La Edad de la Inocencia

La Edad de la Inocencia Resumen y Análisis de Capítulo 30

Esa noche, Archer y May están sentados juntos en la biblioteca. Mientras mira a su esposa, Archer se siente atrapado en su matrimonio.


“Ella había gastado toda su poesía y su romance durante el corto noviazgo; la función estaba agotada porque había pasado la necesidad. Ahora ella simplemente maduraba como una copia de su madre y, en forma misteriosa dentro de su propio proceso, trataba de convertirlo a él en otro Mr. Welland”. Capítulo 30, página 234.


Cuando Archer abre la ventana para refrescarse y aclarar su mente, May le dice que la cierre: “Te vas a morir de frío”. Archer siente deseos de decirle que muerto es como siente desde hace meses.


Su imaginación de pronto se torna salvaje e imagina que May es quien se muere. Si ella muere, él será libre.


Pasa una semana y Archer no tiene noticias de Ellen. Un día Mrs. Mingott le pide que la vaya a ver. Archer espera tener algunos momentos a solas con Ellen. Se siente desilusionado cuando se entera que ella salió y fue a visitar a la caída en desgracia Regina Beaufort.


Mrs. Mingott ha cambiado de opinión sobre Ellen; ya no piensa que Ellen debe volver con el Conde Olenski. El resto de la familia, sin embargo, sigue pensando que Ellen le pertenece a su marido y que Mrs. Mingott debe continuar recortando la asignación a su nieta hasta que Ellen recupere la sensatez.


Mrs. Mingott le pide a Archer que la ayude a convencer al resto de la familia de que Ellen debe quedarse. Ellen, le dice Mrs. Mingott, no retornará a Washington. En lugar de eso, se quedará en Nueva York para cuidar de su abuela.


Archer se había preparado para renunciar a la vida que conocía, para irse a Washington detrás de Ellen. Cuando escucha estas noticias, lo primero que siente es confusión y luego alivio:


“Esta era la respuesta a su última súplica del otro día; si no daba el paso extremo que le había pedido, al menos cedía a una solución a medias. Se sumergió en este pensamiento con el involuntario alivio de un hombre que ha estado al borde de arriesgarlo todo y que, de súbito, saborea la peligrosa dulzura de la seguridad”. Capítulo 30, página 238.