Leyendas

Leyendas Resumen y Análisis "El beso", "El monte de las ánimas", "La cueva de la mora", "El gnomo", "El Miserere"

Resumen

El beso

La historia se desarrolla en la guerra de la Independencia entre España y Francia. Un grupo de soldados franceses llega a Toledo. Por problemas de alojamiento, el capitán de los soldados debe pasar la noche en un convento abandonado. Tras pasar la primera noche allí, el capitán les cuenta a sus soldados que apenas pudo dormir porque una mujer lo mantuvo en vela. Sorprende a todos al revelar que la mujer en cuestión es una estatua de mármol. Sus compañeros se burlan de él. Entonces el capitán invita a todos a ir al convento esa noche para beber y verla. Los soldados aceptan la invitación.

Cuando llegan, descubren que el capitán no ha exagerado: la mujer de mármol es insuperablemente hermosa. Sin embargo, al lado de ella hay otra escultura de mármol: la de un valiente soldado español. Las inscripciones afirman que ambos formaban un matrimonio. Tras beber muchísimo alcohol, el capitán intenta besar a la mujer de mármol. Entonces, el hombre de mármol lo golpea con su guantelete de piedra y lo mata en el acto.

El monte de las ánimas

La acción se sitúa en la noche de difuntos en Soria. Alonso, un joven y valiente cazador, le cuenta a su prima Beatriz, que vive hace poco allí, una vieja leyenda: se dice que tiempo atrás en el monte de las ánimas (que por entonces no se llamaba así) hubo un sangriento enfrentamiento entre los templarios y los nobles de la zona. Desde entonces, en la noche de los difuntos, la campana de la capilla suena por sí sola y los espíritus de los fallecidos se levantan y luchan en una pelea fantástica.

Beatriz se muestra escéptica del relato: le parecen tonterías. Sin embargo, Alonso está enamorado de Beatriz y quiere deslumbrarla. Entonces, pese al miedo que lo atraviesa, va rumbo al monte de las ánimas en mitad de la noche de los difuntos a buscar una prenda que Beatriz ha perdido allí. Alonso nunca regresa. Beatriz se entera por la mañana que Alonso ha sido devorado por los lobos y muere de miedo.

La cueva de la mora

Esta historia se sitúa durante la época de la Reconquista. Un caballero cristiano es apresado en una batalla por los moros y retenido en las mazmorras de un castillo. Mientras está preso, se enamora de la hija del alcaide del castillo. Una mora hermosísima.

Tras ser rescatado por los españoles, el soldado decide volver al castillo a buscar a la mora. Se enfrenta con los moros, quienes terminan hiriéndolo de muerte. La hermosa mora logra arrastrarlo y esconderlo en una cueva. Sin embargo, cuando va a buscar agua para él al río, los moros la confunden con uno de los cristianos y le disparan. Antes de morir, el caballero le pide a la mora que se convierta al catolicismo. La mora acepta el pedido. Ambos mueren. Desde entonces, se dice que los espíritus de ambos vagan en los alrededores de la cueva.

El gnomo

El tío Gregorio, un sabio anciano del pueblo, les cuenta a un grupo de muchachas la historia de un hombre que fue al río de noche y desapareció misteriosamente. Se dice que el hombre encontró la guarida de los gnomos y estos lo apresaron por siempre. Según el relato de Gregorio, los gnomos viven en cuevas cerca de los ríos y acumulan un gran tesoro.

La mayoría de las muchachas no cree en la historia narrada por Gregorio, excepto dos pobres hermanas huérfanas llamadas Marta y Magdalena. Ellas ven el tesoro como una posible solución a sus problemas. Ambas están enamoradas de un caballero adinerado y el único modo de que este les preste atención es teniendo algún tipo de fortuna.

Esa noche, Marta y Magdalena van a buscar, por separado, la guarida de los gnomos al río. Mientras lo hacen, las fuerzas de la naturaleza cobran vida. Marta entabla una conversación con el agua del río, quien le revela que ha visto el tesoro dentro de las montañas y le promete riquezas. Por otro lado, Magdalena habla con el viento, quien no tiene conocimiento del tesoro, le pide que se aleje de ese lugar y le asegura que cuidará de ella.

Magdalena escucha el consejo y logra volver al pueblo. Marta, por el contrario, desaparece y nunca más se sabe nada de su paradero.

El Miserere

Un músico, deseoso de corregir los errores de su pasado, decide crear el himno del dolor del Rey Profeta. Para lograrlo, emprende la búsqueda de distintos misereres y los escucha detenidamente.

Un día, llega a una abadía donde unos pastores le cuentan la historia de un monasterio que fue saqueado y en el cual todos los monjes murieron mientras cantaban el Miserere. Según el relato, cada año, en la misma noche en que ocurrió la tragedia, las ruinas del monasterio se iluminan y se escucha un canto lúgubre: el canto de los monjes fallecidos.

Impulsado por su curiosidad, el músico acude a las ruinas en la noche en que se supone que sucederá el fenómeno. Allí, presencia cómo el monasterio se ilumina, los monjes comienzan a aparecer para cantar el Miserere, y al final se les unen los arcángeles. Justo después de que termina el canto, el músico se desmaya.

Al despertar al día siguiente, regresa a la abadía con la noticia de que ha encontrado lo que buscaba y les pide alojamiento a los pastores mientras transcribe la melodía. Logra escribir casi todo el Miserere, pero pese a sus numerosos intentos no consigue transcribir el final. Su fracaso lo lleva a la locura y la muerte.

Análisis

Tal como analizamos anteriormente, el Romanticismo mantuvo una estrecha relación con el sentimiento nacionalista. Ambos movimientos surgieron en Europa en el siglo XVIII como reacciones a los cambios sociales, políticos y culturales de la época. Los nacionalistas creían en la importancia de tener un Estado propio, basado en una cultura, historia y lengua comunes. Crear una identidad nacional era para ellos fundamental. Por su parte, los escritores y artistas románticos a menudo encontraban inspiración en la historia y las tradiciones de sus respectivas naciones, contribuyendo así a la construcción de dicha identidad. En esta sección veremos diferentes leyendas de Bécquer en las que esta afinidad entre Romanticismo y nacionalismo aparece con claridad: “El beso” es una de ellas.

Bécquer sitúa la acción de “El beso” en la guerra de la Independencia española. Este conflicto bélico se dio entre 1808 y 1814. España, junto a Portugal y el Reino Unido, se enfrentó contra el Primer Imperio francés, liderado por Napoleón Bonaparte. Tras seis años de lucha, los aliados vencieron al ejército napoleónico. Así, en esta historia Bécquer toma los elementos típicos de sus leyendas y les coloca un agregado nacionalista. El protagonista del relato es un capitán francés que junto a sus tropas ha invadido Toledo. El capitán, como suele suceder con los protagonistas de Bécquer, se enamora de una mujer imposible, recibe un castigo sobrenatural y muere.

Ahora bien, he aquí lo distintivo: en “El beso”, Bécquer construye un paralelismo entre la invasión de los franceses a España y la historia de amor del protagonista. El capitán francés, un hombre arrogante y de malos modales, se enamora de Elvira: una bellísima mujer española que se ha convertido en una estatua de mármol. Una noche, el capitán intenta tomarla por la fuerza. En teoría, la estatua no presentará resistencia. Sin embargo, la estatua del marido de Elvira, que se encuentra a su lado, un antiguo y valeroso caballero español, toma vida y lo mata de un puñetazo. He aquí el paralelismo: el capitán francés intenta tomar por la fuerza a una mujer española así como el ejército francés en la guerra de la Independencia intentó tomar por la fuerza a la tierra española. Esta, pese a parecer indefensa ante las fuerzas imperiales francesas, resiste y vence gracias a su antigua, tradicional y valiente fuerza militar ibérica. Por lo tanto, en “El beso”, la humillación y la muerte del capitán francés a manos del soldado español de mármol equivale a la humillación y la derrota del ejército francés a manos del ejército español.

En “La cueva de la mora”, Bécquer también construye un relato nacionalista. En este caso, la historia transcurre durante la Reconquista. Se denomina Reconquista al período de la historia de la península ibérica transcurrido entre la conquista de Hispania en el año 711 por parte los moros y la recuperación de los españoles en 1492. Como decimos, aquí también Bécquer toma elementos típicos de sus leyendas y les agrega un tinte nacionalista: a la inversa de lo que sucede en “El beso”, el protagonista es un valiente caballero español que se enamora de una mujer del bando enemigo, una mora.

Tal como suele suceder en las Leyendas, el amor entre ambos es tan imposible como irrefrenable, y los amantes mueren por él. Ahora bien, lo distintivo aquí es que la mora, antes de morir y por pedido del caballero, se convierte al cristianismo. Bécquer establece en esta leyenda otro paralelismo: un caballero español se enamora de una mujer mora que vive en su tierra, lucha por estar con ella y, aunque muere, la convierte al catolicismo. Del mismo modo, los españoles durante la Reconquista lucharon por recuperar su tierra amada y, tras dejar la vida en una sangrienta y larguísima batalla, lograron a convertir la tierra mora nuevamente en tierra española y católica.

En este punto, resulta interesante comparar el final de “La cueva de la mora” con el final de “La rosa de la Pasión”. En “La rosa de la Pasión”, quien se convierte al cristianismo es Sara, una judía. En “La cueva de la mora”, es justamente una mora quien decide “salvar su alma” en el último momento:

—¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo? La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso (p. 328).

En “El monte de las ánimas” también aparece una pugna entre lo español y lo extranjero, aunque en este caso dicha pugna no se relaciona con ninguna guerra, sino con las costumbres y las tradiciones. Alonso es un joven cazador soriano (nativo de Soria) que conoce y respeta la idiosincrasia de su pueblo. Por el contrario, su prima Beatriz, una mujer que ha vivido toda su vida en la corte francesa y llegó al pueblo hace poco tiempo, se siente superior a los humildes habitantes de Soria. Con su carácter frío e indiferente, desdeña sus costumbres y sus creencias y, por ello, se ríe de la leyenda del monte de las ánimas.

Así, el castigo por su extranjerismo y su falta de respeto a la idiosincrasia española es, como suele ser en toda la obra, de índole sobrenatural: Beatriz, tras ser hostigada por fantasmas y enterarse de la extraña muerte de su primo, termina muriendo de miedo. Al igual que en otras leyendas que involucran el honor y la fe, en este caso el patriotismo se plantea como un valor esencial que se debe respetar. En caso de no hacerlo, la muerte será el castigo.

También es interesante destacar que Alonso, pese a conocer y creer en la historia del monte de las ánimas, muere al igual que Beatriz. En este caso, su error es la temeridad. Con tal de demostrarle su valor a su prima, de la que está enamorado, Alonso se mete en el monte en la noche de los difuntos y lo terminan devorando los lobos.

Cabe mencionar que esta característica no es distintiva de esta leyenda en particular. Por el contrario, muchos de los personajes de Bécquer, cegados por su deseo, suelen confundir la valentía con la temeridad. Este error, tal como sucede en “El monte de las ánimas”, siempre les cuesta muy caro. En “El gnomo”, Marta y Magdalena, cegadas por la codicia, van en búsqueda de la cueva de los gnomos a sabiendas de los riesgos que esto implica. En su expedición, se comunican con dos elementos naturales que se vuelven sobrenaturales: el agua y el viento. A lo largo de la obra, hemos visto fuerzas sobrenaturales malignas y benignas. En esta leyenda aparecen ambas: el agua es una fuerza maligna que arrastra a Marta a su perdición, mientras que el viento es una fuerza benigna que salva a Magdalena. Sobre el final de la leyenda, el narrador afirma:

Desde entonces las muchachas del lugar van por agua tan temprano, que madrugan con el Sol. Algunas me han asegurado que de noche se ha oído en más de una ocasión el llanto de Marta, cuyo espíritu vive aprisionado en la fuente (p. 348).

Tal como vemos en la cita, los castigos suelen ejercer una fuerza moralizante sobre los otros personajes. Las muchachas, que otrora desafiaban los límites y se quedaban conversando hasta la noche al borde del río, tras la desaparición de Marta comprenden finalmente que deben respetar los límites impuestos.

En “El Miserere” se combinan diferentes elementos que hemos repasado a lo largo de esta sección. Por un lado, aparece nuevamente el elemento extranjero en tierra española. El músico, protagonista de la leyenda, es un alemán que llega a Fitero en su búsqueda de un Miserere que lo inspire y le permita realizar una composición sagrada. Tras enterarse de la leyenda del Miserere espectral, y desoyendo las advertencias de los pastores españoles, va hacia el monasterio en ruinas. Así, actúa temerariamente y recibe su castigo en consecuencia: el Miserere espectral lo conmueve tanto que lo obsesiona. Desde entonces, el músico vive solamente para transcribirlo y, al no conseguirlo, enloquece. Nuevamente, aparece aquí la idea de que no se deben transgredir los límites impuestos. Los extranjeros, sobre todo, deben respetar la tradición, la cultura y la sabiduría de los locales: no hacerlo tiene un costo letal.

En resumen, en las cinco leyendas que analizamos en esta sección hemos visto que varias de las historias tienen una fuerte impronta nacionalista y xenofóbica que va en consonancia con los valores románticos. Así, los extranjeros (moros, judíos, o de otra parte de Europa) son presentados en general como personas que ofenden a los valores y a las costumbres españolas. En este sentido, es posible asegurar que el patriotismo es un valor tan importante en la obra como el honor y la fe. Por otro lado, los personajes, cegados por su deseo amoroso o su codicia, suelen tener actitudes temerarias que les cuestan la razón y la vida. Además, los castigos sufridos por los personajes se presentan como lecciones morales. Es decir, recién tras la muerte o la pérdida de la cordura de alguno de los personajes, los demás comprenden que determinados límites no se deben transgredir. En este sentido, las Leyendas se asemejan a ciertas fábulas tradicionales, como "Caperucita roja" de Charles Perrault, que contenían una moraleja aleccionadora.