La casa en Mango Street

La casa en Mango Street Resumen y Análisis Vagabundos en el ático - A veces Mango se despide

Resumen

Vagabundos en el ático

Esperanza expresa su profundo anhelo de tener una casa en una colina, similar a aquellas en las que su padre trabaja como jardinero. Ella recuerda que antes solía acompañar a su familia los domingos para observar esas casas, pero ha dejado de hacerlo porque le comenzó a dar vergüenza. Sin embargo, asegura que cuando logre tener su propia casa, no olvidará sus raíces ni a la gente que vive cerca de la tierra. Promete que si algún vagabundo pasa por su hogar, le ofrecerá el ático para que se quede, pues ella comprende perfectamente el dolor de no tener un lugar propio. Se imagina feliz compartiendo su espacio y escuchando los ruidos de sus invitados en el piso de arriba mientras ella cena.

Hermosa y cruel

La narradora se describe a sí misma como una "hija fea" a la que nadie viene a buscar, y observa que su hermana Nenny, por ser bonita, tiene más claro que ella que no esperará a que un marido la saque de casa. Esperanza toma la determinación de no crecer "mansita" como otras mujeres, las que esperan con las manos extendidas a que les pongan grilletes que limiten su libertad. Se inspira en las mujeres de las películas, que son hermosas y crueles, aquellas que conservan su poder y se burlan de los hombres. Como parte de su propia "guerra silenciosa", empieza a actuar como si fuera un hombre, y hace cosas como levantarse de la mesa sin recoger su plato ni poner la silla en su lugar.

Chica lista

La madre de Esperanza reflexiona sobre su vida mientras cocina. Le confiesa a su hija que ella "pudo haber sido alguien". Se describe a sí misma como una mujer llena de talentos: sabe hablar dos idiomas, canta ópera, dibuja y es capaz de arreglar un televisor, aunque irónicamente no sabe qué subterráneo tomar para ir al centro. Le aconseja a Esperanza que estudie mucho para depender de nadie, y menciona a amigas de ella que han sido abandonadas o han quedado viudas. Luego, revela con amargura que dejó la escuela solo porque no tenía ropa bonita, a pesar de que tenía cerebro para estudiar, y finalmente le advierte a su hija que la vergüenza es un sentimiento muy peligroso que no te deja levantarte ni progresar.

Lo que Sally dijo

Sally intenta justificar el maltrato físico que recibe de su padre: afirma que él nunca le pega fuerte y que sus moretones, en realidad, son producto de caídas accidentales. En el barrio nadie le cree y, finalmente, Sally se ve obligada a admitir que su padre la golpea "con las manos como a un perro" (105). En una ocasión, tras recibir una golpiza de su padre, Sally se refugia brevemente en casa de Esperanza. Sin embargo, termina regresando a su hogar al poco tiempo, luego de que su padre vaya a buscarla llorando y le pida perdón. El arrepentimiento del padre es breve. Poco tiempo después vuelve a golpear a Sally tras descubrirla hablando con un muchacho.

El jardín del mono

Esperanza describe cómo un jardín donde vivía un mono se convierte en el lugar de juegos predilecto de los niños tras la partida del animal y sus dueños. El espacio se transforma en un sitio salvaje, lleno de plantas que muerden y coches abandonados que los niños usan como casas-club. Un día, Sally decide dejar de jugar con los demás niños y se queda con Tito y sus amigos, unos chicos más grandes. Estos le roban las llaves de la casa y le exigen besos para devolvérselas. Al ver esto, Esperanza intenta "salvarla". En primer lugar, busca a la madre de Tito, y luego agarra palos y un ladrillo. Para su sorpresa, Sally y los muchachos se burlan de ella y la hacen sentir avergonzada y fuera de lugar. El capítulo termina con Esperanza llorando sola en un rincón del jardín, deseando que su corazón deje de latir y sintiendo que ese lugar mágico ya no le pertenece.

Payasos rojos

Esperanza relata un encuentro traumático ocurrido en una feria. Ella estaba esperando sola junto al juego de las tazas locas y los "payasos rojos" mientras Sally se marchaba con un muchacho. En ese momento, un hombre mayor la agarró del brazo con fuerza, le dijo "I love you, Spanish girl" y la besó contra su voluntad. Al contar esto, Esperanza se siente sucia y traicionada. Acusa a Sally y a los libros de cuentos de haberle mentido, pues sus experiencias con los hombres no son románticas, sino dolorosas y humillantes.

Rosas de linóleo

Sally decide casarse para escapar del control de su padre. Es aún muy joven. Para conseguir el matrimonio, se muda a otro estado, donde es legal casarse antes de terminar el octavo grado. Su nueva vida, sin embargo, no le otorga la libertad esperada. Su esposo es extremadamente controlador: no le permite usar el teléfono, asomarse por la ventana ni recibir visitas de sus amigos. Sally pasa sus días encerrada en su casa, contemplando la limpieza de las paredes, los objetos que posee y las "rosas de linóleo" del piso. Vive con el miedo constante de hacer algo sin el permiso de su marido.

Las tres hermanas

Durante el funeral de la pequeña hermana de Lucy y Rachel, aparecen tres ancianas misteriosas que, desde la perspectiva de Esperanza, parecen tener un vínculo con lo místico y el destino. Una de ellas invita a Esperanza a pedir un deseo y le asegura que se le cumplirá, porque ella es especial y llegará lejos. Sin embargo, la hermana de las "manos de mármol" le hace una advertencia solemne: cuando logre marcharse de Mango Street, no debe olvidar que su deber es volver por los demás. Le explica que ella siempre será parte de ese lugar y que tiene la responsabilidad de ayudar a aquellos que no pueden irse tan fácilmente como ella.

Alicia y yo hablamos en las escaleras de Edna

Esperanza conversa con su amiga Alicia sobre la tristeza que le genera no tener una casa de la que pueda sentirse orgullosa. Se niega a aceptar su casa de Mango Street como su hogar y afirma que ella no pertenece allí. Alicia la contradice: le asegura que, le guste o no, ella es Mango Street, y que si algún día se va, tendrá que volver. Esperanza bromea, diciendo que solo regresará cuando el alcalde mejore el barrio. Es decir, nunca.

Una casa propia

Esperanza describe detalladamente la casa de sus sueños: un espacio que será totalmente suyo, que no pertenecerá a un hombre ni a un padre. Imagina un hogar silencioso y limpio, con petunias moradas y libros. Visualiza este lugar como un espacio de paz donde no tendrá que limpiar la basura de nadie. Compara la pureza de su futura casa con la de una hoja de papel en la que alguien escribirá un poema.

A veces Mango se despide

La narradora afirma que su vida se define por el acto de contar historias, y que ahora acaba de escribir el relato de una chica que "no quiere pertenecer". Reconoce finalmente que Mango Street es la casa a la que pertenece "sin pertenecerle". Descubre que, al poner sus recuerdos y penas en papel, el "fantasma" de sus experiencias deja de dolerle, y la escritura la libera de las ataduras del barrio. El libro concluye con la afirmación de que un día se marchará de allí, con sus libros y papeles, para perseguir su destino, pero con la promesa firme de regresar por aquellos que se quedaron atrás y no pudieron marcharse.

Análisis

En estas últimas viñetas llegamos a la culminación del proceso de autodescubrimiento de Esperanza. La niña ahora se ha convertido en una adulta con convicciones propias. Sabe que pertenece a la cultura chicana, pero también es consciente de que puede hacer que su destino no sea el que su cultura le ha asignado.

Este desafío a lo impuesto aparece con claridad en «Vagabundos en el ático». A lo largo de la novela, hemos visto cómo la segregación del pobre es una constante. Esperanza proyecta entonces que su futura casa, a diferencia de las mansiones elitistas de esa gente que "olvida a las personas que vivimos más cerca de la tierra" (102), se definirá por su solidaridad. Su hogar será un refugio para los desposeídos. Esperanza sabe lo que es no tener una casa y decide que, en el futuro, alojará vagabundos en su ático. Esta proyección demuestra que su crecimiento no implica un abandono de sus raíces ni un comienzo desde cero, sino un cambio de rumbo.

En «Hermosa y cruel», este cambio de rumbo aparece en torno a la cuestión de género. Aquí, Esperanza declara su rebelión contra el rol establecido de la mujer. Al rechazar el destino de ser "mansita" y negarse a dejar que le pongan los "grilletes" del matrimonio, ella asume un poder que, en su cultura (y en la mayor parte de las culturas), es típicamente masculino.

El empoderamiento de Esperanza crece aún más cuando su propia madre le confiesa, con profundo dolor, que se siente confinada dentro del hogar. En este caso, quien le habla a Esperanza, quien le hace de espejo, ya no es una vecina ni una amiga sino la mujer que la crió, y a quien ella más admira. Este testimonio de su madre, sumado al confinamiento de Sally tras casarse, le otorgan a Esperanza una conciencia absoluta respecto de lo que implica ser mujer en Mango Street y de lo que debe hacer para torcer su destino. Debe tener una casa propia, un espacio "silencioso como la nieve... limpio como el papel antes del poema" (118). Aquí, la casa ya no es un refugio contra la intemperie, sino la condición necesaria para la autonomía total. Es un espacio donde ella puede escribir en lugar de andar recogiendo la basura u obedeciendo las órdenes de un hombre.

Hasta aquí, Esperanza ha construido un camino para "salvarse" de Mango Street. Entonces, de forma mística e inesperada, aparecen las tres hermanas y le dejan en claro que ella siempre será, ineludiblemente, parte de Mango Street, y que, si se va, tiene el deber de regresar para ayudar a los demás. Este encuentro es crucial porque transforma su deseo individual en un deber colectivo. Alicia refuerza esta idea en su conversación final al recordarle que, le guste o no, ella pertenece a ese lugar, y que los cambios en el barrio no vendrán de la mano del alcalde, sino de quienes reconozcan a Mango Street como su hogar.

Finalmente, la obra cierra con la idea de la escritura como el acto supremo de liberación. En "A veces Mango se despide", Esperanza comprende que narrar su realidad es lo que le permite soltarla: "Lo escribo en una hoja de papel y entonces el fantasma no duele tanto" (119). La escritura desarticula, así, el poder opresivo del entorno. Esperanza narra la historia de "una chica que no quería pertenecer" (Ídem) y así, paradójicamente, logra pertenecer.