Resumen
Cosas pequeñas como esas, de Claire Keegan, es una novela histórica publicada en 2021. Ambientada en un pueblo rural irlandés en 1985, durante las semanas previas a la Navidad, el libro narra la vida de un comerciante de carbón y madera llamado Bill Furlong.
La novela se abre con una dedicatoria a “las mujeres y niños que padecieron en los hogares para madres e hijos y en las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda” (6). A continuación, la novela incluye como epígrafe un extracto del “Acta de Proclamación de la República Irlandesa” de 1916, que defiende “la libertad religiosa y civil, la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos” (7). Esta sección de la proclamación también hace hincapié, específicamente, en la voluntad de valorar “a todos los hijos de la nación por igual”.
El libro está organizado en siete capítulos sin título. El primero sitúa la historia en la ciudad de New Ross, Irlanda. En el crudo otoño, los árboles amarillos se ven desnudados por los largos vientos de noviembre. La gente soporta con dificultad el frío y la lluvia, y en un estado de monotonía realiza sus tareas cotidianas en las tiendas, la oficina de correos, los mercados, el bingo y los pubs de la ciudad. El tiempo se convierte en el tema principal de las conversaciones públicas. Los niños se calzan sus capuchas para ir a la escuela mientras sus madres, resignadas, se afanan en secar la ropa en los tendederos. Las noches traen un frío glacial que enfría a quienes rezan el rosario, arrodillados en sus casas.
Luego de presentar este escenario irlandés atravesado por el clima hostil, el narrador presenta al protagonista, Bill Furlong, un hombre que maneja un depósito de carbón y madera. El hombre comenta que tal vez necesite cambiar las ruedas del camión que utiliza para el transporte y la entrega de los materiales que, ahora con el frío, le encargan cada vez más. Furlong se encarga de vender carbón, turba, antracita, carbonilla, troncos, leña y garrafas, que le encargan de a grandes cantidades. El del carbón es un trabajo muy sucio, y en invierno debe recogerse mensualmente en los muelles. Mientras él se dedica a hacer las entregas solo, un grupo de hombres a los que contrata trabaja recogiendo, trasladando, clasificando y pesando el carbón en el depósito, y dividiendo las cargas de árboles talados que traen los granjeros. Este duro trabajo solo se interrumpe a la hora del almuerzo, cuando los hombres asisten a Kehoe’s, un restaurante familiar local que sirve comidas calientes.
Análisis
En esta novela, Claire Keegan combina un complejo estudio de personajes con un relato histórico sobre el trato dispensado en Irlanda a las madres solteras. Aunque la novela denuncia la existencia de las lavanderías de la Magdalena en Irlanda, Keegan ha declarado en entrevistas que estas no son el tema central de la novela. En su lugar, considera que el libro trata sobre el amor, y sobre cómo la educación del protagonista influye en sus decisiones.
En cualquier caso, el libro comienza con una dedicatoria a las mujeres y niños que sufrieron en las lavanderías de la Magdalena y en los hogares materno-infantiles de Irlanda. Las lavanderías de la Magdalena (también llamadas asilos de la Magdalena) eran instituciones religiosas que supuestamente acogían a mujeres que quedaban embarazadas fuera del matrimonio, o a niñas cuyas familias no podían mantenerlas. Sin embargo, en la práctica, estas instituciones funcionaban, en gran medida, como centros penitenciarios que condenaban a las mujeres al ostracismo y las explotaban, obligándolas a trabajar en condiciones penosas. Es de público conocimiento que la Iglesia católica y el Estado irlandés actuaron en connivencia para crear estas instituciones. Además, al igual que sus madres, los niños que crecieron en los hogares materno-infantiles sufrieron traumas, abusos, abandono y condena social.
Siguiendo la dedicatoria, Keegan elige citar un fragmento del “Acta de Proclamación de la República de Irlanda”, que proclama la igualdad de los ciudadanos irlandeses y la voluntad de cuidar a todos los niños por igual. El efecto de esta yuxtaposición es sin dudas irónico, puesto que se revela con ello una incongruencia: mientras el Estado defendía de palabra esa igualdad, en los hechos avalaba la existencia de instituciones en las que los niños nacidos fuera del matrimonio eran tratados, junto a sus madres, como ciudadanos de segunda categoría. Así, en estos paratextos que anteceden el primer capítulo, Keegan dedica su novela a las víctimas de un conflicto histórico y denuncia la hipocresía del Estado irlandés, responsable de promover la desigualdad y la injusticia social. Este trasfondo será fundamental en la novela, en la que se retratan cuestiones como la vergüenza, el secreto y la moralidad, tanto a nivel individual como colectivo.
Es evidente desde los primeros párrafos del primer capítulo que la novela confiere una cualidad activa a la naturaleza, en el sentido de que esta parece afectar el comportamiento de los personajes. Esos primeros párrafos están cargados de imágenes y metáforas que dan cuenta de la presencia agobiante de la naturaleza. Los vientos de noviembre soplan con fuerza y desnudan los árboles, mientras el frío, la lluvia y la humedad azotan violentamente. Mediante un símil, se representa la oscuridad del río Barrow (“oscuro como cerveza negra”, 8), y, con una metáfora, la agudeza del frío (“por debajo de las puertas se deslizaban cuchillas de frío y les cortaban las rodillas a los que todavía se arrodillaban para rezar el rosario”, 8-9). El narrador retrata cómo la gente se enfrenta al frío, soportando “tristemente el clima” (8), con cierta resignación. Asimismo, narra cómo la gente se agrupa en distintos lugares de la ciudad y comenta la agresividad de este frío, “preguntando si ese clima inusual no era un mal presagio” (8). Con ello, se va configurando un espacio signado por ese entramado de voces y chismes que será importante para el transcurrir de la novela.