Orgullo y Prejuicio

Orgullo y Prejuicio Resumen y Análisis de los Capítulos 7 a 14

Resumen

Capítulo 7

En este capítulo, Austen presenta la vinculación, una antigua costumbre británica diseñada para mantener un patrimonio familiar dentro de la línea de sangre. En este caso, Longbourn sólo puede pasarse a un heredero varón. Debido a que los Bennet sólo tienen hijas, es probable que pierdan el patrimonio en manos de un pariente lejano tras la muerte de Mr. Bennet.

Lydia y Kitty visitan a menudo a su tía, Mrs. Phillips, en las cercanías de Meryton. Aumentan la frecuencia de sus visitas tras la llegada de un regimiento, porque disfrutan coqueteando con los soldados. Mr. Bennet se queja a menudo de la frivolidad de sus dos hijas menores, pero Mrs. Bennet no considera que su obsesión con los oficiales sea motivo de preocupación.

Jane recibe una invitación de las muchachas Bingley para cenar en Netherfield. Mrs. Bennet le dice a Jane que vaya a caballo, con la esperanza de que la lluvia la obligue a pasar la noche allí, dándole la oportunidad de interactuar con Mr. Bingley. A Jane no le gusta el plan de su madre, pero no tiene más remedio que seguirlo. Sin embargo, éste funciona muy bien. No sólo la lluvia detiene a Jane en Netherfield, sino que ella se enferma como consecuencia de haberse empapado en su viaje hasta allí. La familia Bingley espera que Jane se quede en Netherfield hasta recuperarse.

Después de recibir una carta informando a los Bennet de la enfermedad de Jane, Elizabeth insiste en visitar a su hermana en Netherfield. Camina a través de los campos húmedos porque no hay caballos disponibles. Elizabeth llega a Netherfield despeinada y con todo el vestido lleno de barro. Las hermanas Bingley se sorprenden por su desaliñado aspecto. Darcy, por otro lado, nota en silencio que el ejercicio ha mejorado la complexión de Elizabeth. Mientras tanto, la condición de Jane ha empeorado y ella no puede salir de la cama. Elizabeth la atiende todo el día con gran solicitud. Jane no quiere que Elizabeth se aleje de su lado esa noche, así que Caroline la invita también a pasar la noche en Netherfield.

Capítulo 8

Después de la cena, Elizabeth deja la mesa para atender a Jane, y los comensales comienzan a hablar de ella. Caroline critica duramente el orgullo y la tenaz independencia de Elizabeth, pero Mr. Bingley y Mr. Darcy admiran su devoción por Jane. Las hermanas Bingley también se burlan de las humildes relaciones familiares de los Bennet. A Bingley no parece importarle su posición social, aunque Darcy considera que su humilde estatus puede ser un impedimento para que las muchachas Bennet se casen bien.

Después de que Jane se duerma, Elizabeth se une a las demás en el salón y participa en una conversación sobre qué significa realizarse para una mujer. A lo largo del debate, Elizabeth y Darcy disienten frecuentemente, aunque discuten con gran ingenio. Darcy y Caroline proporcionan criterios poco realistas sobre lo que significa realizarse para una mujer, incitando a Elizabeth a exclamar que nunca ha conocido a una mujer realizada en su vida.

Capítulo 9

Elizabeth pide que su madre sea llamada para visitar a Jane, y Bingley cumple. Cuando Mrs. Bennet llega, le complace ver que Jane se recuperará, pero que todavía está lo suficientemente enferma como para permanecer en Netherfield (y, por tanto, cerca de Mr. Bingley). Mrs. Bennet carece de sutileza y sus intenciones se vuelven bastante obvias para todos en Netherfield. Ella también es abiertamente grosera con Mr. Darcy. Elizabeth se avergüenza por el comportamiento de su madre y se complace cuando ésta se va.

Capítulo 10

Esa noche en el salón, Darcy le escribe una carta a su hermana mientras Caroline hace comentarios estúpidos con la intención de adular su estilo epistolar. Él ignora sus intentos de coqueteo. El grupo se burla cariñosamente de Bingley por su carácter maleable, pero Elizabeth lo defiende, sugiriendo que es una virtud ceder ante las persuasiones de los amigos. Una vez más, la mayor parte del debate tiene lugar entre Elizabeth y Darcy.

Más tarde, las hermanas Bingley cantan y tocan el piano. Elizabeth se da cuenta de la frecuencia con que Mr. Darcy la mira, suponiendo que es una señal de su desaprobación. Cuando Mr. Darcy la invita a bailar, Elizabeth cree que su solicitud es sarcástica y responde con un ingenioso rechazo. Caroline se da cuenta de la interacción y, más tarde, se burla de él en privado acerca de la posibilidad de unirse a una familia tan ordinaria como los Bennet.

Capítulo 11

Después de la cena, Jane se siente lo suficientemente bien como para unirse a los demás en el salón. Elizabeth está encantada de ver que Bingley le presta tanta atención. Mientras tanto, Caroline continúa sus intentos de atraer a Darcy, e incluso finge amor por la lectura. Luego camina por la habitación para atraer su admiración. No logrando despertar su atención, invita a Elizabeth a caminar con ella. Se da cuenta de que entonces Darcy deja su libro y las mira. El grupo conversa sobre el carácter de Darcy, y éste admite una tendencia al resentimiento. Elizabeth lo reprende cuando éste admite que nunca cambia su primera impresión de una persona.

Capítulo 12

Una vez que Jane se recupera, las Bennet planean abandonar Netherfield. Mrs. Bennet no está dispuesta a enviarles el carruaje, esperando que sus hijas se queden más tiempo, pero las chicas preguntan si podrían tomar prestado el carruaje de Bingley. Él les concede el favor. Todos, excepto Mr. Bingley, se complacen al ver irse a Jane y Elizabeth. Darcy está contento de liberarse del peligro de la compañía de Elizabeth, y Miss Bingley está contenta de librarse de su competencia.

Capítulo 13

La narrativa se desplaza de nuevo a Longbourn. En el desayuno del día siguiente, Mr. Bennet anuncia que la familia está esperando una visita: Mr. Collins, el primo lejano que heredaría el patrimonio familiar tras la muerte de Mr. Bennet, ya que éste no produjo herederos varones. Aunque nadie en la familia ha conocido a Mr. Collins, Mrs. Bennet lo odia inmediatamente debido a esta vinculación. Mr. Bennet lee la carta de Mr. Collins a la familia. En ella, Collins explica que recientemente ha tomado los hábitos, y que está recibiendo protección de una aristócrata llamada Lady Catherine De Bourgh.

Mr. Collins llega la tarde siguiente, justo a tiempo. Tiene 25 años, es alto y corpulento, con aire grave y modales muy formales. Tiende a hablar en monólogos largos y excesivamente efusivos. Antes de la cena, Mr. Collins reconoce las dificultades que conlleva para la familia Bennet, y manifiesta su deseo de hacer las paces. Afirma que ha venido a Longbourn dispuesto a admirar a las jóvenes damas de la casa. Antes de poder explicar el significado de lo que quiso decir, se los llama a cenar. Durante la cena, Mr. Collins expresa su admiración por la casa y por la calidad de la comida.

Capítulo 14

Después de la cena, Mr. Bennet invita a Mr. Collins a hablar sobre su protectora, Lady Catherine. Mr. Collins describe a lady Catherine con gran solemnidad y efusivos elogios, y destaca su gran afabilidad hacia él, a pesar de su alto rango. También describe a la hija de Lady Catherine, Miss de Bourgh, y afirma que es bastante encantadora pero también enfermiza. Collins ha trabajado para congraciarse con Lady Catherine llenando a su hija de frases halagadoras. Después de esta exhibición, Mr. Bennet decide que Mr. Collins es absurdo.

Después del té, Mr. Bennet le pide a Mr. Collins que lea en voz alta. Mr. Collins declara que nunca lee novelas, y en lugar de eso, comienza a leer un libro de sermones con "monótona solemnidad". Después de unas pocas páginas, Lydia interrumpe la lectura para hacerle una pregunta a su madre sobre su tío Philips. Mr. Collins se ofende, pero capta la indirecta y deja de leer, tras reprender brevemente la frivolidad de Lydia. Luego propone jugar una partida de backgammon.

Análisis

Al estudiar el trabajo de Jane Austen, es útil comprender la organización de las clases sociales durante su época. El sistema de clases británico era extremadamente complejo. En efecto, todas las familias que han aparecido hasta ahora en Orgullo y prejuicio habrían sido consideradas clase alta, pero hay varias graduaciones dentro de esa clasificación. Los aristócratas con títulos, como Lady Catherine de Bourgh, representan la clase social más alta en la novela. Debajo hay familias como los Darcy y los Bingley. Ellos no son completamente aristocráticos, sino que su posición social se define por la rentabilidad de sus propiedades, sobre una base anual. Estas familias son lo que podría llamarse "familias de dinero" en la jerga contemporánea.

Los Bennet también son una familia de clase alta: podrían considerarse el escalón más bajo, el de la clase media alta. Tienen un patrimonio que les genera un ingreso anual, no trabajan y participan en el servicio social. Sin embargo, los Bingley y los Darcy consideran que los Bennet son inferiores debido a la falta de refinamiento de su comportamiento, y a la falta de acceso a lujos tales como múltiples sirvientes, otras propiedades en alquiler y un interminable ingreso disponible. La estadía de Elizabeth y Jane en Netherfield es un vehículo dramático para que Austen destaque la importancia de la clase en Orgullo y prejuicio. Caroline Bingley y Mrs. Hurst hacen referencias constantes a las pocas conexiones de los Bennet, con comentarios particularmente duros sobre el hecho de que una de sus relaciones es abogado. Mientras el derecho es muy respetado en la sociedad contemporánea, era considerado una "profesión laboral" en la época de Austen. Aquellos que tenían profesiones ganaban dinero de un trabajo en lugar de una herencia, por lo que los abogados pertenecían, en última instancia, a la clase media.

Al comienzo de la novela, Darcy cree firmemente que la clase es un indicador de personalidad. Insinúa que su diferencia de clase con Elizabeth hace imposible una boda entre ellos. Sin embargo, éste es un ejemplo del uso magistral de Austen de la ironía dramática (que se da cuando el lector o la audiencia saben algo que los personajes no). Es evidente que Darcy ya se está enamorando de Elizabeth a pesar de su condición social. A lo largo de la novela, Austen usa esta ironía para enmarcar la relación entre Elizabeth y Darcy. Ambos afirman creer en las primeras impresiones que tienen del otro. Así como Darcy permite que la conciencia de su propia clase implique un prejuicio contra Elizabeth, la naturaleza inquebrantable de ella implica a su vez un prejuicio que no le permite considerar las virtudes de Darcy. Sin embargo, sus conversaciones y debates están cargados de ingenio y energía, lo que constituye un indicador de la química entre ellos.

Los ojos oscuros y hermosos de Elizabeth son el núcleo simbólico de la atracción de Darcy hacia ella. Sin embargo, la oscuridad de sus ojos también es representativa de su debilidad: permitir que el orgullo y el prejuicio empañen su percepción de otras personas. Mientras se enorgullece de ser una excelente jueza del carácter de otros, es su juicio sobre Darcy lo que la vuelve ciega a su afecto. Su impresión inicial crea una lente a través de la cual filtra todas sus interacciones. Cuando Darcy le pregunta si está dispuesta a bailar con él, ella asume que se está burlando de ella y se niega a hacerlo. Cuando el grupo habla sobre el carácter de Darcy, ella identifica su peor defecto como "una propensión a odiar a la gente", mientras que Darcy responde perceptivamente que el defecto de Elizabeth es "el de obstinarse en no entender a los demás". Elizabeth juzga a Darcy por sobrevalorar su primera impresión de ella, mientras que ella exhibe activamente el mismo vicio en su evaluación de él.

Austen ve la familia como la unidad fundamental de la sociedad, afirmando que es responsabilidad de los padres enseñar la moral y los valores a sus hijos. Kitty y Lydia aprenden su estupidez de su madre, aunque ésta es también el resultado de la negligencia de su padre. Desde el comienzo de la novela, Mr. Bennet simplemente descarta a sus hijas más jóvenes por tontas y se esfuerza poco en corregir realmente su comportamiento. En cambio, las trata con la misma distancia con la que Elizabeth trata a Darcy.

La cuestión que rodea el conservadurismo de Austen se vuelve cada vez más compleja a medida que avanza la novela. No está claro cuánto pretendía la autora que Orgullo y prejuicio fuera una crítica de su sociedad. Sin embargo, Austen usa las circunstancias de la vinculación para mostrar simpatía hacia las mujeres de su época. Elizabeth y Jane moderan sus reacciones a la vinculación porque su educación las ha aclimatado a la realidad de la brecha de género. Incluso si no les gustan las reglas, también saben que no deben argumentar contra ellas. Por otro lado, Mrs. Bennet es franca al denunciar la injusticia de la vinculación. Sin los ingresos de la finca, sus hijas deben casarse bien para asegurar su sustento. Además, la vinculación disminuye las perspectivas de matrimonio de las Bennet porque sólo recibirán una pequeña herencia.

Algunos académicos sostienen que las únicas dos mujeres que defienden la igualdad de género en el contexto de la vinculación (Mrs. Bennet y, más tarde, lady Catherine) son personajes groseros y poco atractivos, por lo que sirven como prueba del conservadurismo de Austen. Por su parte, las protagonistas más empáticas de Austen, Jane y Elizabeth, guardan silencio respecto al tema. Sin embargo, también es posible que debido a la cultura patriarcal en la que vivió, Austen tuviera que diseñar estos personajes escandalosos para declarar una verdad inequívoca sin incitar demasiada controversia. Además, es importante señalar que la autora pinta a Mr. Collins, el heredero legal de Longbourn, como el personaje más estúpido de todos. De hecho, la estupidez de Collins destaca la naturaleza absurda de un reglamento que otorga la propiedad de Mr. Bennet a un pariente lejano en lugar de a sus propias hijas.

En tanto hombre arrogante con modales excesivamente formales y una extraña combinación de arrogancia y sumisión, Mr. Collins es una encarnación exagerada de los tipos de personalidades que resultan de un estricto sistema de clases. Su exagerado afecto por Lady Catherine hace que el lector la juzgue críticamente. Además, la actitud de Collins hacia el matrimonio es más absurdamente pragmática que la de cualquier otro personaje de la novela. Espera casarse con una de las muchachas Bennet, creyendo que tal unión se traducirá en una buena acción. Ni siquiera considera sus personalidades. En última instancia, Collins es otro portavoz a través del que Austen critica indirectamente ciertas creencias sociales que rodean la clase y el matrimonio.

Austen también tomó la audaz decisión de llevar a sus lectores a alentar la unión entre un hombre rico (Darcy) y una chica pobre (Elizabeth). Sin embargo, Elizabeth luego argumenta que su padre también es un "caballero", aunque tiene menos dinero que Darcy. Por lo tanto, Elizabeth promueve su propia importancia social para demostrar su igualdad respecto a Darcy, en lugar de sugerir abiertamente que la estructura de clase no tiene ningún significado.