Leyendas

Leyendas Citas y Análisis

Brahma deseó por primera vez, y su deseo, fecundando la creadora Maya que lo envolvía, hizo brotar de su seno millones de puntos de luz.

Narrador, "La creación (Poema indio)", p. 51.

Durante el siglo XIX, hubo un gran interés por lo desconocido, lo lejano y lo exótico. Los escritores románticos como Bécquer buscaban escapar literariamente de la realidad cotidiana y explorar otros lugares, culturas y épocas a través de sus ficciones. El exotismo se manifestaba tanto en la ambientación de las obras como en la introducción de personajes y situaciones provenientes de tierras lejanas o culturas distintas. Los escritores románticos de Europa se inspiraban en Oriente, África, América y otras regiones lejanas para crear escenarios y personajes exóticos que capturaran la atención del lector. Tal como vemos en la cita, en “La creación (Poema indio)”, Bécquer alude a figuras mitológicas del hinduismo como Brahma, Maya y los gandharvas.

Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. El órgano estaba solo, y no obstante, el órgano seguía sonando... sonando como sólo los arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico alborozo.

Narrador, "Maese Pérez el Organista", p. 77.

Como ya señalamos, la literatura del Romanticismo buscaba escapar de la realidad cotidiana y adentrarse en el reino de la fantasía, la pasión y lo trascendental. Lo sobrenatural entonces era utilizado recurrentemente como un recurso literario para explorar la imaginación y los aspectos misteriosos de la existencia humana. En las Leyendas, una obra plenamente romántica, lo sobrenatural tiene una enorme presencia y suele aparecer de cuatro maneras diferentes: en fantasmas y apariciones, a través de la presencia de seres mitológicos y folclóricos, mediante personajes con poderes sobrenaturales, y en la presencia de elementos mágicos y objetos encantados. Tal como vemos en la cita, en la leyenda “Maese Pérez el Organista” lo sobrenatural se presenta bajo la forma de un objeto encantado: el órgano de Pérez que, tal como lo dice el narrador en la cita, suena sin que nadie lo toque.

—Si lo fueses... te amaría... te amaría, como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más allá de ella.

Fernando de Argensola, "Los ojos verdes", p. 88.

En las Leyendas, el amor es una emoción poderosa, irracional y fundamentalmente trágica. Los personajes de Bécquer siempre quedan atrapados en relaciones complicadas o enfrentan barreras sociales, culturales o incluso sobrenaturales que impiden la realización plena de su amor. "Los ojos verdes" es un ejemplo perfecto de esto. Fernando de Argensola se enamora de un espíritu diabólico, pierde totalmente la razón y con tal de amar "más allá de su vida" llega a suicidarse.

Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo; hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que soñamos en los ángeles, que, sin embargo, es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.

Narrador, "La ajorca de oro", p. 89.

El Romanticismo se opone a la idea clásica de la belleza equilibrada e incluso encuentra sublime a lo terrible, lo incómodo, lo excesivo. Esto se nota con claridad en la belleza de las mujeres de las Leyendas.

Tal como vemos en la cita, las mujeres becquerianas tienen una belleza excesiva, vertiginosa y sobrenatural. Esa belleza sublime excede los parámetros de lo normal y llega a romper los límites de la moral. Se vuelve una "belleza diabólica". Perder la razón, la vida, o ambas cosas suele ser la consecuencia que sufren los personajes de Bécquer tras enamorarse de ellas.

Con el diablo no sirven juegos, sino punto en boca, buenas y muchas oraciones a San Bartolomé.

Esteban, "La corza blanca", p. 238.

Los personajes de Bécquer, cegados por su deseo y su personalidad romántica, suelen desoír las advertencias de las personas prudentes y sabias. Esteban de "La corza blanca", Iñigo de "Los ojos verdes" y Tío Gregorio de "El gnomo" son algunos de los personajes que aconsejan sabiamente a los temerarios personajes de Bécquer. Sin embargo, sus consejos nunca son escuchados. Los románticos personajes de Bécquer no enfrentan al diablo rezándole oraciones a San Bartolomé, tal como lo sugiere Esteban en la cita, sino que van directamente a su encuentro. Las consecuencias que enfrentan, por supuesto, son terribles.

Despojadas ya de sus túnicas y sus velos de mil colores, que destacaban sobre el fondo suspendidos de los árboles o arrojados con descuido sobre la alfombra del césped, las muchachas discurrían a su placer por el soto, formando grupos pintorescos, y entraban y salían en el agua, haciéndola saltar en chispas luminosas sobre las flores de la margen como una menuda lluvia de rocío.

Narrador, "La corza blanca", p. 240.

En las Leyendas, la mujer suele ser presentada como una figura de una profunda cercanía con la naturaleza, dotada de una gran conexión con los ciclos de la vida y la fertilidad. A menudo, la belleza femenina es comparada con la de hermosos paisajes naturales o, tal vez, como vemos en la cita, se presenta en medio de dichos paisajes. Esta afinidad entre la naturaleza y la mujer es propia, no solo de esta obra, sino del Romanticismo en general.

Era este judío rencoroso y vengativo como todos los de su raza, pero más que ninguno engañador e hipócrita.

Narrador, "La rosa de Pasión", p. 251.

En el siglo XIX, Europa experimentó un importante resurgimiento del antisemitismo. El odio hacia los judíos estaba enraizado en una serie de factores históricos, culturales y políticos. Uno de los principales elementos que contribuyó al antisemitismo fue la persistencia de prejuicios y estereotipos negativos sobre los judíos existentes desde la Edad Media. Como vemos en la cita, el narrador afirma que todos los judíos son rencorosos, vengativos, engañadores e hipócritas. Además, en el siglo XIX, hubo una creciente influencia de ideas nacionalistas y xenófobas en Europa. Se desarrolló entonces una narrativa que vinculaba a los judíos con la traición, la conspiración y la amenaza a la identidad nacional y religiosa. Estos estereotipos antisemitas se difundieron en la literatura (esta cita es un ejemplo perfecto al respecto), la prensa y los discursos políticos de la época.

El artista, que es casi un dios, da a su obra un soplo de vida que no logra hacer que ande y se mueva, pero que le infunde una vida incomprensible y extraña.

El capitán, "El beso", p. 295.

La concepción del artista como un dios o un genio es propia del Romanticismo. Para los románticos como Bécquer, el artista es un ser que posee un talento creativo absolutamente innato que lo eleva por encima del resto de los mortales. Al ser una especie de entidad superior, una especie de mediador entre el orden divino y el mundano, el artista no responde a las reglas racionales del arte, sino que expresa desde su libertad aquello que siente y con eso le alcanza para llevar a cabo un arte superior. La inteligencia y la sensibilidad del artista dependen solamente de sí mismo, de la fuerza creativa de su espíritu.

En esta cita el capitán afirma precisamente que el artista es una especie de dios y, como tal, crea vida de una manera única e inexplicable. No se puede comprender racionalmente el arte porque esta no tiene razón alguna, no obedece ninguna regla: es un soplo de vida que nace en el espíritu de un ser superior.

—¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo? La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso.

El caballero cristiano, "La cueva de la mora", p. 328.

A lo largo de su historia, España se ha caracterizado por ser una nación con una fuerte tradición católica. En el siglo XIX, cuando Bécquer escribe sus Leyendas, el catolicismo era la religión oficial del Estado y tenía un status privilegiado en la sociedad. La Iglesia Católica, además, ejercía una gran influencia en la vida cotidiana de los españoles, en la moralidad, la educación y la organización social. En ese entonces, creer en el Dios católico era un mandato, y no creer en él era una inmoralidad.

Las Leyendas de Bécquer, tal como vemos en la cita, se hacen eco de los postulados religiosos de su época. En el final de "La cueva de la mora", el autor postula la idea de que las personas deben ser católicas para salvarse. La mora entonces demuestra su superioridad moral al abandonar su religión musulmana y aceptar la fe católica.

Desde entonces las muchachas del lugar van por agua tan temprano, que madrugan con el Sol. Algunas me han asegurado que de noche se ha oído en más de una ocasión el llanto de Marta, cuyo espíritu vive aprisionado en la fuente.

Narrador, "El gnomo", p. 348.

En las Leyendas, los castigos sufridos por los personajes temerarios suelen ejercer una fuerza moralizante sobre los otros personajes. Es decir, recién tras la muerte o la pérdida de la cordura de alguno de los personajes, los demás comprenden que determinados límites no se deben transgredir.

En esta cita vemos que las muchachas de "El gnomo", que otrora desafiaban los límites y se quedaban conversando hasta la noche al borde del río, tras la desaparición de Marta comprenden que deben respetar los límites impuestos. En este sentido, las Leyendas se asemejan a ciertas fábulas tradicionales, como "Caperucita roja" de Charles Perrault, que contenían una moraleja aleccionadora.