La tierra baldía

La tierra baldía Resumen y Análisis Una partida de ajedrez (vv. 77-173)

Resumen

La segunda sección de La tierra baldía comienza con la descripción de una mujer sentada en una hermosa silla que parece “un trono bruñido” (v.77). Ocupa un espléndido salón, repleto de techos exageradamente ornamentados y suntuosas imágenes, texturas, materiales y brillos. La voz poética describe el entorno de oro, mármol y cristal de los aposentos de esta mujer, un ambiente plagado de “Ungüentos, polvos, líquidos: turbaban, confundían” (v.88), “estuches de raso derramados en rica profusión” (v.85) y “extraños perfumes sintéticos” (v.87).

La mujer parece dirigirse a la voz poética mientras se cepilla el cabello: “Estoy mal de los nervios esta noche. Mal. Quédate conmigo” (v.111). Perturbada, pregunta por los ruidos que oye. La voz poética responde: “Estamos en un callejón de ratas / donde los muertos perdieron sus huesos” (vv.115-116). Ella le pregunta a su interlocutor con insistencia qué van a hacer al día siguiente, dice querer salir corriendo a recorrer las calles “con el pelo así, suelto” (v.133).

Finalmente, la voz poética responde:

A las diez, agua caliente.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y vamos a jugar una partida de ajedrez,
Apretando ojos sin párpados y esperando que llamen a la puerta (vv.135-138).

La última estrofa de esta sección cambia repentinamente de registro y representa a dos mujeres hablando en un pub a la hora de cerrar; de ahí que se oiga el pedido: “RÁPIDO POR FAVOR QUE YA ES HORA” (v.141). El tema de conversación entre ambas es una tal Lil, cuyo marido acaba de volver a casa tras la guerra. Él le dio dinero para que se hiciera una dentadura nueva, pero ella no lo ha hecho aún: "Vergüenza tendrías que tener, le dije yo, de ese aspecto anticuado/ (...) No lo puedo evitar, dijo ella, poniendo cara larga, / Esas píldoras son, las que tomé para sacármelo, dijo” (v.153-159). El diálogo se vuelve más y más fragmentado. Finalmente, el verso que cierra la sección parece estar en boca del tendero. Se trata de una cita de Hamlet, las últimas palabras de Ofelia: “Buenas noches, señoras, buenas noches, dulces señoras, buenas noches, buenas noches” (v.172).

Análisis

Esta sección comienza con los siguientes versos: “La Silla en la que estaba, como un trono bruñido / Refulgía en el mármol” (v.77-78). El trono bruñido se trata, en principio, de un guiño a Antonio y Cleopatra de Shakespeare. Al mismo tiempo, lo que hace Shakespeare es, también, una alusión a la traducción al inglés de Vida de Marco Antonio, de Thomas North, que toma esta alusión de las Vidas paralelas de Plutarco. Es decir que, en este caso, lo que señala la referencia no es tan solo su filiación con la obra shakespeariana (podemos encontrar infinidad de citas a Shakespeare en La tierra baldía), sino el hecho de que la expresión “trono bruñido” guarda en sí misma una genealogía, un itinerario que recorre siglos de escritura poética, la condensación de la historia literaria.

Además del trono bruñido, también la presencia del oro, los Cupidos, el fuego, los perfumes y las velas son guiños a una escena de Antonio y Cleopatra en la que Enarbobo habla sobre Cleopatra con Mecenas y Agripa. Hemos mencionado la relevancia de la tradición literaria en el proyecto poético de Eliot en el análisis anterior. En este caso, queda expuesto algo de lo antedicho: al utilizar estas palabras de lejana procedencia en la historia de la literatura, hay una voluntad expresa del poeta por entretejer su poema, La tierra baldía, en el vasto telar del canon de la literatura occidental.

Para no perder la atención sobre otros puntos a tratar en el análisis, podemos mencionar, sin profundizar, otras varias referencias de este tenor en “Una partida de ajedrez”: la descripción del tocador de la mujer se vincula con El rapto del bucle de Alexander Pope y su descripción del tocador de Belinda; los artesones del techo de la habitación refieren a Virgilio y a las lámparas encendidas que “vencen la noche” (Eneida, I.726-7) en el momento en que Dido, reina de Cártago, ofrece a Eneas un banquete de recepción. De esta misma forma, alusiva, encontramos referencias a John Milton, Ovidio, John Webster, Shakespeare o D. H. Lawrence. Sin embargo, cabe hacer una aclaración fundamental: estas referencias no solo cumplen el rol de señalar otros textos y adentrarnos en la biblioteca de Eliot. No se trata, en absoluto, de un collage absurdo o un museo de la literatura sin sentido ni vuelo poético propio. El poema alcanza, mediante una composición que involucra un sinfín de préstamos, un estilo, imágenes e ideas propias y de una actualidad contundente para la época. Con materiales ajenos, generalmente provenientes de la más alta literatura, Eliot compone un material nuevo, moderno y apegado a su era.

En el poema, esta figura femenina emparentada, por la referencia cruzada, con Cleopatra, es más bien una dama de poca virtud. Todos sus perfumes parecen venenos, turban y confunden. Los frascos se encuentran destapados, es decir, fuera de control, y ahogan los sentidos. Volveremos sobre este asunto, pero cabe señalar que todo lo que rodea a esta mujer acaudalada parece ser peligroso para quien la observa.

Asimsmo, uno de los cuadros de la habitación de la mujer representa la violación de Filomela, otra escena extraída de la Metamorfosis de Ovidio. Cabe detenernos en esta referencia, que es una de las más importantes de la sección. En la Metamorfosis, la esposa del rey Tereo, Procne, le pide a su marido que traiga a su hermana Filomela para sentirse más acompañada. Al conocer a su cuñada Filomela, Tereo se enamora al instante y sin remedio; nada debe interponerse en su conquista. Lleno de lujuria, la viola en el bosque. Se trata de la “escena selvática” (v.98) que menciona la voz poética, al reparar en la imagen que decora la chimenea del hogar. Luego, Tereo la ata y le corta la lengua, para que no pueda denunciar lo ocurrido. El rey regresa con Procne, pero Filomela es capaz, con sus manos, de tejer un telar en el que ilustra lo que le ha ocurrido. Le da el telar a su hermana que, llena de ira al ver la escena tejida, recupera a Filomela, mata en venganza al hijo del rey Tereo y le da su cadáver al rey de comer. Cuando Tereo se entera de que le han servido a su hijo en la cena, destierra a Filomela y a su esposa. Ella es transformada en una golondrina, y Filomela en un ruiseñor.

Posiblemente, esta referencia explique también los versos que dicen “Y otros mustios muñones de tiempo / En las paredes se narraban” (vv.94-95). En Tito Andrónico, a Lavinia, hija de Tito, también la violan. En ese caso, no solo le cortan la lengua, sino que también le amputan las manos, para que no pueda, como Filomela, denunciar con su bordado el crimen. Sin embargo, logra efectivamente denunciarlo señalando a su padre el pasaje de la violación de Filomela en la Metamorfosis de Ovidio.

Curiosamente, Eliot pasa de aludir en esta sección del poema a las figuras femeninas de Filomela, Procne y Lavinia, antiguas, abusadas y víctimas, pero también amenazantes y mortales, a retratar a una mujer neurótica, moderna, que se prepara para salir, con el pelo erizado, abúlica y sin una motivación clara. Ella y su amante, protagonistas del primer segmento de “Una partida de ajedrez”, conversan y parecen estresados y aburridos. Ella le grita a él: “Habláme. ¿Por qué nunca me hablás? Hablá” (v.112). Pero todo lo que él puede responder es: “Pienso que estamos en un callejón de ratas, / Donde los muertos perdieron sus huesos” (v.115-116), como si su mente estuviera en otro lugar y hablara consigo mismo. Ello ilustra uno de los temas que atraviesa el poemario, la comunicación frustrada, rota o cuando menos difícil, como veremos más adelante en la segunda mitad de esta sección.

Las referencias de Eliot no solo remiten a la tradición literaria y el canon: los callejones de ratas eran, también, a principio de siglo, las trincheras de la guerra. El “callejón de ratas” (v.115) es un símbolo de decadencia y destrucción, pero también es un típico apodo que los soldados daban a las trincheras del Frente Occidental en la Primera Guerra. En este sentido, la crítica ha interpretado los silencios y los pensamientos aleatorios sobre la muerte del personaje masculino como una manifestación de shell-shock o trastorno de estrés postraumático propio de los soldados que volvían del frente. Sobre todo porque, nuevamente, el tópico de la guerra irrumpe en el texto en la segunda mitad de esta sección. En esta parte, dos mujeres de clase social humilde conversan en un pub sobre una amiga, Lil, y su marido, que ha vuelto o volverá de la guerra pronto.

Otra de las referencias que no remite a la alta literatura, como la del callejón de las ratas, es la del “Rag Shakespeheriano” (v.28). Se trata de un éxito musical algo menor de 1912. La letra, “tan elegante /, tan inteligente” (v.71), hacía referencias jocosas a los personajes de Shakespeare, como Bruto, Desdémona y Romeo. En el caso del poema de Eliot, la presencia de la canción podría ser representativa de la decadencia del arte y la literatura occidentales desde la tragedia shakespeariana hasta la música popular moderna, pero la verdad es que no hay suficientes fundamentos para leer en Eliot una condena a las expresiones artísticas populares. Más bien podemos pensar que así como, a través de la alta literatura, Eliot busca su lugar en la serie literaria más alta, no deja de pertenecer profundamente a su cultura y su tiempo.

Volviendo a la escena final de esta sección, en el pub, una de las mujeres dice haberle aconsejado a una amiga que se arregle para la llegada de su marido del frente de batalla. Puntualmente, la mujer debe hacerse los dientes porque para ello le ha dejado el dinero el esposo. La mujer debe recibir al veterano en buenas condiciones para satisfacer sus necesidades y deseos, porque de otro modo otra mujer ocupará ese lugar.

Cabe hacer mención al hecho de que a, principios del siglo XX, era muy común en Gran Bretaña que a las jóvenes les extrajeran todos los dientes y les pusieran una dentadura postiza en su lugar. A menudo, este procedimiento era un regalo de vigésimo primer cumpleaños para las chicas, sobre todo en Escocia. La justificación de esta práctica era que las caries eran inevitables, dolorosas y poco atractivas, por lo que era mejor extraer los dientes de golpe y sustituirlos por un material inorgánico, más fácil de cuidar.

Como vemos, la joven Lil se angustia cuando la increpan por su cara desmejorada: “No lo puedo evitar, dijo ella, poniendo cara larga, / Esas píldoras son, las que tomé para sacármelo, dijo” (v.153-159). Se refiere en este verso al control de natalidad a través del aborto autoinducido, muy común también en los años de guerra y posguerra. El crecimiento demográfico británico se reducía año a año y las consecuencias físicas eran visibles en muchas mujeres, para las cuales la píldora anticonceptiva vendría recién con la Segunda Guerra Mundial. La pregunta que la amiga se hace —¿para qué se casó si no quiere tener hijos?— pone en primer plano uno de los temas principales de La tierra baldía en su conjunto: el matrimonio y, más ampliamente, las relaciones, especialmente las sexuales, en el mundo moderno.

Podemos pensar, entonces, en las relaciones varón-mujer en esta sección: el marido silencioso y la mujer nerviosa del principio ejemplifican un binomio recurrente en “Una partida de ajedrez”, el de Marte y Venus, los hombres guerreros y las mujeres que aman o desean. En esta “partida”, como bien dice el título, suelen ser las mujeres las que pierden: Cleopatra se quita la vida tras la derrota de Antonio; Dido muere, abandonada por Eneas; Filomela es perseguida por el armado Tereo; la salud de Lil, la mujer a la que aluden las dos amigas en el pub, se ve aprisionada por las exigencias de su marido veterano de guerra.

En las líneas finales recordamos a Ofelia en la tragedia de Shakespeare, empujada al suicidio por el comportamiento de Hamlet. Así termina “Una partida de ajedrez”, del mismo modo que comenzó, con una alusión a un personaje femenino suicida de Shakespeare. En las últimas líneas, los coloquiales “Gracia’ gracia’” (v.171) y “’Nas noche’ May” (v.170) se combinan con una cita de Hamlet que parece presagiar un mail futuro para Lil: “Buenas noches, señoras, buenas noches, buenas señoras, buenas noches, buenas noches” (v.172). Se trata de las últimas palabras que dice Ofelia en Hamlet antes de quitarse la vida tirándose al río, tras haber sido utilizada y maltratada por los hombres en los que debería haber confiado. “Tema a la muerte por agua” (v.55), nos había advertido la lectura del tarot de Madame Sosostris en “El entierro de los muertos”.

"Una partida de ajedrez" retrata a dos mujeres muy diferentes en el mundo moderno, así como a sus relaciones complejas con los varones. Ambas están atrapadas en un ciclo de repetición y desidia. Ambas también se encuentran vinculadas a través de las alusiones poéticas a mujeres que se suicidaron: Cleopatra en el caso de la primera, Ofelia en el caso de la segunda. La única salida para la abulia y la desidia parece ser la muerte, y esta resulta, a la vez, impensable y perturbadora.