Fausto

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Resumen

El jardín de Marta

Fausto y Margarita hablan en el jardín de Marta. Margarita le pregunta a Fausto sobre su fe religiosa. Él intenta convencerla de que cree en Dios, y Margarita, al escucharlo, siente que sus palabras suenan distinto a cuando las dice un sacerdote, y que Fausto no tiene la fe adecuada. Después, ella expresa su preocupación por el compañero de Fausto, Mefistófeles, quien le aterroriza. Fausto le asegura que no es un hombre peligroso, y luego procura tener un acercamiento físico con ella, pero Margarita teme despertar a su madre. Entonces Fausto le da a la muchacha una poción para dormir para que le dé a su madre.

En la fuente

Margarita y su amiga Isabelita conversan mientras extraen agua del pozo. Isabelita habla sobre Bárbara, una amiga que quedó embarazada de un hombre que le daba muchos regalos. Isabelita considera que Bárbara actuó de modo inmoral y su “florecilla desapareció” (p.122). Margarita se compadece de la muchacha, que, según Isabelita, ahora expía sus pecados dando a luz a su hijo mientras su hombre se encuentra con otras mujeres. Cuando Margarita queda sola, piensa que antes hubiera sentido la misma indignación que su amiga por pecados como el de Bárbara, pero ahora ella ya no es virgen y se sabe sumergida en el pecado. Sin embargo, siente que no cambiaría por nada el amor de Fausto.

Interior de la muralla

Margarita, embarazada, lleva flores a una devota imagen de la Madre Dolorosa, a quien le pide misericordia y el perdón por sus pecados. Llora y ruega que la salve de la deshonra y de la muerte.

La noche

Valentín, el hermano de Margarita, regresa de la guerra. Frente a la casa de su hermana, recuerda tiempos mejores, en los que Margarita era pura y todos brindaban por ella. Ahora, en cambio, le llegaron los rumores sobre la aventura de la joven con Fausto, lo cual lo llena de vergüenza y decepción. Escucha que dos hombres aparecen y se esconde.

Los hombres son Fausto y Mefistófeles. El primero le pregunta a Mefistófeles si pueden robar una joya para regalársela a Margarita. Mefistófeles canta una canción sobre una joven que entra en la habitación de un hombre y sale ya no siendo doncella, y termina advirtiendo a las jóvenes casarse antes de entregarse físicamente.

Valentín se acerca a los hombres, rompe la cítara de Mefistófeles y lo amenaza de muerte. Mefistófeles le dice a Fausto que golpee a Valentín, y usa su poder para hacer que Valentín se quede sin fuerzas. Fausto golpea al hombre fatalmente, y luego huye junto a Mefistófeles.

Una multitud se reúne alrededor de Valentín. Margarita, desesperada, abraza a su hermano herido, pero este la regaña, llamándola "prostituta" y hostigándola por haber perdido la virginidad con un hombre que no es su marido. Asegura que su hermana está perdida, que acabará siendo la ramera del pueblo, que terminará sus días entre leprosos y mendigos, será siempre una paria. Después, muere.

La catedral

Margarita está en la Catedral en Misa, y el Espíritu Maligno está detrás de ella, susurrándole que su madre murió por su culpa, por la vergüenza de sus acciones y por el dolor de haber perdido a su hijo Valentín. Margarita suplica el perdón de Dios. El coro de la Iglesia entona un canto latino que habla del Día del Juicio que todos deben enfrentar ante Dios. El espíritu maligno le asegura que le espera lo peor.

Análisis

Significativamente, incluso la consumación amorosa de Fausto y Margarita se produce a través de un engaño. Aunque Fausto intenta ser honesto con la joven acerca de sus inclinaciones religiosas, no puede hacerle llegar sus reflexiones debido a la barrera cultural entre ambos. Fausto no puede hablar de Dios ni de la fe en los términos en que le gustaría a la joven, devota cristiana y regular asistente a la Iglesia. El público o lector, en esta escena, siente una complicidad con Fausto, puesto que conocemos quizás el mayor obstáculo que el protagonista tendría para hablar de Dios: hizo un pacto con el Diablo. Y el público sabe o puede intuir, también, que Fausto está arrastrando consigo a esa joven inocente, alejándola del camino luminoso. El protagonista está extrayendo a Margarita de su esfera social y religiosa para someterla a una relación poco ortodoxa que ni ella ni su familia habrían aprobado jamás. Ella se deja seducir por el ilustre y encumbrado conversador que es su galante, y hasta se vuelve capaz de drogar a su propia madre para que ellos puedan tener relaciones sin despertarla. En la relación con Margarita, vemos a un Fausto que ya se volvió, no solo un pecador, sino también un tentador, un ser capaz de arrastrar a una joven inocente por el camino del mal, el mismo camino al que Mefistófeles lo condujo a él.

La escena en la fuente de Margarita con su amiga funciona para poner en evidencia la avanzada transformación de Margarita, el modo en que ella rompió con ese universo que antes la definía. Ella misma se ha convertido ya en una de esas mujeres de las cuales previamente hubiese hablado con horror. Ella misma ahora pertenece al mundo al que la condujo Fausto, un mundo sin estructura moral, en el que Dios no puede ser nombrado con facilidad. Como nos enteraremos escenas después, Margarita está embarazada, lo cual constituye ya una marca definitoria, física, de su quiebre respecto a la moralidad y estructuras simbólicas de su crianza. Está claro, entonces, que toda la historia de Bárbara, en boca de Isabelita, no hace sino presagiar el destino trágico de Margarita, que acabará teniendo a su hijo sola, desesperada, al borde de la locura, marginada y despreciada por todos. La muchacha, tras enterarse de su propio embarazo, deja en evidencia su fuerte religiosidad al aferrarse a la divinidad y pedir socorro a la Madre Dolorosa, rogando por una esperanza de salvación. Pero el acto pecador ya es irreversible, y el niño que crece dentro de ella constituye la marca de su destino.

Toda esta situación trágica de Margarita presenta el tema de la inocencia seducida. Esta temática tiene que ver con una preocupación común en la época, y que ponía su foco en jóvenes ingenuas, poco preparadas, que se dejaban seducir por algún caballero de la nobleza. Ese caballero solía abandonarlas, dejándolas indefensas, ahora embarazadas y marginadas de la sociedad. Las chicas eran entonces ajusticiadas; se convertían en el blanco de toda la ira social, por haber quedado embarazadas sin casarse. Por terror a esas consecuencias es que las muchachas muchas veces cometían infanticidio: buscaban, desesperadas, deshacerse de ese niño por el cual serían castigadas con crueldad. Sin embargo, muchas veces, ese acto era descubierto y la sociedad se vengaba ajusticiándolas hasta la muerte.