La casa en Mango Street

La casa en Mango Street Imágenes

La casa de Mango Street

La casa de Mango Street no solo es físicamente estrecha, sino que parece estar asfixiada. A través de esta imagen visual, Esperanza alude al ambiente de confinamiento en el que vive y la falta de libertad que la oprime. Dice:

Pero la casa de Mango Street no se parece nada a lo que nos contaron. Es pequeña y roja, con peldaños angostos al frente y ventanas pequeñitas que parecen contener la respiración. En algunas partes los ladrillos se desmoronan y la puerta principal está tan hinchada que tienes que empujarla muy duro para poder entrar. No tiene jardín delantero, solo cuatro pequeños olmos que la ciudad plantó en la banqueta. En la parte de atrás hay una cochera para el carro que aún no tenemos y un jardincito que parece aún más pequeño entre los dos edificios a los costados. Hay escaleras en nuestra casa, pero son ordinarias, de zaguán, y solo tenemos un baño (32).

El pelo de la madre de Esperanza

Esta descripción del pelo de la madre evoca un refugio doméstico cálido que contrasta con la dureza exterior del barrio, y da cuenta de que la casa de Mango Street (pese a que le cuesta aceptarla como su hogar) es el único espacio en el que Esperanza se siente plenamente protegida y aceptada. Dice:

Pero el pelo de mi madre, el pelo de mi madre es como rositas en botón, como rueditas de dulce, todo rizado y bonito porque lo lleva recogido en rulos el día entero, y huele rico cuando te abraza, cuando te abraza fuerte y te sientes segura, es el mismo olor del pan antes de ser horneado, es el mismo olor de cuanto te hace sitio de su lado de la cama, aún calientito por su piel, y te quedas dormida junto a ella, con la lluvia cayendo afuera y Papá roncando. Los ronquidos, la lluvia y el pelo de Mamá que huele a pan (34).

La risa de Esperanza y Nenny

Esta imagen auditiva da cuenta de la importancia de la familia y la búsqueda de la identidad propia. Al comparar las risas de ella y Nenny con un sonido estrepitoso como el de platos rotos que se rompen, Esperanza define su esencia y la de su hermana como algo crudo y auténtico. Así, se aleja de los estereotipos de feminidad delicada que la sociedad espera de ellas: "Pero yo y Nenny somos más parecidas de lo que pensarías. Nuestra risa, por ejemplo, no es la tímida risita de campanita de heladero de la familia de Rachel y Lucy, sino brusca y repentina como una pila de platos al romperse" (43).

El sándwich de arroz frío

Esta imagen visual y gustativa pone en escena el tema de la pobreza y la vergüenza social. El contraste entre la expectativa idealizada de Esperanza sobre comer en la cafetería escolar (que ella imaginaba como un lugar de prestigio) y la realidad de su almuerzo precario y desagradable subraya su decepción y su dolorosa conciencia de la carencia económica de su hogar: "En the canteen, que no era nada del otro mundo, un montón de niños y niñas me miraron mientras yo lloraba y comía mi sándwich, el pan ya grasoso y el arroz frío" (67).

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