En la sangre

En la sangre Metáforas y Símiles

“En la expresión aviesa de sus ojos chicos y sumidos, una rapacidad de buitre se acusaba” (Metáfora) (51)

Esta descripción de la mirada del padre de Genaro, Esteban Piazza, animaliza al personaje mediante una metáfora, al adjudicarle una cualidad propia del buitre: la rapacidad, entendida como voracidad y oportunismo carroñero. El buitre, asociado a la muerte y la miseria, proyecta sobre él una imagen de degradación y lucha por la supervivencia. Este retrato inicial fija un tono sombrío y determinista en la novela, ya que la avidez y el instinto depredador aparecen no solo como rasgos individuales, sino como una marca de origen que heredará Genaro, reforzada por el medio hostil y la condición del inmigrante pobre.

“Dos hileras de cuartos de pared de tabla y techo de cinc, semejantes a los nichos de algún inmenso palomar, bordeaban el patio angosto y largo” (Símil) (51)

El símil que equipara el conventillo con un palomar deshumaniza a quienes lo habitan, presentando el lugar de crianza de Genaro como un ámbito de hacinamiento e impersonalidad semejante al de las aves. Esta imagen subraya la precariedad de las condiciones de vida y reduce a los inmigrantes a una existencia instintiva y degradada. De este modo, la comparación refleja la mirada naturalista sobre el hacinamiento urbano y la vida miserable e indigna que padecen los sectores populares en la Buenos Aires de fines del siglo XIX.

“Apenas un espíritu vulgar, un estudiante ramplón y adocenado, de ésos que, bajo la capa artificiosa del estudio, disimulan su indigencia intelectual; plantas que se arrastran por el suelo sin lograr clavar sus raíces, vegetan y se secan sin dar fruto” (Metáfora) (75)

En esta caracterización de Genaro como estudiante mediocre, el narrador recurre a la metáfora de la planta estéril para subrayar la esterilidad y superficialidad de sus esfuerzos académicos. La imagen de una planta incapaz de echar raíces representa su imposibilidad de alcanzar una comprensión profunda del conocimiento: solo puede repetir de forma mecánica, sin verdadera asimilación. El hecho de que estas plantas “vegeten y se sequen sin dar fruto” intensifica la idea de improductividad y de fracaso inevitable en su desarrollo intelectual. Así, la vegetalización de Genaro –en paralelo con su constante animalización– lo coloca en un plano de inferioridad frente a sus compañeros de la élite, reforzando la visión naturalista de que carece de la “luz de la inteligencia” que ellos sí poseen.

"Y era entretanto el libro como una puerta cerrada tras la cual se ocultara lo impalpable" (Símil) (76)

En este pasaje se utiliza un símil para representar la dificultad de Genaro en el estudio. La comparación presenta al libro como un objeto inaccesible que, en lugar de abrirse al conocimiento, permanece cerrado, ocultando un sentido inasible. Así se refuerza la idea de que, aunque Genaro memoriza, no logra acceder a la comprensión profunda, lo que evidencia la superficialidad de su aprendizaje y su incapacidad de alcanzar una verdadera inteligencia.

"Y habían de ir, se habían de juntar, de amontonar al ruido de los pesos, como se amontonaban las moscas al olor de la carne..." (Símil) (139)

Este símil, introducido mediante el estilo indirecto libre, muestra cómo Genaro imagina que, si lograra reunir una gran fortuna, la sociedad entera acudiría a él. Al equiparar a las personas con moscas atraídas por la carne, la mirada del personaje se revela cínica y deshumanizada: ve a los demás como seres instintivos y oportunistas, movidos únicamente por la codicia. Esta animalización proyecta en la sociedad la misma lógica que lo rige a él, legitimando su propia corrupción moral al suponer que todos actúan bajo el mismo principio: el dinero como motor esencial de los vínculos humanos.