La ópera de los tres centavos

La ópera de los tres centavos Resumen y Análisis Acto III, Escenas 8-9

Resumen

Acto III, Escena 8

Polly visita a Lucy y le pide disculpas por su conducta del día anterior. Las mujeres hablan sobre lo sucedido y cada una asegura que Mac ama más a la otra. Luego, Polly explica su historia con Mac, develando que lo conoció solo cinco días antes de casarse con él. Lucy oye asintiendo con la cabeza, y cada vez que esta llama a Polly “Señorita Peachum”, Polly la corrige: “Señora Macheath”. Ella termina pidiéndole consejo a Lucy, y esta le dice que no debería haberse vinculado con gente por fuera de su clase. Polly admite que debe ser correcto lo que recomienda su padre, es decir, hacer todo como si fuera una transacción comercial. Lucy le trae a Polly un poco de pastel y té, mientras Polly mira el lugar con atención. Finalmente, se revela que la verdadera razón de la visita de Polly es averiguar el paradero de Macheath. Lucy afirma que no lo sabe, y que pensó que Polly lo sabría. Ambas se dan cuenta de que Mac las abandonó, por lo que Polly se echa a llorar y Lucy ríe a carcajadas. Inmediatamente después, Lucy admite que su embarazo es falso. Polly ahora sí ríe, y luego le dice a Lucy que le regala a Mac si lo quiere, y si alguna vez lo encuentran. Las interrumpe la entrada de la señora Peachum, quien trae ropa de luto para Polly, puesto que atraparon a Mac y van a ahorcarlo.

Acto III, Escena 9

En la celda en que morirá Mackie Cuchillo se oyen las campanas de Westminster, que dan las cinco, lo que significa que en una hora Macheath será ahorcado. Los policías comentan que las calles alrededor de la cárcel están colmadas de gente, como si todas las personas que iban a ir a la Coronación estuvieran en cambio aguardando para presenciar el ahorcamiento. Smith ordena que se apuren: si Macheath muere a las seis, la gente todavía puede llegar a las siete para el cortejo de la Coronación.

Mac, en tono decidido, intenta sobornar a Smith ofrenciéndole mil libras, una suma suficiente como para que el hombre viaje fuera del país. De todos modos, no sabe si logrará reunir el dinero. Smith lo deja solo.

Se presentan Matthias y Jakob. Mac los regaña por llegar tarde y luego les pide que le traigan todo el dinero que puedan juntar en lo que resta de tiempo hasta las seis. Matthias le reprocha haber ido a lo de Suky mientras Smith interrumpe para preguntarle a Mac qué se servirá como última comida. Mac pide espárragos y convence a Matthias y Jakob para que traigan dinero, aunque estos le informan que podrán juntar, como mucho, cuatrocientas libras.

Smith regresa y le pregunta a Macheath si tiene el dinero. Mac responde que tiene cuatrocientos. El policía sale y da la orden para que comiencen a preparar el mecanismo de la horca.

Entra Polly y saluda a Mac con cariño, aunque le hace algunas preguntas de negocios. Mac le pide dinero, pero ella asegura que envió todo a Manchester. En un momento se quiebra y llora hasta que Smith, dándose cuenta que la chica no trajo las mil libras, la hace salir.

Entra Brown con los espárragos, esperando quedar en paz con Mac, pero este se resiste a sus sentimentalismos y le dice que lo único que tienen ellos para hablar es sobre las cuentas del mes (es decir, el porcentaje que Brown recibe por ayudar a la banda de Mac). Cuando Brown accede y saca su libreta, Macheath se burla de él, diciendo que lo que vino a hacer es a sacarle un último dinero antes de que sea tarde. Luego, realiza las cuentas de las liquidaciones: a Brown le corresponden, en total, treinta y ocho libras. Finalmente, pone la cara que tendrá cuando sea ahorcado y dice su epitafio, donde señala la traición de su amigo. Brown se enfada y sale.

Smith le pregunta a Mac por última vez por el dinero, pero este no lo tiene. Ingresan quienes presenciarán el ahorcamiento: los Peachum, Brown, Jakob, Matthias, Lucy, las prostitutas, un pastor. El señor Peachum y Macheath se presentan entre sí, puesto que no se conocían. Polly llora. Mac pregunta por el resto de sus hombres, pero Matthias y Jakob le dicen que no pudieron venir, porque no podían perderse de robar en la Coronación, y que le envían saludos.

Mac da un discurso sobre su caída, donde se enarbola como “representante que se hunde de una clase que también se hunde” (p.100), y afirma que los pequeños comerciantes como él están siendo devorados por los grandes empresarios y los bancos. Según sus palabras, quienes fundan bancos son más criminales que quienes los roban. Luego, canta la “Balada en la que Macheath pide disculpas a todos”: en ese “todos” incluye a los ladrones, las prostitutas y los que tienen trabajos mal pagos, y excluye a los policías, que nunca se conmovieron ante su hambre, y a quienes desea les golpeen en la cara.

Todos marchan hacia el patíbulo, salvo el señor Peachum, quien habla a público. Dice que, en la realidad del mundo cristiano, Macheath no tendría otro final que la muerte, pero en el teatro puede haber un golpe de efecto que cambie su destino. Entonces se anuncia la llegada de un mensajero.

Aparece Brown, a caballo, trayendo un comunicado de la Reina, en el que se ordena eximir a Macheath, quien además de quedar libre recibirá una herencia y vivirá en un castillo. Todos vitorean. La señora Peachum dice que la vida sería más fácil y agradable si siempre apareciera un mensajero real al final. Por eso, cierra el señor Peachum, no se debe perseguir a los pisoteados cuando pisotean, puesto que su vida es muy dura y nunca gozan de la llegada de un mensajero real que los salve. Todos cantan una canción que repite este concepto y cae el telón.

Análisis

La escena entre Polly y Lucy es interesante en tanto ambas muchachas ocultan sus verdaderas intenciones durante gran parte de la conversación. Las mujeres se alaban entre sí, aunque solamente con el objetivo de que la otra suelte información sobre el paradero de Mac. La escena cobra un giro cuando ambas se dan cuenta de que fueron abandonadas por el hombre al que aman, y esto hace que las mujeres dejen de competir entre sí para unirse en risas y sentimientos: Lucy confiesa que su embarazo es falso y Polly le dice que, si llega a aparecer Mac, se lo deja a ella. La obra así descompone la situación de hostilidad y competencia que había configurado entre ambos personajes femeninos para construir una suerte de hermandad y comprensión entre las mujeres, una vez estas comprenden a quién deberían, realmente, dirigir su ira.

Por otra parte, el tema de las clases sociales se pone en palabras en esta escena por primera vez en la obra. “Hubiera debido quedarse usted en su ambiente” (p.90), le dice Lucy a Polly cuando esta llora por lo que su reciente marido le hace sufrir. Con este parlamento, Lucy está sugiriendo que Polly no debería haberse casado con alguien de una clase social distinta a la suya, como Macheath. La hija de los Peachum, con pena, le da la razón a su interlocutora cuando le responde que debería haberle hecho caso a su padre y “plantearlo todo en términos comerciales” (p.90). Así es como el único personaje hasta entonces gobernado por los sentimientos acaba chocando rápidamente con un universo gobernado por el capital. La sociedad burguesa de la cual es parte no parecería permitir la unión matrimonial entre dos individuos que, aunque de distinta clase, se aman: lo común es casarse por dinero. En el universo regido por el capitalismo que plantea Brecht, el matrimonio es, antes que nada, un negocio.

La faceta sensible de Polly no tarda en destruirse: muy pronto la muchacha deja de ser una triste viuda para convertirse en una mujer de negocios que controla su propio dinero (y no se lo da a su marido para salvarlo de la muerte). De algún modo, en el desarrollo del personaje de Polly se cifra el efecto de la influencia de la corrupción de una sociedad capitalista sobre un ser en principio inocente y sensible. Tal y como advertía el señor Peachum al inicio de la obra, el corazón de los humanos tiene la capacidad de endurecerse hasta volverse inconmovible.

El poder que Peachum ostentaba en escenas anteriores acaba por demostrarse en la última escena de la obra. Cumpliendo su parte del trato con Brown, Peachum cancela la intervención de sus mendigos en la Coronación y los redirige a la cárcel, donde se llevará a cabo el fusilamiento de Macheath. Finalmente, toda la población que hubiese asistido al festejo real acaba por hacerse presente, en cambio, en el lugar donde el jefe de los criminales será ahorcado: “todas las calles de Newgate están tan llenas de gente de todas las clases sociales que no se puede pasar” (p.92), comenta un jefe de policía. Así queda evidenciada la influencia de Peachum sobre la ciudadanía (al enviar a sus mendigos a un lugar, convierte a este en el sitio de atención), al mismo tiempo que se prueba la fascinación de la población por la figura de Mac. El rey de los mendigos y el rey de los criminales demuestran tener un poder e influencia mayores al ostentado por la institución monárquica verdadera, cuyo festejo carecería ahora de público: “La Reina tendrá que recorrer unas calles desiertas” (p.92), se preocupa Smith en las afueras de la celda.

Lo establecido anteriormente tiene, además, implicaciones en la trama: a causa de la amplia muchedumbre que se presenta en la cárcel, los miembros de la banda de Mac no pueden acceder a la celda para salvarlo de su pena. Polly se convierte así en la última chance del criminal, pero la muchacha parece redimirse de la humillación y el maltrato sufridos al decirle a su marido que no tiene el dinero para salvarlo, puesto que ya lo envió a un banco del exterior.

El tema de la jerarquía en la cual los negocios se ubican por encima de los sentimientos vuelve a introducirse en esta última escena. Cuando Brown entra a la celda para despedir para siempre a su viejo amigo, Macheath decide utilizar sus últimos momentos de vida para ajustar las cuentas con el jefe de policía. El último diálogo entre estos hombres no versa entonces sobre la amistad ni sobre las emociones concernientes a que uno de ellos morirá poco después, sino que se aboca a la esfera de los negocios, en tanto Macheath realiza las últimas liquidaciones para entregarle al jefe de policía el dinero del soborno correspondiente por el último mes de robos en la ciudad. En la misma línea, los hombres que trabajaron toda su vida para Macheath no se presentan en los últimos momentos de su jefe, puesto que optan por ir a la Coronación donde, robando, podrán obtener una ganancia económica. “Una Coronación no es cosa de todos los días. La gente tiene que ganar dinero cuando puede. Le mandan saludos” (p.100), los justifica Matthias.

El discurso final de Macheath antes de dirigirse a la horca constituye el momento más célebre de la obra. El protagonista, luego de autoproclamarse “representante que se hunde de una clase que también se hunde” (p.100), advierte que los miembros de la clase trabajadora están siendo “devorados por los grandes empresarios, detrás de los cuales están los bancos” (p.100). Esta sentencia, propia de una ideología marxista, establece las injustas condiciones materiales de existencia que hacen de muchos el producto de explotación de unos pocos beneficiarios, dueños de los medios de producción y de las grandes riquezas. Pero lo original del discurso de Macheath se da en que no solo critica la dinámica del sistema capitalista, sino también la moral en la que se sostiene la sociedad burguesa. “¿Qué es el robo a un banco comparado con la fundación de un banco?” (p.100), se pregunta Macheath, apuntando al engañoso sistema de creencias según el cual se castiga a una persona que roba solo porque esta pertenece a una baja clase social: al mismo tiempo, hipócritamente, se ve con buenos ojos una institución bancaria que también se adueña del dinero ajeno. La única diferencia, propone Macheath, se da en que la segunda de estas situaciones se da en el marco de la ley, una ley creada a su vez por los más poderosos para beneficiarse y castigar a quienes procuren atentar contra su sistema. Con esta sentencia, Brecht vuelve a situar en su obra una fuerte crítica a la moral cristiana y a la hipocresía de las instituciones que en ella se sostienen. No debe perderse de vista, sin embargo, el gesto del autor, en tanto los parlamentos recién citados aparecen en boca de un personaje que es, al mismo tiempo, un hipócrita: Macheath le había confesado a Polly que planeaba mover su dinero a un banco extranjero y cambiarse a otra banda criminal para obtener mayores ganancias con sus negocios.

En el final “mágico” de la pieza acaba de cifrarse la crítica de Brecht al drama tradicional burgués, donde el “héroe” y protagonista conquista siempre un final feliz, de cuento de hadas. Desde la perspectiva del autor, dicho modelo de final es sumamente disonante respecto del destino de los hombres en la realidad. En La ópera de tres centavos, el destino del protagonista da un giro tan extremadamente abrupto como ridículo: de estar a punto de ser ahorcado por su largo historial de crímenes, pasa a ser no solo eximido de su pena sino también premiado económicamente por la máxima autoridad real. De esta manera, Brecht intenta enfrentar a su público con el carácter claramente ilusorio de las ficciones que se le suelen ofrecer. Esto lo logra construyendo un final casi farsesco, satírico, repleto de elementos donde es fácil reconocer la fantasía: Brown aparece como un caballero a caballo, en calidad de “mensajero” real, y Macheath pasa mágicamente a convertirse en un señor que vivirá en un castillo, rodeado de lujos y privilegios. El efecto de distanciamiento que esto produce en el público acaba por extremarse en tanto los personajes mismos enuncian la calidad ilusoria de los acontecimientos: “Qué fácil y agradable sería la vida si siempre llegara un mensajero real” (p.104), acota la señora Peachum. Queda así clara la abismal distancia entre la realidad y la ficción que Brecht procuraba hacer notar a sus espectadores; la identificación entre la platea y lo que sucede en la escena se quiebra definitivamente, en tanto los mismos personajes se disocian de la trama para hacer una reflexión crítica sobre esta, observando los sucesos en la escena como espectadores externos de aquello que estaban representando.

En el parlamento final del señor Peachum se explicita, aparentemente, el mensaje que el autor está queriendo brindar con su obra: en la realidad, dice, los pobres solo conocen lo malo como su fin, y “los mensajeros reales llegan muy raras veces cuando los pisoteados pisotean a su vez” (p.104). Brecht decide culminar su obra sintetizando la crítica principal que intentó imprimir en ella: en el sistema capitalista, sostenido en una moral cristiana opresiva, los pobres son siempre castigados, incluso cuando sus acciones no son peores que las de los que pertenecen a estratos sociales privilegiados. Los poderosos pueden delinquir y pisotear a los más débiles, cómodamente amparados en la ley, mientras que a los “pisoteados” se les castiga de inmediato si se apartan de la conducta que se les atribuyó, es decir, el sometimiento, el sacrificio y la aceptación de una vida a la que nunca llega un mensajero salvador.