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¿Qué rol cumple la Iglesia católica en New Ross?
Históricamente, la Iglesia católica ha ejercido una enorme influencia en la vida social y política irlandesa. En New Ross, Mrs. Kehoe transmite adecuadamente la autoridad generalizada de la Iglesia en el capítulo 7, cuando afirma que "esas monjas están metidas en todo" (75). Efectivamente, las monjas son las que dirigen la única escuela de calidad para niñas capaz de formar muchachas que respeten la buena moral que esa sociedad defiende. En ese sentido, el papel de las monjas es fundamental para Furlong y su familia, porque están a cargo de la educación y el destino de sus hijas. Además, Mrs. Kehoe le advierte a Furlong que no se oponga a las monjas del Buen Pastor porque desafiarlas supondría enfrentarse a toda la orden religiosa. En ese sentido, Mrs. Kehoe denuncia veladamente que toda la orden está en connivencia con los abusos que se llevan adelante en el convento. El poder que la Iglesia católica tiene en New Ross queda representado en el modo en que la comunidad permanece sumisamente bajo su ala, asistiendo a misa, aun a pesar de los rumores que circulan sobre aquellos abusos.
Significativamente, el dilema moral al que Furlong se enfrenta radica, justamente, en que denunciar los abusos del convento supondría confrontar a la orden religiosa y, por lo tanto, poner en peligro su lugar, y el de su familia, en esa sociedad.
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¿En qué sentido afecta el género la vida de los personajes en la novela?
Los personajes de clase trabajadora pasan muchas penurias, independientemente de su género. Sin embargo, las madres solteras se llevan la peor parte de la condena de la sociedad. Sarah, la madre de Furlong, escapó de los abusos y la explotación que sufren muchas jóvenes madres solteras gracias a la bondad de Mrs. Wilson. Un posible destino que Sarah podría haber sufrido era acabar en un lugar como el convento, donde las monjas del Buen Pastor obligan a las niñas a trabajar en condiciones inhumanas.
La novela toma como modelo de esta explotación las presuntas escuelas de formación de los conventos, las lavanderías de la Magdalena y los hogares materno-infantiles de Irlanda, que pretendían ser lugares de asilo y reforma pero eran todo lo contrario. Allí se internaba a las mujeres y niñas que eran consideradas parias o una carga para sus familias, por alejarse de los buenos valores que esa sociedad comulgaba, esto es, del rol de mujeres sumisas y castas hasta el matrimonio, a cargo de las labores domésticas. Las mujeres y niñas internadas en las lavanderías eran consideradas "mujeres caídas" que debían pagar por sus pecados mediante trabajo forzado y condiciones penitenciarias. Cuando Furlong lleva carbón al convento, se convierte en testigo de estos abusos. Además de trabajar forzadamente, en condiciones inhumanas y enfermas, muchas de esas mujeres son separadas de sus hijos luego de parir. Una muestra de cómo esa tendencia misógina permea la sociedad se exhibe en la Madre Superiora, quien, a pesar de ser mujer, aprueba las vejaciones que sus internas sufren, e incluso imagina que Furlong está decepcionado por haber tenido todas hijas mujeres y ningún varón.
Aunque las hijas de Furlong se crían en un entorno cuidado, el personaje es consciente de lo frágil de su situación, y reconoce la amenaza a la que las chicas están expuestas. Cuando decide llevar a Sarah a su casa, sabe que arriesga la seguridad de sus hijas, porque las monjas podrían revocarles el derecho a estudiar en el único colegio femenino de calidad de la ciudad.
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¿Cómo influye la clase social en la vida de los personajes de Cosas pequeñas como esas?
La novela se desarrolla en medio de la recesión económica de Irlanda en los años ochenta. En el primer capítulo, Furlong describe el aumento del desempleo a medida que diferentes empresas y comercios se ven obligados a cerrar o a despedir empleados, entre ellos, el astillero, la fábrica de fertilizantes y la floristería. Furlong es testigo de cómo otros habitantes de la ciudad luchan contra las deudas, el hambre y la pobreza. Él, cuya educación ha alimentado su sentido de la empatía, hace todo lo posible por ayudar a los demás con actos espontáneos de generosidad. Mientras tanto, sigue decidido a agachar la cabeza y trabajar duro por el progreso de su familia.
Cuando Furlong se enfrenta a la disyuntiva de guardar silencio o denunciar a las monjas por el trato que les dan a las niñas en el convento, Eileen le aconseja que no se involucre. Eileen reconoce que Mrs. Wilson, la viuda rica que permitió que Furlong y su madre se liberaran de caer en un asilo y vivieran en su casa, contaba con el privilegio de clase que le permitió enfrentar el orden establecido. Sin embargo, Furlong y su familia son de clase media baja, y su supervivencia depende de una buena posición en la comunidad, lo cual se logra acatando la buena moral. También el futuro de sus hijas depende de ello, puesto que su educación está supeditada a la buena voluntad de las monjas. Si las desafían, las niñas perderán su plaza en St. Margaret's, la única escuela para mujeres de calidad en New Ross. Esto demuestra que, en la novela, el dinero y la posición social amortiguan las dificultades.
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¿Cómo opera la hipocresía en la novela?
La hipocresía funciona tanto a nivel individual como a nivel generalizado, en lo colectivo y religioso. A pesar de que las monjas del Buen Pastor afirman seguir la palabra de Jesucristo —quien predicó el amor a todos, e incluso él mismo se relacionó con prostitutas—, las monjas se aprovechan de las niñas y mujeres marginales bajo el pretexto de la caridad. Las niñas que quedan embarazadas fuera del matrimonio, o que padecen enfermedades mentales, son enviadas por sus familias a lugares como el convento, donde se las obliga a trabajar como castigo por haber quebrantado los códigos morales. El convento, a su vez, obtiene beneficios económicos utilizando la mano de obra de las mujeres para gestionar un próspero negocio de lavandería.
Cuando Furlong se enfrenta a la evidente misoginia de la Madre Superiora hacia las niñas, señala que ella (y, de hecho, todas las mujeres) fueron niñas alguna vez. También responde a su xenofobia diciendo que Jesús también sería extranjero en New Ross, ya que nació en Belén. Furlong expone, así, la hipocresía de la Madre Superiora, en tanto las normas y los valores benéficos que dice representar no se aplican por igual a todas las personas.
Por su parte, Furlong se siente un hipócrita al asistir a misa después de no haber intervenido en favor de Sarah en el convento. Para alinearse con sus valores cristianos y ser consecuente con lo que piensa, decidirá, finalmente, tomar partido contra el silencio y la complicidad de la comunidad.
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¿Qué rol cumplen en la novela la brevedad y la omisión, características propias de la escritura de Claire Keegan?
La escritura de Keegan es reconocida por su brevedad y por la omisión como recursos estilísticos. En esta novela, la narración cuenta lo justo y necesario, y muchas veces evita explicitar ciertas cuestiones, que quedan deliberadamente a cargo de la interpretación del lector. Así, por ejemplo, aunque Furlong se pregunta qué está ocurriendo en el convento, no declara abiertamente sus sospechas. Tampoco la novela explicita las intenciones de Furlong de rescatar a Sarah. El lector llega a eso recién cuando ve que el personaje, luego de caminar erráticamente por New Ross, llega al convento. En este sentido, la novela decide no anticipar esas intenciones, logrando que el efecto sea de mayor impacto.
Otro ejemplo significativo de esta brevedad y del uso de la omisión es el modo en el que la novela termina en su clímax, en un punto de la trama que otros autores habrían continuado. Deja librados a la imaginación del lector los resultados de la decisión de Furlong de llevar a Sarah a su casa. De este modo, lo que no se dice en Cosas pequeñas como esas es tan importante como lo que aparece aludido explícitamente.