deudas nunca se acaban, y pasan de padres a hijos, y nunca se llega a tener una casa, unas tierritas propias, o si las tenían las malbaratan, las pierden con réditos, crecen los hijos, vive la familia en chiqueros, no tienen qué vestirse, y al cabo ni en qué caerse muertos. Yo le digo a usted, padrecito, que esto no puede seguir así; tarde o temprano los pobres se han de aburrir y a bien o a fuerzas las cosas tienen que cambiar. Hablando con franqueza, sí, sí es preferible que los gringos vengan y nos hagan vivir otra vida como la suya y no ésta, que no es vida; ¿quién la goza?, dígame usted; los pobres no, los ricos tampoco, que ni saben para lo que sirve el dinero; las mujeres, todo el tiempo trabajando, como esclavas, teniendo familia, siempre vestidas de negro, siempre aterrorizadas. ¿Qué plan peleamos? ¿La otra vida? Está bien; pero yo creo que también ésta podíamos pasarla mejor, siquiera como gentes.

Norteño anónimo, Los Norteños, 151-152

Estas palabras pertenecen a un monólogo pronunciado por un norteño anónimo ante un sacedote también anónimo. Es posible pensar que ese hombre es Damián Limón, ya que el personaje defiende las mismas ideas, pero no hay ninguna marca textual que nos indique el nombre de esta voz. En términos generales, este monólogo expresa el punto de vista de los norteños, es decir, de los nativos del pueblo que han pasado algún tiempo en Estados Unidos. Como puede verse, la discusión se da directamente con las autoridades de la iglesia, aunque se plantean temas mucho más abarcativos que la religión en sí. Las palabras del norteño ponen de manifiesto la desigualdad social entre ricos y pobres y las dificultades económicas de los campesinos mexicanos en el momento, cuestiones que la Iglesia parece ignorar. Asimismo, sirven como indicio de que se acerca la revolución, ya que el norteño afirma que "esto no puede seguir así", indicando que los pobres y los campesinos se rebelarán para exigir un cambio en el sistema económico, social y político.

El destino —en marcha— de sus feligreses le parecía el rodar de canicas en aquellos juegos de feria donde un impulso imperceptible modifica las derivaciones por caminos diferentes, embargando la expectación de jugadores y curiosos. La parroquia es un gran plano inclinado en el que van rodando cientos de vidas, con la intervención del albedrío; pero sobre del cual, circunstancias providenciales reparten el acabamiento de la existencia, cuando menos es esperado. Algunas veces quisiera don Dionisio saber el fin de éste y el otro, quisiera conocer por anticipado el desenlace de conflictos que lo preocupan, la resolución de pasiones, la fortuna de virtudes: precipitar el rodado de las canicas. Instantáneamente abjura de esta temeridad, contra la Providencia; le toca sólo a él influir en el ejercicio del albedrío. ¡Canicas! Doliente pensamiento en estas horas de postración.

Narrador, Canicas, 161

En esta cita leemos la metáfora principal de la novela: los personajes en el pueblo son canicas que ruedan sobre un tablero inclinado. Esta noción expresa la concepción católica del destino humano: cada personaje tiene albedrío, es decir, libertad para tomar sus propias decisiones, pero, en última instancia, lo más definitivo son las "circunstancias providenciales", o sea, aquello que disponga Dios. Es interesante observar la posición del cura Martínez en esta metáfora: él no se percibe como una canica más, sino que está por fuera y por encima del tablero, contemplando los destinos de los demás personajes. De esa manera, también se expresa el lugar de poder de este hombre que funciona como la máxima autoridad del lugar. Saber que no puede intervenir para cambiar esos destinos, porque el devenir de las vidas de los personajes depende de Dios, le resulta doloroso.

Mientras ruedan lentamente las oscuras canicas de la parroquia, se precipita la vida del país. Ya pasaron dos años y no se apagan los ecos de fusilerías contra los obreros de Cananea y de Río Blanco; es público que gentes movidas por los Flores Magón atacaron varias poblaciones fronterizas; el día dos de este mes fueron proclamados el general Díaz y don Ramón Corral, candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República.

Narrador, Canicas, 162

En esta cita se hace explícito el entrecruzamiento de la trama que narra las vidas de los personajes ficcionales de la novela con la reconstrucción realista del momento histórico previo a la Revolución mexicana. Existe una sintonía entre las tensiones y turbulencias que vive el pueblo y la ebullición política del país en aquella época. Como puede leerse, estos procesos de cambio se agilizan cada vez más, se precipitan a medida que avanza la novela, ya que la cronología se va acercando a 1910, el año de la Revolución. De esta manera, la novela enfatiza su dimensión realista, mencionando figuras políticas que pertenecen a la historia de este país, como Porfirio Díaz y Ramón Corral, que pretenden ser reelegidos en sus cargos de presidente y vicepresidente de la nación. A su vez, se destacan episodios que van gestando la Revolución, como los levantamientos coordinados por Ricardo Flores Magón.

Sin éxito había tratado don Dionisio de sobreponerse a las perplejidades en que penosamente lo sumió el sueño de cuatro noches antes y que no lo dejaban libre un solo momento. Había hecho el propósito de no buscar significados a la representación onírica, que juzgó asechanza de Satanás; pero a cada paso lo asediaban en chusma los enigmas: ¿por qué Marta, María y Micaela se confundían en una y la misma?, ¿qué quiere significar esa insurrección de Gabriel, tan ausente, tan despreocupado en la vida real?, ¿y lo más extraño: su absurda identidad con Damián el de don Timoteo?, ¿y esa horrible imagen de la maternidad y de la común condenación? Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo.

Narrador, Ascención, 232

El cura Martínez se ve atormentado por una extraña y atemorizante pesadilla que ha tenido algunos días atrás. En el sueño, ve a una pareja teniendo sexo y no le queda claro quiénes son. Primero cree que la mujer puede ser una de sus sobrinas, luego cree que se trata de Micaela. En el caso del varón, se le confunden las figuras de Damián Limón y de Gabriel. Como se ha mencionado, Agustín Yáñez crea una novela innovadora porque suma el relato de los sueños a la narración realista, completando la idea de realidad con el plano onírico, inconsciente y subjetivo. Así, la pesadilla refleja algo sobre la realidad y, por lo tanto, sirve como indicio o alerta de que algo terrible tendrá lugar en el pueblo. Es por eso que el cura no puede dejar de preguntarse cuál es el significado de ese sueño.

—¡Estamos al filo del agua!
—¡Que viene la gente de Rito Becerra!
—¡Eh! Yo ya soy más del otro mundo que de éste; mi corazón me avisa que voy a morirme apenas en el filo del agua; pero ésta sí va a ser tormenta, les anuncio.

Fue cierto. Una mañana, Lucas mandó pedir confesión; tenía un dolor en el pecho que se le extendía por todo el brazo izquierdo; apenas lo alcanzó el señor cura:

—¡Estamos en el filo del agua! Usted cuídese: pase lo que pase, no se aflija, señor cura, será una buena tormenta y a usted le darán los primeros granizazos: ¡hágase fuerte! —y luego, como en sueños, como en delirios—: un blanco, chaparro él, diz que loco... muchachos y locos dicen verdades... hágase fuerte.

Fueron las últimas palabras de Lucas, cortadas por un síncope. Acababa con él un capítulo de la historia local. Ese día se supo que los maderistas habían entrado a Moyahua.

Narrador, El Cometa Halley, 355

Este fragmento del capítulo final narra la muerte de Lucas Macías, anciano que guardaba las memorias de muchas generaciones del pueblo. Simbólicamente, con él, mueren una época y un estilo de vida. Es por ello que el mismo día de su defunción, los rebeldes entran a Moyahua, cerca de Jalisco, es decir, la Revolución ya está estallando y los viejos tiempos acaban para siempre. Es importante observar que el propio Macías reconoce la inminencia de la revolución y la de su propia muerte como dos fenómenos entrelazados. Además, se refiere a ambas cuestiones usando la expresión que da título a la novela: "¡Estamos al filo del agua!", asegura el anciano.

Por otra parte, cabe destacar que Lucas Macías le asegura al cura que se verá muy afectado por la tormenta, es decir, por la Revolución, por lo que debe hacerse fuerte. En este sentido, la expresión que da título a la novela se expande y la lluvia aparece como metáfora de la revolución. Dado que desde el comienzo se ha afirmado que este pueblo es un lugar seco, queda claro que la tormenta se anuncia como un peligro: las cosas están por cambiar y eso ya resulta inevitable.

—¡Se llevaron a María, la sobrina del señor cura!
—¡Cómo!
—¡Sí, que no la hallan por ninguna parte!

A los primeros rumores, a la noticia categórica, sigue la ominosa versión y las airadas.

—¿Que se fue por su voluntad?
—¡Sí, que estaba de acuerdo con los maderistas!
—¡Que se fueron ella y la viuda de Lucas González!

—¡Cómo!

—Sí, ¡las dos! Iban en unos caballos que le robaron a don Anselmo Toledo.
—Yo siempre pensé que en eso pararía.
—Yo siempre dije que no era gente buena, desde que se juntaba tanto con Micaela.
—Yo siempre anuncié que había de acabar en perdida.
—Leía libros prohibidos.
—Era muy rara.
—Tenía un modo de hablar, de ver.
—¡Malvada!

Voces del pueblo, El Cometa Halley, 359-360

Este diálogo entre voces anónimas del pueblo evidencia la dimensión polífónica de la novela, ya que son justamente esas voces las que narran esta parte de la historia, mientras que el narrador apenas interviene en el fragmento. Se trata de un pasaje fundamental porque cuenta el destino que decide recorrer María, la sobrina menor del cura, una figura que crece muchísimo en el capítulo final. Cuando llega la Revolución al pueblo, la joven opta por sumarse a las tropas de rebeldes y se marcha con ellos hacia Guadalajara. Es preciso notar cómo, al comienzo, los habitantes del pueblo no pueden creer que María haya hecho algo así, y sospechan que la han secuestrado. Sin embargo, luego se confirma que se va por su propia voluntad, ya que está ideológicamente de acuerdo con las propuestas maderistas (del político revolucionario Francisco Madero). Se destacan entonces las conexiones establecidas en este diálogo para tratar de entender la decisión de María. Para algunos, no es sorprendente que parta con los rebeldes porque es amiga de Micaela y porque le gusta leer. En otras palabras, su postura revolucionaria aparece ligada con el sexo y la literatura como prácticas amenazantes para las costumbres del pueblo.

¡La alegría de su juventud! Ola de amargura baña la garganta del anciano. Desfallece. ¡Su juventud! Alterado el orden, hay una breve interrupción. El celebrante se sobrepone y anuda el hilo del oficio. Como todos los días, hace treinta y cuatro años. Las manos cadavéricas temblándole junto al pecho. ¿Alcanzará a consumir este cáliz de hoy?, ¿podrá vencer el vértigo que lo derrumba, la caída que todos esperan con sádico silencio?

Narrador, El Cometa Halley, 365

Esta cita pertenece a las líneas finales de la novela. Los rebeldes ya han pasado por el pueblo, algunos habitantes han muerto y otros se han unido a las filas de la Revolución. Los que quedan se reúnen en la iglesia. El cura Martínez está muy debilitado, envejecido y agotado por las circunstancias. Lo atormenta reconocer que no ha podido impedir la llegada de los cambios al pueblo. Aunque casi no puede mantenerse en pie, se obliga a dar la misa. Y en medio de la ceremonia se derrumba, parece desmayarse. Don Dionisio, incluso después de la Revolución, se esfuerza por sostener la rutina y las costumbres de manera rígida, pero se le hace muy difícil, tanto que está como muerto, con las "manos cadavéricas". Así, la obra se cierra con una interrogación: el cura y el pueblo, ¿podrán continuar funcionando como antes, como "todos los días hace treinta y cuatro años"?