Romeo Y Julieta

Romeo Y Julieta Resumen y Análisis de Romeo y Julieta - Acto V

Resumen

Acto V, Escena I

Baltasar, el paje de Romeo, va hasta Mantua para contarle a su señor que vio a Julieta muerta, yaciendo en la cripta de su familia. Romeo le ordena que se vaya e inmediatamente comienza a planificar su suicidio. Va hacia un boticario pobre y le ofrece cuarenta ducados a cambio de un veneno fulminante. A pesar de que la ley de Mantua condena a muerte a quien venda venenos, el boticario, desesperado por su pobreza, acepta la suma a cambio de una poción que, le asegura, matará al instante a quien la beba.

Acto V, Escena II

Fray Juan, encargado de viajar a Mantua para contarle a Romeo el plan de Fray Lorenzo, llega a la celda de este último con una mala noticia: sospechando que el fraile pudiera ser víctima de una enfermedad infecciosa, los oficiales sanitarios de la ciudad no le permitieron viajar. Fray Lorenzo le ordena entonces a Fray Juan traer una barra de hierro, y planea ir al mausoleo donde yace Julieta para que ella no esté sola cuando despierte, en tres horas, y para llevarla a su celda luego, con el objetivo de esconderla hasta que Romeo llegue.

Acto V, Escena III

Paris va con su paje al cementerio para ofrendar exequias en honor a Julieta. Al entrar, le pide a su paje que le avise si escucha venir a alguien, lo que ocurre, de hecho, muy pronto. Paris se esconde, y entran Romeo y su servidor, Baltasar, trayendo una antorcha, un azadón y una palanca. Romeo le entrega a Baltasar una bolsa de dinero y una carta para su padre, le ordena que se vaya, y que bajo ningún motivo intente interrumpir su plan. Este, preocupado por su amo, se retira, pero se esconde para observar lo que va a suceder. Cuando Romeo comienza a abrir la tumba de Julieta, aparece Paris. Este cree que Romeo está intentando profanar la tumba de Julieta a modo de venganza e intenta arrestarlo. Romeo le advierte que se vaya y lo deje actuar. Como Paris insiste en arrestarlo, Romeo lo reta y empiezan a pelear. Al ver la situación, el paje de Paris se va a llamar a la Guardia. Romeo hiere de muerte a Paris, quien le pide a Romeo que lo deje yacer al lado de Julieta, y luego muere.

Al descubrir que acaba de matar a Paris, Romeo recuerda que Baltasar le había dicho, camino al cementerio, que el conde iba a casarse con Julieta. En medio de la turbación, no había prestado atención a este detalle. Sintiéndose hermanado con él por la tragedia compartida, Romeo recuesta a Paris en la tumba de su amada. Después, tras comentar lo hermosa que se ve Julieta, como si la muerte no tuviera poder sobre su belleza, bebe el veneno que traía consigo y muere.

Cerca de ahí, Fray Lorenzo se encuentra con Baltasar, quien le cuenta que Romeo está en el mausoleo de los Capuleto hace alrededor de media hora. Se dirige hacia allí y encuentra los cadáveres de Paris y Romeo sobre el cuerpo de Julieta, que está despertándose. Entonces Fray Lorenzo le ordena que se levante y se vaya con él antes de que llegue la Guardia. Ella se niega, y una vez que Fray Lorenzo se aleja, besa a Romeo en los labios para que el veneno la mate también a ella. Sin embargo, enseguida escucha la voz de un guardia que se acerca y, con el objetivo de morir antes de que la encuentren, se apuñala en el corazón con la daga que traía Romeo, y muere.

El paje de Paris y la Guardia, encabezada por el Capitán, llegan al lugar de los hechos. El Capitán ordena a algunos soldados que revisen el lugar y capturen a todo el que encuentren. Luego descubre el funesto espectáculo y entonces envía a otro grupo de soldados a buscar al Príncipe, a los Montesco y a los Capuleto. Enseguida, un soldado captura a Baltasar y otro, a Fray Lorenzo, que llevaba una azada y una pala. Ambos son llevados frente al Capitán.

Llegan a la escena el Príncipe, Capuleto y Lady Capuleto. El Capitán les narra lo poco que sabe. Luego de que los Capuleto ven a su hija ensangrentada, llega Montesco, lamentándose porque su esposa murió de pena tras el exilio de su hijo. Por orden del Príncipe, entre Fray Lorenzo y los pajes de Romeo y Paris reconstruyen la historia, desconocida por los presentes. Baltasar, además, le entrega al Príncipe la carta que Romeo le había dado para que se la entregase a su padre. Luego del relato de los testigos, el Príncipe confirma que la carta de Romeo narra la misma historia. Finalmente, Montesco y Capuleto se dan la mano. Montesco se compromete a levantar una estatua de oro en honor a la casta Julieta, y Capuleto promete levantar otra opulenta estatua en honor a Romeo y emplazarla junto a la primera.

Análisis

El quinto y último acto girará, sobre todo, alrededor del tema de la muerte. La forma más emblemática, aunque no la única, que tomará es la del suicidio. Sin embargo, cabe destacar que en el final de la obra el suicidio aparece como una opción heroica, a diferencia del Acto III, en el que las amenazas de suicidio de ambos amantes aparecen como un escape cobarde a situaciones adversas. Aquí, ni Romeo ni Julieta amenazan con suicidarse, sino que ambos eligen activamente y llevan a cabo las acciones necesarias para, de hecho, suicidarse: Romeo compra el veneno, con todas las dificultades que ello conlleva, y luego vuelve a Verona a pesar de su destierro para morir junto a su amada. Julieta, por su parte, intenta beber el veneno de los labios de Romeo para tomar luego la daga de su amante y clavársela. En ambos casos, lejos de huir de un problema, los amantes optan activamente por suicidarse antes que vivir el uno sin el otro. El dominio de la muerte constituye, paradójicamente, el triunfo del amor.

Es interesante notar en la primera escena que Romeo, que en varias instancias anteriores se había entregado al destino a pesar de oscuros presagios y había asumido no solo el predominio de los astros sobre su suerte sino también una posición pasiva, afirma ahora: "¡Entonces, os desafío, estrellas!" (p.122) antes de emprender su viaje a Verona y hacia su muerte. Por un lado, llama la atención este cambio en el protagonista, que ahora toma decisiones y enfrenta su propia muerte como una elección basada en la lealtad amorosa y no en un escape cobarde. De esta forma, se muestra que Romeo ha madurado, y que está verdaderamente enamorado y dispuesto a todo por Julieta.

Frente a esta primera escena, con Romeo desafiando esas fuerzas a las que antes se entregaba, podemos colocar la segunda, en la que Fray Lorenzo, quien venía urdiendo planes y tomando decisiones que intentaban torcer el rumbo de un destino aparentemente escrito, recibe la noticia de que su mensaje no llegó nunca a Romeo por circunstancias externas y hasta triviales. “¡Adversa fortuna!” (p.125), clama. En cierto sentido, podemos decir que, mientras Romeo toma (o cree que toma) los hilos de su propio destino, Fray Lorenzo, en un movimiento opuesto, comienza a reconocer el poder de una suerte que no controla.

En la última escena, varios elementos desarrollados a lo largo de la obra llegan a su punto culminante. Entre ellos, el motivo de la luz y la oscuridad se exacerba al máximo cuando Romeo, al matar a Paris, comenta que enterrarlo junto a Julieta no sería equivalente a enterrarlo en una tumba sino en un cimborrio, por la presencia luminosa de ella. El motivo de la Muerte como amante de Julieta también se retoma ("Con flores cubro tu lecho nupcial", p.127, dice Paris al visitar su tumba) y, podríamos decir, que triunfa cuando ella finalmente muere junto a los cadáveres de Romeo y Paris.

Tras el relato de Fray Lorenzo, apoyado por los del paje de Paris y el criado de Romeo, que reponen todo lo sucedido para los personajes que representan la ley y el deber (es decir, el Príncipe y los padres de los jóvenes), el Príncipe se pronuncia, asociando explícitamente la muerte de los jóvenes con la rivalidad de sus padres:

Ved la calamidad que recayó sobre vuestro odio:

¡El cielo halló la forma de destruir vuestra dicha con amor!

Y yo, por desviar la mirada de vuestras discordias,

He perdido a dos parientes. Todos fuimos castigados.

Aquí se cierra una fuerte interpretación de los hechos: las muertes de Romeo y de Julieta constituyen un castigo divino por el odio entre los Montesco y los Capuleto, y también por la pasividad con la que el Príncipe mismo lidió con esta rivalidad. Por otro lado, con estas muertes como castigo acaece la restitución del orden social, que se verá luego confirmada por la reconciliación entre los padres de los jóvenes. Con este final, la obra pone nuevamente en evidencia y da especial importancia a la relación entre el plano individual y el social, entre la ley y el deseo, entre padres e hijos, evidenciando la necesidad de un orden y una armonía en todos los planos.