El enfermo imaginario

El enfermo imaginario Resumen y Análisis Acto III, Escenas 1-10

Resumen

Acto III, Escena 1

Entra Toñeta, y Argán sale unos momentos.

Acto III, Escena 2

Toñeta y Beraldo hablan sobre cómo ayudar a Angélica a casarse con Cleanto. A Toñeta se le ocurre traer a la casa a un médico que convenza a Argán de que el doctor Purgón miente. Luego sale.

Acto III, Escena 3

Entra Argán y queda a solas con su hermano. Beraldo cuestiona a Argán por querer meter a su hija en un convento, teniendo la hacienda que tiene, y lo acusa de estar influenciado por su esposa. Luego lo critica por querer casar a su hija con el hijo de un médico, por usar el matrimonio de su hija para su propio beneficio. Después se lanza a un largo discurso en donde intenta convencer a su hermano de que no está enfermo y que no debería creerle tanto a los médicos. Señala que muchas personas mueren a causa de las medicinas y no de las enfermedades. Luego le dice que le gustaría llevarlo a ver una comedia de Molière. A Argán no le agrada Molière porque se burla de la medicina. Beraldo defiende al dramaturgo. Tras un álgido debate, Beraldo vuelve a insistir en que Argán debe dejar que su hija se case con quien quiera.

Acto III, Escena 4

Ingresa Fleurant, con una jeringa en la mano, para inyectar una lavativa a Argán. Beraldo le propone a su hermano que deje eso para otro momento y descanse. Fleurant, por su parte, se indigna. Beraldo le propone a Argán que se cure de “la enfermedad de los médicos” (Acto III, Escena 4, p.149). Lejos de darle la razón, Argán sostiene que su enfermedad es grave.

Acto III, Escena 5

Entra Purgón protestando porque se niegan a seguir sus prescripciones médicas. A pesar de las súplicas de Argán, Purgón dice que romperá lazos con él y que pronto su enfermedad lo llevará a la muerte.

Acto III, Escena 6

Los hermanos vuelven a discutir en soledad. Argán está desesperado por la noticia de su pronta muerte. Beraldo intenta hacerlo entrar en razón, diciendo que Purgón no es un oráculo y vuelve a despotricar contra los médicos.

Acto III, Escena 7

Entra Toñeta y anuncia la llegada de un médico. Advierte que el doctor es muy parecido físicamente a ella misma. Luego sale. Argán se complace con la idea de que un médico venga a socorrerlo, ya que el otro lo abandonó.

Acto III, Escena 8

Entra Toñeta disfrazada de médico. Argán se sorprende con el parecido con su criada. La mujer sale a buscar algo. Beraldo convence a su hermano de que el parecido es casualidad.

Acto III, Escena 9

Vuelve a entrar Toñeta, ahora sin el disfraz. Argán le pide que se quede para cuando vuelva el médico, pero ella dice que tiene que trabajar y se va.

Acto III, Escena 10

Vuelve a entrar Toñeta disfrazada de médico. Lanza un discurso sobre cómo conoce las enfermedades más terribles y ansía que sus pacientes las padezcan. Después revisa e interroga a Argán y desmiente todo lo que le diagnosticó Purgón. Finalmente, le aconseja amputarse un brazo y un ojo, y se retira.

Análisis

Beraldo es un personaje que aparece en la obra para enfrentar al protagonista a la verdad. El vínculo entre ambos (fraterno) permite al primero una cercanía con Argán de la cual no parecen gozar muchos otros personajes. Beraldo cuenta, a su vez, con la autoridad suficiente (de la que no gozan ni Toñeta ni Angélica, por ejemplo) como para permitirse aconsejar a su hermano y hasta incluso juzgarlo por su comportamiento y empujarlo a actuar de otra manera. Es un buen orador y parece más desengañado que el protagonista, en tanto se encuentra menos tomado u obnubilado por pasiones o vicios, y resulta así capaz de ver con cierta objetividad los hechos a los cuales se enfrenta.

Así y todo, Argán ofrece una gran resistencia en aceptar lo que su hermano quiere decirle. En varios momentos, Beraldo intenta advertir a su hermano acerca de las intenciones de su mujer, Belina. Sin embargo, Argán nunca quiere oír, y ante el menor atisbo de comentario, comienza a proferir insultos a quien se atreva a juzgar a su esposa. En una discusión de este tipo, Beraldo profiere, cansado, ante su hermano: “Vuestra mujer acaricia las mejores intenciones hacia vuestra familia, no tiene interés alguno, os muestra maravillosa ternura y con vuestras hijas se porta con inconcebible afecto y bondad” (Acto III, Escena 3, p.146). Se trata, claramente, de una ironía, puesto que lo que Beraldo piensa sobre Belina es exactamente lo contrario: la cree una mujer de malas intenciones hacia la familia, ya que solo está junto a Argán por interés y no hace sino intentar que el hombre deje sin herencia a sus hijas para entregarle a ella todo su dinero.

Sin embargo, Beraldo no se rinde en lo que respecta al tema médico, y no duda en decirle a Argán lo que piensa acerca de su obsesión con la enfermedad. “¿Es posible que sigáis emperrado en vuestros boticarios y médicos y que os empeñéis en estar enfermo a pesar de la gente y de la naturaleza?” (Acto III, Escena 3, p.146), lanza directamente el recién llegado. Plantea así, desde un principio, la irrealidad de la enfermedad de su hermano, la cual no sería sino el resultado de una obsesión, de una voluntad, de una ilusión de Argán. A la ilusión de la enfermedad, Beraldo opone la verdad, la realidad, evidenciadas de la naturaleza: el hombre no padece, en verdad, ningún problema de salud y aquellos que lo quieren y son honestos con él pueden verlo con claridad.

En la misma línea, Beraldo enuncia un fuerte juicio respecto de los profesionales de la medicina: “Conocen en su mayoría las Humanidades, saben hablar en buen latín y nombrar, definir y clasificar en griego todas las cosas, pero en materia de curarlas nada entienden” (Acto III, Escena 3, p.147). Así, el personaje se convierte en el portavoz de la crítica que El enfermo imaginario realiza a la medicina de la época y sus representantes. Beraldo juzga dicha ciencia diciendo que “toda la excelsitud de su arte consiste en un pomposo batiburrillo, en una especiosa charlatanería que da palabras por razones y promesas por efectos” (Acto III, Escena 3, p.147). El personaje establece una asociación entre el ejercicio de los médicos y el engaño, la ilusión, la pura representación. Esto es interesante, ya que en este mismo acto de la obra tendrán lugar dos representaciones que tienen como objeto a la ciencia médica y sus profesionales: la de Toñeta -que se hace pasar por un médico- y la del ballet final de la obra, donde se representa la “recibida” de médico de Argán (en la cual nos detendremos en el siguiente análisis). En ese sentido, está claro que la obra busca dejar en evidencia el carácter de simulacro de la profesión misma, en tanto a Toñeta le bastaría un atuendo y alguna que otra expresión sofisticada como para generar en Argán los mismos efectos que los que lograban los profesionales como Purgón, Diafoirus, Fleurant.

Desde una lectura moderna, la crítica ha señalado el posicionamiento de Beraldo respecto de la medicina como de naturista. El personaje no solo desarticula lo que para él es la farsa de la disciplina en cuestión, sino que justifica su juicio planteando lo que para él es el camino correcto en cuanto a dolencias se trata: “La naturaleza, cuando la dejamos obrar, sale por sí sola del desorden que la turba”, dice y después advierte: “casi todos los hombres mueren víctimas de las medicinas y no de las enfermedades” (Acto III, Escena 3, p.147). Beraldo así articula un posicionamiento anti-interventista, en el sentido de que cree en que el cuerpo mismo -la naturaleza- tiene la capacidad de autocurarse, sin necesidad de intervenciones de orden médico o farmacéutico. Este posicionamiento del personaje, sin embargo, debe ser tenido en cuenta en su contexto de enunciación: la ciencia médica a la cual se opone no es exactamente la que funciona en nuestro siglo, sino que poseía varias características que la volvían, ante muchos más ojos, plausible de ser tomada más como una farsa que como una ciencia seria. Esto se ilustra, en gran parte, en los representantes de la medicina, tal y como aparecen en esta obra.

El tema de la representación o simulación cobra en esta misma escena otra dimensión, en tanto un personaje (Beraldo) hace mención a Molière, es decir, al autor mismo de la obra de la cual él forma parte. La escena es tan irónica como cómica, ya que el nombre de Molière aparece para ser bastardeado por el protagonista. “Placeríame que vinieseis a ver conmigo alguna comedia de Molière”, sugiere Beraldo en pos de que su hermano se convenza de que está equivocado en torno a la medicina, y Argán protesta: “¡Buen impertinente es ese Molière con sus comedias! ¡Ocurrírsele burlarse de hombres tan honrados como los médicos!” (Acto III, Escena 3, p.148). El intercambio, que se prolonga por varias líneas, pone en escena a través de la intertextualidad una crítica a la propia obra, en boca de uno de los personajes de esta. Así las cosas, Molière abre un juego que le permite responder a críticas posibles a su obra, en tanto en escena pone a dos personajes a argumentar en contra y a favor de sus propias producciones. Por supuesto que, sin embargo, esa contraposición de argumentos no es del todo equitativa: el personaje que critica las obras del autor está caracterizado por su falta de juicio y su ceguera respecto de las verdades que lo rodean, mientras que el personaje que defiende estas producciones es el portador de razón, claridad, templanza y criterio en la pieza. De esta forma, Molière no solo explicita la crítica que con sus obras hace de la ciencia médica, sino que además expone argumentos que revalidan, desde el interior, a la obra misma.