Poemas de Nicanor Parra

Poemas de Nicanor Parra Resumen y Análisis Poemas sobre la vida cotidiana

Resumen

En esta sección, a partir de cinco poemas representativos, analizaremos la producción poética de Nicanor Parra que se centra en diferentes aspectos de la vida cotidiana.

Coplas del vino

El yo lírico pide la palabra en una fiesta. Luego, pregunta en voz alta si hay algo más noble que una botella de vino y realiza una larga oda a dicha bebida. Finalmente, levanta la copa y bebe.

Este poema se encuentra en el libro La cueca larga de 1958. Está compuesto por trece estrofas de cuatro versos. Su métrica es octosilábica y su rima es asonante.

Jubilación

El yo lírico, en tercera persona del singular, describe la presencia de los jubilados en la Plaza de Armas de Chile. Según el yo lírico, estos aparecen allí con la llegada de la primavera y se la pasan, fundamentalmente, alimentando a las palomas.

Este poema se encuentra en el libro Obra gruesa de 1969. Sus catorce versos están distribuidos en tres estrofas (dos de seis versos y una de dos). Su métrica y rima son libres.

Los profesores

El yo lírico afirma que los profesores “vuelven locos” a los alumnos haciendo preguntas que no vienen al caso, como por ejemplo: ¿“Hay o no hay oxígeno en el aire” o “quién es el autor de Madame Bovary”? (p. 328). Después dice que los profesores no son “enciclopedias rodantes” (p. 329), sino hombres humildes que no tienen por qué molestar tanto a los alumnos. Finalmente, afirma que a los alumnos lo único que les importa es jugar al fútbol en el patio.

Este poema se encuentra en el libro Hojas de Parra de 1985. Sus más de cien versos están distribuidos en diecisiete estrofas irregulares. Su métrica y rima son libres.

Noticiario 1957

El yo lírico, en tercera persona del singular, enuncia una gran cantidad de noticias. Algunas de estas son absurdas, como por ejemplo: “Una pobre paloma mensajera/ Choca con los alambres de luz” (p. 138). Otras son graves: “Los estudiantes salen a la calle/ Pero son masacrados como perros” (ibid.). Finalmente, afirma que, pese a todo, es preferible el año vigente (alude al año 1957) al siguiente año, ya que este solamente traerá más arrugas.

Este poema se encuentra en el libro Versos de salón de 1962. Sus más de cincuenta versos están distribuidos en veintidós estrofas irregulares. Su métrica y rima son libres.

Los vicios del mundo moderno

El yo lírico afirma que los delincuentes modernos están autorizados a concurrir diariamente a parques y jardines, y montar allí laboratorios. La policía les teme. Luego de esta narración, el yo lírico realiza una larga lista de los “vicios del mundo moderno”: el automóvil, el cine sonoro y las discriminaciones raciales son algunos de ellos. Después enumera diferentes elementos que componen al mundo moderno: estrellas de cine, boxeadores que sangran a la luz de la luna, “hombres ruiseñores que controlan la vida económica de los países” (p. 64). Tras esto, afirma que el mundo moderno es una cloaca, pero se debe intentar ser feliz en medio de la miseria.

Este poema se encuentra en Poemas y antipoemas de 1954. Sus más de cien versos están distribuidos en seis estrofas irregulares. Su métrica y rima son libres.

Análisis

Una de las características fundamentales de la poesía del “antipoeta” es que puede abordar cualquier tema. En la década de 1950, cuando Nicanor Parra lanza Poemas y antipoemas, la poesía latinoamericana se dedicaba fundamentalmente a los grandes temas de la literatura: el amor, la política, la muerte, las virtudes de la naturaleza. En Poemas y antipoemas, Parra le dedica versos a reírse de las palomas, a un espejo en el que se pueden fijar imágenes (y venderlas), a un señor cualquiera que toma el té, y se hace preguntas aleatorias como: “¿Es superior el vaso transparente/ a la mano del hombre que lo crea?” (“Preguntas a la hora del té”, p. 16).

Esta libertad temática que aparece en la poesía de Parra sacudió a la escena literaria de la década de 1950. Abrió las puertas para unir la simpleza (o incluso la vulgaridad) de la vida cotidiana a la solemne poesía. A partir de entonces, Nicanor Parra fue fiel a su premisa de escribir acerca de cualquier cuestión que le llamara la atención. Y como su obra fue larga (como su vida), pudo abordar en su poesía una vastísima cantidad de temas aleatorios.

El poeta y crítico literario chileno Hugo Montes Brunet afirma que los poemas de Parra parecen no esconder ningún tipo de complejidad a simple vista. Es como si el procedimiento de escritura de Parra consistiera en ubicarse en una esquina concurrida, anotar aquello que le llame la atención y agregarle unos toques irónicos para darle sentido del humor. Veamos al respecto algunos versos del poema “Jubilación”:

Llegan los jubilados
A la Plaza de Armas de Santiago de Chile
Y se sientan en los escaños de fierro
Con una pierna arriba de la otra
A disfrutar del aire transparente
Bajo una lluvia de palomas grises
(…)
Los jubilados son a las palomas
Lo que los cocodrilos a los ángeles (p. 171).

Tal como dice Brunet, da la sensación de que Parra se limitó a observar lo que hacen los jubilados en la plaza, describirlo con cierta gracia y agregar un toque irónico en el final. De hecho, esos dos últimos versos son sumamente extraños, difíciles de comprender. Por un lado, descolocan al lector por dicha extrañeza; por el otro, le dan un toque humorístico al incluir un elemento solemne, como los ángeles, en un contexto extremadamente terrenal.

Ante esta supuesta superficialidad y/o banalidad, la crítica se ha preguntado reiteradas veces dónde radica el valor artístico de estos poemas de Parra: ¿deben ser considerados “arte” o son un mero capricho infantil?

Si bien algunos críticos afirman que estos poemas de Parra carecen de valor artístico, en general se considera que el autor parte de lo insignificante para abrirse paso hacia temas universales y sumamente relevantes como el paso del tiempo, la muerte, la soledad, la justicia, la tristeza y el escepticismo. Es decir, Parra aborda a través de la banalidad los grandes temas que, desde siempre, ha abordado la poesía y la literatura en general. Veamos un ejemplo al respecto:

Choque entre Cartagena y San Antonio.
Carabineros cuentan los cadáveres
Como si fueran pepas de sandías.
Otro punto que hay que destacar:
Los dolores de muelas del autor
La desviación del tabique nasal
Y el negocio de plumas de avestruz.
(…)
Pero, de todos modos, nos quedamos
Con el año que está por terminar
(A pesar de las notas discordantes)
Porque el año que está por empezar
Sólo puede traernos más arrugas (“Noticiario 1957”, pp. 140-141).

Como vemos, en este ficticio raconto, el yo lírico mezcla noticias de carácter absurdo y humorístico, como los dolores de muela del autor, con cuestiones realmente importantes, que reflejan y denuncian la injusticia reinante en el mundo, como los versos dedicados a los carabineros que matan personas a mansalva. En este caso, la comparación de los cadáveres con pepas de sandía expone, desde el absurdo, aún más la crueldad de los carabineros. El final del poema, por otro lado, tiene un tinte existencialista: el yo lírico da a entender que es preferible vivir en el año 1957, aunque este sea pésimo, que en 1958, ya que este también va a ser pésimo, pero además estaremos todos más viejos, más próximos a la muerte.

Otro punto interesante que aparece en el poema citado es el estilo fragmentario. Parra describe la vida cotidiana acumulando versos que no se integran entre sí. Cada cosa que nombra se presenta como autónoma. Así da la imagen de un mundo roto, en el que nadie sabe bien por qué ni cómo vive. De algún modo, Parra critica y denuncia un estilo de vida alienado en el que los individuos no parecen tener siquiera conciencia de ser. Esto también se ve con claridad en el poema “Los vicios del mundo moderno”:

Los vicios del mundo moderno:
El automóvil y el cine sonoro,
Las discriminaciones raciales,
El exterminio de los pieles rojas,
Los trucos de la alta banca,
La catástrofe de los ancianos (p. 62).

Sin perder su toque humorístico, el yo lírico enumera nuevamente un listado de elementos disonantes que caracterizan una vida moderna absolutamente fragmentaria, hostigada por todos lados. Dentro de este mundo, la comunicación entre las personas parece un imposible. La vida se presenta como un equívoco infinito. Al respecto, es interesante ver lo que sucede en el poema “Los profesores”:

Los profesores nos volvieron locos
A preguntas que no venían al caso
Cómo se suman los números
Complejos hay o no hay arañas en la luna
Cómo se murió la familia del zar
¿es posible cantar con la boca cerrada? (p. 328).

Según Parra, el equívoco infinito y la incapacidad de comunicarse atraviesa toda la existencia. De hecho, comienza en la infancia con la escuela. Allí, los alumnos, en lugar de adquirir conocimiento, son hostigados con preguntas ridículas, fragmentarias, carentes de sentido. Es importante aclarar que, más adelante, el yo lírico incluirá en la larga lista de preguntas “que no venían al caso” algunas relacionadas con la literatura: “Quién es el autor de Madame Bovary/ dónde escribió Cervantes el Quijote” (p. 328). Parra, coherente con su propia obra, incluye a la literatura como una materia más del caos mundano. Es decir, no separa al arte de las demás esferas de la actividad humana. No le da un estatuto superior ni mucho menos.

Por último, es interesante detenerse en el poema “Coplas del vino”, ya que este aborda un tópico extraído de la vida cotidiana, las virtudes del vino, pero que previamente ya había sido abordado por poetas de renombre. Cabe destacar los poemas que dedica Charles Baudelaire al vino en Las flores del mal (de hecho dedica toda una sección del libro llamada “El vino”), como así “La oda al vino” de Neruda y el “Soneto del vino” de Jorge Luis Borges. Incluso en este tema tradicional dentro de la poesía, Parra introduce un enfoque diferente:

Algunos toman por sed
Otros por olvidar deudas
Y yo por ver lagartijas
Y sapos en las estrellas.
El hombre que no se bebe
Su copa sanguinolenta
No puede ser, creo yo
Cristiano de buena cepa (“Coplas del vino”, pp. 75-76).

Los poemas dedicados al vino de los otros autores citados elogian solemnemente las virtudes de la bebida. En el caso de Baudelaire, el vino es caracterizado como un menjunje que despierta al espíritu; Neruda describe su textura y su profundo color; y Borges realiza una especie de raconto histórico sobre la bebida que se remonta a Homero, autor de la Antigüedad Griega. Nicanor Parra, por el contrario, elogia al vino sin solemnidad alguna, con tono humorístico. El yo lírico de las “Coplas del vino” está en una fiesta e incluso parece estar bajo los efectos de la bebida mientras versifica.

Ahora bien, este enfoque de Parra en relación con este tema y otros cotidianos no es nuevo. La crítica ha encontrado una profunda conexión entre la poesía de Nicanor Parra y la poesía de Francisco de Quevedo, autor español del siglo XVII. Quevedo, al igual que Parra, no dejaba tema sin tocar. Gran parte de su poesía está dedicada a grandes temas como el amor y la muerte, pero otra gran parte se enfoca en cuestiones de la vida cotidiana. El abordaje de Quevedo es humorístico, irónico y, aunque los separe cientos de años, es muy similar al de Parra. Veamos un ejemplo:

Dijo á la rana el mosquito
Desde una tinaja:
“Mejor es morir en el vino
Que vivir en el agua” (“Dijo á la rana el mosquito desde una tinaja”, p. 147, Quevedo, 2001).

Como vemos, el tono satírico y humorístico acerca de cuestiones cotidianas no es una invención de Parra, sino que este se distancia de la poesía de su época, recuperando una larga tradición poética, que incluye a uno de los mejores autores de la lengua española de todos los tiempos: Francisco de Quevedo.