El hombre que fue jueves

El hombre que fue jueves Resumen y Análisis Capítulos IV-VII

Resumen

Capítulo IV: La historia de un detective

En este capítulo, la narración vuelve al pasado para contar la historia de Gabriel Syme. Él era efectivamente un poeta que se convirtió en detective debido a su odio por la anarquía. Tras haber crecido en una familia compuesta por personas extremistas y extravagantes, se rebela contra esa tradición y se convierte en un defensor apasionado del orden, la cordura y la respetabilidad.

Después de trabajar en distintos medios escribiendo contra el anarquismo, derrotado, se topa por casualidad con un agente de policía con el que se detiene a hablar. Este le revela la existencia de una organización policial secreta que lucha contra la conspiración anarquista. Esta organización combate el crimen intelectual y busca prevenir los crímenes futuros a través de la observación y la intervención en el mundo de las ideas y la filosofía. Syme es finalmente conducido a Scotland Yard y, luego de una entrevista con el líder de la organización -un hombre misterioso que solo se comunica en la oscuridad-, es inmediatamente reclutado. Tras ello se somete a una transformación en su apariencia, adoptando una imagen más pulida y elegante.

Finalmente, la narración vuelve al presente, con Syme ya infiltrado, conducido en un remolcador, por el Támesis, hacia su primera misión. La escena se describe de manera poética, y Syme siente que está ingresando en un mundo completamente nuevo y desconocido. Llega a un muelle oscuro en Charing Cross, donde desembarca y se queda inmóvil en medio de las piedras. Los bateleros se alejan y Syme se queda solo.

Capítulo V: El festín del miedo

Un hombre misterioso recibe a Syme y lo acompaña a Leicester Square, el lugar donde se encuentran los miembros del consejo de anarquistas. Syme se da cuenta de que está en presencia de figuras influyentes y peligrosas, entre ellas el presidente Domingo. A medida que observa a los miembros, nota rasgos extraños y siniestros en cada uno de ellos, lo que aumenta su sensación de horror y desconcierto.

Syme se sienta junto a la mesa donde los anarquistas están reunidos y escucha la conversación. Domingo -un hombre de gran tamaño- se burla del miembro llamado Martes por su incapacidad para mezclarse con la sociedad como un caballero. Syme observa minuciosamente a los participantes: Gogol, conocido como Martes, tiene una apariencia peluda y su comportamiento es extraño. Miércoles, llamado Marqués de San Eustaquio, se destaca por su apariencia y aura misteriosa. El profesor De Worms, Viernes, es un anciano en estado de decadencia senil, lo que lo hace destacar en contraste con la vitalidad aparente de los demás. Syme se siente especialmente perturbado por el miembro llamado Sábado, el Dr. Bull, cuyos lentes negros y opacos le recuerdan historias inquietantes. A medida que la reunión continúa, Syme siente un creciente horror y malestar.

Capítulo VI: El espía descubierto

Continúa la reunión de los hombres del Consejo en el balcón del hotel. La conversación gira en torno a su plan de asesinar al Zar y al presidente de Francia en los días siguientes. Syme -que escucha todo en silencio- se sobresalta cuando descubre que está siendo observado intensamente por Domingo. Esto lo lleva a la conclusión de que ha sido descubierto y considera saltar del balcón y llamar a la policía. Sin embargo, recuerda a Gregory y su promesa de no delatarlos. Los conspiradores continúan hablando sobre los detalles del complot, y Domingo anuncia la elección del Marqués -Sábado- como el encargado de ejecutar el plan.

De pronto, el presidente los hace pasar a un cuarto interior porque dice que debe hacer una declaración importante. Revela que hay un traidor entre ellos, por lo que Syme entra en pánico, pero enseguida, Domingo nombra a Gogol como el espía. Si bien Syme se siente aliviado, Domingo desliza que puede haber más traidores.

Capítulo VII: La inexplicable conducta del profesor De Worms

En el cuarto reservado, están todos los consejeros agitados y dispuestos a atacar al espía revelado. Pero el presidente ordena que lo dejen y le pide a Gogol que muestre lo que lleva en su bolsillo. Este saca una tarjeta azul, idéntica a la que la policía le había entregado a Syme. El presidente muestra admiración por la aparente calma de Gogol y luego le advierte que si revela cualquier información sobre la sociedad, se arrepentirá. Gogol finalmente se retira del cuarto y Domingo da por terminada la reunión. El secretario protesta porque pretende seguir organizando el golpe. Sin embargo, Domingo advierte que puede haber otro espía entre ellos.

Luego de la reunión, Syme sale a la calle, aliviado por estar lejos de aquellos hombres. Sin embargo, se topa con el profesor De Worms. Al principio, considera que es una casualidad, pero después se lo encuentra reiteradas veces. Así, se produce una persecución por toda la ciudad de Londres, en medio de una intensa nevada. Syme intenta escapar y perder al profesor, pero este, a pesar de su cojera y fragilidad, lo sigue persistentemente. Finalmente, Syme se decide a confrontar a su perseguidor; sin embargo, al dirigirse a él, De Worms lo ignora completamente.

Análisis

En el cuarto capítulo, Chesterton introduce un flashback, procedimiento que se utiliza, en narrativa, para “echar un vistazo” hacia atrás y compartir con los lectores líneas argumentales anteriores al tiempo narrativo de la trama principal. Así, saber sobre la infancia de Syme permite entender sus motivaciones y conocer mejor al personaje. Su familia de ideas extremistas, aunque opuestas -su padre libertino y su madre puritana-, explica su odio contra los anarquistas, en cuanto representantes de lo que él considera las fuerzas del mal. Syme representa, en ese sentido, al hombre sensato y al buen sentido, entendido como punto de equilibrio sobre toda forma de fanatismo. Sin embargo, paralelamente a la historia de sus padres, viven en sí mismo dos fuerzas opuestas: la del hombre discreto, reformista y antirrevolucionario, y la del hombre apasionado y emocional que desea dar su vida por una causa. En ese sentido, este personaje no dista tanto de la figura moderna del romántico (arquetipo que dominaba el campo intelectual de la época) con la que combate, como el propio Chesterton. De nuevo, la existencia paradójica del ser humano aparece como telón de fondo en la conducta y las elecciones de los personajes más importantes de la novela.

Cuando Syme se convierte, casualmente, en policía tiene una conversación descabellada con el oficial que lo recluta. Lo hilarante de la situación es la inverosimilitud de la escena en contraste con la seriedad de la conversación que mantienen. Si bien Syme, el poeta del orden, odia a los anarquistas, es sobre todo un hombre racional, por lo que tampoco defiende una postura conservadora. En ese sentido, discute con el policía acerca de los gobiernos modernos y la perpetuación de la desigualdad, lo que conlleva una crítica de las instituciones, incluyendo la policial. En ese momento, se devela la insólita existencia de una “policía filosófica” que lucha contra los verdaderos delincuentes. Según el agente, la diferencia entre quienes desobedecen la ley para mejorar su situación (como los ladrones) o por una pasión (como los bígamos) y los verdaderos criminales, es que los primeros son delincuentes contextuales, reconocen la existencia de la ley y del gobierno, pero por ciertas circunstancias los desvían; mientras que los segundos, buscan adrede la destrucción de toda forma de ley para dinamitar, conscientemente, la sociedad. Para la policía filosófica el mayor peligro del que deben defender a los ciudadanos es el de estos criminales cultos a quienes denomina “filósofos modernos”:

Los ladrones creen en la propiedad, y si procuran apropiársela sólo es por el excesivo amor que les inspira. Pero, al filósofo, la idea misma de la propiedad le disgusta, y quisiera destruir hasta la idea de posesión personal. Los bígamos creen en el matrimonio: de otro modo, no se someterían a la formalidad solemne y ritual de la bigamia. Pero el filósofo desprecia el matrimonio. Los asesinos respetan la vida humana, sino que desean alcanzar una plenitud de vida propia, a expensas de las vidas que consideran inferiores a la suya. Pero el filósofo odia la vida, ya en sí mismo o en sus semejantes (p. 57).

Es interesante también que este personaje -el agente de policía- que inicia a Syme en su carrera de detective, diferencia entre dos tipos de anarquistas, a quienes llama los del “círculo externo” y los del “círculo interno”. Los primeros son los inocentes, aquellos que están en contra del estado actual de las cosas y quisieran mejorarlas, aunque no pasarán a la acción. Los segundos son los que no buscan mejorar nada, sino destruir todo, inclusive a sí mismos. Esta idea puede tener correlación con la evolución que ha tenido el pensamiento anarquista desde sus inicios, en el sentido de que sus seguidores han desarrollado diversas interpretaciones sobre sus principios, así como han adoptado modos de acción más o menos extremos (para más información, ver sección "Breve acercamiento al anarquismo").

Posteriormente, tiene lugar el primer encuentro de Syme con los miembros del Consejo en Leicester Square, que profundiza más dicha distinción. Si el primer acercamiento en la taberna ponía de relieve el hecho de que esos anarquistas no eran verdaderos trabajadores luchando por formas más equitativas, el lujoso hotel, la comida y la ostentosa vestimenta de los hombres del Consejo, confirman esta cuestión. Por otra parte, la decisión de reunirse a plena luz del día y hablar en voz alta de sus planes criminales -el propio conserje le dice al pasar a Syme “¡Figúrese usted que dicen que van a arrojarle bombas al rey!” (p. 66)- realza la tesis del mundo paradojal en la novela: la verdad a veces es el mejor disfraz.

Cabe destacar que hay un ambiente surrealista que crece gradualmente a medida que el protagonista se sumerge en el espacio de los anarquistas, como si traspasara una barrera con el mundo real, que se desdibuja cada vez más. El clima de extrañeza se anticipa ya en la visión de la plaza que, aunque le es muy conocida a Syme, ahora le resulta rara:

Nunca se sabrá a ciencia cierta por qué esta plaza tiene un aspecto tan extraño y, en cierto modo, tan continental. (...) Aquella mañana, este aspecto parecía singularmente acentuado y brillante. (...) Y esto acreció en Syme la extraña impresión, que ya varias circunstancias de la aventura le habían producido también, de haber sido transportado a un nuevo mundo (p. 65).

A su vez, al observar a los miembros del consejo, Syme reconoce que tienen un aspecto común y corriente y, sin embargo, “Todos tenían algo, perceptible tal vez a la décima o a la vigésima inspección; algo que no era del todo normal y que apenas parecía humano” (p. 69). Por supuesto, esta impresión de algo inhumano y siniestro crece ante la figura monstruosa de Domingo quien, con su inmensidad, estremece a todo aquel que esté en su presencia.

Respecto a la temática del disfraz, Syme no logra dilucidar cómo debe interpretar el aspecto exterior de sus “compañeros”: ¿son humanos con creencias extremistas o monstruos que parecen humanos? La inquietud de sentirse al borde de la realidad se transfiere a los lectores, que comparten, de cierto modo, esa incomodidad. En este punto, aparece la primera encrucijada moral del protagonista, quien debe decidir entre dos principios éticos diferentes: mantener su palabra (cumplir su promesa a Gregory) o denunciar a los anarquistas y detener el atentado. Siendo Syme un hombre tan racional y con convicciones tan rígidas, el hecho de que muestre indecisión confirma que la implicación con los anarquistas ya lo está afectando. Chesterton transmite así la sensación de un mundo moderno y caótico donde el sinsentido avanza y amenaza con destruir la moral y el buen discernimiento del hombre común.

Por último, aparece de nuevo la cuestión de la confusión de identidades: Domingo desenmascara a Gogol como policía. Lo descubren justamente por esforzarse demasiado en parecer anarquista. Este hecho, además de ser cómico por efecto de la paradoja, reaviva la sensación de intriga, puesto que, por un lado, genera la expectativa de que haya otros espías, y, por el otro, deja abierta la posibilidad de que Domingo sepa que Syme es un infiltrado. Luego, la persecución del profesor por toda la ciudad de Londres intensifica el clima extraño, misterioso e incluso sobrenatural: un anciano que se mueve sorprendentemente rápido, sus apariciones espectrales y su supuesta imperturbabilidad contribuyen al clima siniestro y alucinado de la novela.