Nuestra parte de noche

Nuestra parte de noche Resumen y Análisis Círculos de tiza, 1960-1976 (Partes I-II)

Resumen

Círculos de tiza, 1960-1976 – Parte I

Este capítulo está narrado en primera persona por Rosario Bradford. Se divide en tres partes. En la primera, Rosario comienza hablando sobre la amistad entre la familia Bradford y la Mathers. Esta amistad comienza siglos atrás, en Europa. Ambas familias son de clase alta. Rosario afirma que, con los años, aprende que la clase alta es una patria en sí. No importa dónde vivan: “Ser ricos nos iguala con todos los ricos” (p. 288), dice ella. Las familias Mathers y Bradford dirigen la Orden. Luego, Rosario recrea la historia de la Orden, que le fue narrada a ella y a su prima Betty por su abuelo, Santiago Bradford.

En el año 1752, el tatarabuelo de Rosario, William Bradford (librero y dueño de una imprenta) y su mejor amigo, Thomas Mathers (terrateniente), ambos ingleses y aficionados a las artes oscuras, encuentran al primer médium en Escocia. Este es hijo de un campesino. Los ingleses se lo llevan a Londres. Al poco tiempo, el médium les muestra a la Oscuridad. Según Thomas Mathers, al convocar, el médium se metamorfosea: le crecen uñas de gato. En este punto de la historia, Rosario cuenta que le preguntó a su abuelo cuál era el nombre del irlandés. Su abuelo le respondió que el nombre no fue registrado. Lo llamaban simplemente “el joven escocés”. Rosario dice: “Eso también es ser rico (...): ese desprecio por lo precioso y la incapacidad de ofrecer la dignidad de nombrar” (p. 290). Al poco tiempo, el escocés, desgastado por los continuos rituales a los que lo exponen, enloquece y muere.

Los hijos de William Bradford emigran a América entre 1830 y 1835. Uno de ellos va a vivir a Argentina. Participa de la Campaña del Desierto y el gobierno lo recompensa regalándole tierras en la localidad de Chascomús, Buenos Aires. Él es quien construye la quinta de los Bradford.

Aquí Rosario interrumpe la narración sobre la historia de la Orden. Afirma que ella es antropóloga porque le gustan esas historias. Luego habla sobre su amistad de la infancia con su prima Beatriz, y el interés que siempre les despertaron a ambas las historias relacionadas con el ocultismo. La amistad de Beatriz y Rosario se debilitó cuando los padres de Beatriz decidieron alejarse de la Orden alegando que esta era una farsa. Rosario entonces se enteró de que era normal dejar que los miembros de la Orden se fueran. Según su madre Mercedes, “Hay que dejarlos ir porque siempre vuelven, vuelven llorando, cagados a palos, porque la Oscuridad es un dios con garras que husmea, la Oscuridad te alcanza, la Oscuridad te deja jugar, como los gatos dejan jugar a sus presas un rato, solo para ver cuán lejos llegan” (p. 292).

Luego, su tío Jorge lleva a Juan a vivir con él. Rápidamente, Rosario y Juan forjan una relación de amistad. Juan vive prácticamente solo en el departamento de Jorge. Solamente recibe las visitas de Rosario y de su hermano Luis. La madre también va a verlo. Incluso, se ofrece para trabajar como personal doméstico en la casa, solo para estar cerca de él. Por el contrario, el padre de Juan se conforma con el dinero que le dio Jorge y no intenta encontrarse nunca más con su hijo. Varias veces, la madre de Juan llora e implora que se lo devuelvan. Un día, Mercedes dice que la mujer la tiene cansada. A las pocas semanas, esta muere de cáncer.

Después, Rosario recuerda la llegada de Tali, su media hermana, a Buenos Aires. Tali llega desde Corrientes para estudiar. Es la hija de la amante de Adolfo, Leandra. Mercedes la maltrata. Tiene celos de Leandra porque ella es una curandera poderosa. Mercedes, finalmente, conjura y consigue que Leandra muera de cáncer, como la madre de Juan. Tras la muerte de su madre, Tali regresa a Corrientes.

Ese mismo verano, Mercedes manda a Rosario a Chascomús. Rosario le pregunta si puede ir con Betty o con Juan. Mercedes la golpea con su mano llena de anillos hasta hacerla sangrar. La función de Rosario en Chascomús se limita a alimentar a los enjaulados. Según Rosario, Mercedes es la única que intenta contactarse con la Oscuridad ofreciéndole personas inocentes.

Luego, Rosario cuenta la historia de George Mathers, el tío abuelo de Florence Mathers, líder actual de la Orden. Esta historia transcurre en 1919. Por entonces, George Mathers trabaja para la National African Company en Ibadán, protectorado británico de la época (actual Nigeria). En una ceremonia nativa a la que asiste como invitado, George conoce a Olanna, quien tiene apenas quince años. Es hermosa, aunque débil y enfermiza. Le dicen La Que Trae la Noche. George se enamora de ella perdidamente.

A fines de ese año, George conoce, por medio de Olanna, a la Oscuridad. Se fascina, pero también se asusta. Decide volver a Londres y se lleva a Olanna con él. Afirma Rosario: “Llevársela fue muy sencillo para un hombre de su posición. Siempre es fácil, para nosotros, conseguir lo que queremos” (p. 302). Llegan a Londres. Olanna es esperada con ansias por la Orden, liderada en ese momento por el padre de George Mathers, Christopher Mathers. Dice Rosario: “Para hacer oro es preciso, primero, tener oro. No se hace nada de la nada. La riqueza, en aquellos años, ya no les resultaba suficiente. Ahora querían evitar la muerte y creían que la Oscuridad iba a darles ese don” (p. 303). A los pocos días, se hace el primer Ceremonial con Olanna. Tras convocar a la Oscuridad, Olanna queda exhausta. George Mathers sabe que la Orden la va a terminar matando. Es una médium, pero para la Orden también es una salvaje. No les importa para nada su vida.

Olanna muere a los dos meses. George y su esposa, Lily, cuidan a Olanna hasta el día de su muerte, y la velan con honores. A las autoridades inglesas les llama la atención el entierro de una joven africana en estado de desnutrición, pero la Orden calla a todos con dinero. George Mathers y Lily mueren en un viaje por África. Christopher Mathers le entrega la Orden a su hijo menor, Charles Mathers.

Tras terminar este relato, Rosario habla sobre la Oscuridad. Afirma que lo que la Oscuridad dicta en los rituales es el modo de hacer que la conciencia sobreviva al cuerpo. “Solo los médiums pueden hacer venir esta Oscuridad que habla y que nos ayudará a vivir para siempre, a caminar como dioses. Los mortales son el pasado, me dijo una vez Florence” (p. 308). Rosario afirma que, hasta el momento, sin embargo, nadie se ha convertido en inmortal. Es un absoluto fracaso.

Entre 1960 y 1962, Rosario vive con Juan en el departamento de Jorge Bradford. Entonces, su abuelo le enseña a trazar círculos de tiza para protegerse y a llevar a cabo otros rituales menores, pero todavía no la dejan invocar. En esa época, la Orden preserva a los jóvenes hasta que llegan a la adolescencia. Será Florence quien cambie eso al experimentar con su hijo menor, Eddie.

Una noche de 1962, en Puerto Reyes, Rosario descubre que Juan no está en su cuarto. Le avisa a la familia y salen a buscarlo en la selva. Lo encuentra Rosario, metamorfoseado: tiene las manos grandes y las uñas largas, doradas. Camina en cuatro patas. Entonces aparece la Oscuridad. En ese momento, llegan el abuelo y el tío de Rosario, Jorge. Este se le acerca a Juan y la Oscuridad le corta varios dedos de la mano izquierda. Luego, la Oscuridad se disuelve y Juan se escapa. Rosario va detrás de él. Juan y Rosario se besan y se abrazan. Desde entonces, su abuelo la designa como la responsable de cuidar a Juan.

Círculos de tiza, 1960-1976 – Parte II

Rosario se va a Inglaterra a estudiar. Juan intenta retenerla de todas maneras, e incluso amenaza con suicidarse, pero Rosario decide que necesitaba estar lejos para “ser alguien sin él” (p. 316). Ella recuerda entonces ciertas peleas con Juan. Afirma que varias veces temió que él la golpeara, o algo peor. Por ejemplo, cuando Juan se entera de que Rosario tuvo sexo con otro hombre antes de estar con él, agarra una escopeta y le dispara a todas las copas de la casa.

Al llegar a Londres, Rosario se encuentra con Stephen en el aeropuerto. Entre ellos tienen una gran amistad. A ninguno de los dos les molesta compartir el amor de Juan. Rosario cuenta que en la casa en la que vive Stephen, la casa de los Mathers, hay una gran biblioteca. Allí está el libro de la Orden. Rosario afirma que Juan le dio a ese libro las páginas más sagradas y que, por eso, le permitieron vivir. No hicieron con él lo mismo que hicieron con otros médiums. Con Juan, los Ceremoniales fueron espaciados y menos agotadores. Esa fue una decisión de Florence.

Rosario y Stephen llegan a la casa de los Mathers. Almuerzan allí con Florence. Hablan de Eddie, el hijo menor de Florence, que, mientras ellos comen, se encuentra atado en su cama para evitar que se autoflagele. Florence destrozó su psiquis al entrenarlo como médium desde que era pequeño. Ahora Eddie está loco y es peligroso para él mismo y para los demás.

Rosario retoma su repaso por la historia de la Orden. Antes de que la líder fuera Florence, la Orden estaba presidida por Charles Mathers, el hermano menor de George. En 1939, Charles Mathers encuentra una médium en España. Su nombre es Encarnación. Es una adolescente que perdió a toda su familia durante un bombardeo del franquismo. Charles, con ayuda de los Margarall, una familia aristocrática española que forma parte de la Orden, se lleva a Encarnación a Francia. Allí, Encarnación es violada reiterada veces por los miembros de la secta. La Orden habla de magia sexual, pero Rosario las llama “violaciones”. Aclara: “No se requiere ningún tipo de magia sexual en el Ceremonial ni con el médium, y Charles lo sabía. Se dejó llevar por la ambición, cedió a la perversión de miembros de la Orden que le disputaban poder y cayó en la vorágine demente de la Guerra” (p. 321).

Después de meses de estar encerrada en su habitación, Encarnación logra escapar por una ventana y, con una escopeta, mata a todos los miembros de la Orden que están en la casa: Charles y sus hijos, los hermanos de Florence, los Margarall y algunas de las familias más importantes de Europa. A los hombres, además, les destroza los genitales con un cuchillo. Luego, se suicida. Estaba embarazada. El único que se salva es Pedro Margarall, padre de Stephen. Él, en el momento de la matanza, había salido para conseguir alcohol y lamparitas.

Pedro Margarall es un joven estudiante de religión, hijo de un marqués, incapaz de resolver pragmáticamente problema alguno. Viaja a Londres para pedirle ayuda a Florence. Juntos reconstruyen la Orden. Además, tienen dos hijos: Stephen y Eddie. En el momento de la narración de Rosario, Pedro Margarall todavía vive. Está recluido en su casa de Cadaqués. Solo recibe las visitas esporádicas de Stephen y Florence. No puede perdonarse lo que hizo con Eddie.

Tras este repaso de la historia de la Orden, Rosario sitúa su narración en Londres, en 1967. Ella tiene dieciocho años y disfruta al máximo la ebullición cultural de la capital inglesa. Experimenta con drogas, tiene relaciones sexuales con hombres y mujeres y conoce artistas rupturistas de la época. Incluso llega a tener una relación con David Bowie. Todo esto, mientras estudia Antropología en Cambridge. Junto a Stephen, forma un grupo de amigos. Casi todos ellos son parte de la Orden. Se destaca Laura, hija adoptiva de Anne Clarke y tía de Florence. A Laura le falta el ojo izquierdo. Bebe mucho y se baña poco. Sin embargo, Rosario la encuentra hermosa, y mantiene una relación amistosa y sexual con ella. Laura es una estudiosa de las artes oscuras. Según ella, el libro escrito por la Orden no tiene valor alguno. Está compuesto de ilusiones de los escribas que, cegados por el deseo, durante los Ceremoniales creen escuchar a la Oscuridad.

Rosario recuerda sus conversaciones telefónicas con Juan de aquel entonces. En esos meses, Juan está de novio con Tali, y está absolutamente aterrorizado porque Mercedes le dijo que los médiums, cuando mueren, quedan condenados a vivir en la Oscuridad. Según Stephen, a Juan lo asustan con esas cosas para que se mantenga vivo y siga haciendo rituales. En una de esas conversaciones, Juan le dice a Rosario que encontró algunas casas que por fuera tienen un aspecto y por dentro son totalmente diferentes. No son casas, sino pasajes.

Laura y Rosario se vuelven íntimas amigas. Rosario le cuenta cómo fue golpeada y maltratada por Mercedes durante toda su vida. Se proponen eliminarla algún día.

Juan llega a Londres en el invierno de 1969. Está gravemente enfermo. Lo dejan en el hospital. Cuando se recupere, será intervenido quirúrgicamente, y luego irá a la casa de los Mathers. Stephen afirma que eso es peligroso, dado que Eddie lo odia, porque siente que Juan ocupó su lugar.

Durante esos días, corre el rumor de que Anita Pallenberg, la mujer de Keith Richards, guitarrista de Rolling Stones, tiene una Mano de Gloria. Rosario desea con fervor tener una. La Mano de Gloria se consigue cortándole la mano a un ahorcado mientras aún se encuentra colgado. Una Mano de Gloria puede abrir puertas como las que abre Juan.

Juan es operado con éxito y sale del hospital. Tras dormir por primera vez en la casa de los Mathers, afirma que Eddie, por la noche, gritó cosas relacionadas con manos que lo tocaban. Dice que él puede ayudarlo, pero Stephen afirma que nadie puede ayudar a Eddie. Cuenta que, en su preparación como médium, entre otras cosas, Eddie fue violado con restos humanos. Su locura es irreversible.

Juan y Rosario pasan unas hermosas semanas juntos en Londres. Una noche, Juan encuentra un pasaje hacia el Otro Lugar en la casa. Para entrar necesita a Rosario, Laura y Stephen. Laura, sin embargo, tiene miedo de desobedecer a la Orden. Juan, entonces, le dice que debe rebelarse contra Mercedes, la mujer que le arrancó el ojo izquierdo.

Los cuatro amigos se ponen de acuerdo para entrar por la puerta que los conduce al Otro Lugar. Primero la abre Stephen. Lo que hay del otro lado es una habitación normal. Cierran la puerta y, entonces, la abre Juan. Esta vez, del otro lado aparece un túnel. Entran. Recorren unos trescientos metros hasta llegar a un bosque. El camino está lleno de huesos. Está todo demasiado silencioso. Juan afirma que ese lugar es el que ve cuando entra en trance al convocar a la Oscuridad.

Días después, tras esa primera visita de reconocimiento, el grupo de amigos vuelve a entrar al Otro Lugar. Esta vez, Juan ha decidido hacer una ofrenda allí. Se sienta de rodillas en el bosque de huesos y lo riega con su sangre. Laura le rasura una parte del cuero cabelludo. Allí, con el filo de un hueso, Juan se dibuja un signo. Le pide entonces al Otro Lugar que le confiera el poder de tener secretos propios. Luego, el grupo de amigos escucha un llamado. Al ir en esa dirección, encuentran un bosque en el que los árboles tienen manos alrededor, como si estuvieran siendo abrazados. Llaman a ese lugar el Bosque de las Manos. Hacia la derecha se encuentran con el Valle de los Torsos. Juan decide que es suficiente. Salen.

Laura hace un registro escrito y gráfico de todo lo que vio en el Otro Lugar. Encuentra que entre los huesos hay un mensaje: la palabra “Hungry” y el número 4. Laura intuye que el mensaje puede hacer alusión a la casa de al lado, la casa 4, en la que, desde que llegó Juan, están Graciela Biedma y los guardaespaldas.

Al día siguiente, van a la casa de la doctora Biedma cuando ella no está. Solamente está su asistente. Apenas entran, Juan detecta algo extraño. Inmediatamente, se metamorfosea, y la Oscuridad se hace presente, crece y se come a los guardaespaldas de Juan. Luego, se retira. Ese mismo día, más tarde, Florence los llama y les dice que Eddie se ha escapado. La huida de Eddie fue violentísima: les comió los ojos a los guardias que lo vigilaban.

Al poco tiempo, el grupo de amigos hace una fiesta en la casa. En medio del evento, alguien les deja una carta por debajo de la puerta. La carta es de Eddie y es sumamente críptica: dice que no estará nunca más encerrado, y que las manos no lo dejan en paz. Agrega que a su madre no le importa su dolor, ni tampoco a la “vieja”, ya que ella le afiló los dientes. Rosario deduce que está hablando de Mercedes, que afila los dientes de los enjaulados. Eddie dice también que está en la Oscuridad. Afirma que el “médium” y la “sin ojo” son usurpadores. Se lo dijo “la embarazada”. Deja en claro que no lo encontrarán. Finalmente, escribe que no quiere morir, porque no hay diferencia entre la vida y la muerte. La embarazada lo sabe. Rosario advierte que “la embarazada” a la que alude Eddie es Encarnación.

Al día siguiente, los guardaespaldas revisan la zona pero no encuentran a nadie. Sin embargo, por la noche, mientras Juan y Rosario duermen, se escucha una sucesión de disparos. Es Eddie. Estaba escondido dentro del Otro Lugar. Mata a los guardaespaldas y a un par de amigos más del grupo. Entre sus víctimas fatales está Laura. Finalmente, se encuentra cara a cara con Juan. Le dispara, pero falla. Juan lo agarra del cuello y lo arrastra hasta el Otro Lugar. Rosario los sigue. Juan vence en una pelea a Eddie. Lo lleva a un bosque en el que hay personas ahorcadas de las ramas de los árboles. Le parte el cuello y luego lo cuelga. Finalmente, le corta una mano al cadáver y se la regala a Rosario: esa es su Mano de Gloria. Tras la muerte de Eddie, el pasaje hacia el Otro Lugar se cierra.

Análisis

Las dos primeras partes de “Círculos de tiza” transcurren en Londres y, por ende, el contexto político argentino no tiene una gran importancia. Por el contrario, el tema de la diferencia entre las clases sociales es aquí fundamental. Apenas comienza el capítulo, Rosario afirma que, a lo largo de su vida, aprendió que la clase alta es un país en el que viven todos los ricos del mundo. A través de este postulado, Rosario da a entender que su familia y la Orden están más allá de los conflictos y los gobiernos de turno que puedan tener una u otra nación. Los ricos tienen su propia idiosincrasia, sus propias reglas, y las imponen en cualquier lugar del mundo.

Esto se nota con claridad en la historia que narra Rosario acerca de los diferentes médiums que ha tenido la Orden desde su fundación: el joven escocés, Olanna, Encarnación y Juan. Los cuatro médiums son de diferentes partes del mundo, pero comparten su pertenencia a la clase oprimida: “Un campesino en la revolución industrial, una mujer negra de las colonias británicas antes de la descolonización, una adolescente pobre en la guerra cuya carnicería pasa desapercibida en la carnicería general” (p. 321). A esa enumeración hay que sumar a Juan: un hijo de campesinos inmigrantes.

La Orden funciona bajo la lógica capitalista del dinero. Nada los regula. No hay Estado que limite sus acciones. La Orden adquiere personas que están en situación de vulnerabilidad y las explota para sus fines. Dos de estos cuatro médiums, el joven escocés (la Orden ni siquiera sabe su nombre) y Olanna mueren a causa de esta explotación. Sus muertes carecen de importancia alguna. La mayor parte de los miembros de la Orden ni siquiera los considera personas, y el Estado (sea del país que sea) tampoco hace nada. Por ejemplo, la muerte de Olanna llama la atención de las autoridades inglesas, pero la Orden les da dinero a cambio de su silencio. Es decir, no solamente en Argentina la clase alta se maneja con impunidad. Insistimos: el país de la clase alta no se restringe a los límites de una nación. Nuestra parte de noche postula que los ricos hacen lo que quieren en cualquier parte del mundo.

Por supuesto, algunos miembros de la Orden, de manera individual, se compadecen por el trágico destino de los médiums. Por ejemplo, George Mathers y Lily cuidan a Olanna hasta sus últimos días y le hacen un funeral con pompa. Del mismo modo, Rosario empatiza con Encarnación y ama a Juan. Pero la Orden siempre impone sus prioridades sobre las afinidades personales, y en las prioridades de la Orden no tiene lugar alguno la benevolencia con los explotados. Los miembros de la Orden pueden ser afectuosos con sus servidores, pero estos siguen siendo servidores. Y así como algunos miembros de la Orden se compadecen de ellos, otros se exceden, van más allá de las necesidades de la Orden y se aprovechan de esos servidores para saciar sus propios deseos oscuros.

La crueldad vuelve a aparecer como tema en este cuarto capítulo, sobre todo a través de la historia de Encarnación. Esta joven médium española no solo es explotada por los miembros de la Orden con un fin (conectarse con la Oscuridad), sino que es violada salvajemente, sin ningún otro fin que saciar el deseo sádico. Y por supuesto, si hablamos de crueldad, debemos hablar de Mercedes Bradford. En este capítulo, además de volver a oír la historia de sus niños enjaulados desde la perspectiva de Rosario, el lector se entera de que, en el pasado, Mercedes mató a la madre de Juan y a Leandra por mero placer; y que por mero placer también golpeaba a su hija desde que era niña, e incluso la obligaba a alimentar a sus niños enjaulados.

La otra líder de la secta, Florence Mathers, también es una mujer terrible, aunque se puede discutir si es cruel como Mercedes. Florence enloqueció a su hijo Eddie entrenándolo como médium. Lo sometió a cosas terribles. Entre otras cosas, Eddie fue violado con restos humanos. Pero Florence siempre persiguió un fin: conseguir que su hijo se convirtiera en médium. Las cosas más terribles que le hizo, las hizo incluso con esa finalidad. Dicha diferencia se nota con claridad en el sentimiento de ambas hacia sus hijos. Mercedes mandó a matar a su hija Rosario y no tiene ningún tipo de culpa. Más bien, se siente orgullosa de haberlo hecho. Por el contrario, Florence y su marido Pedro Margarall viven atravesados por la culpa de haber destrozado mentalmente a Eddie.

Este fino límite entre la maldad y la crueldad nos conecta con otro tema: la locura. Eddie asesina violentamente a varios guardaespaldas, a Laura y a otros amigos de Rosario, pero ¿se puede afirmar que es un personaje cruel o malvado? Eddie está loco. Lo han enloquecido. Y no es el único. Juan a menudo pierde la razón y golpea a Gaspar, porque a él también la Orden lo ha enloquecido. ¿Y qué sucede con Florence? ¿No se puede postular que la búsqueda por conocer el secreto de la inmortalidad y el afán por convertir a su hijo en una especie de dios la han enloquecido?

Aquí puede haber opiniones diferentes, pero sin dudas Nuestra parte de noche propone este debate. Juega con estos límites. No le quita responsabilidad individual a los personajes que conforman la Orden, pero demuestra hasta qué punto todos los personajes son influenciados por su entorno. Demuestra, además, cómo la ambición por el poder puede ir corriendo los límites morales y éticos, y propiciando la locura.

Detengámonos ahora en lo que sucede en este capítulo con las relaciones amorosas. La narración de Rosario sobre su historia con Juan pone en cuestión un tema que reaparecerá en los siguientes capítulos: la desigualdad de género. En el primer capítulo, Juan tiene relaciones con Tali, la media hermana de Rosario, y Stephen, y eso no genera ningún tipo de problema. El amor libre se presenta entonces como algo simple y relajado. En este capítulo, sin embargo, descubrimos que esto tiene sus matices: el amor libre se presenta simple porque quien está relacionándose con otras personas es Juan. Sin embargo, cuando este se entera de que Rosario tuvo una experiencia sexual con otra persona antes de estar con él tiene un ataque de ira: toma una escopeta y le dispara a las copas de la casa. Juan no solo se toma a mal la libertad sexual de Rosario, sino que reacciona violentamente. Y esto no fue un hecho aislado. Rosario afirma que, en varias discusiones, llega a tener miedo de que Juan la golpee. Luego, cuando Rosario decide irse a Londres, Juan ejerce otro tipo de violencia: intenta convencerla de que se quede con él amenazándola con suicidarse. Esta decisión de Rosario de ir a vivir a Londres también está atravesada por una cuestión de género. En Argentina, Rosario tenía una sola misión, encargada por su abuelo: proteger a Juan. Es decir, Rosario debía vivir para Juan y nada más que para Juan. Rosario se rebela ante esos límites tradicionales y machistas, y se va a Londres a estudiar y construir su propia historia.

Para cerrar este tema, es interesante detenerse en la gran diferencia entre el modo de actuar de Juan y el de Rosario en torno a la libertad amorosa y sexual. He aquí dos ejemplos al respecto. Por un lado, cuando Rosario llega a Londres y se encuentra con Stephen, dice: “Él también estaba enamorado de Juan, pero nunca interfirió entre nosotros y yo siempre quise tenerlo cerca, como el otro esposo, el pacificador” (p. 318). Luego, cuando, a los pocos meses de estar en Londres, se entera de que Juan está de novio con su media hermana, reflexiona: “No me importaba, me daba un poco de celos pero entendía: él y yo necesitábamos una vida separados para volver a encontrarnos” (p. 322). Los modos de actuar de uno y otro son diametralmente opuestos, y están totalmente atravesados por la cuestión de género. Juan actúa como un hombre machista, que considera que la mujer es su posesión, mientras que Rosario acepta fácilmente que Juan comparta su vida con otras personas, aunque no desde una perspectiva de sumisión, sino desde la comprensión de que el amor es mucho más que la fidelidad y/o la monogamia.

La representación del machismo y la misoginia es algo recurrente dentro del terror gótico latinoamericano, género dominado casi exclusivamente por escritoras mujeres. Según Álvaro Alemán, profesor e investigador de la Universidad San Francisco de Quito y doctor de literatura hispanoamericana, desde sus inicios en el siglo XIX, el gótico se ha manifestado “por medio de la representación sistemática de la opresión de la mujer” (2021), y esto es retomado por las autoras latinoamericanas que han renovado el género.

En oposición a la estructura machista que domina la sociedad argentina, Enríquez presenta a Londres como un lugar en el que reina la libertad sexual, sin que eso intervenga en los compromisos afectivos. Por ejemplo, Rosario tiene sexo con Laura reiteradas veces, pero eso no impide que tenga relaciones con otras personas, hombres y mujeres. Aquí, la homosexualidad no aparece como un tema problemático. No es un tema siquiera. Los personajes no le dan importancia alguna al hecho de estar con una persona del mismo género o del género opuesto. Rosario, incluso, habla de dos hombres con los que tiene relaciones que parecen andróginos y le gustan por eso mismo. Uno de esos hombres es David Bowie.

En relación a las numerosas referencias culturales que aparecen en este capítulo, cabe destacar que, en la década de 1960, Londres vive una revolución cultural llamada “Swinging sixties”. Esta revolución se caracteriza por la valoración de lo nuevo y lo moderno, y por la búsqueda del placer a través de la experimentación. Una gran cantidad de artistas de diversas ramas se concentran en Londres durante estos años. Además, la mezcla cultural generada por la inmigración de distintas partes del mundo hace de Londres en la década de 1960 un epicentro de la cultura mundial.