Adiós, hermano mío

Adiós, hermano mío Resumen y Análisis I

Resumen

El cuento comienza con una descripción del narrador sobre su familia, los Pommeroy. Dice que su familia siempre ha estado muy unida espiritualmente. Esto se debe, en gran parte, a la muerte del padre, quien se ahogó en un accidente mientras navegaba a vela cuando él y sus hermanos eran muy jóvenes. La madre se encargó entonces de mantener los lazos familiares estrechos y estables. El narrador se siente orgulloso de pertenecer a la familia Pommeroy, y destaca su lealtad mutua a pesar de sus diferencias.

La familia consta de cuatro hijos: Diana, que es la hermana mayor, y tres varones: Chaddy, Lawrence y el narrador. Debido a sus vidas profesionales, el matrimonio y la guerra, se han distanciado. El narrador vive en Long Island con su esposa Helen e hijos, y trabaja como profesor en un colegio privado. Chaddy reside en Manhattan con su esposa e hijos, y es el más exitoso de los hermanos. La madre vive en Filadelfia y Diana, después de su divorcio, reside en Francia, pero pasa un mes en Laud's Head todos los veranos. Laud's Head es un lugar de veraneo a la orilla de una de las islas de Massachusetts. Allí, los Pommeroy tenían un chalet y, en los años veinte, su padre construyó una casa grande. Todos los hermanos tienen una participación económica y contribuyen a su mantenimiento.

Tras ir a la guerra, Lawrence, el hermano menor, consiguió trabajó como abogado en Cleveland. Nadie lo vio en los últimos cuatro años. Ahora ha sido trasladado a Albany y, aprovechando la mudanza, anunció que pasará diez días en Laud’s Head con su esposa Ruth y sus dos hijos. Por primera vez en mucho tiempo, toda la familia estará reunida en la casa de veraneo. Lawrence es el hermano con el que tienen menos cosas en común. Han compartido poco tiempo con él durante la vida adulta. De hecho, siguen llamándolo “Tifty”, apodo que proviene de la infancia de Lawrence. A pesar de no tener buenos recuerdos con él, todos esperan con expectativa su llegada.

Tras esta recapitulación, el cuento vuelve a centrarse en el presente de la acción. Lawrence y su familia llegan al puerto. Chaddy y el narrador se encargan de ir buscarlos. La madre y Diana lo esperan en la casa, vestidas con sus mejores ropas, como si fuera el regreso del hijo pródigo. El reencuentro está cargado de entusiasmo y de nerviosismo. El narrador recuerda entonces que, veinticinco años atrás, le tiró un piedrazo a Lawrence y este fue a quejarse con su padre. Este recuerdo le sigue generando antipatía hacia su hermano menor.

El narrador lleva las maletas al tercer piso, donde se quedarán Lawrence y su familia. Allí, se encuentra a Ruth. La describe como una chica muy delgada y con cara de cansada.

Por la tarde, la familia va a la terraza a contemplar el mar y tomar unos cócteles. La madre le ofrece un martini a Lawrence. Este le responde que le da igual beber martini, whisky o ginebra, y finalmente le pide ron. La madre se incomoda ante la áspera respuesta de su hijo menor.

Tras beber sus tragos y charlar sobre diferentes asuntos, los Pommeroy se sientan a la mesa para cenar. La cena está planeada para complacer a Lawrence, con platos ligeros y sin excesos.

Después de comer, un hombre llamado Edward Chester, a quien Diana conoció en Francia, viene a buscarla. Tras su partida, Lawrence pregunta si es con él con quien se acuesta ahora su hermana. Todos se ponen incómodos. Helen le reprocha a Lawrence el comentario, y Chaddy le dice que debería disculparse. La madre agrega que Diana es libre de hacer lo que quiera, y que ella no la juzga. Es su única hija y, además, no la ve con frecuencia.

El narrador compara a Lawrence con un clérigo puritano y recuerda los orígenes religiosos de la familia. Menciona a un ministro Pommeroy que fue elogiado por Cotton Mather por su renuncia al diablo, y asevera que el rigor de sus ideas ha perdurado en la familia pese a que, con el paso del tiempo, los Pommeroy se han vuelto más despreocupados. Recuerda a algunos parientes mayores, que parecían aferrarse a un sentimiento de culpa y a la deificación del castigo divino. Cree que Lawrence ha sucumbido a esta herencia espiritual de culpabilidad, abnegación y silencio.

La madre empieza a hablar de las futuras mejoras y ampliaciones de la casa, como suele hacer cuando ha bebido mucho. Lawrence, sin embargo, la interrumpe, diciéndole que la casa estará en el mar en cinco años a causa de su endeble construcción. Chaddy lo llama "Tifty el Gruñón" y "Little Jesus". Lawrence exige que no lo llamen más Tifty. La madre sugiere entonces hablar de temas más generales, como política, pero Lawrence insiste con la idea de que la casa se puede derrumbar en cualquier momento. La madre, exasperada, va a la despensa y regresa con un vaso lleno de ginebra.

El narrador reflexiona sobre la tensa relación entre Lawrence y su madre. Recuerda que Lawrence, a sus dieciséis años, decidió que su madre era frívola, malintencionada y autoritaria. Desde entonces, se distanció de ella al punto de que ni siquiera la informó de su matrimonio ni del nacimiento de sus hijos. A pesar de estos esfuerzos, el narrador siente que Lawrence nunca se ha separado realmente de su madre, y eso se evidencia en la tensión que siente al estar cerca de ella.

La madre se emborracha. Cuando termina de beber dice que, en otra vida, tendrá una familia completamente distinta. Sus hijos serán ingeniosos, ricos y encantadores. Luego, se pone de pie y casi se cae al dirigirse hacia la puerta. Chaddy la ayuda a subir la escalera, y después regresa con los demás. Todos se van a nadar, excepto Lawrence, que se queda en la mesa, solo y a oscuras.

Análisis

El comienzo de “Adiós, hermano mío” se centra en uno de los temas más recurrentes de la obra de Cheever: la familia. Durante los primeros dos párrafos del cuento, el narrador, en primera persona, nos describe a los Pommeroy en detalle. Los presenta como una familia unida y de buen pasar económico. Si bien no son ricos, tienen una casa de veraneo en una isla de Massachusets, y este detalle nos permite ubicar a la familia dentro de una clase media, con visos de clase alta.

Tras construir una primera imagen de armonía familiar, el narrador se enfoca en Lawrence, el hermano menor. Si bien aquí no lo presenta directamente como un personaje conflictivo, el narrador lo diferencia del resto de los Pommeroy. Con una enorme sutileza, Cheever introduce una primera tensión en el relato. El narrador no nos brinda toda la información sobre Lawrence y los conflictos que han tenido con él. Solamente nos dice que no tienen buenos recuerdos de él, pero que aun así esperan su llegada a Laud’s Head con entusiasmo. Esto basta para despertar un alerta en los lectores.

Como nos enteraremos en el transcurso del relato, la relación con Lawrence es sumamente compleja. En el pasado familiar ha habido conflictos muy importantes con el hermano menor. La estrategia narrativa de Cheever, al dosificar la información, será fundamental para mantener a los lectores en tensión. Sabemos que algo sucede con Lawrence, pero no sabemos qué y, por lo menos al principio, tampoco parece tan grave. Como las olas que golpean contra el acantilado donde se ubica Laud’s Head, a partir de la llegada de Lawrence, el relato se irá horadando, y la armonía familiar se desmoronará lentamente.

La segunda tensión del relato aparece apenas llega Lawrence:

Cuando entré yo, (Lawrence) estaba de pie en el cuarto de estar, hablando con madre y con Diana, que llevaban sus mejores trajes y todas sus joyas, y lo estaban recibiendo como si fuera el hijo pródigo, pero incluso en ese momento, cuando todo el mundo se esforzaba por parecer más afectuoso y cuando ese tipo de esfuerzos consiguen los mejores resultados, yo ya era consciente de la presencia de cierto nerviosismo en la habitación (19).

En esta cita aparece la primera alusión religiosa del cuento. En la parábola bíblica del hijo pródigo, este (que es el hijo menor, al igual que Lawrence) se va del hogar familiar, despilfarra su parte de la herencia, termina en la calle comiendo con los cerdos, y entonces se arrepiente y vuelve al hogar. Allí es recibido con los brazos abiertos, le hacen una fiesta y lo visten con la mejor ropa.

Cabe destacar que las referencias a la religión son constantes, no solo dentro de este cuento sino en toda la obra del autor. Cheever, que nació en el seno de una familia puritana (tal como los ancestros de los Pommeroy), era un hombre sumamente religioso. En su literatura, sin embargo, no intenta adoctrinar en la fe, sino que utiliza las alusiones, la moral y la historia religiosa para darles profundidad a los diversos conflictos espirituales que atraviesan sus personajes.

En este caso, por ejemplo, Lawrence es recibido como si fuera el hijo pródigo pero no actúa como tal. En la parábola bíblica, el hijo pródigo se regocija al ser bien recibido por sus padres; Lawrence, en cambio, mantiene su distancia y sus reservas hacia la familia. Por otra parte, en la parábola bíblica, el hermano mayor del hijo pródigo no acepta de nuevo a su hermano menor en la familia. Esto sí se replica en “Adiós, hermano mío”. El narrador, pese a la expectativa que tenía por la llegada de Lawrence, es invadido por los malos recuerdos apenas este entra en la casa. Es como si se hubiera olvidado o hubiera intentado negar el pasado y, de repente, la presencia física de Lawrence y la cálida recepción que le brinda la madre le hubiera activado la memoria. Mientras lleva las maletas al cuarto de su hermano menor, el narrador advierte que su antipatía hacia Lawrence está totalmente arraigada en él. Entonces recuerda con rencor cuando, veinticinco años atrás, le arrojó una piedra a su hermano menor y este lo acusó con su padre.

Este recuerdo, que funcionará como un presagio de lo que ocurre hacia el final del cuento, evidencia hasta qué punto es fundamental el modo en que Cheever dosifica la información. La relación entre Lawrence y el narrador está atravesada por graves problemas desde siempre. Sin embargo, el amor por su hermano insta al narrador a intentar olvidar o dejar de lado esos problemas y no relatarlos desde el primer momento. Esto nos permite a los lectores ir descubriendo las tensiones subyacentes con Lawrence progresivamente, acompañando los sucesos que transcurren en el cuento.

Durante la primera tarde de Lawrence en Laud’s Head aparece la tercera tensión. La familia se reúne en la terraza para beber unos tragos y disfrutar del atardecer mirando el mar. Todos los Pommeroy se disponen a pasar un buen rato, excepto Lawrence. A diferencia de su familia, el hermano menor no disfruta de beber alcohol. Le da lo mismo, por lo tanto, beber una u otra cosa, y no responde favorablemente a las amabilidades de su madre para con él.

He aquí otro de los motivos recurrentes en la obra de Cheever: el alcohol. A menudo sus personajes tienen serios problemas con la bebida [1]. Beber es una válvula de escape para las frustraciones y los miedos que los acechan detrás de la aparente normalidad. Los personajes de Cheever se alcoholizan para distenderse y olvidarse de las tensiones y los problemas. Y esto, en “Adiós, hermano mío”, Lawrence no lo va a permitir. El hermano menor de los Pommeroy censura toda actividad licenciosa. Esta es la gran diferencia de Lawrence con el resto de sus familiares. Mientras que la madre y los otros hermanos están en Laud’s Head buscando pasarla bien (bebiendo, jugando, hablando de banalidades), Lawrence se mantiene serio, como un censor de la moral. De hecho, cuando Diana sale con Edward Chester, Lawrence la acusa de ser una mujer de vida ligera.

Para explicar este contraste entre el hermano menor y el resto de la familia, el narrador recurre nuevamente a las referencias religiosas. Afirma que los Pommeroy, en el siglo XVII, eran ministros del señor, y que incluso uno de sus miembros llegó a recibir elogios por parte de Cotton Mather [2]. Con el transcurso de los siglos, los Pommeroy fueron distanciándose del puritanismo religioso hasta llegar a ser lo que son ahora. Lawrence, afirma el narrador, se parece a uno de esos antepasados, un clérigo puritano, severo e inflexible.

En todo caso, para Lawrence, la casa de Laud’s Head es un símbolo de decadencia moral. Desde su perspectiva, su familia va a Laud’s Head para olvidarse de sus obligaciones y fugarse del presente. Durante esa primera cena, de manera alegórica, Lawrence pronostica que la casa, debido a su ubicación y su construcción endeble, terminará por derrumbarse. Así, indirectamente, el hijo menor de los Pommeroy le está diciendo a su familia que su vida licenciosa no los llevará a buen puerto. Tras esta sentencia, la madre se rinde en sus tentativas de hacer feliz al hijo pródigo y, deliberadamente, se entrega a la bebida. Este nuevo conflicto insta al narrador a expandir la información sobre los problemas del pasado entre Lawrence y la familia. En este caso, nos enteramos de que el hijo menor tiene una relación tan conflictiva con su madre que no le avisó siquiera cuando se casó y tuvo hijos.

Con la tensión instalada definitivamente en Laud’s Head termina el primer día de vacaciones de los Pommeroy junto a Lawrence, el hijo pródigo que ha vuelto a la familia prodigando conflictos y desdicha.


[1] Cabe destacar que John Cheever tuvo graves problemas con el alcohol. Si bien sus cuentos no se deben leer en clave biográfica, este dato no deja de ser interesante.
[2] Cotton Mather fue un influyente reverendo puritano que vivió en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, durante el siglo XVII.