La vida de Pi

La vida de Pi Resumen y Análisis El océano Pacífico (capítulos 36-62)

Resumen

La segunda parte de La vida de Pi comienza con el hundimiento del barco Tsimtsum. Antes de la catástrofe, Pi disfruta mucho del viaje y realiza el seguimiento del avance diario del bote con precisión. Luego de cuatro días en el océano Pacífico, un ruido fuerte despierta a Pi en la mitad de la noche. Sale de su camarote a averiguar de dónde viene. En la cubierta, Pi se da cuenta de que hay una gran tormenta. No demora mucho en percibir que el barco se está inclinando. Vuelve al interior e intenta encontrar a su familia, pero descubre que hay una inundación: el barco se está hundiendo y, por alguna razón desconocida, los animales salieron de sus jaulas. Pi encuentra a algunos miembros de la tripulación, que le ponen un chaleco salvavidas y lo lanzan por la borda.

Pi aterriza en un bote salvavidas. Una cebra salta después de él. Pronto ve a Richard Parker, el tigre de Bengala del zoológico, y lo ayuda a subir al bote. Una vez que el tigre sube, Pi entiende que fue muy estúpido al considerar que podía compartir el bote con un tigre, pero ya es muy tarde: “En pocos segundos estarás a salvo y estaremos juntos. Un momento. ¿Juntos? ¿Que estaremos juntos? ¿Me habré vuelto loco?” (p.137). Pi salta y se agarra de un aro salvavidas. Justo en ese momento ve a un tiburón aproximándose y usa un remo para volver al bote.

Pi contempla al Tsimtsum hundirse. No hay rastros de que otra persona haya sobrevivido. En el bote descubre que la cebra sigue viva, pero tiene una pierna rota. Pi se pregunta por qué Richard Parker no la mató. Luego ve a una hiena en el bote y piensa que Richard Parker puede haber dejado el bote por temor a la hiena.

Al poco tiempo aparece Zumo de Naranja, una orangutana del zoológico, que se acerca al bote flotando en una red llena de bananas, “rodeada por una aureola de luz, preciosa como la Virgen María” (p.152). Zumo de Naranja se sube al bote y Pi se queda con la red. El adolescente está muy nervioso por lo que la hiena pueda hacer.

El bote está lleno de moscas. Cuando cae la noche, Pi escucha muchos sonidos que lo asustan. Con la salida del sol recupera un poco de esperanza de que lo rescaten, pero cuando mira a su alrededor, descubre que la hiena le arrancó la pierna a la cebra y se la está comiendo.

Zumo de Naranja está muy mareada y triste por haberse separado de su hijo. La hiena ataca nuevamente a la cebra, que muere al día siguiente. La próxima víctima es Zumo de Naranja que, sorpresivamente, “le dio una bofetada a la bestia en la cabeza” (p.175). Sin embargo, no logra defenderse y la hiena la mata. Justo cuando Pi piensa que la hiena va a ir por él, ve que Richard Parker sigue en el bote.

Pi relata la historia de cómo recibió su nombre Richard Parker. Lo habían cazado cuando era cachorro, junto a su madre, en Bangladesh. “El cazador, que se llamaba Richard Parker, lo cogió con las manos y, recordando la prisa que tenía por beber agua del río, lo bautizó con el nombre de Sediento” (p.179). Por un error de papeleo, el tigre fue registrado con el nombre de Richard Parker y el cazador con el de Sediento.

Al tercer día, Pi tiene mucha sed. Entonces, registra el bote y, afortunadamente, encuentra una taquilla. En ella hay muchas latas de agua potable y cajas de galletas, que pronto consume. Hace un inventario de todo lo que hay en el bote. Cuando escucha rugir a Richard Parker por primera vez, decide construir una balsa con los remos, los chalecos salvavidas y una soga. Antes de terminarla, Richard Parker se levanta y mata a la hiena. El tigre posa su mirada sobre Pi. En ese momento, aparece una rata y Pi aprovecha su oportunidad: “Cogí la rata y la arrojé en su dirección” (p.202). Richard Parker parece satisfecho, y Pi se establece en su nueva balsa.

Esa noche llueve copiosamente. Pi se desvela urdiendo planes para librarse de Richard Parker. Su sexto plan consiste en hacerle una guerra de desgaste y esperar a que muera de hambre o deshidratación. Sin embargo, al día siguiente Pi recuerda que Richard Parker puede tomar agua salada y podría nadar hasta la balsa para matarlo si tiene hambre. Pi reflexiona sobre el miedo, “el único y auténtico adversario de la vida” (p.212).

Richard Parker se come a la hiena y contempla a Pi. De pronto, produce el sonido prusten, “el más silencioso de los gritos de los tigres, una especie de resoplido que expresa simpatía e intenciones inofensivas” (p.216). En ese momento Pi descubre que tiene que domarlo y sobrevivir con él. Además, su presencia impide que piense tanto en su familia y en su complicada situación. Así, Pi comienza a adiestrar a Richard Parker desde su balsa con el silbato. Luego lee el manual de supervivencia del bote y elabora un plan de acción.

Con la ayuda de alambiques solares, logra producir agua dulce con agua salada. Por la noche disfruta de ver a los peces y su vida submarina, que para él se parece a una ciudad. También comienza a pescar. Al principio usa lo que le queda de su zapato como cebo, pero los peces no muerden el anzuelo. Sin embargo, de pronto un cardumen de peces voladores vuela por arriba del bote y muchos caen en el interior. Pi agarra uno para usarlo como cebo, pero le cuesta muchísimo matarlo: “Lloré la muerte de esa pobre alma difunta a lágrima viva. Era el primer ser sensible que había matado” (p.240). Con ese cebo, pesca un dorado, lo mata con menos pesar y se lo da a Richard Parker. Se cumple una semana desde el hundimiento del Tsimtsum.

Análisis

El comienzo de la segunda parte se adelanta un poco en el tiempo, ya que empieza con los gritos de Pi para alentar a Richard Parker a subirse al bote salvavidas. La narración del hundimiento llegará después de este episodio. Este cambio de temporalidad arroja luz sobre el lugar predominante que Richard Parker tendrá en toda esta sección.

Como bien anticipamos en la primera parte de esta guía, el naufragio del Tsimtsum funciona como un símbolo. De acuerdo a la teoría de Isaac Luria, el tsimtsum es el momento en el que, en la generación del cosmos, Dios se contrae para dar lugar a la creación del universo. En La vida de Pi, el naufragio supone el fin del mundo conocido para Pi. Su familia y la mayoría de los animales del zoológico mueren y Pi queda a la deriva en el océano, con Pondicherry muy lejos: “Me encontraba solo y huérfano en medio del océano Pacífico, colgado de un remo, con un tigre de Bengala adulto al otro lado de una lona, un tropel de tiburones a mis espaldas y una tempestad a mi alrededor” (p.147). A partir de entonces, la trama empuja a Pi a perder su inocencia y crear su propio universo, su propia versión de los hechos.

Justamente, los hechos que le siguen al naufragio son los que, en el final Pi, narrará de dos maneras distintas. En la primera versión, estos sucesos (las muertes de la cebra, Zumo de Naranja y la hiena) son claramente trágicos, pero no devastadores. A fin de cuenta, son compatibles con la naturaleza salvaje de los animales. En la segunda versión, no obstante, la narración se tiñe del terror de un calvario de 227 días que incluye la matanza de un marinero, canibalismo, el asesinato brutal de la madre de Pi y al protagonista tomando venganza al matar al cocinero.

El tema de la supervivencia es central en toda la segunda parte. Íntimamente ligado a este tema, está Richard Parker, el tigre y coprotagonista de la historia. En la primera parte de la novela, cuando Pi reflexiona sobre el concepto de la libertad, menciona que las malas opiniones sobre los zoológicos muchas veces se deben a una antropomorfización de los animales, a una tendencia a considerarlos humanos. La lección de su padre, de hecho, apunta en contra de esta tendencia, ya que al mostrarle cómo un tigre puede despedazar a una cabra, quiere hacerle entender que debe dejar de humanizar a estos animales. Sin embargo, tal como se ve en el primer capítulo de esta parte, Pi atrae a Richard Parker al bote salvavidas hablándole como si se tratara de un humano. Esta primera aproximación nos da la clave para interpretar cómo concibe Pi al tigre.

En ese sentido, dado que Pi es el narrador de esta historia, es importante destacar que jamás se refiere al animal como “el tigre”, sino siempre como Richard Parker. Ese nombre, claramente humano, va en sintonía con la actitud general del protagonista, quien prefiere nombrarlo como si fuera una persona porque se resiste a verlo únicamente como animal. Un hito central de esta tendencia humanizante es el dolor que siente cuando Richard Parker lo abandona sin despedirse, algo que abordaremos en la sección siguiente.

El momento en el que Pi decide adiestrar a Richard Parker es uno de los más significativos de la novela: “Tenía que domarlo. En aquel instante comprendí que era una necesidad. No era cuestión de él o yo, sino de él y yo. Los dos estábamos literal y figuradamente en el mismo barco. Sobreviviríamos o moriríamos juntos” (p.216). Así, en el gesto lingüístico de pasar de la oposición (“él o yo”) a la conjunción (“él y yo”) está la clave para la supervivencia. Gracias al sonido prusten, que demuestra que Richard Parker se siente a gusto con Pi, el adolescente abandona cualquier plan para deshacerse de él. El hecho de que los dos estén “literal y figuradamente en el mismo barco” también da cuenta de la identificación entre los dos personajes. Irónicamente, entonces, la compañía de un tigre de Bengala, que representa una amenaza fatal, acaba por operar como la razón principal de la supervivencia de Pi.

Así como adelantábamos en la sección anterior, a Pi y a Richard Parker los une también la transformación del nombre. Es relevante señalar que los nombres originales de cada personaje también están conectados: mientras que Richard Parker se llamaba “Sediento”, el nombre completo de Pi es “Piscine”. Ambos, desde este punto de vista, están determinados por su vínculo con el agua, que casualmente es el elemento por el que están rodeados durante la mayor parte de la novela.

Una vez asumida la tarea de la doma, se instaura en el bote salvavidas una lógica de dominio territorial que Pi manejará cuidadosamente. El instrumento clave para marcar su dominación es el silbato: “Me percaté de un silbato que colgaba de uno de los chalecos salvavidas. ¿No me serviría de látigo para tenerlo a raya? ¿Qué me faltaba para domar a Richard Parker?” (p.217). Pronto desarrolla una táctica de combinación entre el sonido del silbato y los momentos de mareo de Richard Parker, para que asocie el malestar con el estímulo sonoro. Así, el silbato simboliza el raciocinio que Pi pone en práctica para domar al animal. Sin esta herramienta, marcar los límites territoriales y de comportamiento resultaría imposible para Pi, tal como veremos en el apartado siguiente.

A partir de este momento, entonces, Pi debe sobrevivir en el mar junto a Richard Parker. La narración abunda en descripciones de los grandes pesares que debe soportar. Entre ellos, ocupa un lugar primordial el de la sed: “Se me metió la palabra [‘sed’] en la cabeza, y no pude pensar en otra cosa, como si la misma palabra contuviera sal y cuanto más pensara en ella, peor el efecto” (p.181). De esta manera, Pi equipara pensar en la palabra “sed” con la sal del agua del mar, y explica que la sal es lo que más corroe su cuerpo. Cabe mencionar que este pasaje aparece en el capítulo posterior al que explica el origen de Richard Parker. Así, la cercanía entre la descripción de la sed de Pi y la mención del nombre original del tigre, Sediento, intensifica la identidad entre ambos.

La necesidad de alimentarse también demanda un gran esfuerzo físico y psicológico en el personaje. En estos capítulos, Pi, un vegetariano acérrimo, se ve forzado a matar a un animal para sobrevivir. De hecho, el episodio del pez volador marca un antes y un después en su vida. Llama la atención, igualmente, que matar al dorado le cueste menos. Su explicación es tan cruda como realista: “Es sencilla y brutal: una persona puede acostumbrarse a todo, hasta a matar” (p.242). En ese acostumbramiento sin reflexión se basa su supervivencia. Debe anteponer la necesidad de seguir vivo a sus convicciones éticas y religiosas. El ser humano, transmite de este modo la novela, no es más que otro animal de costumbres.

Por último, al igual que en el conjunto de capítulos del próximo apartado, es interesante señalar el uso excesivo que Pi hace de las listas, las cuales se convierten en un verdadero motivo reiterado en la novela. Ya sean planes para lidiar con Richard Parker, inventarios o rutinas, este procedimiento parece operar como una estrategia para mantener la razón y lograr la supervivencia.