La ladrona de libros

La ladrona de libros Resumen y Análisis Octava Parte: La recolectora de palabras

Resumen

El dominó y la oscuridad

En la casa de los Steiner, Rudy y los niños más pequeños juegan al dominó mientras sus padres discuten con los dos agentes nazis en la cocina sobre el ingreso de Rudy en una escuela militar especial. Rudy escucha la conversación y comprende que, al ganar tres medallas de oro en el carnaval de las Juventudes Hitlerianas, demostró su valía no solo ante su antiguo torturador Franz Deutscher, sino ante todo el mundo. Los padres de Rudy se niegan a dejarlo ir y él se lamenta por no haber intervenido y pedido que lo lleven. La Muerte anticipa que ello incidirá en el destino cruel de Rudy y su familia.

La imagen de Rudy desnudo

La Muerte describe la experiencia de Rudy de una semana antes, cuando fue sacado de clase para un examen físico en la escuela. Una enfermera y un médico hacen que Rudy y otros dos chicos se quiten la ropa y ellos lo hacen, con mucha vergüenza. La enfermera explica al profesor que están trabajando en crear una nueva estirpe de alemanes física y mentalmente superiores. El médico dice que se llevará a dos de ellos.

La historia salta al presente, cuando Rudy describe su experiencia a Liesel, un día después de la visita de los nazis a casa de los Steiner. Durante los días siguientes, Liesel tiene visiones de Rudy desnudo.

Castigo

La Muerte describe el castigo que Alemania impone a Hans por haber ayudado a un judío. Primero sufre su conciencia. Luego de la partida de Max, ha perdido su optimismo. Ya no toca el acordeón y espera con impaciencia el castigo que le espera. A principios de noviembre, la solicitud de Hans para ingresar en el Partido Nazi es aprobada, varios años después de su presentación, y el hombre desconfía de lo que eso pueda significar. Efectivamente, dos días después, Hans es reclutado por el ejército alemán, que está desesperado por conseguir nuevos reclutas tras las graves pérdidas sufridas contra la Unión Soviética. El padre de Rudy, Alex Steiner, también es reclutado.

La mujer del hombre de palabra

La noche antes de que Hans parta para su entrenamiento, Hans y Alex se emborrachan en el Knoller, en contra de los deseos de sus esposas. Como Hans queda inconsciente, a la mañana siguiente Rosa lo despierta con un cubo de agua fría. Liesel le ruega sin éxito que no se vaya, y Hans le pide que cuide su acordeón y que siga leyéndole a la gente en los refugios si hay más bombardeos. Días después, Alex Steiner parte también. Rudy y Liesel están destrozados por sus pérdidas; Rudy intenta que Liesel se escape con él para encontrar y matar a Hitler. Liesel reflexiona sobre todas las personas que ha perdido: su madre, su hermano, Max, y ahora Hans. De camino a casa, pasan por delante de la sastrería de Alex Steiner, que ahora está cerrada.

Esa noche, Liesel se despierta y encuentra a Rosa en el salón, sentada en el borde de su cama, con el acordeón de Hans.

El recolector

Ni Hans ni Alex son enviados al campo de batalla. Alex es enviado a un hospital militar en Viena, donde se le encomienda la tarea de remendar ropa. Hans es enviado a Essen, donde se le asigna un trabajo indeseable en la Unidad Especial de Bombardeo: su unidad debe permanecer en la intemperie durante los ataques aéreos para apagar incendios, apuntalar edificios y rescatar personas atrapadas en el ataque. Todos los miembros de la unidad han hecho algo políticamente incorrecto y por eso se les ha asignado esta misión. Cuando Hans les cuenta que está allí por dar pan a un judío, el sargento se ríe y le dice que tiene suerte de estar vivo.

El trabajo es increíblemente peligroso. De vez en cuando, la gente recorre la bruma y los escombros en busca de un ser querido desaparecido. En un turno, un anciano con sangre en la cara le pide ayuda a Hans, quien lo lleva a un lugar seguro, pero pronto descubre que el hombre está muerto. Ante el shock de Hans, un compañero le dice bruscamente que debe acostumbrarse. Más tarde, Hans tropieza con el cadáver de un niño mientras sale corriendo de un edificio; una mujer viene por la calle preguntando si alguien ha visto a su hijo, Rudy. El sargento de la Unidad, Boris Schipper, no se atreve a hablarle del niño muerto, y Hans recuerda con amargura a Rudy Steiner.

Los devoradores de pan

De regreso en Molching, Liesel pasa el resto de 1942 pensando en tres hombres: Hans, Max y Alex. A su vez, sigue leyéndole El hombre que silbaba a Frau Holtzapfel, quien se muestra más amigable. En otoño tiene lugar otro desfile de judíos y Liesel se apresura a ver si Max está entre ellos. A mediados de diciembre, un tercer grupo de judíos, más pequeño, desfila por la calle. Rudy le muestra a Liesel una bolsa con seis piezas de pan. Reparten los trozos de pan por la calle antes de que lleguen los judíos y se esconden. Cuando llega la procesión, los judíos arrebatan el pan. Cuando Liesel se acerca para ver si encuentra a Max entre la procesión, un soldado los distingue, y los dos chicos salen corriendo. Un soldado le da una patada en el trasero a Liesel, pero no reciben ningún otro castigo. Max tampoco se encuentra en este grupo.

El cuaderno de dibujo escondido

Poco antes de Navidad se produce otro ataque aéreo y Liesel vuelve a leer El hombre que silbaba en el refugio.

Después del ataque, Rosa le da a Liesel el regalo que Max le hizo: el cuaderno de dibujos, titulado El árbol de las palabras. El libro contiene páginas llenas de dibujos e historias, y en la página 117 encuentra una fábula ilustrada, que la Muerte se encarga de recrear.

Un hombre, que aparentemente es Hitler, decide que va a gobernar el mundo. Un día ve a una madre que regaña a su hijo hasta que llora y, minutos después, le habla en voz muy baja hasta que sonríe. El Führer decide que someterá al mundo con palabras. Primero planta las semillas de las palabras y los símbolos en todo su país y las cultiva. Luego atrae a su pueblo al bosque de palabras, seduciéndolo con palabras terribles e inquietantes. Las personas suben a una cinta transportadora, a través de la cual se las hipnotiza con palabras y se las equipa con símbolos. La demanda de palabras y símbolos llega a ser tan grande que se empieza a necesitar sumar más gente. Pronto se contrata a personas, llamadas “recolectores de palabras”, que se emplean para trepar a los árboles y lanzar las palabras a la gente de abajo.

Los mejores recolectores de palabras son aquellos que comprenden el verdadero valor de las palabras. Una chica pequeña y delgada es la mejor recolectora de su región porque sabe lo indefensa que puede quedar una persona sin palabras. Ella podía trepar más alto que nadie. Un día, la niña se hace amiga de un hombre despreciado por su patria; cuando él está enfermo, ella derrama una lágrima sobre su rostro. La lágrima, hecha de amistad, se convierte en una semilla que la niña planta y cultiva. El árbol crece sin cesar hasta convertirse en el más alto del bosque. El Führer, enfurecido, ordena cortar el árbol y le da un hachazo. La niña sube desafiante a la copa del árbol y el hacha del Führer es incapaz de hacer mella en el tronco. Durante meses, la niña permanece en el árbol, y los soldados del Führer son incapaces de destruirlo mientras ella esté allí.

Llega un nuevo leñador, pero en lugar de un hacha, lleva un martillo y comienza a colocar clavos en el árbol. Utilizando los clavos como punto de apoyo, sube hasta la chica, a kilómetros de altura sobre las nubes. El hombre resulta ser el amigo de la chica. Ambos deciden bajar juntos, y el enorme árbol cae, aplastando parte del bosque. Si bien no logra destruir el bosque, abre un nuevo camino para caminar a través de él. El hombre y la niña caminan por el tronco horizontal, atravesando el bosque. Detrás de ellos, la mayoría de los curiosos han vuelto a sus casas, pero los dos amigos creen poder oír de vez en cuando palabras detrás de ellos, en el árbol de la recolectora de palabras.

La colección de trajes del anarquista

El día de Nochebuena, Liesel y Rudy van a la tienda de su padre, donde ella le hace un "regalo": le elige uno de los trajes del local, y Rudy se lo prueba. Liesel siente deseos de besar a Rudy, pero él está triste y dice que extraña a su padre.

Análisis

En esta sección, la guerra afecta de manera más intensa la vida personal de los personajes, se infiltra al interior de las familias y las fragmenta, tal como sucede con los Hubermann y los Steiner: tanto Hans como Alex son llamados a cumplir servicios para el ejército nazi, lo cual es un golpe muy fuerte para ambas familias. En el caso de los Hubermann, Rosa ya está preocupada por su hijo, que está luchando en Rusia, y del que tienen pocas noticias. Además, la partida de Hans coincide con la de Max, que ha tenido que irse por miedo de que la Gestapo visite la casa y lo descubra allí escondido. Ahora Hans, que es la principal fuente de ingresos de la familia y su miembro más afectuoso, se ha ido, y no hay garantías de que vaya a volver.

Por su parte, Liesel demuestra su crecimiento emocional junto a los Hubermann cuando, ante un nuevo desfile de prisioneros judíos por Molching, les acerca unos trozos de pan. El comportamiento de Hans ha sido un ejemplo moral para ella y, ahora que él ya no está, Liesel se propone continuar su legado en Molching. A modo de homenaje, la niña reproduce el gesto de valentía de Hans, aunque de manera más indirecta. Ella y Rudy arrojan unos trozos de pan, se esconden en los arbustos y observan a los judíos desfilar, como si estuvieran participando de un juego, lo cual les evita un castigo. Progresivamente, Liesel ha empezado a solidarizarse y desarrollar compasión por los demás, lo que anticipa su tránsito de la niñez a la adultez.

En esta sección, desde la perspectiva de Rudy, se vuelve a cuestionar la ideología nazi. Si bien los nazis intentaron imponer su ideología de una raza superior aria dominante, que habría de imponerse sobre las demás razas, a lo largo de la novela esa doctrina encuentra resistencias. Hans, por ejemplo, contradice a los nazis, simpatizando y ayudando a los judíos. Anteriormente, Rudy también se resistió, reivindicando la figura de Jesse Owens, un atleta afroamericano. En esta octava parte, Rudy se encuentra otra vez contradiciendo la visión de futuro de Hitler. El chico es examinado por un médico y una enfermera que lo hacen desnudarse y le anuncian las razones de esta inspección: “Estamos labrando poco a poco un nuevo futuro (...). Una nueva estirpe de alemanes física y mentalmente superiores” (406). Ya se ha dicho que Rudy encarna las cualidades de un espécimen nazi ideal: es rubio, de ojos azules, atlético e inteligente. Sin embargo, él se siente muy lejos de esa perspectiva; al contrario, la situación le resulta sumamente humillante: “Rudy no sintió que formara parte de una raza superior” (405). Además, ya se ha dicho que Rudy ayuda a Liesel a dejar trozos de pan para los judíos hambrientos, y también le declarará a su amiga que quiere matar a Hitler por haberle “robado” a su padre. Todos estos ejemplos demuestran que Rudy, y probablemente muchos otros como él, no adscribían a la ideología de los nazis, aunque encajaran en el ideal ario alemán.

El árbol de las palabras es el segundo de los dos libros que Max le regala a Liesel, y que se reproducen gráficamente en la novela. Es una alegoría de la Alemania nazi y del poder de las palabras y la compasión. Max le muestra a Liesel cómo Hitler comprende que puede dominar el mundo tan solo a través de las palabras, sin necesidad de valerse de armas. Simbólicamente, las palabras asumen la forma de semillas en la historia, y con estas semillas, el Führer cultiva un bosque de propaganda con el cual hipnotiza a la gente; logra manipular a las personas para que mantengan en pie el bosque y contribuyan a su propaganda. En el relato, hay una niña que representa a Liesel, que conoce el poder de las palabras tan bien como Hitler, y es la recolectora de palabras más eficiente. El amor que siente por su amigo, despreciado por la patria, da como fruto un árbol altísimo, que supera a todos los árboles del Führer. Este se enfurece e intenta derribar el árbol, pero la niña lo defiende exitosamente, hasta que por fin llega su amigo y lo dejan caer. Aunque el árbol no destruye todo el bosque, abre un nuevo camino a través de él. El hombre y la niña circulan por él, acompañados de otras personas que siguen su ejemplo.

El bosque que cultiva Hitler con su doctrina y el modo en que consigue gente para contribuir a su florecimiento representan algo del gesto colectivo que marcó al nazismo. La sociedad, convencida por la propaganda nazi y adoctrinada por el terror, ayudó en gran medida a sostener el régimen nazi por tantos años; su silencio y acatamiento permitía que el statu quo propuesto por Hitler permaneciera en pie. Sin embargo, esa doctrina encontró también puntos de resistencia. Así, el poder del amor y la compasión de Liesel hacia Max y el desafío a los nazis que esa amistad implica están simbolizados por el enorme árbol que Hitler no es capaz de talar: el amor de Liesel por las palabras le permitió construir un refugio, impermeable a la doctrina nazi. Asimismo, Max logra trepar por ese árbol, sugiriendo que las palabras de Liesel también funcionaron para él como un refugio. Finalmente, aunque el árbol no destruye todo el bosque de Hitler, consigue trazar un camino por el que pueden circular otras personas que también se resisten a la propaganda de Hitler. Ese acto individual de desafío se vuelve un acto revolucionario, en la medida en que propone una alternativa e inspira a otros a replicar ese desafío. En conclusión, el texto de Max propone a Liesel que las palabras de amor sincero tienen la fuerza para combatir eficazmente las palabras de crueldad y manipulación.

La lectura de El árbol de las palabras es un hito fundamental en el aprendizaje de Liesel sobre el poder de las palabras. A lo largo de la novela, la propaganda de Hitler impregna las vidas de los personajes principales e impulsa a toda la nación alemana a librar una guerra y apoyar un genocidio. Hay un vínculo directo entre el libro de Hitler, Mein Kampf, y un gran número de tragedias que han afectado la vida de Liesel: la muerte de su padre, de su madre y de su hermano, la persecución de Max y la reciente partida de Hans y Alex a la guerra. El libro que Max construye para Liesel reivindica la potencia de las palabras que surgen del amor y la compasión a la hora de desafiar aquellas que están impulsadas por el odio. Max parece sugerirle a Liesel que su compasión es lo suficientemente fuerte como para hacer frente a la crueldad de Hitler.