Relato de un náufrago

Relato de un náufrago Resumen y Análisis Capítulos I-II

Resumen

Capítulo I

La tripulación del destructor “Caldas” se encuentra en Mobile, a la espera de su regreso a Colombia. Durante los días de franco, los marineros se emborrachan, tienen amoríos y se enredan en trifulcas en los bares. Luis Alejandro Velasco suele pasar mucho tiempo con su novia estadounidense, Mary Address. Un día, la tripulación ve una película llamada El motín del Caine y una escena de una tempestad perturba a gran parte de la tripulación, incluyendo a Velasco, y les hace considerar abandonar su trabajo luego de regresar a sus hogares.

El narrador presenta a la tripulación: el marino Diego Velázquez, el marinero primero Luis Rengifo, el marinero segundo Ramón Herrera, el cabo Miguel Ortega, el teniente de fragata Jaime Martínez Diago, el suboficial primero Julio Madaro Caraballo y el suboficial Elías Sabogal. Finalmente, llega el momento en el que el barco emprende su viaje.

Capítulo II

Van dos días de viaje y Miguel Ortega sigue descompuesto y con maeros. A pesar del buen clima y de que todo marcha bien, Luis presagia que algo malo va a suceder. En la medianoche del tercer día, el barco comienza a moverse de manera anómala, situación que empeora con el pasar de las horas. El narrador presenta a otros compañeros de la tripulación, el suboficial de guardia Guillermo Rozo y el marinero segundo Eduardo Castillo.

En el mar encrespado, el barco comienza a inclinarse peligrosamente hacia el costado derecho, ya que su carga ejerce resistencia contra los fuertes vientos. Por tal motivo, los marineros esperan que el capitán ordene arrojar el exceso de carga al mar. En cambio, este les ordena ponerse salvavidas. Al poco tiempo, una ola embiste el barco y lo sumerge completamente, llevándose al mar a una parte de la tripulación, entre los que se encuentra Velasco. El marinero piensa que el barco se hunde, pero pronto lo ve resurgir del agua, como un submarino, a la distancia.

Análisis

Relato de un náufrago está organizado en catorce capítulos que presentan cuatro episodios o partes diferentes de la historia: los capítulos I, II y III están dedicados al inicio del viaje del destructor "Caldas", desde Mobile (Alabama, Estados Unidos) hacia Cartagena, y al naufragio de la nave en el mar Caribe. Entre el capítulo IV y el XI, por su parte, se hace referencia a los diez días que el náufrago pasa en una balsa en el mar, mientras que los capítulos XII y XIII narran su llegada a tierra firme y la recepción por parte del pueblo. Finalmente, el capítulo XIV funciona a modo de epílogo, y está dedicado a la construcción de la historia que los medios realizan en torno a la figura de Luis Alejandro Velasco.

Ya sea que se la interprete como una obra periodística, como un texto historiográfico o uno literario, la crónica tradicional mantiene como elemento constante su estructura secuencial, que ordena los sucesos de forma cronológica, según sucedieron a lo largo del tiempo. En este sentido, en Relato de un náufrago la estructura secuencial se mantiene capítulo a capítulo y se entreteje de forma constante con técnicas narrativas propias de la ficción, como el uso de la anticipación y la retrospección, lo que contribuye al carácter profundamente literario del texto. Tal como veremos a lo largo del análisis, el esquema narrativo que se despliega aproxima el texto a la crónica, mientras que a nivel discursivo, la focalización y las técnicas narrativas convierten el relato en una obra literaria.

Como ya se anuncia en el prólogo, el relato está narrado en primera persona. Al respecto, García Márquez indica que “acordamos escribirlo en primera persona y firmarlo por él” (p. 10), y agrega: “esta es, en realidad, la primera vez que mi nombre aparece vinculado a este texto” (p. 10). La crónica es un tipo textual que facilita el nexo entre la información y el relato personal, y es en busca de credibilidad que García Márquez establece un pacto con el protagonista de los hechos para que el relato aparezca en la prensa como una narración en primera persona. Así, en la publicación de 1955, cuando García Márquez todavía no es reconocido y afamado, su obra no aparece firmada por él, sino que se presenta como la reconstrucción que el diario hace de las palabras de Velasco.

Sin embargo, el carácter literario de Relato de un náufrago se aprecia desde el primer capítulo, tanto en su estilo como en la elección de la estructura narrativa, lo que pone en evidencia, desde el principio, que no se trata de las palabras directas de Velasco, sino de la reconstrucción que el autor hace de ellas. Es decir, el cronista es Luis Alejandro Velasco, quien vive los hechos que narra, pero esta persona no es el autor del texto final publicado; este pertenece al periodista, quien aparece como investigador y artífice de la crónica como texto periodístico y literario publicable. En este sentido, Luis Alejandro Velasco no deja de presentarse como una construcción del autor: se trata del personaje narrador de su propia historia, que tiene, a su vez, como correlato, por fuera del texto, la experiencia real que el marino le contó a García Márquez. A través del narrador y de la focalización interna del relato, se hace evidente la riqueza y la importancia que cobra el plano discursivo en la obra. Es justamente en esta dimensión en la que se siente la presencia del autor, quien, más allá de la secuencia cronológica de acciones, puede jugar con la reconstrucción de la historia y desplegar su maestría narrativa.

Como se trata de una historia conocida por el público, el tono de la narración busca ser verosímil y, al mismo tiempo, generar la tensión necesaria para que el lector se sienta interpelado por una historia cuyo final ya conoce. Antes de sumergirse de lleno en el relato del naufragio, el narrador necesita también generar empatía con sus lectores, por lo que comienza por contarles cómo era su vida de marino en Mobile, antes de la tragedia, y presenta también a sus amigos y camaradas. Luego, mediante las técnicas de la anticipación y del presagio (que, como veremos, se utilizan a lo largo de todo el texto), el narrador construye una atmósfera agorera, cargada de referencias a la tragedia que está a punto de suceder. Luego de mirar en el cine El motín del Caine, una película sobre un motín en un buque de guerra estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, el narrador indica: “Diego Velázquez, que estaba muy impresionado con la película, pensando que dentro de pocos días estaríamos en el mar, nos dijo: «¿qué tal si nos sucediese una cosa como esa?»” (p. 16). Si bien no es un motín lo que le sucede al “Caldas”, estas referencias ya instauran en la narración la inminencia de la tragedia.

Poco tiempo después, Velasco afirma que nunca había tenido miedo de un naufragio, y a continuación agrega: “Pero la verdad es que nunca había sentido tanto temor frente a la proximidad de un viaje” (p. 17). A estos presagios se le suman las anticipaciones, que ayudan a reconstruir el clima de expectativa en el que viven los marineros antes de partir hacia Colombia. En este sentido, abundan las referencias a la tragedia que está por suceder, como en el siguiente pasaje: “No sé qué soñaba, pero seguramente no habría podido dormir tan tranquilo si hubiera sabido que ocho días después estaría muerto en el fondo del mar” (p. 18). Si consideramos que el texto fue escrito para publicarse por entregas diarias, las estrategias de anticipación y presagios son un recurso excepcional para mantener la atención del lector y darle razones para seguir obteniendo los folletines cada día.

Además, el narrador hace referencia al contexto histórico y cultural en el que se enmarca el accidente del “Caldas”: antes de partir de Estados Unidos para regresar a sus hogares, todos los marineros intentan obtener electrodomésticos para llevar de regalo a sus familiares: “El A.R.C. «Caldas» estaba listo para partir. Durante esos días, se hablaba con más insistencia de nuestras familias, de Colombia y de nuestros proyectos para el regreso. Poco a poco se iba cargando el buque con regalos que traíamos a nuestras casas: radios, neveras, lavadoras y estufas, especialmente. Yo traía una radio” (p. 18).

En 1955, Estados Unidos se había convertido en una de las principales potencias productoras de bienes de consumo cultural, entre los que los electrodomésticos se contaban como los más preciados. En Colombia, por el contrario, y al igual que en el resto de Latinoamérica, estos productos no habían invadido el mercado de la misma forma ni eran tan accesibles al tratarse de objetos importados. Por eso, los marineros del “Caldas” se encontraban en una situación privilegiada al poder comprar dichos artefactos a mejor precio y llevarlos con ellos a Colombia.

En este contexto, el destructor militar aprovecha el viaje también para introducir una pesada carga de dichos electrodomésticos de contrabando, con el fin de no pagar tasas de importación y de enriquecerse de forma ilegal. Es dicha carga, como indica el narrador, la que produce el accidente: cuando el mar Caribe se encrespa por el viento, el destructor no tiene la ligereza necesaria para estabilizarse y ocho marineros terminan cayendo al mar. A su vez, es también el peso de la carga (que el capitán del barco no quiere arrojar al mar) la que impide que el barco pueda regresar y salvar a la tripulación accidentada.

El episodio referido es el evento crucial del relato, no solo porque es el detonante argumental, sino porque contradice la versión que Velasco, censurado por los militares, da a la prensa en un primer momento, tal como hemos referido en la sección anterior. La relación entre los objetos que se traían de contrabando y el accidente queda muy clara en el relato, en pasajes como el siguiente: “El cabo Miguel Ortega (...) traía una nevera, una lavadora automática, y una radio y una estufa. Doce horas después el cabo Miguel Ortega estaría tumbado en su litera, muriéndose del mareo. Y setenta y dos horas después estaría muerto en el fondo del mar” (p. 21). Nuevamente, la anticipación y el presagio sirven como recursos narrativos para sostener la atención del lector hasta el próximo capítulo, dedicado completamente al accidente.