La casa en Mango Street

La casa en Mango Street Resumen y Análisis Cathy, reina de los gatos - Y algunas más

Resumen

Cathy, reina de los gatos

Esperanza conoce a su primera vecina, Cathy, una niña que afirma ser tátara tátara prima de la reina de Francia y vive en una casa llena de gatos de todos los tamaños y colores. Cathy le ofrece ser su amiga, pero aclara que solo lo será hasta el martes siguiente, ya que ese día su familia se mudará. ¿Los motivos? El barrio se está "poniendo de lo peor" debido a la llegada de familias como la de Esperanza. Durante su encuentro, Cathy le da consejos y advertencias sobre otros vecinos. Menciona a Joe "el manoseador", a los dueños de la tienda de la esquina y a Alicia, de quien dice que se cree superior desde que empezó a ir a la universidad.

Nuestro día bueno

Dos hermanas de Texas, Lucy y Rachel, le proponen a Esperanza una amistad eterna a cambio de cinco dólares para completar la compra de una bicicleta usada. A pesar de las advertencias de Cathy sobre la apariencia descuidada de las hermanas, Esperanza usa sus ahorros y toma dinero de Nenny para dárselos. Le gusta su risa y valora su sinceridad. Tras la compra, las tres se montan en la bicicleta y recorren juntas las calles del barrio. Pasan por la tienda de Benny y por la lavandería. Esperanza se siente feliz porque, a diferencia de otros, ellas no se ríen de su nombre y aceptan compartir la bicicleta de forma equitativa.

Risa

Esperanza reflexiona sobre la conexión invisible que tiene con su hermana Nenny. Afirma que, aunque no se parecen físicamente, como Lucy y Rachel, comparten rasgos internos muy fuertes. El ejemplo más claro es su risa, que no es una risita tímida, sino un sonido brusco y repentino parecido a una pila de platos que se rompen. Finalmente, la narradora da el ejemplo de una vez que, al pasar frente a una casa, ella comenta que parece una casa de México y sus amigas no la comprenden, pero Nenny la entiende a la perfección.

Gil compraventa de muebles

Esperanza y Nenny suelen visitar una tienda de baratijas y artículos usados. Es de un señor negro que casi nunca enciende las luces. El local está abarrotado de mesas, refrigeradores y televisores viejos que forman pasillos estrechos por los que las niñas caminan en la oscuridad. Un día, el dueño les muestra una caja de música antigua que no tiene bailarinas ni flores, sino un disco de latón que emite un sonido melancólico y hermoso. Esperanza finge desinterés para que Nenny no note su emoción, pero su hermana intenta de inmediato comprar el objeto. El dueño de la tienda le explica que no está a la venta.

Meme Ortiz

Juan, conocido por todos como Meme, se muda a la antigua casa de Cathy con su perro de ojos grises, que tiene un nombre en inglés y otro en español. La casa, construida por el padre de Cathy, es de madera y tiene pisos inclinados y escalones desparejos que parecen "dientes chuecos". En el patio trasero hay un árbol inmenso que los niños utilizan para organizar el Primer Concurso Anual de Saltos de Tarzán. Meme resulta ganador de la competencia, pero la hazaña le cuesta caro, ya que termina rompiéndose ambos brazos durante el salto.

Louie, su prima y su primo

La familia de Louie, de origen puertorriqueño, alquila el sótano que está debajo de la casa de Meme. Un día, un primo de Louie llega al callejón manejando un espectacular Cadillac amarillo con asientos de piel blanca y ventanillas automáticas. El hombre invita a todos los niños a dar una vuelta por la cuadra, pero la diversión termina cuando aparece la policía con las sirenas encendidas. El primo obliga a los niños a bajar del auto e intenta huir a toda velocidad, pero se estrella contra un poste de luz. Es arrestado mientras los niños lo despiden con la mano sin comprender del todo lo ocurrido.

Marín

Marín, la prima de Louie, es una joven que vende Avon y cuida a sus primos mientras espera que su novio regrese de Puerto Rico para casarse con ella. Pasa gran parte del tiempo soñando con trabajar en el centro para conocer a alguien que le cambie la vida y la lleve a vivir a una casa enorme. Ella es quien les enseña a Esperanza y a sus amigas cosas sobre maquillaje, depilación y el comportamiento de los chicos. Por las noches, Marín se queda en la entrada de su casa fumando un cigarrillo y bailando sola bajo el poste de luz. Espera que alguien la vea o que una estrella caiga y cambie su destino.

Los que no

Esperanza observa que las personas que no pertenecen al barrio llegan asustadas, pues piensan que todos los habitantes son peligrosos y los atacarán con cuchillos. Ella aclara que ellos no tienen miedo porque conocen a todos: saben quién es el hermano de quién y quién es el hijo de cada vecina. Sin embargo, admite que comprende ese sentimiento de inseguridad, pues cuando su propia familia conduce por un vecindario de otro color, ellos también suben las ventanillas y sienten que sus rodillas tiemblan de miedo.

Había una señora que tenía tantos hijos que no sabía qué hacer

Rosa Vargas es una madre que vive desbordada por la crianza de sus numerosos hijos, quienes son conocidos en el barrio por su mal comportamiento y su irrespetuosidad. El padre de los niños los abandonó sin dejar dinero. Rosa vive cansada y llorando. Los niños Vargas corren riesgos constantes. Se hamacan en lugares peligrosos y juegan en los techos. Aunque al principio los vecinos intentaron vigilarlos, terminaron por ignorarlos debido a su rebeldía. El capítulo concluye con el relato de la trágica muerte de Ángel Vargas, quien muere tras caer desde una gran altura sin que nadie haga un esfuerzo por ayudarlo.

Alicia la que ve ratones

Alicia es una joven que, tras la muerte de su madre, debe encargarse de todas las tareas domésticas. A pesar de las exigencias de su padre, quien cree que el lugar de la mujer es la cocina, ella estudia en la universidad para evitar un futuro como operaria de fábrica. Alicia se queda despierta estudiando por las noches y ve ratones en su casa, pero su padre insiste con que son fantasías de ella. Alicia es amiga de Esperanza y solo le teme a dos cosas: a los ratones y a su padre.

Darius y las nubes

Esperanza y sus amigas miran las nubes. La narradora reflexiona sobre cómo el cielo es un consuelo en un barrio con tan poca belleza. Mientras observan las nubes que parecen almohadas o palomitas de maíz, Darius, un chico que se porta muy mal en la escuela, muestra un lado inesperado: señala una nube especialmente grande y gorda, y afirma con sencillez que esa nube es Dios. Su observación deja a los demás niños sorprendidos por la profundidad de sus palabras.

Y algunas más

Esperanza y sus amigas inician una charla sobre los distintos nombres que pueden tener las cosas. Mencionan que los esquimales tienen treinta nombres para la nieve y que las nubes también pueden recibir distintos nombres, como "cúmulos" y "nimbus". Al rato comienzan a inventar nombres para ellas mismas, como Nancy, Joey o Mildred. La conversación cambia de rumbo cuando las niñas comienzan a pelear y lanzarse insultos infantiles relativos a sus apariencias y las de sus madres. Nenny, ajena al conflicto, continúa inventando una lista interminable de nombres para las nubes.

Análisis

En estas viñetas, Esperanza trasciende los límites de su hogar y explora la compleja geografía social y humana de su barrio. En este tránsito de lo privado a lo público, la protagonista de la novela descubre la solidaridad, la amistad, la diversidad de su comunidad y las barreras invisibles que separan las clases sociales y las razas. Esta "exploración" del barrio comienza con la presentación de Cathy, una niña que encarna el prejuicio y el espíritu de segregación. Cathy y su familia aparecen brevemente, ya que se están yendo de Mango Street porque "el barrio se está poniendo de lo peor". Es decir, cada vez viven más mexicanos allí.

Tras ese choque con Cathy, Esperanza encuentra una conexión real con Lucy y Rachel en "Nuestro día bueno". La amistad entre ellas tres se sella con la compra compartida de una bicicleta. Este simple acto da cuenta del poder que tiene la unión colectiva frente al individualismo. Al montar la bicicleta junto a Lucy y Rachel, desafiando el peligro de la avenida y pasando por la tienda del señor Benny, Esperanza experimenta por primera vez una sensación de pertenencia a Mango Street.

El barrio se presenta como un lugar peligroso pero también interesante, como puede verse en la viñeta "Gil compraventa de muebles". En este espacio oscuro y abarrotado de objetos polvorientos, Esperanza descubre una caja de música que libera un sonido único, que ella compara con el sonido que hacen un millón de polillas volando juntas. Este momento da cuenta de que en la pobreza también hay belleza. De hecho, esta belleza es pura, sin finalidad, ya que el dueño de la tienda ni siquiera pretende vender la caja musical. La belleza va más allá de su necesidad de dinero.

En "Louie, su prima y su primo", el peligro y la belleza se amalgaman. El primo de Louie aparece en el barrio con un Cadillac amarillo, con "asientos de piel blanca" y "suave como un sofá", que atrapa la mirada de todos. Lleva a dar un paseo a las niñas. Es un paseo fascinante que termina abruptamente con la aparición de la policía. El primo de Louie hace bajar a las niñas de inmediato e intenta huir, pero se estrella contra un poste de luz. Termina arrestado y la trompa del Cadillac queda destrozada.

"Los que no" también pone en primer plano esta sensación de peligro, aunque desde un punto de vista más analítico. Aquí, Esperanza reflexiona sobre cómo el miedo genera segregación. Afirma que los extraños entran a Mango Street "asustados" por prejuicios raciales. Si bien ella no siente miedo alguno en su barrio, porque está "rodeada de raza", puede entenderlos, ya que siente el mismo miedo cuando visita vecindarios de "otro color".

En estas viñetas, Esperanza también comienza a presentarnos a las mujeres del barrio. Marín, tal como la bisabuela de Esperanza décadas atrás, es una "mujer que espera". A diferencia de la bisabuela, Marín no espera en la ventana, sino bajo un poste de luz. Dice Esperanza que se pasa las noches bailando bajo de ese poste mientras "espera que un coche se pare... que alguien le cambie la vida" (52). Esta figura de espera pasiva encuentra su cara opuesta en "Alicia la que ve ratones". Alicia estudia en la universidad para evitar un destino "detrás del rodillo" o en una fábrica. Día a día debe tolerar el autoritarismo de su padre, quien la obliga a cocinar y mantener la casa limpia. Para escapar de esa tutela, Alicia se pasa las noches estudiando mientras los ratones imaginarios, que nacen producto del cansancio, le corroen la cabeza. Aun así, Alicia resiste y es un modelo para Esperanza.

Por su parte, Rosa Vargas, a diferencia de Alicia (que resiste) y de Marín (que aún tiene esperanzas de "ser salvada"), es una mujer que ha sido avasallada por su marido, quien abandonó a ella y sus hijos sin dejar ni un centavo. Rosa vive cansada y llorando. Está agotada por "tantos botones, botellas y bebés". Tan agotada está que no es capaz de cuidar a sus hijos. La trágica muerte de uno de ellos, Ángel, un niño que cayó del cielo "como una dona de azúcar", es la consecuencia definitiva de una tragedia que comenzó con el egoísmo y la desidia de un hombre adulto.